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12 min
DUELO 4 "Citas por internet"
Varios |
17.01.16
  • 4
  • 40
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Sinopsis

La votación finaliza el 19 de enero 21:00 pm (horario de Tokio, Japón). Muchas gracias por sus votos y sus comentarios. Al comparar dos relatos diferentes con el mismo título y opinar, no solo los autores aprenden; los lectores también. Muchas gracias.

realato A: Citas por internet

 

~~Marcos estaba enamorado. Enamorado de alguien que no conocía, que nunca había visto, pero a él no le importaba, a su corazón no le importaba. El simplemente estaba enamorado. Después de varios meses, de muchas idas y vueltas, estaba listo para llevar esa relación virtual un paso más halla en el mundo real y físico. Marcos estaba feliz, nervioso y ansioso.
La habitación del hotel era agradable, limpia y ordenada, no muy lujosa, pero considerando todo lo que podía pagar Marcos, era lo suficientemente decente, en especial para la función que iba a cumplir ese día. Marcos se encontraba muy nerviosamente sentado en la punta de la cama, con su vista clavada en la puerta, sabía que en cualquier momento alguien llamaría. En cualquier momento su vida cambiaria para siempre.
De pronto se escucharon unos leves golpes a la puerta, Marcos dio un salto de la cama, respiro hondo, sonrió, dio una veloz inspección visual a que todo estuviera bien en la habitación y luego a sí mismo. Su ropa estaba bien, su cabello peinado, y su olor corporal se encontraba controlado. Camino hasta la puerta y la abrió.
-Llegaste hermosa.- Dijo muy contento Marcos.
-Sí, llegue lindo.- Dijo con una sonrisa burlona un hombre alto y fornido que se encontraba parado en la entrada de la puerta.
-¿Pero qué…? creo que se equivocó…- dijo tartamudeando Marcos, e intento cerrar la puerta, pero el hombre puso con fuerza su mano evitándolo.
-No campeón, no me equivoque.
El hombre abrió completamente la puerta con su mano, provocando que Marcos diera unos pasos hacia atrás, sorprendido vio como el hombre entraba y cerraba la puerta detrás de él.
-¿Pero qué…?
-Sentate.- respondió fuertemente el hombre y señalando con su dedo la cama, Marcos, muy veloz y asustadamente se sentó.
-Mira vos, así que vos sos el noviecito de la internet, el de las charlas profundas y todo esas mariconeadas que aparentemente a ella tanto le gusta- El hombre empezó a caminar por la habitación –y acá era donde finalmente se iban a conocer, ¿y algo más tal vez?
-¿Quién usted?- pregunto finalmente Marcos asustado y nerviosamente.
El hombre lo miro por unos instantes, luego camino hasta quedar frente a él y estrecho su mano en forma de saludo.
-Hola, me llamo Carlos, yo soy el esposo de la mina que te levantaste por internet.
-Yo…
-Está bien, aparentemente no te menciono nada sobre mí, supongo que se le debe haber pasado, nunca abra salido el tema, quien sabe- Carlos retiro la mano y volvió a caminar por la habitación –Ahí tantas cosas lindas para hablar, quien querría perder el tiempo con trivialidades como que sos casada y no deberías andar metiéndote con otros hombres.
Carlos miro burlonamente a Marcos.
-Te imaginaba más alto honestamente, no sé bien porque, también menos maricon, supongo que esperaba que si me iba a meter los cuernos, al menos seria con alguien mejor que yo, me equivoque.
Marcos se encontraba sentado en la cama, nervioso, enojado, con lágrimas en los ojos y los puños cerrados con fuerza sobre su regazo.
-¿Ella esta…?- pregunto Marcos muy despacio.
-¿Qué? –dijo fuerte y burlándose Carlos –habla más fuerte campeón, estoy acá.
Se acercó a donde se encontraba Marcos.
-Supongo que lo macho te sale nada más que con mujeres y de atrás de una computadora –dijo Carlos mientras con las manos hacia el gesto de teclear en el aire –si te preguntas si la mate y descuartice y tire el cuerpo por ahí, no, quédate tranquilo, ella está bien, no quita que después valla a tener una charla con ella también.
Marcos levanto el rostro y miro a Carlos.
-No le haga nada a ella.
-Quédate tranquilito, ella va a estar bien, sabe aguantarse las cosas un poco mejor que vos.- dijo Carlos con una sonrisa en el rostro y palmeándole burlonamente el hombro.
Carlos volvió a alejarse a seguir mirando la habitación.
-Un hotel bastante feo elegiste, podrías haber elegido una mejor habitación, que al menos la única decepción que tenga sea tú cara.- Carlos al decir eso, se comenzó a reír.
Carlos se dio vuelta a mirar a Marcos, quien se había parado y lo estaba mirando muy seriamente.
-Sentate campeón, no hagas el ridículo, créeme, ella no vale la pena que yo te rompa todos los huesos.
-No voy a dejar que siga hablando así, y la amo no me importa lo que usted puede decir o hacerme, no le tengo miedo.
Marcos estaba temblando y aterrado, pero hizo todo lo posible para que en ese momento no se notara, Carlos lo miro seriamente unos momentos y se le acerco.
-Última advertencia campeón, sentate.
-No.
Marcos le tiro el puño, intentando darle un golpe, pero Carlos lo detuvo si problemas, tomándolo del hombro y arrojándolo al suelo.
-Queres jugar, no hay problema, jugamos.
Marcos se levantó, y coloco sus brazos elevados hasta su pecho con los puños cerrados.
-Mira vos, acabo de descubrir otra cosa en la que apestas.- dijo burlonamente Carlos.
Marcos trato de tirar un golpe, pero Carlos lo desvió con facilidad y él le dio un puñetazo con tanta fuerza que Marcos voló hasta el otro lado de la habitación.
-Ves campeón, eso es un golpe.
Carlos camino hasta donde estaba Marcos y cuando se intentaba levantar, le volvió a dar otro golpe, dejándolo completamente recostado en el suelo con el rostro lleno de sangre.
Carlos coloco una rodilla sobre el pecho de Marcos y volvió a pegarle otro puñetazo con fuerza. El rostro de Marcos estaba completamente cubierto en sangre y el apenas se movía. Carlos se limpió su puño, se miró la mano, y volvió a darle otro fuerte puñetazo con el otro puño.
-Dos golpecitos y ya ni te moves ni te defendes, mierda, incluso ella se la aguanta más que vos.
Marcos intento balbucear algo, pero no pudo.
-¿Qué?, no te escucho ni te entiendo, ¿queres que te traiga una computadora así me lo escribís? Mejor te ayuda de esta forma.
Carlos elevo su brazo con el puño cerrado, como para darle otro golpe.
-¡Nooo!
Se escuchó la voz de una mujer por detrás, Carlos al escucharla se levantó y se dio vuelta rápidamente, cuando lo hizo la mujer se le abalanzo sobre él. Carlos le dio un empujón, y se quedó parado quieto, pudo ver como tenía un cuchillo clavado en el pecho.
-Realmente no me esperaba esto.- dijo suavemente y cayó al suelo.
La mujer se agacho junto a Marcos y lo tomo en sus brazos, él estaba cubierto en sangre y apenas se movía.
-Discúlpame, creo que llegue un poco tarde.- dijo ella entre llantos.
Marcos sonrió levemente, levanto lentamente su mano y toco el rostro de la joven.
-No hay problema, mate el tiempo charlando con tu marido- dijo lentamente y con una sonrisa Marcos –creo que mejor deberíamos seguir con los encuentros por internet, son más seguros.
La joven sonrió, bajo un poco su rostro y los dos se besaron.

 

 

 

relato B: Citas por internet

 


~~Me atormentaba la sonrisa de la luna encajada entre los edificios del final de la calle. Y la mía, también me atormentaba mi triste sonrisa que me despreciaba desde el espejo. No había sido una buena semana…, ni un buen año. En realidad, no había sido una buena vida. Desde que recordaba, estaba sumido en lo más profundo de un abismo y no encontraba una cuerda a la que asirme y poder emerger. Era la imagen de un hombre vencido por la vida y sin fuerzas para seguir buscando una escalera que condujera a un territorio sin tinieblas: descalzo, con una camiseta de tirantes sucia, y el pantalón de un traje del que jamás utilicé la americana. La barba descuidada de un par de días y el cabello alborotado, como el estómago, que rugía solicitando algo sólido y acabó regado con alcohol.
Apunté con el revólver a mi reflejo a la vez que esa deprimente imagen me apuntó a mí. Era un duelo de perdedores. Había asesinado a tanta gente que me daba igual hacer otra muesca en mi conciencia. Realmente, jamás me importó demasiado. Era un trabajo al que no le encontraba el placer pero tampoco suponía que afloraran remordimientos que me impidieran seguir en la profesión. Mi eterna depresión no encontraba alivio en la muerte, pero tampoco se agudizaba. Era una infinita línea horizontal, sin alteraciones.
Me hallaba en un ático de pequeñas dimensiones  que se ensanchaban con las vistas que ofrecía de la ciudad. Me gustaba la noche contemplada desde la altura, el tono anaranjado que teñía la oscuridad de misterio.  Me hubiera gustado cambiar mi sótano, con vistas a un gran muro, por este magnífico altillo. Se lo había alquilado a un conocido que se empeñaba en llamarme amigo, nunca confié en los que te llaman amigo.
Me volví a mirar al espejo y decidí acabar de vestirme. Me afeité y ordené mi cabello con las manos intentando disimular la incipiente calvicie. Intenté sonreír y transmitir esa falsa felicidad de la que siempre había carecido. Consulté el reloj y empecé a impacientarme.Hacía tiempo que no tenía una cita a solas con una mujer, supuse que la impuntualidad la hacía más deseable y que ella  sería consciente de ello Eran las diez y cuarto, hacía quince minutos que tenía que haber llegado.Conocí a la chica a través de una web de citas, esperando un polvo rápido y poco más. Me fastidiaban las presentaciones, la cena, las charlas vacías esperando que se pusiera blanda y accediera a abrir las piernas.Mis relaciones con mujeres siempre habían sido tan breves como mi orgasmo y con un cariño directamente proporcional al dinero que entregaba antes de follar.
Sonó el timbre con insistencia, seis veces, tal y como habíamos acordado. No sé por qué me puse nervioso, solía ser una persona bastante fría. No era especialmente guapa aunque tampoco mi físico era un regalo. Nos presentamos con un par de besos y le invité a pasar. Le ofrecí asiento en el sofá, frente al ventanal que traslucía una magnífica panorámica de la ciudad. La luna continuaba sonriendo, probablemente burlándose de mí.
Marta parecía una persona culta, se interesó por las fotografías y cuadros que decoraban la sala, también hizo algún comentario sobre alguno de los cientos de libros que descansaban sobre una estrafalaria estantería. Me hizo un breve resumen de su estado actual, su trabajo, sus aficiones, sus problemas, a pesar de que ya habíamos hablado por el chat y nos habíamos confesado on line. Por supuesto yo había mentido en todo excepto en mi físico, había colgado una fotografía real y no podía engañar. Serví unas cervezas y continuamos enfrascados en un diálogo ágil, sin silencios, como si nos conociéramos de toda la vida. La chica me cayó bien, hacía tiempo que no congeniaba con una persona, digamos, normal, y pareció que la línea horizontal de mi depresión se elevaba y quería emerger a una superficie desconocida.
Picoteamos algo de la cena que había encargado en un restaurante de breves platos y grandes cuentas, y descorchamos un Viña Tondonia. Había puesto bastante esmero en agradarla esperando supiera corresponderme en la cama y se relajara. El alcohol comenzó a hacer efecto y Marta se soltaba cada vez más. Nos sentamos en el sofá y nos besamos con pasión, un sentimiento que casi ni recordaba. Me sentí deseado, no sé si fruto del vino y las cervezas o de un interés real que supe despertar en la chica. Empezamos a desnudarnos y mi revólver cayó al suelo con estrépito. Me había olvidado de él. Me había olvidado del verdadero propósito de la cita. Marta había conseguido que un frío asesino se olvidara de su real cometido. Me apartó de un empujón y me preguntó acerca del arma. Improvisé una excusa convincente y pareció satisfecha. Seguimos en el punto en que lo habíamos dejado, pero no pude retomar mi papel de fogoso amante. Imaginaba a Marta con tres disparos en la cabeza y se me ablandaba la entrepierna y el corazón. Mis gélidos sentimientos se estaban templando con las caricias de Marta. No podía permitirme fallar.
Jamás había utilizado una web de citas aunque tuve que reconocer su utilidad, al menos en esta ocasión. Siempre me habían parecido una ventana a la falsedad. Triunfaba el que mejor sabía mentir y más si se acompañaba de una buena foto, que en la mayoría de ocasiones no coincidía con la realidad. Esta vez no fue así. Ella siempre fue sincera y la foto que tenía colgada era fiel a la persona que descansaba sobre la cama. Miré hacia la habitación y contemplé su  cuerpo desnudo. Me pareció mucho más guapa que cuando la vi entrar.
Accedí a la terraza y encendí un cigarrillo post coito sabiendo que ella no se lo iba a fumar. Tampoco me preocupó si era fumadora. La ciudad seguía viva, susurrando sonidos para no despertar a los dormidos. La luna continuaba con su sonrisa que esta vez me pareció tener un gesto de complicidad.
 

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