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18 min
Diálogos Internos (Portal Surrealista)
Históricos |
10.03.14
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Sinopsis

Narración que cuenta el mundo interno del Narrador central donde se apuntan ciertos episodios de héroes populares en tiempos de la colonia, y a su ves se mezcla eso que se desearía poder a realizar en medio de la vida común. Hay anécdota maquiavélica que enlaza lo real con lo imaginado, aunado por el pasado histórico venezolano y sus recalcados caudillos.

¿Cómo puedes encontrar a un león que ya te devoró?

Carl Gustav Jung

 

I

No tengo culpa de que en el mundo aparente más vale parecer que ser. Es un callejón oscuro, dos personas desde un balcón se asoman y me miran intercambiar gestos con un sordo mudo. Pienso que esos dos mirones de balcón son una ventana al pasado inmediato cuando metía muchachas enclenques a mi habitación, allí mora un hombre cabeza blanca y no cabeza de otra cosa, quien por cierto, comprando un regalo de cumpleaños en una tienda de la isla de margarita, al momento que le sacaron una muñeca, preguntó en tono de zumba el precio del producto:- Cuesta tantos bolívares, señor-.-Le dijo la muchacha-. ¡Nojoda! –Ni que mamara guevo-.(1)* Unas viejas encopetadas oyeron el comentario y se ruborizaron. Sigo caminando y alter es una marea de indefinibles susurros entrecortados con la brisa nocturna. Hay muchos murmullos adentro, la casa está llena de recuerdos y los símbolos son un compas de creencias dispuestas a golpearnos si no le andamos con cuidado.  La gente que nace y se sostiene a fuerza de murmullos se pierde en su propio olvido.

Este es el rincón de los golpes. Deseos aumentan la tensión y el pulso es espacio propicio albergando diálogos sin sujeto. Los mirones del balcón pudiesen ser pintores que me dan ánimos en momentos donde la amargura me rodea como una soga al cuello. ¡Paisano! –Me dicen-. Sigue adelante que el momento de gozo es todo, Epicuro fue el único sabio de Grecia que se opuso a la verdad. No pregonó la verdad sino el desapego a las fuerzas que nos causan miedo y que nos niegan disfrutar de una vida placentera. Pero todos buscan la verdad, unos en el cálculo aritmético, otros en la geografía, muchos en la iglesia, en la economía o en el peor de los casos, en los iluminados del gobierno. La verdad prefabricada, la del dios clavado en el palo, la bolsa y las finanzas, la del caudillo escupiendo la saliva de sus demagogias tumultuariamente, la producción con abundantes billetes del banco que los imprime para cubrir déficit, sin nada que comprar, ni para limpiarnos el culo, y así, todo pierde su valor si solo nos consideramos hombres inmersos en un género de insolencias metidos hasta los tuétanos en el factor utilitario de la productividad. Claro que no reniego de la útil. Pero, ojalá que llegue el momento de ganarse la vida con la inutilidad. ¡Que raro no!

Pero, ¿y esto que hago aquí? ¿Quién más lo hace? ¿Qué haces tú sin ti? Nacemos atiborrados de creencias estériles y ridículas que no nos dan seguridad de un horizonte alejado de amarguras y reconcomios. Antes de nacer ya existen los escapularios, ni siquiera elegimos nuestro nombre, todo ya está listo. Pero, ¿qué sensato fuese para la creación el levantarse a diario poniéndonos un nombre nuevo a cada cosa. ¿Estás loco chamo? La pintura es hija de la música en el follaje de las sombras. -Le digo-.

*Relativo al sexo oral (1)

Creo que los asomados del balcón me animan a despreciar las creencias. Cuando al instante que pasé, los miré con absoluto desprecio, sé bien que no san más que aldeanos al servicio de un sistema de castas y costumbres repugnantes. Sigo a mi morada. Yo no sé, don Vallejo…esos golpes que se empozan en al alma por un dios inclemente me atormentan.

Al día siguiente me levanto, me ducho, el desayuno, oír reproches, las noticias de estudiantes quemando cauchos y autobuses en las calles. Hay muertos. Dicen que es culpa del norte. Comentan los afectos adulones del gobierno que el tren en construcción va a surcar los linderos de todo el oriente y llegará dios mediante a la Patagonia, y que será canal referencial en Latinoamérica. La propaganda es así. -Me digo-.

El narrador José Luis Palacios, en unas de sus cuartillas nos mete en un tren rumbo a Georgia, se queda dormido, no sintió cuando una mujer lo tocó para despedirse y al despertarse se encontró algo perdido en una apartada estación. Miró hacia los lados y no encontró su equipaje. Pensó que la zorra de esa mujer lo había robado. Falso diálogo. Se bajó corriendo del andén, unos gendarmes de la Milicia lo sitiaron para acosarlo a preguntas. Hablaban en inglés. «So, you are from Venezuela». –Le preguntaron-. Él creyó que lo iban a fusilar. Pero nada de eso sucedió. Entabló dialogo amistoso con los guardias y les comentó que su bolso se le quedó en el tren. Se movilizaron prontamente y le consiguieron su equipaje. Parece que nuestra fama de dialogar amigablemente con extraños, a veces nos salva, pero solo cuando estamos lejos. Entre nosotros, mejor nos golpeamos. Como dije, este es el rincón de los golpes.

Estoy en el mercado, busco productos de primera necesidad. Se fue la luz. Hay una cola enorme de personas que esperan para comprar leche. Una vieja de aspecto lombrosiano y muy tosca, carga un palo y pasa revista dándole toquecitos a la gente para que se acomoden. Un señor se molesta y le dice que por favor no le vuelva a tocar con ese maldito palo que no es cochino. Se forma una discusión y en medio de la disputa unos carajos comentan que ese tipo es arrecho que es hijo del hombre que años atrás, mataba gente como si nada. Llegaba, se metía en la casa de su victima, y…!Bang! ¡Bang! Un tiro en la cabeza le zampaba al que se la diera del más arrecho porque decía nadie le ganaba. Recuerdo que aquí se trata de ser el más arrecho, el más guapo y pisar al otro como sea.

Nuestra historia es un reducto plagado de arrechones y boludos. El zambo Andresote, guerrillero rebelde nativo de Valencia se afincó por los ríos Tocuyo, Aroa y Yaracuy, financiado por comerciantes criollos y holandeses, logró sublevarse con su ejército de indios ante los loangos, comunidad venida de curazao.

 

El zambo Andresote no actuaba por su propio interés y voluntad, lo financiaban criollos y holandeses quienes les convenían el negocio del contrabando, el que tanto buscaron eliminar los españoles con la compañía guipuzcoana.

Pero las huestes de negros y campesinado internados en los montes y en especial por los lados de Morón fueron un azote que mantuvieron en constante pavor a los peones de la región, casi imposible de aniquilar definitivamente. Ofrecieron recompensa y perdón de culpas a quien eliminara al Andresote, pero ni si quiera los 300 hombres designados por España pudieron con el zambo. Andresote huyó a curazao refugiándose en un barco holandés por chichiriviche. Le comento la cosa a un transeúnte. Me afirma que este país no lo libertaron los plebeyos. El perraje solo sirve para corear consignas. Luego vino otro arrecho. Más o menos por las mismas causas contra el monopolio ejercido por la compañía guipuzcoana, Juan Francisco de León fue otro quien con mayor rango y autoridad logró llevar hasta la casa del gobernador designado por la corona, una turbamulta de hacendados o campesinos armados hasta los dientes, descontentos por la intervención de la renombrada empresa quienes afectaban sus intereses comerciales. Trafico negrero y del rubro famoso del cacao del siglo XVIII estaban controlados soterradamente por le empresa colonial.

El gobernador hizo promesas, pero solo fueron artimañas para dar tiempo que los funcionarios realistas lograran bajar los ánimos de los insurgentes, hasta que Juan francisco de león se entregó junto a su hijo quienes fueron deportados a España sin poder acabar con la compañía. Pero a Juan Francisco le cayó todo el peso de la represión colonial. Páez, Cipriano, Gómez, Pérez Jiménez hasta llegar al santo de la verruga, todos ellos arena del mismo cuño. Caudillaje. Desde las sabanas, o desde un cuartel se molestaron con el orden establecido alzando gentes con consignas de amparo, luz y libertad. Salidos algunos de familias humildes, otros, de haberes ostentosos como es el caso de Bolívar. Bolívar es el pérfido más álgido y truculento de nuestra necrología nacional. Él entregó a Miranda a España quienes lo envidiaban por sus logros militares. Lo han ensalzado hasta el vértigo. El único genio suyo, fue el de unificar a caudillos guariqueños y barinenses para luchar la contienda definitiva en Carabobo, y así signar nuestra loca independencia. Simón compró su gloria, no era un pata en el suelo como lo dicen, su nombre solo ha servido a opresores que en su nombre y agachados en la bandera tricolor, otroras caudillos haciendo de la gente un saco de borregos incapaces de inferir opinión alterna al de doblegarse a tantos bolívares afianzadores de esa gran peste que ha sido el caudillaje.

 

Bolívar en uno de sus arrebatos dijo: Me he convencido más y más, que ni la libertad, ni las leyes, ni la mejor instrucción, nos pueden hacer gente decente. En nuestras venas no corre sangre, sino maldad mezclada con terror y miedo. Esta mañana una hermosa árabe pasa galante por frente mi trabajo. No me aguanto y le eyaculo palabras al oído, pero ella ni cinco de bolas. Ellas no pueden hacer la cópula con alguien ajeno a su amarillento linaje. Ellos, sí pueden venir a cogerse las venezolanas que se les regalan por un trozo de cerdo.

 

Estoy en una tasca. Llega una vieja amiga de años, alter no me deja tranquilo. Están sentados a una mesa los famosos hermanos Monsalve, quienes tienen menta de herejes. Alucino cosas. Quiero retarlos a todas y a todos. Los que están con todos no están contigo. Mi amiga María Soledad anda con un hombre de tez negra, es problema suyo lo que hace o valla a quitarse después de la media noche. Me comentó que menos mal que su hermano no anda conmigo por que sus hermanos le gritan y le ofenden las mil putas en la cara si anda con un amigo. Como si fuesen a procrear con ella. El recato en algunas castas viene siendo la gran estupidez cuando la variedad causa repulsión. María me confesó que uno de sus hermanos le hizo jurar casi de rodillas que no se había acostado más que con el hombre que le parió. Ellos divinizan la castidad y reprueban la experiencia de los tropiezos. Le dije que se revelara y les grite en su cagada cara que la entrepierna suya a quien ella le daba la gana. Guardó silencio. Obviamente les tiene miedo. Se vive con un miedo por todas las cosas. Miedo de cambiar de mandatario, miedo de irse lejos de la ciudad donde toda una vida hemos vivido, miedo a cambiar de pareja y así miles miedos conculcados. La gente del balcón me sigue observando discretamente.

 

II

Se prendió la guerra civil. Lanzaron a las calles las máquinas encargadas del sufragio electoral, todo se supo. El aire es de nubarrones y llamas. Estoy oculto en un apartado río y en los cielos trinan silbidos. –Afirmaba-. Son bombas que lanzan con visos de libertad. La libertad se gesta una sola vez, aunque viven libertándonos a diario y sangre nos sigue costando. En la plaza penden cuerpos colgados, hay patrulleros merodeando la zona, todo quedó devastado. Cuerpos humanos echados como cucarachas dan una imagen de camposanto al horizonte. –Hablo con los hermanos furibundos-. Estamos borrachos.

Las estatuas están decapitadas, perdieron tiempo y sangre los honoríficos signatarios. Ciertamente es la historia lo que nos genera un sentido en nuestros valores evolutivos, pero cuando hasta la misma historia no las roban, ya poco o nada importa. No quiero pensar que a diario tendré un nombre nuevo para todo; deberes y derechos en estas circunstancias son nada, y cuando eres nadie poco importa tu nombre. Abrieron los osarios, el panteón lo saquearon y los muertos parecen que salieron de sus tumbas, asustados por la revuelca. Un muñeco hallaron en la -montaña de un extraño cuartel-. No hay gigante que soporte la embestida de la venganza porque el que construye sobre el pueblo construye sobre el barro. Ya los sumerios erigieron sus dioses de barro, los egipcios los imaginaron en forma de sierpes, vacas y caimanes, el griego jenófanes los imaginaba en forma caballuna. Aquí el golpe, la tramoya y el contragolpe son nuestras deidades predilectas.

 

Así es el rebaño, la plebe tarde o temprano se vuelve en contra de sus propios maestros. La imaginación más o menos es lo único que nos puede redimir.

Julio Garmendia, en su narración el Médico de los muertos nos dice algo chistoso. Un muerto al salir de su tumba le comenta al médico de los muertos: - ¡Este tiene señal de vida! ¿Señal de vida? Comenta uno. –Eso es algo grave-. Parece que esta vida se nos vuelve grave y complicada cuando no hallamos en nuestras razones simbólicas (creencias) el cause que aprenda a reconocer que la ambigüedad y la contradicción son elementos genuinos de nuestra simple condición humana. A veces el santo y el asesino son la misma cosa. Dependiendo el cristal con que los mires. Recuerdo que las llagas del defecto no se ven si las cubre un diamante bien cortado. Hemos caminado largo trecho bajo las sombras de utopías igualitarias y desembocamos a la orilla de un abismo. ¡Tú sí que hablas chorradas! Me dicen. Hablo con los hermanos maquiavélicos. Los que pretendieron enterrar a su mamá en el patio de su casa luego de que la quemaran con gasolina.

Ellos son un triunvirato de genialidades artísticas. Uno es pintor, el otro maestro y el otro músico. Estos carajos no le paran ni a las guerras internas del ser. El pintor le encomendaron la tarea de plasmar en su lienzo un caballo de buenas proporciones para el hacendado más notorio de su comunidad. El maestro es el más soso cuando cree que dando cátedras de geografía se salvará del olvido. El músico toca el piano a la media noche y los vecinos murmullan lo que dentro de su casa ocurre.

 

¡Tom! ¡Tom! ¡Tom! Sonó una mandarria al otro lado. Tú, Melvin, el que golpeas la pared, gritas:- Romperé estos ladrillos para que mi vecina venga a follar cuando lo desee. Te levantaste a las 5 de la mañana a meditar frente al liceo. Estabas allí en toda la entrada. Melvin es terrible, blasfemo. Sentado, desnudo, en posición budista con las dos piernas descansando entre su cuello, se le nota el orto redondo, negro, camina con sus nalgas como una blanca marioneta y canta repentinamente Alfonsina y se mete el crucifijo por el culo. ¡Dios mío! ¡Qué vaina es esta profe! Manifestaron las muchachas cuando bien temprano querían entrar al recinto escolástico y el loco Melvin estaba sentado en la entrada del liceo.

¡Hurra! ¡Hurra! ¡Viva la libertad tibetana de Napoleón Bonaparte nojoda! Vociferaba Melvin. Llegó la patrulla de policía y tuvieron que zarandear a patadas al loco Melvin. Se quedó tranquilo. Fue la comidilla de esa mañana en el liceo Edmundo Mendoza. Dos de los hermanos viven enfrente del liceo. Melvin sale al rato. Seis perros le acompañan, se monta en su bicicleta y pone a cabalgar a sus perros como en especie de trineo. Pero en la esquina las bridas del trineo de perros se le confunden y entonces, tres cogieron por un lado y tres por el otro. Aparatosa fue la caída que hizo morir de risas a los muchachos que desde ventanas observaban al loco Melvin. ¡Malditos muérganos! ¡Carajitos de mierda! –Les gritaba Melvin desde le suelo lleno de tierra. El hombre se fue a su casa, lo vieron entrar con los seis perros. Al cabo de media hora sonaron unos quejidos, como de canes agonizando con voces suplicantes.

Los mató a los seis, los metió al congelador y allí los mantenía para cuando el fin de semana viniesen sus amigos, carne para azar a la plancha adobada ya estaba. La mamá de los hermanos terribles ya está muy anciana. La sacan al porche, y cuando comienza a estornudar uno de los hermanos se le acerca, la besan y empiezan a sorberle el catarro. Se lo toman y los púberes desde lejos se asquean. Melvin me dice que pescado con mango es exquisito. En la madrugada sonó una lóbrega sinfonía de algún piano. Es Adolfo, quien con dedos tenebrosos  tocaba Nocturno de Chopin  mientras los vecinos murmuraban las mil cosas endemoniadas de los hermanos furibundos, como les habían denominado por su cuadra. Años pasan y pasan y los hermanos Monsalve siguen blasfemando con sus artes la propia vida. Cuando la mamá de los hermanos Monsalve murió, pusieron música, algo así como el réquiem de Mozart, dos días vieron a la señora Anastasia sentada en el porche de la casa, sosteniendo una revista con la mirada perdida y un tabaco en su boca. Todos pasaban y le saludaban. Decían que últimamente les parecía que los hijos de la vieja estaban más pendiente de ella.

Pero eran falsos diálogos colectivos. Melvin y los demás estaban perdidos, no les vieron esos dos días y ya un hedor pestilente salía del porche de la casa Monsalve. ¡Anastasia! ¡Anastasia! Un vecino la llamaba para preguntarle por uno de sus hijos quien le mandaron a pintar un cuadro y nada sabían, aún ya cancelada la encomienda.

-¡Coño! Esa vieja está muerta en el porche de su casa. Dijeron los estudiantes del liceo al verla con ojos perdidos, exánime sin proferir gesto alguno. Adolfo y Melvin andaban de parranda y al llegar a casa metieron a la vieja hacia adentro como para que no la vieran. Sonaba música a alto nivel, hedor a tabaco, marihuana, ron, una extraña fiesta perpetraban los furibundos hermanitos. De pronto la sacaron, bailaban con ella muerta. ¡Hurra! ¡Hurra! Viva napoleón. Gritaban Adolfo y Melvin. En eso vino el otro hermano, el maestro, cargado con unos galones de gasolina quien al llegar dijo: -¡Cooooñooo! ¡Que arrechos son ustedes! –no me dijeron nada de la fiesta-. Ya varios moradores se movilizaban con el escándalo que estaba por armarse. Iban a quemar a la vieja. Se asomaron unos por la parte trasera de la casa, y vieron a Adolfo cavar una fosa donde pretendían enterrar a la mamá sin exequias ni misa ni nada de eso, gasolina con ella. Llamaron a la policía. Ya casi estaba lista la función crematoria.

Los hermanos Monsalve fueron quienes contaron ebrios que estábamos en plena guerra civil y que toda esa mierda de la revolución era pura muela. Salió hedor a gasolina quemada, llamas crepitaban hasta que de repente…..!Tum! ¡Tum! Llegaron los poli y tumbaron la puerta de la casa para divisar aquel espantoso escenario: El cuerpo de una vieja octogenaria, tirada al suelo como una rata, desnuda, occisa, despidiendo líquidos pestíferos por sus oídos y zonas pudendas. Ellos, los hermanos, brindaban con botellas de ron lo que llamaban en su España natal la saliva del  despido o rocío de la pena. Así lo argumentaron ante el juez quien los puso a la orden de un tribunal, pero que, raramente les dejó incólume ante el festín blasfemo que hicieron con su madre al tenerla dos días muerta en el porche de su casa.

 

                                                                                    Por: José A. Morales @Vautrin81

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