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5 min
DETRÁS DEL ESPEJO
Drama |
11.06.13
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Sinopsis

Vemos, vemos, vemos y que poco sabemos.

DETRÁS DEL ESPEJO

Teresa terminaba de comer y salía siempre la primera. Cualquier excusa era buena para perderse el postre. Ya no le importaban nada los cuchicheos.
Al principio se molestó con Juan, su mejor amigo y compañero del colegio mayor, en el que llevaba dos años cursando Educación Medio-Ambiental. Juan ya no podía con ella. Ya estaba delgada cuando llegó pero en ese tiempo había ido a más y se había vuelto una  persona muy triste..
Ese día salió mucho antes del comedor. Sólo ver las alubias ya le daban ganas de vomitar, así que no tendría que esforzarse mucho. Caminó unos minutos por el jardín de la escuela hacía las afueras. Se  sentía mal. Muy mal.
El fin de semana próximo había un puente y tendría que volver a casa. Ya estaba acostumbrada a esas regañinas.
Siguió caminando hasta llegar al café Fénix, saludó al camarero y pasó hasta el baño. Siempre se sentía mal al entrar y mucho peor al salir…. aunque más ligera.
-¿No tomas  nada, Teresa?
-No, tengo clases en unos minutos, gracias.
 Cuando iba sola nunca tomaba nada, a veces, si estaba el dueño, le daba apuro pasar y  pedía una botellita de agua.
De vuelta iba siempre como en trance, entre la tristeza y la angustia.
Por eso no se dio cuenta de que la seguía un niño. Tendría unos doce años.
Como el niño no dijera nada, ella le preguntó si quería algo.
-Algún euro.
-¿Es que te hacen pedir dinero o eres un niño caprichoso?
-Es que mi hermano hace lo que puede y como hoy terminé las clases una hora antes...
-¿Y tus padres?
-Se murieron los dos hace un año, aunque yo sólo me  hice unos arañazos en el brazo, pero mira, ya no tengo nada. Ahora nos cuida mi abuelo, a mí,  a los mellizos y a Jesús, que es el grande y que ya no va al instituto y reparte publicidad.
- ¿Tú estás enferma?
-¿Yo?, ¿Por qué dices eso?
-Es que cuando salías de la cafetería unos muchachos dijeron:
“Ya está ahí la bulímica, como todos los días”.
“Si sigue así, terminará mal, como todas”.
Teresa se sorprendió mucho y apartó la mirada del niño.
-¿Eso es como la diabetes? Mi abuela murió de eso, la pobre.
-Toma, es todo lo que llevo encima.


Estuvo andando mucho tiempo. El móvil sonó varias veces pero ni contestó ni miró quien la llamaba.
Iba como sonámbula, recordando cuando era pequeña. Gordita y encantadora. Siempre sonriente. Cuando cumplió los doce años una tía suya le regaló aquella camiseta que tanta ilusión le hacía. Se miró como no lo había hecho hasta entonces. En el espejo quería ver una mujercita de esas  que aparecen en las series que tanto le gustaban. Pero se veía a ella misma, la camiseta muy estrecha, como la llevaban todas, pero asomándole las formas que tan poco le gustaban. Se la quitó con rabia y ya no disfrutó de la merienda. Fue la primera vez.
Después fueron los compañeros, más tarde los amigos. Pensaba que con sus kilos de más no gustaría a ninguno. Es difícil tener catorce años y tener dos amigas de diseño. Y sobre todo es difícil siendo gorda.
Con lo sonriente que era de pequeña...
Su madre empezó a desesperarse. Apenas comía pan, los dulces estaban prohibidos y cada día llegaba con una nueva receta para adelgazar.
Cuidaba mucho la alimentación y hacía ejercicio, pero todo por su cuenta.
Le aterraba ir al gimnasio desde el día que acompañó a Caty y se vio rodeada por todas partes de su propia imagen en leggins.
Cuando terminó el instituto aún estaba gorda pero pensó que  fuera de su casa sería más fácil.
Las nuevas amistades la encontraban  simpática aunque algo triste y ... algo rara. En el comedor era muy especial, comía de muy pocas cosas y casi nunca tomaba nada fuera con los amigos, siempre tenía una buena excusa.
A Juan le gustaba, aunque ella no estaba para nadie. No se quería nada, así que ¿por qué la iba a querer nadie?
En esos pensamientos andaba cuando sintió un dolor muy fuerte en el abdomen. Se paró un poco y después corrió lo que pudo hasta el colegio.
El dolor era insoportable y se asustó de verdad.

Mientras le colocaban el gotero sentía perder la conciencia. En su mente, difusa en esos momentos, aparecía la cara del niño, y como en una película se imaginaba a sus hermanos entorno a aquel abuelo sin recursos. En otra de esas visiones unas niñas pequeñas jugaban a la cuerda: todas parecían   Barbies”. También se vio saliendo de un lavabo pintado de color malva, cargada  con dos bolsas grandes de comida y siendo asaltada por una horda de muchachos indigentes.
Teresa comenzó a despertar. Muy débilmente escuchaba hablar a su padre con el médico:
-Ha faltado muy poco.
-Adelgazó bastante pero no parecía enferma, nosotros estábamos pendientes.
-Puede suceder casi de un día para otro. A veces el aspecto no identifica el estado real.
Durante mucho tiempo Teresa recordó aquel día. La conversación con el niño. Las sensaciones que tuvo después. Y sobre todo los sueños que le asaltaron mientras se le iba la vida.
Después de esa dura etapa, ha vuelto a  mirarse al espejo, pero como si fuera la primera vez. Reconociendo a la persona que es, entendiendo sus limitaciones, comprendiendo sus frustraciones y perdonándose por el dolor causado a quienes siguen estando a su lado.

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