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5 min
Él
Terror |
15.04.16
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Sinopsis

Nuevamente estoy con esa sensación de ser perseguida, de sentir el corazón escapar por mi garganta saltando a mi boca, dejándome sin aire y viendo esas sombras que no se despejan ni en plena luz del día.

Después de todo pueden tacharme de lunática, así como el psiquiatra me diagnosticó esquizofrenia. Me hizo dibujar innumerables veces esas malditas sombras y visiones, solo para archivarlas y mandarme a tomar pastillas para dormir día y noche.

Ese ser se me burló en la cara, pero todo terminó; o eso creí. Para mi mala suerte no fue así, está de nuevo aquí, atormentándome y con mucha más intensidad que la última vez.

Hoy al despertarme lo escuché reírse en el rincón del armario, en el lugar más oscuro de mi habitación. Traté de volver a dormir, pero fue inútil. Y comenzaron las visiones, esas en las que apenas cierro los ojos la oscuridad tiembla con el chillido de su voz, y después siento que se me eriza la piel al verlo encima de mí como un bulto negro que no me deja respirar.

Cuando al fin puedo abrir los ojos, lo hago muy lentamente, con terror de encontrármelo en el mismo lugar. Pero a cambio de eso solo veo los mismos muebles viejos de mi habitación.

En ocasiones cuando logro conciliar el sueño, tengo pesadillas en las que corro hasta quedarme sin aliento por un laberinto pantanoso y frío, donde escucho lamentos desesperados y gritos de dolor; al final siempre termino en un mismo callejón con una única salida, un hoyo entre el lodo del suelo y las ramas de los muros, trato de escurrirme en él pero no lo consigo, es demasiado estrecho y cuando empiezo a llorar veo sus ojos colgando de las tinieblas como dos esferas vacías que reflejan mi desesperación.

Hace diez horas, cuando aún era de mañana volví a acostarme y me quedé profundamente dormida como nunca. No sé cuánto tiempo pasó, pero empecé a escuchar el crujir de unos papeles debajo de mi cama, pensé talvez sería mi gato, pero cuando abrí los ojos lo encontré dormitando en mi mesita de noche. Y al escuchar unos pasos que se dirigieron a otro lugar de la habitación quería darme la vuelta para verlo, porque sé que era el, pero me contuve, o mas bien no tuve el valor para hacerlo. Así que me levanté suavemente y salí del cuarto sin mirar a mis espaldas, escuché esos pies descalzos correr hacia mí y se pararon justo antes de atravesar el marco de la puerta totalmente.

Dejé comida a mi gato y fui a la casa de mi madre, una mujer viuda, trabajadora, pero religiosa al extremo de hastiar a cualquiera. A ella no le cuento eso porque conozco como es y va a decirme que por pecadora me está pasando esto, me dará un sermón sin fin y me implorará que acuda a un sacerdote, cosa que la verdad si lo he considerado, pero dudo que me brinde una solución acertada.

Pasadas las nueve llegué, prendí la luz de la cocina y del corredor que conduce a las escaleras, y preparé un poco de estofado para merendar.

Me pareció extraño que mi gato no viniera a pedirme un poco así que lo empecé a llamar, no tuve respuesta, al momento me levanté de la silla y lo busqué. No lo hallaba por ninguna parte en el jardín ni en la planta baja, me dispuse a ir arriba por la posibilidad de que quedara encerrado en algún sitio, pero no lo encontré. Bajé las gradas a prisa y en el último peldaño escuché su ronroneo en la planta alta, alcé la vista al pasamano y entendí que no era el gato. Ese ser maldito al fin mostraba su verdadera apariencia, estaba parado con pies y manos a manera de un mono sobre la madera, su sonrisa sínica decayó y se lanzó sobre mí con su sucio y desnudo cuerpo al momento que gritaba y caía sobre las primeras gradas.

Después me desperté en el suelo de la cocina y lo primero que vi fue a mi gato jugando con el teléfono descolgado, balanceándose de un lado a otro; y es cuando me rodeé con un brazo y con la otra mano libre tomé el teléfono y escuché tu voz gritando mi nombre. Te expliqué que estaba mal y te dije que no recordaba bien lo que pasó, te rogué que vinieras y agradezco una infinidad que lo hicieras.

Tú eres la única persona que sabe esto, y en quien confío. Por eso te he mostrado lo que me ha hecho e imploro tu ayuda, porque estoy desesperada y no sé cómo parar esto.

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