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5 min
Destino bajo sospechas.
Amor |
24.04.16
  • 4
  • 6
  • 1898
Sinopsis

Una escapada furtiva marcada por el despecho.

Soltó su coleta para aflojar la tirantez de la goma. Escondida tras unas gafas de sol, saludó al compañero de viaje. El joven con sus cascos puestos masticaba chicle al compás de la música. Su desaliño natural revelaba una adolescencia temprana. Las manos jugaban con ritmo en sus largas piernas. Compartían asiento, eran extraños en la proximidad de un  largo recorrido.

El autobús era confortable. Llegó el mini catering, la azafata trajo una bandeja con café, zumo y galletas. El conductor por el megáfono recordó la utilización de los aseos para aguas menores, provocando risas nerviosas entre los viajeros, puestos en situación de enfrentarse con aguas mayores y sus correspondientes molestias estomacales.

Patricia se reclinó en el asiento acomodando sus pensamientos. A través de la ventanilla apreciaba los contrastes de la naturaleza, allí donde aún no se había edificado.

Una viajera con tos intermitente se mostró angustiada, su ahogo persistía, la señora tuvo que incorporarse y acudir al aseo, acaparando todas  las miradas por el estruendo de sus espasmos. La señora secó su cara con un pañuelo, según recorría el pasillo varias personas se solidarizaron preguntándole si estaba mejor.

Volvió a su conciencia, su destino era Luarca, aún quedaban muchos kilómetros para disfrutar de un paisaje singular, Asturias. Su mente custodiada como un tesoro de biodiversidad toda su panorámica. Conocía sus extensos  prados y las  playas de enorme belleza protegidas por los acantilados. En la costa occidental él esperaba. De incógnito la pasión se intensificaba favorecida  por una semana al lado del mar, si el tiempo alejaba su fina lluvia.

Diego tenía un simposio sobre biología sintética, estaba bien documentado, sus avances sobre las secuencias genéticas que regulan la expresión de los genes, prometían futuras aplicaciones para uso terapéutico. Era capaz de embelesar en un marco para reconstruir sistemas biológicos naturales, y a su vez con un beso, explorar de qué forma surgen los comportamientos  patológicos en esos sistemas.

En las horas libres, en el hotel de Luarca pasarían  desapercibidos. Sin asumir culpa como soltera, retaba a los errores, su juventud latía con fuerza dirigiendo los impulsos y el destino. Diego estaba casado, pero sucedió. La relación era sólida, le amaba sin las  obligaciones de la rutina. Nunca hablaban de su mujer.  

Dos asientos por delante, una pareja de ancianos discutía reprochándose el olvido de la sombrilla. La mujer obcecada no paraba de recordar los riesgos  del sol. Sus voces ásperas se mezclaban con el sonido del motor ralentizando  las reflexiones de Patricia.

Era final del trayecto. A través de la ventana sumergida en sus valles, recreó cómo la frondosidad oxigenaba los bosques  refrescando sus aguas fértiles. El enclave era ideal para dar rienda suelta al amor con esos bellos paisajes.

El autocar se adentró en el casco antiguo de Luarca, el tráfico era denso, la multitud se aglutinaba en la pequeña estación. Los pasajeros cansados salieron de su letargo. Se perfumó con unos ligeros toques de colonia en la nuca. Su compañero con los cascos en el cuello, avanzaba deportivamente hacia el exterior saludando a una joven que esperaba.

Allí estaba Diego, sus miradas ardían de deseo. El abrazo se fundió en un largo y apasionado beso. Cogidos de la mano en dirección al hotel, un señor tropezó con ellos dejando caer su periódico en las manos de Patricia que accedió a devolverlo. Como inducida por su mirada en extraña reacción, mareo y cansancio iban en aumento.

-¿Qué estaba sucediendo?-

Despertó con un terrible dolor de cabeza. Diego estaba a su lado, aún el calor de la estancia se mantenía ávido. Llamaron a la puerta, un empleado del hotel llevaba un hermoso ramo de flores que amablemente depositó en la mesa. Patricia leyó la tarjeta:-Como el perfume de tu mirada, te quiero-.

El suave aroma de las rosas les embriagó.

La escena de repente era otra. La cama se movía, los cristales de la ventana brillaban dañando su retina. Al ponerse de pie, la maleabilidad de la habitación le hizo flaquear, la lámpara de la mesilla era de goma elástica. El suelo blando atrapó sus pasos debilitando sus movimientos.

-¡Pummm¡-. Cayó golpeándose gravemente con una mesa auxiliar, la sangre brotaba.

El hombre del periódico regresaba en tren, en su mano portaba una fotografía que guardó en un sobre amarillo. Desde el callejón oscuro accediendo al portal, enmohecido en sus bajos, con las escaleras desgastadas, en la puerta verde la "Santera" le esperaba. La habitación olía a especias. En la mesa lucían cinco velas negras. El incienso humeaba una muñeca de trapo con aspecto mortecino, en su vientre tenía puntas de alfileres. Dos vasijas de barro contenían un líquido oscuro espesado por la maniobra  circular de su mano.

 El hombre del periódico penetró en la sala, frente a él la fría mirada de una dama, su abrigo de corte elegante delataba su situación económica, en silencio hizo entrega de un sobre al enigmático personaje, con sonrisa sarcástica  encendió un cigarrillo manchando su boquilla de rojo carmín, exhaló el humo borrando toda huella de culpa sobre un destino bajo sospechas.

Y.M.G.

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Soy extrovertida. Me gusta la naturaleza, leer, escribir. A través de los relatos expreso mis emociones.

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