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4 min
Días felices
Varios |
17.05.17
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Sinopsis

                                                    Días felices

 

  Amigos son los amigos, aquellos que no tienen problema en darte una mano cuando mas lo necesitas, hasta estan dispuestos a prestarte su casa si es necesario. Ese era el dilema de Enrique Malco, quien decidió mudarse de la ciudad al campo, a una localidad mas tranquila. Solo que aun no conseguía una casa apropiada donde alquilar. Así que cuando su buen amigo Horacio Cañas se enteró de sus planes se ofreció a ayudarlo. Como Horacio se tenía que ausentar por tres meses por causa de su trabajo, bondadosamente le ofreció a Enrique quedarse en su casa durante su ausencia mientras buscaba una casa donde vivir. Horacio tenía la costumbre de exagerar un poco las cosas, así que se puso a hablarle maravillas a Enrique sobre el pueblito donde Horacio ya vivía desde hace unos años; entusiasmado por la versión de Horacio, Enrique no tardó en mudarse y trajeron junto con su esposa todas sus cosas en un pequeño camión. Cuando Horacio se fué, Enrique y su esposa procedieron a habitar la vivienda de Horacio.

      Tenían tres meses para buscar un alquiler propio, tiempo mas que suficiente para encontrar algo. Pero lo que parecía maravilloso no concordaba con la realidad. La vivienda de Horacio estaba en muy mal estado, el cielo raso del dormitorio estaba todo podrido por la humedad, la chapa del techo estaba agujereada y no contaba con una carga de material que la sostuviera, de modo que cuando llovía entraba agua y el dormitorio se inundaba. Después parecía que a propósito los electrodomésticos se quemaban o descomponían cuando ellos los usaban, primero el horno eléctrico, después la cortadora de césped. También el patio trasero era un basural lleno de césped alto que no había sido limpiado y cortado en meses y como era terreno bajo se llenaba de agua al llover. Enrique no paraba de sorprenderse de los problemas.

 —¿Cómo puede vivir esta gente así?—.Se preguntaba. No veía la hora de tener su lugar propio y salir de esa casa que lo único que le causaba eran disgustos y gastos económicos tratando de hacer reparaciones. Pero por mas que quisiera irse de ahí, él se complicaba solo, su problema era que al ser pretensioso no encontraba una casa o alquiler que le gustara, o la casa era muy pequeña o no estaba bien terminada, o quedaba retirada del centro del pueblo. Aunque no estaba mal desear un lugar amplio, cómodo y digno, las posibilidades de encontrar algo que estuviera a la altura de sus deseos o expectativas eran muy pocas en un pueblito como ese.

      Los días y semanas pasaban, y los meses iban llegando a su fin, se acercaba el día del regreso de Horacio. Enrique todavía no encontraba un alquiler que le gustara. Faltaban solo dos semanas para que Horacio llegara y por fin Enrique se decidió por una casa, mas o menos grande pero no bien terminada. Así que le pidió al dueño del alquiler que por favor con la ayuda de un albañil hiciera algunos arreglos para mejorar la seguridad y detalles de la casa. Hasta él mismo se puso a pintarla y arreglarla para que estuviera un poco presentable y estar mas a gusto. Al fin, cuatro días antes del regreso de Horacio se mudaron a su alquiler. Enrique no podía disimular su agotamiento y nerviosismo por todo el trajín que causa una mudanza, tal es el trastorno que pudiera asemejarse al efecto que causa la muerte de un ser querido, pero despuésde la tormenta, llega la calma. Percibiendo su triste y raro semblante otro amigo le preguntó a Enrique —Y Enrique? ¿Todo bien con la casa? —   

       —Sí, ahora que tengo mi propio lugar espero tener días felices, porque la vivienda de Horacio lo único que hacía era sacarme canas verdes—.    .

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