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7 min
Doble vida (Ambar)
Terror |
07.08.15
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Sinopsis

Día de la victima.

...97, 98, 99, y 100 finalmente terminaba su cuarta serie de abdominales; estaba siempre entrenando su cuerpo, era su obsesión, la cual trataba de disimular un poco con sus medallas en atletismo y como orgullo deportivo del colegio, pero la verdad era que le fascinaba lucir aquel maravilloso cuerpo, le encantaba mostrarlo a los demás tanto si eran hombres como si eran mujeres, pero a la persona a quien mas saboreaba impresionar era a si misma, era una Diosa, poseedora de una coquetería que no conocía limites. 

  Su espalda abandonó la suave alfombra para ponerse en pie de puntillas completamente desnuda y por enésima vez se apreció en el enorme espejo de su habitación, miró directamente al abdomen ya que había estado trabajando esa parte, pero normalmente comenzaba con los pies (curiosas obsesiones), los cuadros de los abdominales estaban muy claramente manifiestos, giró hacia la izquierda y después hacia la derecha sintiendo que se mojaba un poco al verse tan apetecible; aunque el lesbianismo había pasado por su mente nunca lo había llevado a cabo, después de todo solo tenía 16 años y era una preciosa virgen; además los hombres con un gran físico lograban atraerla en demasía; no obstante pensaba que la porción que les cuelga a los varones arruinaba la simetría de cuerpo perfecto que solo podía llegar a tener una mujer, perfección ésta que consideraba aun no había podido alcanzar ella misma.

 Después de ver sus abdominales dirigió su atención hacia sus pies gorditos de uñas cortas perfectamente limadas, pintadas de negro mate, un toque lúgubre y tal vez gótico en aquella ocasión, quizás un mal presagio, remontó con la mirada sus pantorrillas girando sobre si misma para poder admirarse mejor, deleitándose con sus muslos, en seguida llegó a las prominentes nalgas con la fuerte marca del bronceado de la pequeñísima tanga que no tenía permitido usar en la piscina del colegio, era apenas un pequeño triangulo notablemente mas claro que el resto sobre su trasero, observó su vagina perfectamente o mas bien completamente depilada con cera a pesar del sufrimiento; reprimiendo el deseo de masturbarse viéndose a si misma, mas bien se extasió con la contemplación de su magníficamente arqueada espalda, pensando maliciosamente que cuando le tocara a alguien penetrarla por detrás eso le facilitaría mucho las cosas. Supremamente arribó a sus senos, demasiado grandes para una deportista pero enhiestos, de pequeños y rosados pezones, otro de sus orgullos; finalmente su preciosa cara de carnosos labios y nariz respingada completamente libre de granos, la cual admiraba sin ninguna vergüenza al igual que su hermoso cabello negro y lacio hasta la mitad de la espalda. 

  Luego de concluir su habitual pase de revista físico procedió a vestirse rápidamente con la ropa deportiva, primero que nada la mini tanga transparente con un borde blanco (volvió fugazmente a verse las nalgas) luego la pequeña lycra que apenas cubría el símbolo tatuado en su cóccix y el brassier el cual comprimía sus senos hacia arriba semejando dos grandes y apetitosas copas de helado (color canela, exquisito sabor), por ultimo los calcetines y zapatos de correr, la llave dentro del calcetín y nada mas, pues tomaría agua o quizás gatorade solo cuando estuviera de vuelta en casa, le gustaba torturar a su cuerpo con la falta de liquido dándole finalmente su recompensa después de una extenuante jornada. 


  No había nadie de quien despedirse al salir de casa así que simplemente saltó hacia la calle, ya oscurecía, mejor así, le gustaba correr con el ambiente fresco resultaba menos sofocante, pensaba darle un par de vueltas al contorno de la urbanización pues una sola se estaba volviendo demasiado fácil para ella. Empezó lentamente de manera de ir calentando las piernas aunque su cuerpo ya ardía de necesidad de mas ejercicio, poco a poco fue aumentando la zancada avanzando cada vez mas rápido dejando atrás su casa y perdiéndose en sus propios pensamientos. 

  Comenzaba a sudar, le magnetizaba ver su cuerpo transformado en un tobogán para las pequeñas gotas que se deslizában por su bronceada piel en una caricia hacia abajo, para luego mirar como se marcaban los músculos de sus piernas como a una profesional del fitness. Corrió de puntillas durante un buen trecho para fortalecer las pantorrillas; estaba totalmente sumida en el ejercicio, de vez en cuando le silbaban desde algún vehículo, le gritaban algo, ó este se detenía a su ritmo y la observaban entre risitas y bocas abiertas para luego arrancar de repente, esto le molestaba un poco pues la sacaba de concentración, pero no la ofendía en modo alguno, pues si bien jamás les dedicaba ni una mísera mirada a los ocupantes de los automóviles, el simple hecho de ser admirada por los demás la complacía compensando las molestias, de cualquier modo su objetivo primordial era ser el centro de atención, siendo por ello que siempre usaba la ropa mas exhibicionista posible, amén de dejar profunda huella allá donde fuere, incluso en el colegio. 

  El recordar al colegio atrajo consigo a su mente a un fornido profesor, bastante allegado del cual siempre había estado medio enamorada, muy popular con los alumnos por ser joven e identificarse con los problemas de estos, aparte de ser muy apetecible desde un punto de vista femenino, era muy alto y usaba anteojos de carey, y por un momento fantaseo con la posibilidad de ser poseída por un hombre como el con tan evidente fuerza física aunque nunca lo hubiese puesto de manifiesto y con una cara tan...tierna, decidió, si ese era el adjetivo que se le podía aplicar mejor; tiritó de deseo y resolvió que al llegar a casa después de darse el gusto de tomarse tres vasos de agua..., bueno podría ser seguidamente o quizás a la vez pero de seguro se masturbaría evocando a su profesor, se relamió ante la idea (le encantaba auto complacerse). 

  Terminó la primera vuelta dando comienzo a la segunda con excesivo ímpetu ya había caido la noche y sintió deseos de llegar, la sed castigaba, pero el darse tanta prisa dio como resultado el cansancio antes de tiempo, llevaba recorrida ya casi la mitad de la segunda vuelta cuando su paso se volvió pesado y agotado, bufaba -no debí apurarme tanto-, dijo para sus adentros; un conductor descuidado paso a toda velocidad en dirección contraria obligandola a apartarse hasta casi caer en la cuneta. Trotaba mirando el suelo viendo como sus pies aparecían y desaparecían en contacto con el pavimento, a veces los arrastraba. Levantó la vista apenas para ver a un alto sujeto muy ancho de espaldas con chaqueta de portero de discoteca que caminaba delante de ella, y con el cual seguramente habría tropezado de no haberse fijado a tiempo, lo adelantó lentamente pues el hombre andaba con resuelta rapidez, y ella había estado disminuyendo su ritmo de marcha, ni siquiera se fijó en su cara al pasar junto a el, estaba decidida a llegar pronto.

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Me apasiona el relato sobretodo el de terror. Me encanta tomar pequeñas situaciones e intentar hacer de ellas un viaje introspectivo sobre la naturaleza humana.

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