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4 min
DIARIO DE UN BUCLE VITAL
Drama |
12.03.15
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Sinopsis

En ocasiones nuestro alrededor nos confunde. Nos concede unos valores, y unos criterios que nos acercan a un abismo del que no podemos salir desafortunadamente. Un relato narrado en primera persona sobre la situación de una mujer joven en un entorno laboral de hombres. Una mujer que quiere crecer y confunde la forma de hacerlo, y para cuando se da cuenta, es tarde.

Desperté sentada en el suelo del salón, apoyada la espalda contra uno de los muebles.

La cabeza me daba vueltas como si estuviese montada en una noria. La boca pastosa, y el peor aliento de mi vida.

Noté mi ropa mojada, y al levantar la vista confirmé lo que esperaba sólo fuera una sensación. Había dormido entre mi propio vómito y tenía un pequeño charco de orín sobre el que estaba sentada.

Simplemente albergaba la esperanza de que ni él ni las niñas hubieran presenciado este espectáculo deplorable.

Lo peor de todo es que no era la primera vez, y mi sensación de vacío interior y de profunda decepción me desbordaban.

Otra noche más de trabajo, otra cena más. Otro salida más. Otra fiesta más con personas de uno y otro estilo.

Una noche menos en mi casa. Un día más de profundas discusiones y de peleas con lágrimas por uno y otro lado.

Días de tacones y maletines, de carreteras y de despachos. Noches de tacones y de pinturas, de máscaras que ocultan las sonrisas de corazón y los recuerdos verdaderos, para buscar una libertad gastada a golpe de tarjeta de crédito.

Una noche más gastando botellas de alcohol, paseando mis risas con gente que no las merece, y moviéndome entre ellos, esnifando mil bandejas de polvo blanco demostrando que era tan válida como cualquiera de ellos. Perdiendo esa validez para los que de verdad esperan que no me comporte de ninguna manera salvo como soy yo. Quedando completamente aparte de la vida que yo concedí hace algunos años, y de quien la comparte conmigo.

 

Me levanto despacio del suelo, me duele todo el cuerpo, pero no se si me duele más la dignidad, el alma o la conciencia.

 

Voy al baño, con las medias rotas y noto como no tengo bragas debajo de la falda completamente manchada.

Me duelen las piernas, me duele la cabeza, me duele mi sexo, pequeños pinchazos en los labios vaginales me recuerdan algo de lo que viví anoche.

Los pechos, no puedo tocarme.

En este momento se hace insoportable hasta el roce del tejido del sujetador.

Me desnudo por completo, intentando no mirarme demasiado en el espejo. Veo la cara de mis muslos con pequeños moretones. Marcas de mordiscos en mis pechos. Los pezones en carne viva, cualquier roce con ellos es el peor de los tormentos.

Mayor incluso que mirarme a la cara, completamente desfigurada por el maquillaje, en el espejo del baño. Los labios sin carmín, el rímel corrido por mi cara, los ojos negros.

Después de la cena, volví a decidir que una buena manera de seguir haciendo las cosas en condiciones, era encerrarme con ellos tres en aquella habitación de hotel y dejar que hicieran con mi cuerpo lo que quisieran.

Mientras me cambiaban de uno a otro, o me compartían al mismo tiempo, unas veces, mi jefe miraba con cara de sátiro sádico con su miembro en la mano, y un puro en la boca como sus socios acababan donde mejor les convenía, en mi interior o fuera de él.

Yo no importaba en absoluto, salvo para apagar cualquiera de sus cigarros puros, y ser el objeto de sus risas burlonas.

 

La nebulosa me envolvió por completo. Creo que me desmallé.

 

Ahora el agua de la ducha cae por mi cuerpo, tratando de limpiar mis heridas, y la piel del aroma a decepción.

No hay agua ni producto en esta tierra que pueda limpiar como me siento en estos momentos.

Voy a la habitación de las niñas. No están allí. Las camas perfectamente hechas.

Nuestra habitación también está vacía. Él no está. ¿Cómo va a estar?

 

Me siento en el tocador maltrecha por fuera, completamente destrozada por dentro.

Un sobre en el marco del espejo con mi nombre.

Crónica de un final anunciado.

 

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  • Me has leido la mente Ana, me ha pasado lo mismo cuando he descubierto tus escritos por aquí. En cuanto al relato, es una pena que algunas personas piensen que para hacerse valer y conseguir lo que quieren tienen que desaparecer de esa manera, y que el disfrute consiste en ciertas cosas. Si el objetivo de las acciones es única y exclusivamente el disfrute, y se hace de manera consentida por supuesto, perfecto. Ahora, si el objetivo es otro, sinceramente la persona queda a un lado. Muchas gracias como siempre por tus palabras hacia mi persona. Un abrazo, "princesa del verso" ;)
    Muchas gracias Gustavo, por tu comentario, y por el apoyo. Me alegro mucho que te gustara.
    Como me ha alegrado verte aquí. Muy duro el relato pero me impresiona la empatía. Tremendo poeta en prosa y en verso e, incluso, para alegrías y penas. Un abrazo "amor con patas"
  • En ocasiones la vida en pareja, el tiempo transcurrido, los hijos, el trabajo, el hastío, el cansancio, y un sin fin de excusas que sin duda pueden escucharse tras las puertas de la mayor parte de las casas de este mundo, provocan un cambio en el comportamiento de las parejas. A veces los resultados, resultan dramáticos.

    En ocasiones nuestro alrededor nos confunde. Nos concede unos valores, y unos criterios que nos acercan a un abismo del que no podemos salir desafortunadamente. Un relato narrado en primera persona sobre la situación de una mujer joven en un entorno laboral de hombres. Una mujer que quiere crecer y confunde la forma de hacerlo, y para cuando se da cuenta, es tarde.

    La adolescencia, esa gran incomprendida, plena de incomprendidos que incomprenden. Esa edad en la que experimentar y crecer forman parte casi de una misma idea. Esa etapa en la que piensas que lo sabes todo, y apenas has comenzado a andar. Atrevida, e inconstante, fugaz y sin embargo eterna, forjadora de futuros. El lugar para conocerse y experimentar la sexualidad incipiente.

    En muchas ocasiones, las historias forman parte de nuestra propia vida. Otra veces, es nuestra vida la que se conforma de historias. Y para algunos, puede darse la situación de que ambas se mezclen al punto de no distinguir bien ambas.

    La soledad de la noche, la soledad del alma, la angustia de las noticias que no se quieren recibir, y de las decisiones que no se quieren tomar. La noche se acaba y se cierne sobre los hombros las primeras luces de la mañana. La decisión debe estar tomada, y sigue presente ese silencio, compañero de viaje.

    Los sueños a veces son incluso más reales que la propia realidad.

    En nuestra adolescencia hemos vivido situaciones de diversa índole. Todos podemos recordar aquella chica o chico que nos gustaba y que no nos atrevimos prácticamente ni a mirar, pero que deseábamos fervientemente que se cruzara con nosotros para poder sentir esas mariposas. Esta es un historia de adolescentes, como la tuya, como la mía, como la de cualquiera.

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Escribo casi desde que tengo uso de razón. Escribo para expresarme. Me expreso mejor y con menos dobleces cuando escribo que cuando hablo. Es una necesidad y una liberación.

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