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7 min
El 69
Humor |
06.08.15
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Sinopsis

Incidencias en el supermercado.

Me ocurrió un caso al que podríamos calificar de extravagante, puede que no tanto por su contenido más bien común, cotidiano, sino por el carácter espontáneo del hecho en sí, el sitio o lugar, y por supuesto el personaje. Como personaje me refiero a la persona que supuestamente es “culpable” de esta, digamos, anécdota, ya que yo simplemente fui un observador, algo activo, eso sí, pero en principio igual de asombrado que lo estaría usted si en la misma situación se encontrase, o, refiriéndonos  a la forma verbal correcta, se hubiese encontrado. Porque estas cosas pasan, sí, y todos los días; quizá por ello no nos paramos a detallar contingencias que puedan ser más o menos soportadas por gente ajena a nosotros, y nos limitamos a contarlo en un ambiente más familiar o amigable. Pero estas pequeñas “pequeñeces” deben ser compartidas, sin menosprecio alguno, a todo el mundo, ya que añaden algo de “chispa” al devenir diario, o si se prefiere una expresión no tan jovial, una dosis de humor a nuestro maltrecho carácter. Así pues presten atención a esta historieta, que puede ser una más, sí, como tantas otras, pero que a mí me tuvo un par de días sonrojándome de la risa en cuanto la recordaba.

Entro como cada martes a hacer la compra en uno de los supermercados que hay en mi barrio. No digo marcas para evitarme el engorroso revuelo que suele ocasionar mencionarlas. Me acerco a la zona de las verduras y me quedo mirando las berenjenas, los calabacines y los pepinos, más concretamente el pepino español. Una trabajadora del supermercado, con mucho desparpajo, muy risueña y alegre, de muy buen ver por cierto, joven, y encantada de la vida se queda observándome. Levanto la vista y veo marcada una sonrisa en su bonito rostro. Hay un silencio sepulcral. No me atrevo a decir nada. Parece que va a ser ella la que al fin diga algo. Pero se calla. Me deja allí mirando las berenjenas, los calabacines y los pepinos, más concretamente el pepino español. Cojo una berenjena, la coloco en una bolsa y la peso para añadir la etiqueta del precio. Hago lo mismo con el calabacín. Y cuando me dispongo a hacer lo mismo con el pepino veo que se acerca risueña, se para delante de la máquina de las etiquetas y me dice:

—¿Te has dado cuenta?

—¿De qué? —Le contesto.

—Del número. —Me dice misteriosamente.

—¿De qué número?

—El número que tiene para identificar. El pepino. Joder, ¿no lo ves? —Me suelta con el alarde típico de la adolescencia.

—Ah claro. Je je je. Tienes razón. El 69. Sí, es curioso.

—¿Cómo que curioso? Es increíble. Que hayan puesto ese número no es fruto de la casualidad, porque si así fuera aún sería más curioso, porque ponerle un número sexual a una verdura sexual como es el pepino tiene arte, y más al pepino español, porque lo hay italiano y americano. Pero es que como el español no hay ninguno, sabes, porque mira que yo he visto pepinos, digo la verdura, claro, y esa textura que tiene el español, ese tacto, entre duro y blando, no lo tiene ningún otro.

—Ah, sí sí, no lo dudo.

—Mira toca —me da un pepino— sóbalo, mételo bien en la mano, ¿ves como raspa un poco? Y huélelo. ¿Te das cuenta? Si es que me comería uno entero ahora mismo. Producto cien por cien español, de calidad. Duro pero flexible, se adapta a todo. Me encanta.

Una mujer que por allí pasaba dijo:

—Disculpa, ¿está de oferta? ¿Es alguna demostración?

—No señora, aquí que le digo al señor que esto es calidad y no la italiana. Por cierto ¿ha visto el número?

—¿Qué número? —Pregunta la señora.

—Joder, el número que le han puesto a la etiqueta.

—Ah sí, el 69 ¿y?

—¿Cómo que “y”? El 69 es el número sexual por excelencia, y ya sabe que el pepino está relacionado con el sexo, por aquello de que se parece a un… ya sabe… a un pepino joder, pero de verdad, un pepino de hombre, y si puede ser español mejor. Con su textura, con su tacto, su olor, su sabor, mmm, dios mío, un buen pepino, lo que daría yo por un pepino, y ya puestos por un 69. Pero de verdad eh, un pepino de verdad, quiero decir uno de verdad, de los que aparecen cuando un hombre se baja los pantalones, bueno, y estos también me encantan, los de verdad verdad, quiero decir los que son pepinos de verdad, joder ya me entiende…

—Bueno bueno, jovencita, parece que está usted promocionando el pepino. —Dijo la señora casi o más asombrada que yo.

—Oh no, para nada, yo solo digo que es curioso cómo le ponen a un producto sexual, quiero decir con forma de miembro sexual, sí bueno, como un pepino de hombre representado en un pepino de pepino, o sea, de verdad, el pepino pepino digo, y no el pepino de hombre, que también es un pepino, pero no de verdad, sino que es otro pepino.

—Je je je. Eres tremenda, —dije perplejo— dependientas como tú habría que abundar más por aquí.

—No, si yo no quería molestar, yo simplemente quería que supieran que es curioso lo del número sexual en un producto sexual, bueno, y eso. Por cierto mire la alcachofa, también tiene algo ¿eh? Es más femenino. Bueno y la berenjena ya es a lo bruto, imagínate, Dios mío, una berenjena en… madre de Dios. El plátano es que está ya muy usado, sobre todo con piel. Ahora sin piel es que me encanta, su forma, su olor, pero ya está muy visto, no es como el pepino que sí, que también, pero es el pepino. El italiano es más largo y más grande, pero da igual, yo me quedo con el español. Por cierto, es el 69, que curioso. El número de la etiqueta digo, que es el 69, ya sabe por aquello de que uno está así acostado y la otra está asá, con sus cosas en la boca como si fueran un 6 y un 9, el 6 la mujer y el 9 el hombre, o al revés, da igual, porque en el fondo los dos podrían ser el número que eligiesen… en fin… Disculpen eh… yo ya me voy, que tengo faena.

La mujer se quedó risueña mirándome y cogió cinco o seis pepinos. Se quedó observándolos mientras los pesaba, y apretó uno como comprobando que era cierta la información recibida. Yo no pude apartar la vista de aquella muchacha. Vi como empezó a decir algo de la leche a un señor que la observaba mientras mantenía un litro en la mano.

Pensé en como a veces la vida te sorprende con tan poca cosa, y las curiosidades de la existencia. A veces un pequeño vertido de la sustancia que fluye con normalidad ofrece un enfoque diferente. La vida, esa maravillosa línea recta que pretendemos no se salga de su trayectoria debería permitirse más “irregularidades”, más desordenes cotidianos, que nos permitan respirar, coger aire, y advertir que todo puede ser maravilloso si no se pierde la espontaneidad, y no se juega a ver quién es más listo, más correcto y más locuaz. Quedé maravillado por aquella joven, pero sobretodo quedé motivado por su ímpetu. ¿De qué lugar del cielo bajaría aquel ángel?

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