cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

11 min
DEVIL'S DEN y El Círculo Azul III
Suspense |
19.09.21
  • 5
  • 6
  • 617
Sinopsis


Valeria tenía permiso para pasear por el recinto. Sólo había una puerta prohibida para ella. El vigilante de seguridad apostado frente a aquella la observaba sin disimulo de arriba a abajo cada vez que pasaba por delante. Mirando de reojo al pasar, ya sabía que llevaba una Uzi de 9mm colgada en la espalda, un cuchillo en la bota y la porra extensible en la mano. También había descubierto la salida al exterior vigilando a los asistentes cuando traían la compra o llegaban para hacer su turno. 

Esa noche volvía de su paseo y al llegar a su habitación encontró sobre la cama una caja envuelta en papel de regalo. Una pequeña nota rezaba: "Para mi fascinante dama, aunque su brillo no podrá eclipsar su belleza". Sabía que era de Adam y supuso lo que contenía. Al abrir el paquete se le escapó un suspiro al ver el vestido más hermoso que nunca hubiera visto: un Hermès de seda semi transparente gris, bordado con cristal de strass, de escote halter anudado al cuello. Lo acompañaba un minúsculo tanga también de seda a juego con el vestido.

Aunque tenía los pies sobre el suelo, el detalle la había conmovido. Adam era... un monstruo encantador. Pero monstruo al fin y al cabo.

Fuera empezaban a sonar los acordes de una melodía que no conocía, de aires añejos. Entró en el baño y preparó la bañera con agua muy caliente y sales aromáticas. Se deshizo de la sudadera y los pantalones, de la ropa interior y bajando la intensidad de la luz se introdujo lentamente en el casi ardiente líquido. Cerró los ojos y tardó poco en quedarse traspuesta. Unos golpes en la puerta la sobresaltaron. 

Salió del baño apenas envuelta en la toalla y abrió la puerta unos centímetros, para encontrar a un Adam sonriente ya vestido con un elegante smoking negro.

—Me parece que no estás preparada...

—No, lo siento —dijo Valeria bastante turbada, —me he quedado dormida en la bañera... Me visto en diez minutos ¿Va bien?

—Por supuesto, te recojo en diez minutos.

Cerró la puerta y acabó de secarse. Pasó por la cabeza el hermoso vestido y lo acomodó a su cuerpo. Le quedaba un poquito ancho, pero se vio hermosa con él. Sus pezones y el triángulo gris del tanga resaltaban bajo el tul y la pedrería.

Su pelo lacio no necesitaba muchos cuidados. Calzó sus manolos de tacón de aguja y en ese instante sonó la llamada en la puerta. 

 

La sala de baile estaba iluminada por tres arañas de cristal de Murano que sostenían cientos de velas. El color de la luz daba un ambiente ilusorio, de cuento, y ya había gente bailando un vals, girando y girando alrededor de la pista.

A los lados sendas mesas cubiertas con mantelería blanca sostenían apetitosa comida y bebidas de todo tipo y categoría. 

—¿Vamos a por una cerveza? —preguntó Adam.

—Si, me parece perfecto. 

Al cruzar la sala, contempló a una veintena de chicas jóvenes, entre los veinticinco y los treinta años que parecían disfrutar de la fiesta. Había hombres de diferentes edades, entre cincuenta y setenta años aproximadamente, algunos bailando, otros conversando animadamente con las muchachas. Un inocente baile. Si no fuera por lo que ella sabía.

La música cambió a aires más modernos. Un canción lenta empezó a sonar y Adam cogió su mano y la llevó al centro de la pista. 

—No te he dicho que eres la mujer más hermosa que he conocido en muchos años...

Cogió su cintura y pegó su cuerpo al de ella. Con su boca muy cerca del oido de Valeria tarareaba la canción y le susurraba las amorosas frases de la letra.

Ninguna mujer en su sano juicio podría haberse resistido a su cortejo, que se alargó el resto de la velada y terminó en la cama de Adam.

 

DOS SEMANAS DESPUÉS

Los días fueron pasando, ya hacía tres semanas que había entrado por aquella puerta marcada con el círculo azul.

Los cuerpos y los rostros de los caballeros de ECA se deterioraban a ojos vista. Valeria y Adam tuvieron una breve pero intensa luna de miel, hasta que empezó el declive.

Ella no vio en aquella fiesta nada especial, pero sabía lo que había ocurrido. Y sabía que pronto se reunirían para una nueva renovación de sus cuerpos.

Había trazado un plan.



Emilio calculó que llevaba más de dos semanas en aquel lugar. Sólo recordaba haber abierto aquella oscura puerta. Y después sin saber cómo, despertó allí por la mañana.

Estaba haciendo ejercicio en el suelo de la pequeña habitación cuando oyó el sonido del teclado de la puerta. Ésta se abrió y asomó un camarero con una bandeja de desayuno. Este era nuevo, nunca lo había visto antes y pensó que quizá podría aprovechar la ocasión. 

—Buenos días, señor —saludó el hombrecillo, de ojos huidizos y extremadamente delgado.

—Buenos días, gracias —respondió con cordialidad Emilio cogiendo la bandeja. —Tú eres nuevo... ¿te toca servir a todos el desayuno? 

—Pues sí señor, es mi cometido aquí.

—¿Sabes si hay alguna mujer en otra habitación como ésta?

La respuesta le dejó helado.

—No señor, aquí sólo hay una mujer, la señorita Val, pero ella come con los señores en el salón comedor.



Valeria recorría cada día los largos pasillos vestida con un chándal y zapatillas de correr y pasaba siempre a la misma hora por delante del guardia que custodiaba la puerta prohibida, de tal manera que éste ya se había acostumbrado a su inofensiva presencia. De los tres que hacían turno, lo había elegido por ser el menos corpulento. Ella sólo le miraba y le sonreía, lo que el muy engreído tomaba por un cumplido. Y eso fue su suerte, pues esa tarde pudo acercarse lo suficiente para golpearle en la entrepierna antes de que cogiera el arma colgada en su espalda o el cuchillo de la bota. Otro rodillazo en la cabeza cuando se dobló hacia delante le dejó inconsciente en el suelo.

Forcejeó con la puerta, que no estaba cerrada, sólo se abría al revés. Dentro no encontró una oscura habitación, ni monstruos en botes de cristal: era un laboratorio. Muy iluminado por luz fluorescente, con armarios blancos y aparte de las neveras, los microscopios y una camilla, toda una serie de aparatos que no reconoció. También había tres personas enfundadas en batas blancas. Se quedaron paradas con sus cachivaches en las manos, mirándola sin saber qué hacer. 

Sacó su Glock del bolsillo de la sudadera y apuntando al frente dijo en voz alta:

—¡Policía! ¡¿Quién está al mando aquí?!

Valeria atravesó varios pasillos, dirigiéndose a la puerta que tenía señalada en su cabeza como la de entrada/salida de la guarida. En un estuche sujeto a su vientre llevaba la "provisión" de celómico, la versión definitiva, que los científicos habían preparado para inyectar esa misma noche. Quedaba un pasillo más y sería libre.

 

Se detuvo de golpe, con el corazón en la garganta. Adam entraba en ese mismo instante por aquella puerta.

—Val.

—Adam. Me voy.

—No puedes irte. —Su voz era pura pesadumbre. —Y menos con nuestro porvenir en ese estuche. Sabes que si lo haces moriremos. Y yo... yo no quiero que te vayas, Val. Quédate, quédate conmigo. —Su rostro aparentaba ahora más de noventa años, aunque si se inyectaba el líquido volvería a tener sus hermosos cincuenta. 

—Quédate y únete a nosotros, —le ofreció —podremos estar juntos, vivir "arriba", viajar y todo lo que pase por tu cabecita. Imagina cualquier deseo, cualquier placer, todo ante ti. Conmigo. Para siempre.

—Adam, no sigas. Tu tiempo, vuestro tiempo, ya pasó. Debes entenderlo. Lo que hacéis es monstruoso: engañar y terminar con futuras vidas humanas. No tenéis ningún derecho a hacerlo.

El hombre cabeceó y levantó su mirada. Había cambiado su dulzura a puro hielo.

—Si te vas, —añadió entre dientes —no habrá motivo alguno para que Emilio, nuestro indeseado invitado, continúe con vida... 

 

Era la hora de la comida. La puerta volvió a abrirse y entró en la habitación el mismo camarero del desayuno. No esperó al saludo. Emilio se abalanzó sobre él y lo inmovilizó. Había hecho tiras de tela con las sábanas y una vez atado y amordazado el pobre diablo, salió al vacío pasillo. Sin manera de orientarse se decidió por ir a la derecha. Iba a buscar a Valeria, no pensaba marcharse sin ella. Tras varios recodos vio una figura tendida en el suelo. Era un guardia que estaba inconsciente. Debajo de él, sobresalía un arma, que recogió, y salió corriendo sin mirar lo que había tras la puerta que había enfrente.

Dio un montón de vueltas hasta que escuchó unos pasos rápidos tras él. Probó una puerta y por suerte estaba abierta. Entró en un pequeño almacén con productos de higiene y un carrito para limpieza. Alguien tenía que limpiar, pero él nunca había visto a nadie en su habitación, no sabía cómo lo hacían. La persona pasó por delante del cuarto; esperó un momento y asomó la cabeza. Era una pequeña figura, vestida con un chándal negro como el que él llevaba, con la capucha puesta.

Decidió seguir al personaje, esperando que le acercara al centro de aquel laberinto. Hasta que escuchó unas voces y se detuvo... "Val" -dijo una voz de hombre-, "Adam, me voy" -oyó claramente que pronunciaba la voz de Valeria-.


La distancia entre el tratamiento se había demorado esta vez, y la merma física en sus viejos cuerpos devino en una negligente vigilancia y en una mínima capacidad de protección, por lo que cuando Emilio, al escuchar su nombre, salió de su escondite y disparó una ráfaga con la Uzi a Adam, éste no pudo protegerse. Valeria se giró con su arma en la mano y quedó parada al ver quién disparó. Su primer impulso fue echarse a sus brazos pero inmediatamente aparecieron otros viejos, que habían llegado de todo el país para recibir su dosis, alertados por el ruido de los disparos. 

Con un rugido se abalanzaron sobre ellos y una lluvia de proyectiles de ambas armas los fue derribando. Cuando se hizo el silencio, personas vestidas de servicio doméstico  fueron saliendo rápidamente en dirección a la calle. También media docena de guardias desarmados, que pasaron con las manos en alto y hasta el pequeño camarero que había dejado atado se escurrió entre ellos. Excepto los científicos, quizá entretenidos en recoger algo importante, ya  no quedaba nadie más. Un temblor sacudió el pasillo. Sin los poderes de esos hombres, todo estaba a punto de desmoronarse. 

Valeria reaccionó rápidamente. Primero se desprendió del estuche del líquido celómico y después, asiendo la mano de Emilio, salieron a la calle. Al instante, el edificio de la discoteca y el del Devil's Dan se hundían sobre sí mismos con un gran estruendo y una enorme polvareda, pero sin más pérdidas que las de aquellos que yacían ya muertos antes de ser enterrados por los escombros. Los científicos se llevaron el secreto al otro mundo.

—Vine a rescatarte y me has rescatado tú a mí —le dijo él sonriendo a la joven mientras la abrazaba y ella le correspondía.

Esperaron hasta que aparecieron dos coches de policía y uno de bomberos. Valeria y Emilio tenían mucho que explicarse y que explicar a sus superiores. Pero el secreto de la inmortalidad quedaría entre aquellas ruinas. Aquel espanto debía terminarse del todo. Cogidos de la mano, se marcharon del patio interior de la isla de casas, a donde habían salido desde aquél retorcido lugar.

 

©Serendipity
Septiembre 2021

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 227
  • 4.59
  • 28

Sólo busco un lugar donde dejar mis pensamientos. Porque nada es eterno, pero las palabras siempre nos permitirán sentir que una vez fuimos. Gracias por cruzaros en mi camino. Ad infinitum.

Tienda

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta