cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

6 min
Ejercicio: El autobús
Varios |
08.06.15
  • 0
  • 0
  • 1012
Sinopsis

Ejercicio extraído de “El Arte de la Ficción” de John Gardner. Trata sobre describir en varios estilos un tropiezo al bajar del autobús.

*Creía que el escalón era más alto, y al bajar el pie lo hice con un mínima fuerza de más, lo que causó un falso desequilibrio, mi cuerpo agitado por un momento como un actor que ensaya el inicio de una caída. Desorientado, miré a los lados mientras notaba las mejillas calentarse, remarcado un picor en la piel por donde el sudor daba una falsa alarma bajo la forma de innumerables puntos como agujas. Me percaté de la señora que estaba fuera, sentada en el asiento de la parada a la espera de su autobús. Sonrió, y pude interpretar la simpatía por no ser malinterpretada. En su mente puede que estuviese reviviendo una experiencia similar, con un toque ausente por la cotidianidad que la preocupara en ese momento. Bajé y la puerta se cerró al momento.

*Fue una impresión repentina, como todas, y te abalanzaste en busca de un agarre como si de una escalera con barandilla se tratase. Fue más el susto, amigo, y azorado como tantas veces en tu vida, miraste a los lados. Un escalón traicionero –no sólo las personas lo son– porque su diseñador o constructor debieron de tener un mal día que, vaya, tuviste que pagar tú. Miraste alrededor, más consciente que por instinto, y te percataste de la señora sonriendo, con su trasero aplastado en el asiento, amoldado a la perfección de tanto uso. La sonrisa no iba a malas, pero a ti te hizo sentir como el mayor de los idiotas. Bajaste y la puerta se cerró impaciente, criticando tu tardanza con una onomatopeya.

*Se imaginó haciendo una acrobacia, el impulso fue suficiente para iniciarla, pero no se sucedió. No era acróbata, sino mas bien un hombre cualquiera que quería bajar del autobús. El escalón dio el inicio, con ganas de animar ese día entre tantos. La mano del hombre buscó por un agarre, chocando sin ruido contra la pared de la puerta abierta. La respiración quedó agitada, y el hombre miró a los lados en busca de espectadores. Una señora sonreía amable, disfrutando en pensamientos por el espectáculo que podía haberse sucedido. El hombre terminó de bajar sin realizar reverencias ni saludos. La puerta se cerró al paso.

*Como dijo la pitonisa en sueños, la caída tenía que sucederse. Te viste a ti mismo con el suelo frente a la cara, con amenaza de acercarse. El mundo conspiró porque decayeras, con un pronto que fue agarrado durante lo que dura una intensidad. Con fuerza te aferras al igual como hiciste en sueños, y esta vez sí puedes agarrarte, con lo que lo onírico se torna físico tras el momentáneo deja vu que te ha alejado sin desplazarte. Los ojos se mueven igual que durmiendo, buscando esas respuestas que jamás existieron. El alivio se produce mientras comprendes y tu mirada se fusiona por otro instante de misma duración con otros ojos que, mas que juzgar, comparten una alegría con intención de contagio. No lo logran, pero calman tus nervios y terminan de matar a la profecía esquivada. Acabas ese camino para proseguir con el de la vida. La puerta se cierra como conclusión.

*Fue total el cómo algo que le pasa a cualquiera pudiera haber terminado en tragedia. El hombre, cuarentón de la media, bajó el rostro al mismo tiempo que su pie recordaba que no podía pisar el aire. Fue menos de un segundo, pero todo un mundo se creó y desapareció. Los ojos tenían que haber sido desorbitados, pero fueron analíticos como si despertaran de un sueño. El pie debía temblar dentro del zapato, completada la imagen por la espalda encorvada y la mano apoyada, mal agarrando la puerta abierta. Menos mal que era el último en bajar.
Miró alrededor como un superviviente saliendo de un tren accidentando y descubrió a la señora, tranquila y sonriente, ignorante de lo que es vivir un tropiezo como ese. Al menos no emanaba maldad, ausente por su propio mundo, tan denso que no permitía la intrusión de lo que sucediese alrededor, ese mundo real a tener en cuenta y que enseguida se aprende a ignorar por el bien de la cordura. El hombre terminó de bajar y la puerta se cerró provocando el gong final.

*Tropezó con un átomo, no había otra explicación. Debió tropezar con una realidad alternativa a punto de formarse, rompiéndola sin querer con el pie. Creyó escuchar el grito de su otro yo golpeándose, conformándose aliviado de no haber caído en ese estado de la materia. Su cuerpo sólido relleno de líquido podía haberse roto, dando gracias a la virgen de la cuántica de que así no hubiese sido. Madre, que trompazo le esperaba en algún futuro de ser cierto el karma. Miró alrededor como en un escenario donde tras terminar una obra nadie aplaude, imaginándose exagerado lleno de sudor, alarmada su pierna por un dolor inexistente. Entonces los ojos la detectaron con precisión a lo Terminator, e identificó su sonrisa ambigua en las primeras décimas, compasivas en las siguientes, de buen humor en las últimas. Una comisura que resumía el instante mejor que él mismo, narradora de la peripecia que ya quedaba lejana. Era una mujer bonita, de las de su edad, pero descartó la posibilidad de filtrear después de los sucedido, además de por los anillos que tanto ella como él portaban en algún rincón del olvido. No debía de haber problema porque él cuando se tocaba se quitaba el anillo, pero los santos votos no entienden de peros o peras. Terminó de bajar y la puerta se quejó de la tardanza a pesar de haber sido... ¿tres segundos? Cuatro a lo sumo. No estaba de humor para relojes o matemáticas, sólo para ir a por el pan de una vez y sentir que había merecido la pena haber arriesgado la vida.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 395
  • 4.66
  • 62

Músico, escritor y guionista de cómics. Y, por fin, con primera novela: http://bit.ly/UnDiaPerfectoparaElis

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta