cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

11 min
duelo 3: "Pecado"
Varios |
08.02.17
  • 4
  • 13
  • 3073
Sinopsis

Lee estos tres relatos y escribe la letra del relato que más te gustó (A,B,C). Si quieres, también puedes escribir tu opinión.

duelo 3: “Pecado”

 


relato A

 

Como pudo, llegó con el viejo Ford Falcon hasta los restos en ruinas de lo que años antes había sido una estación de servicio.
Amanecía y el viento seco del oeste traía el rumor de los vehículos que a sólo un kilómetro de ahí transitaban por la nueva autopista recién inaugurada. El antiguo camino zonal languidecía en el medio de un campo casi reseco, que ahora solo daba refugio a las liebres y a unos pocos y solitarios cardos. Fue una de esas liebres la que se había atravesado en el camino del viejo auto produciendo la rotura inevitable de la parrilla de suspensión.
Por lo menos, eso era lo que creía dada la peligrosa inclinación que adoptó el vehículo tras el golpe. Ni siquiera estaba seguro de que hubiera sido una liebre porque al viejo Ford tampoco le funcionaban las luces. No descontaba que lo ocurrido se debiera al espantoso estado del camino, lleno de baches mal o poco tapados luego de que el Estado hiciera abandono del mantenimiento para dedicar recursos a la nueva autopista.
-Y, no sé…, a veces viene un mecánico a ver si pesca alguna changa, pero usted sabe… ya no es como antes, desde que está la autopista. ¿Hoy es viernes?, capaz que se pega una vuelta pero más tarde como a las diez. Eso… si es que anoche no tomó demasiado.
Esas pocas palabras bastaron para que se hiciera una idea de la situación de desamparo del lugar. El viejo, enfundado en un engrasado mameluco azul lleno de remiendos y luciendo barba de varios días, le señaló donde podía estacionar mientras se terminaba de secar la cara con una toalla mugrienta, signo tal vez, de su único aseo del día.
Al costado de lo que en otra época había sido la isla de los surtidores de nafta de YPF, se alzaba una construcción también muy antigua con el presuntuoso letrero de Taller Mecánico escrito con cal sobre una oxidada cortina metálica que se arrugaba de vieja contra el piso de tierra. Debajo, con letras más chicas, apenas se leía Repuestos Ford todos los modelos.
Preocupado, notó una delgada línea de verdín debajo de la cortina, allí donde se juntaba con los restos de cemento del piso, signo inequívoco del tiempo transcurrido desde la última vez que fue levantada.
Un poco más allá, una casita de ladrillos sin revocar, con una desvencijada puerta de madera abierta hacia fuera por su propio peso, sobre unos goznes que apenas la sostenían.
Parada en la media sombra que producían las primeras luces del día sobre los objetos del campo, lo observaba atentamente una mujer joven, tal vez la hija o acaso una esposa tan poco atendida como el lugar. La mujer con ambas manos y algo que parecía pudor, cerraba sobre su cuerpo un viejo deshabillé deshilachado. Los pies desnudos, desafiaban el frío de la mañana con un par de hojotas fuera de estación. La escasa luz del amanecer apenas ocultaba una mirada que no sabía si era de seducción o un pedido de auxilio.
-¿Está el agua carajo? –La voz del viejo sobresaltó a la mujer que apartó la mirada del recién llegado.
-Hacele unos mates al hombre, que va a esperar al Cholo.
Estacionó como pudo donde el viejo le había señalado y apenas cerró la puerta del auto notó que la mujer se hallaba ya junto a él tendiéndole un humeante mate.
Su mano rozó la de ella, tibia por el mate y la mujer bajó la mirada sonrojándose como si al tocarlo hubiera cometido un pecado.
-Tome usted primero –gruñó el viejo desde lejos– A mí me gustan lavados.
Al devolver el mate, el recién llegado notó que tenía las manos llenas de grasa del auto. Ella también se dio cuenta.
-Ahisito puede lavarse –le dijo señalándole una pileta de cemento que sobresalía en la pared del costado de la casa.
-¡Hilda!¿Qué comemos hoy? La vos del viejo sonaba cada vez más imperativa. No le gustaba que la mujer se entretuviera con los ocasionales visitantes.
-Es viernes, puchero. –Contestó la mujer con una mezcla de miedo y resentimiento.
Mientras se restregaba las manos, el viajero fijó su mirada en la parte posterior de la casa.
Unos diez metros hacia el fondo, junto a un horno de barro debajo del cual se adivinaban unas brazas apenas encendidas, vio tres pequeños túmulos de tierra, uno al lado de otro, casi como tres sepulturas. Iguales en tamaño salvo el aspecto de la tierra que indicaba las diferentes épocas en que fueron levantados.
En medio de ellos, un perro viejo, negro y de raza indefinida, se desperezaba estirando lentamente sus patas traseras.
Al regresar para el frente de la construcción, notó amontonados casi sobre la pared de atrás de la casa, tres cascos ya oxidados de Ford Falcon, acaso más viejos que el suyo pero ya casi totalmente desguazados.
Caminó despacio los escasos metros que lo separaban de la parte delantera de la casa. Ahora la mujer lo esperaba adentro. Creyó verla sonreír cuando le ofrecía otro mate.
Mientras se acercaba a la puerta, miró con el rabillo del ojo si el viejo andaba cerca, pero parecía que se lo había tragado la tierra. Por instinto, se llevó la mano a la cintura, detrás, debajo de la campera, sólo para cerciorarse que no había olvidado el revolver en el auto.

 

relato B

En el Purgatorio de Dante Alighieri, el castigo para los envidiosos era cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.
Carmen cerraba sus ojos cosiendo heridas que no dejaban de sangrar, y  su pereza acomodada le hacía pecar en la búsqueda de orgullo y dignidad.
Envidia, pecado capital que genera ira, orgullo, tristeza, estados de ánimo en los que ella medía la magnitud de sus problemas. No deseaba bienes materiales, ni el mal prójimo, sólo resentimiento  del respeto que otros gozaban.
Jacobo siempre tuvo una naturaleza frágil, los caprichos y carencias marcaron su temperamento. Ya no eran rabietas de niño consentido, sino comportamientos violentos custodiados en llevar siempre la razón. 
Su mujer padecía las rarezas de su cónyuge, al principio juzgaba su carácter exigente, luego se fue acostumbrando a su genio, y al final se convirtió en una víctima de la bipolaridad de su pareja no reconocida ni  por él.
El nivel de exigencia, autoritarismo y malas formas se apoderó de su convivencia. La falta de tolerancia, diálogo e impulsividad iban en aumento. Jacobo nunca reconocía su actitud, manipulaba las situaciones haciendo culpables a los demás.
Los hijos sufrieron las consecuencias, grabadas por su corta edad, sacrificando personalidad y autoestima.
Para Carmen deshacer la telaraña era un gasto de energía enorme, atrapada con tejido de red tan fuerte como el acero. Con mucho esfuerzo la seda iba perdiendo su adherencia haciéndose ineficiente para sus presas, la inocencia  advirtió la realidad.
-¡Jodida feminista!-. Contestaba desatado ante cualquier defensa.
Para ella no era insulto sino definición; Igualdad de oportunidades sociales, económicas, sin sometimiento, con voz y voto, sin la dictadura del varón.
Como compañera anhelaba respeto para la familia. Cuántos pecados encubiertos tras una máscara de oportunidades. Eran tantas cosas que anulaba su memoria, tantas veces que el cálculo se perdió con el desengaño.
En la calle Jacobo se cruzó con una gitana que ofrecía romero, al ignorarla ella le gritó: -Jamás des la espalda a una gitana, que tu cuerpo y tu alma lo sufra mañana-.
Alcanzando el paso de cebra, un coche estuvo a punto de arrollarlo. Con el susto en el cuerpo, decidió entrar en la cafetería cercana a su trabajo. El dolor de estómago tan conocido alteraba de nuevo su digestión. Estresado como de costumbre decidió irse a casa.
El malestar iba en aumento. Asustado e indefenso, con la misma vulnerabilidad que sentían su mujer y sus hijos cuando soportaban los violentos ataques de ira y desprecios.
Esperando a su señora con impaciencia, la presión en el pecho le dejaba sin aliento. Oyó el ruido de unas llaves y la voz ruidosa de sus hijos…
 
La ambulancia, su estridente sirena y las luces abstraían a Carmen,  como si de una película se tratase a cámara lenta, difuminando recuerdos acomodados con el letargo de la dependencia.  Sentimientos confusos, incertidumbre, como lo fue su convivencia.
Ella contaba los minutos, presintiendo un fatal desenlace, quería llegar enseguida, pero en un recóndito lugar de su corazón, una voz interior se atrevió, golpeándole sus sentidos: -Es tu final, te lo has buscado, lo mereces-. Agitó la cabeza desprendiéndose de culpa por tan grave declaración, no fue ella, su subconsciente no indultó.
-Ha sufrido un infarto agudo, con importantes secuelas, si repitiese el episodio agravaría su situación, ahora sus constantes son estables. Márchese a su casa y descanse, hay que esperar, dependen muchos factores. Deje en control los teléfonos de contacto. Mañana en horario de visitas el médico le informará detalladamente-. Comentó el facultativo de urgencias.

No tenía sueño, la soledad era buena compañera, necesitaba reflexionar, vencer el miedo a la angustia, pero siempre llegaba a la misma conclusión -¿Por qué?-.
El sonido del teléfono hirió el silencio de la noche. En trance descolgó. -¿Dígame?, No, por favor, no, no-.
Sentir el sinsabor sin lamentar el suplicio, dejando atrás el tormento de lo que fue y no ha sido.

La araña puede sentir el impacto y el forcejeo de una presa por las vibraciones transmitidas a través de los hilos de la tela, pero los hilos de la felicidad son más fuertes que el impacto.

 

relato C

El pecado ofende al Creador perjudicando a la humanidad.
                                     Ahogando en un oasis invadiendo la pena formando una 
                                     cadena donde la condena esta una perpetua penitencia.
                                     Pecado símbolo de odio condenado a nuestro ser dibujando
                                     la maldad injusta perdiendo el alma sin combatir aislando
                                     el tesoro de la esperanza iniciando sentimientos donde la
                                     tristeza roba felicidad.
                                     Pecado son los ecos infantiles habitando entre los escombros
                                    de guerras favoreciendo a los gobernantes.
                                    El pecador es la egolatría donde solo existe disfrazando 
                                    al demonio orgulloso envolviendo mentiras aumentando
                                    egoísmos extraviando el sentido de la vida. 
                                    El pecado se haya en personas desconociendo el significado
                                    creando horizontes solitarios donde el diablo te nombra como 
                                     pecador. 
                                     Hieren a personas provocando lagrimas .
                                     Los pecados escriben la historia con el lápiz de una manzana
                                     seduciendo a la mujer en el paraíso edificando remotos
                                     Ladrillos en el libro sagrado donde el primer asesinato 
                                     fraternal por envidia sin fundamentos, 
                                     Mandando un diluvio donde en un arca,
                                     Todos somos pecadores donde el agua bendita borra 
                                     el pecado inocente.
                                     Jesucristo vino al mundo para cumplir las profecías 
                                     que alumbro la estrella bendita anunciando el
                                      Nacimiento.
                                      Herodes traicionando cumplió un mandato 
                                      asesinando pueriles inocentes.
                                      Pecado es matar en nombre de Dios cobardes
                                      Fanáticos plasmando tragedias universal.
                                       Reflejando miedo huyendo de la  guerras 
                                       para sobrevivir,
                                      No deseo ver esa agonía con resignación,
                                      Buscare  el amor en el pecador siendo invitado
                                      a pesar de sus pecados porque Mº Magdalena
                                     fue perdonada .
                                      La traición de un beso fue un pecado entregado 
                                      al Salvador al destino de su muerte escuchando
                                      Como el gallo cantaba tres veces.
                                      Coronando su cabeza con corona de espinas 
                                      de  nuestros pecados en soledad.
                                       Su cuerpo magullado sufrió escarnio cargando 
                                       Nuestra cruz subiendo al calvario destino la
                                       Muerte. Su sangre la limpio aquella mujer
                                       Llamada Verónica con un paño reflejando 
                                      Aquel rostro desfigurado.
                                       Perdonando a un ladrón aclamando perdón,
                                       Cada clavo pecado. En Siete palabras 
                                        Expresaba su dolor esperando el último 
                                        aliento.
                                        El cielo se oscureció.
                                        Ha pasado muchos siglos pero seguimos pecando
                                       Día a día impidiendo un buen pecado el de la paz,

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.06.20
10.03.20
13.08.19
Encuesta
Rellena nuestra encuesta