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8 min
DISFRAZ DE COBARDE
Amor |
23.10.12
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Sinopsis

SOÑANDO UN JUICIO EN EL QUE JUEZ, JURADO Y TESTIGOS ES LA MISMA PERSONA, LA MISMA MUJER, ESE AMOR JAMÁS CORRESPONDIDO...

Nada es capaz de recordar con tanto sufrimiento que el rencor por lo que fue necesario. Piezas perdidas que hierven en cruel antojo por el pensamiento, clavando afinados ángulos cuando creen que necesitan ser visitadas, sólo de vez en cuando, cuando lo desean. Reconforta saber que son tantas las angustias que nadan en la nada, que únicamente se repiten cuando llega su momento. Todas quieren ser protagonistas. La imagen no engaña y al estar siempre enfocada desde la perspectiva de tus propios ojos, nos otorgamos la eterna inocencia. Y es cuando acuden las preguntas y las dudas, la desconfianza de los hechos reabren un juicio en el que siempre coexistiremos con la culpabilidad. El juez siempre es ella. El jurado lo componen una veintena de hombres y mujeres, claros y pajizos y tostados, mofletudos y famélicas... todos y todas con el mismo semblante serio y recriminatorio, los mismos ojos y fragancia y nombre. Mientras permanezcan allí se llamaran como ella. Molesto por la abundancia de la única persona que siempre he querido ver, vuelvo la cabeza para comprobar de donde procede un murmullo que tritura ansiedad. Y el gentío calla por un momento, regurgita el miasma que compromete mi semblante empapado de brillante humedad y enfermo el alma. Enmudece sonoramente pues con la cualidad que otorga la imaginación escucho mentalmente el escarnio que ofrendan a mi sentir pelele, sentado y sólo, enrojecido por la vergüenza de lo conocido pero, no por conocido deja de avergonzar. Reclaman venganza por la indecisión, someten el prejuicio subjetivo al daño causado; tristemente siempre sentí aquella tersa mano a centímetros de la liberación mientras descendía por el pozo. Pero ella tiene su punto de vista, por que el pueblo recriminador, el pensamiento inquisidor compuesto de miles de almas comparten el mismo espíritu serio y recriminatorio, los mismos ojos y fragancia y nombre. La acusación, mientras permanezca allí, sentadas y enarboladas, sonrientes, confiadas, se llamara como ella. Entristecido, por que aunque sé por qué se me acusa, no sé el por que de mí acusación, agacho la mirada, acaso el juez recuerde aquellos maravillosos momentos de los que fuimos participes (juez, jurado, detractores, inquisidores) y haga acopio de penosidad, de piedad y perdón, de recuerdos y risas y lágrimas que a pesar de su nacimiento penoso y no de los ojos, acabaron en la misericordia y la indulgencia, en posteriores más risas y otras lágrimas que no hacen más que recordármela. El guardia, con semblante duro e inmisericorde, mismas facciones que ella que no por ello  las mismas que ella, acude con solemnes y largos pasos hacia donde yo “descanse en paz”, como me indicaron cuando pregunte dónde debía sentarme, al lado de la jueza, en un pequeño atril con un taburete redondo de bar y un micrófono alargado que aún estirando el cuello apenas si llegaba a sus pies. Apartó mi cuerpo con la mirada, acercando el suyo al aparato, mostrando el exterior interior inferior de la oreja, dónde una pequeña perla blanca debería estar encastrada en aplique presumiblemente de oro, por aquello de la alergia, a dónde no alcanzaba ver.

 

-En pie- dijo con voz profunda, empañando la sala a través de los altavoces, acallando cualquier susurro y unificando mil lamentos que parecieron un solo suspiro que en idioma desconocido debe significar “ya era hora”, la que ahora comienza.

 

Se levantaron al unísono, mismo ademán, idéntica energía y un solo ruido. El de la confianza que da la fuerza por sentirse arropado, aunque no tenga razón, aunque sea culpable, el de la seguridad en el confidente. El Juez, ella, giro lentamente la cabeza en mi dirección pero no aparto la mirada del gentío que no apartaba la mirada de lo único visible en la lejanía del empequeñecido cuerpo inexistente, una cabeza que a duras penas lograba alargar para sentirme observado. Ridiculizado por el plano en picado, aparte la vergüenza del observado para sentirme arropado por el dolor que continuaba con aquel juego arrollador de poder. Por fin sometió la obstinación, observándome de arriba abajo, parpadeando lentamente como si aquello que refulgía en su interior cada vez que cerraba los ojos quisiera sentirlo, tal vez en su momento fue persona y aún doliera el recuerdo de lo que no fue, y aun doliera la posibilidad de lo que existió.

-El acusado, ¡Tú! – y abrió los párpados, enseñando felinos ojos encendidos de lava irritada por la rabia y la sangre y el recuerdo dirigiéndolos a los míos, apagados de miedo, sobresaltados y llorosos de incredulidad – Tienes algo que alegar en tu defensa, desgraciado...

-Yo... – respondí agachando la mirada, ocultando mi pena y mi cuerpo y la vergüenza que imposibilitaba el aliento.

-¡Yoooo!- repitió ella con mil voces y certero golpe, mofándose del que obraba arrepentimiento cuando por poderoso sintiese  recordar.

-Yo... no... - respondí abrumado, apenas si contenía una lágrima que alimentada por la humillación y el sentimiento y los maravillosos días dilapidados en la razón de la evidencia, cristalizaba por momentos en la carga más pesada que jamás persona hubo de aguantar en esta crueldad. Al caer, la lágrima, sobre el suelo, la suciedad del alma, descubrió millares de imágenes que pensaron impostoras ante el desconocimiento, pues escondidas las quise toda la vida y siquiera para este momento las quise toda la vida, sino para ella y el recuerdo y para algún minuto y lugar que ahora, y desde el momento en el que rozó la tierra, aparentemente nunca existió. Es el nacimiento de la muerte de la memoria y el dolor. La desaprobación de la imagen de las imágenes se convirtió en aullidos que ahora sí, iniciaban mil fauces distintas de una misma efigie, diferente dolor y sentimiento y angustia que tal vez brotaban del mismo punto, acaso el alma es infinita. El odio del rencor se convirtió, con la identificación desde un prisma hasta ahora nunca observado, en el lamento del perdón y la reconciliación; observar desde un punto de vista incomparable el sentimiento de la suposición sembró de dudas los mismos ojos y fragancia y nombre. La misericordia sobrevolaba mi cuerpo, aunque desfallecido y consumido por la pérdida de lo que mal guarde comprendí que acogerla me supondría algo peor que la sentencia. Poco a lentamente se fue calmando el ánimo, cuánto duran las desdichas que por conociéndolas no duelen menos; sollozos ahogados, culpabilidad escondida, mínimo silencio. Lo necesario. El juez, Ella, ojos y perfume y nombre ante mí, empequeñecido por la vida y la circunstancia y el poder del que lo posee. También había llorado, no la ví pero si pude recordar como era capaz de hacerlo, enrojecida, hermosa, sin mostrar cobardía por lo que es capaz de exponer a través de terco disfraz. Las heridas relampaguean cuando recuerdan el recuerdo, cuando ofrecen la luz de la imagen, cuando evocan el sentimiento y el dolor

-Crees, por favor, que mereces el perdón de lo que no has hecho cuando nunca fuiste castigado por lo que hiciste-

-No lo merezco, pero es sincero lo que guardaba, personal significa lo que he derramado, sólo es disfraz de cobarde por lo que me juzgas... Sí por ello crees que culpable debería asumir la condena, ¿existe peor que la vida impuesta sin merecer, la existencia obligada y escrita sin opción a soñar, excepto por pesadillas?...

-Juzgado serás eternamente, tanto por lo que has hecho como por lo que has dejado de hacer cuando deberías haberlo hecho. Vive con ese peso como yo lo hago con el mío. No es una sentencia si la asumes como realidad, quieras o no-

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    Escribe tus comentarios...Tu personaje se tortura,por instantes también se torna tortuoso. A veces es mejor pasar página y caminar bajo la lluvia esperando que los zapatos sean mágicos y nos hagan bailar. El agua, sean o no los zapatos mágicos, se lleva la contaminación y nos trae aire fresco.
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ir descalzo, café y cigarro, el frio abrigado, la lluvia, la mirada, otro café con cigarrillo por favor, los gatos y en especial las gatas aunque renieguen de serlo, los folios nuevos,

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