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2 min
Digamos...
Amor |
06.10.15
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Sinopsis

Un artículo que he escrito para el colegio sobre las oportunidades perdidas...

En un mundo en el que los déspotas reinan sobre los sinceros, en una sociedad en las que las apariencias importan más que la actitud, no hay sitio para un corazón inquieto.

Digamos que, en ese mundo, imaginario pero nada más lejos de la realidad, crece un niño, un niño que nació creyendo en unos ideales morales que ha visto corromperse a medida que maduraba. Su actitud respecto al mundo ahora es defensiva, hostil, una forma de ser que es una consecuencia del sistema al que ha admirado ciegamente a lo largo de toda su infancia.

Ahora pensemos en que ese niño, un individuo asocial e introvertido, conoce a una coetánea hermosa y decidida, hábil y perspicaz, una muchacha de ojos castaños como un roble, y de pelo sedoso,  tan negro como el ébano. Esa mujer, llamémosla X, y el chico, bauticémoslo Y, se sienten recíprocamente atraídos. ¿Quién tomaría la iniciativa?

“Y” pensará la mayoría, “porque si es decidida, no se va a quedar con las ganas de saber lo que pasa”. Puede ser. Pero, si el individuo X no la corresponde, resulta harto imposible que esa atracción evolucione, que se convierta en lo que algunos llamamos AMOR.

Una sonrisa sincera de Y, un cruce furtivo de miradas entre ambos y una luz que comienza a abrirse paso a través del turbio alma del sujeto X. Comenzamos a mejorar, ¿No? La chica ve emocionalmente receptivo a Y, pero no lo suficiente para dejar la sutileza a un lado.

Un problema sin solución. No hay ecuación matemática que pueda resolverlo. Solo la valentía podría arrojar algo de luz sobre este enigma que es pan de cada día, una tara que perjudica a muchas personas dado a la incertidumbre de si lanzarse al vacío o no. Porque no hay nada peor que quedarse con la duda, nada peor que dejar que los remordimientos invadan nuestro subconsciente por haber dejado escapar a una persona tan especial. Y, aquí, el redactor también lo siente.

 

 

JON GISASOLA

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