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5 min
Él
Varios |
09.12.14
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Sinopsis

Sabe de todos y, aunque le conozcamos de sobra, apenas sabemos sobre él.

La primera vez que lo vi fue al salir viva de la piscina. Mi pie quedó enredado tras adentrarme en la parte honda por mero capricho. La maldita red estaba enganchada a la maquinaria de aire y yo a su vez con ella. Juro que un segundo más y habría caído inconsciente. Nadé sin pensar durante una eternidad hasta la escalerilla, donde me dejé caer atascando el brazo para que aguantara todo el peso de mi cuerpo. No recuerdo si volví a vomitar más agua, pero la angustia sí arremetió en varias ocasiones de una forma insistente e incansable.

Logré subir y enseguida noté el cambio en la luz. Más allá, donde queda mi casa de campo, la luz del día era más hermosa que nunca, pero alrededor de la piscina se ubicaba otro tono que me dejaba atrapada en una imagen. Giré.

Entonces lo vi:

Su aspecto era pálido e imberbe, apenas unas cejas que lucir. Vestía de un negro tan intenso que mezclaba los rasgos de su cuerpo. No sé si sonrió, y sus ojos se ubicaron donde yo para convertirme en lo oscuro dentro de sus pupilas. No emanaba aura alguna, y eso resultaba fascinante, tan atrayente, motivador de un mecanismo en mis piernas. Terminé de acercarme y me senté a su lado. Estaba en el borde de la piscina donde había sucedido mi reciente incidente. Me resultó extraño porque en ningún momento pude gritar, aunque no descarto que lo hiciese mi alma.

Nos acariciamos y supe que yo también le resultaba fascinante. No nos dijimos nada; ni creo que hablara el mismo idioma, aunque sí comprendía más que nadie que pudiese conocer.

Pregunté su nombre. Entonces pareció recordar y se levantó. Se marchó sin respuesta.

Con el tiempo creí comprender, y busqué por un nuevo agua dentro de la oscura bañera. Fue tal mi voluntad que no elevé la cabeza tras sumergirme boca abajo. Mi deseo por verlo era tal que ninguna voluntad propia pudo evadirme de la idea hecha acción. Sólo cuando mi mente sintió nublarse, elevé la cara para expulsar agua y respirar una bocanada ronca que sonó como si se partiera un sólido o incluso el mismo viento. Supe que funcionó por el tono que me rodeaba con respecto a la bombilla del baño.

Al asomar desnuda por el pasillo de mi casa, lo vi al final del mismo. Me miró como si se sorprendiera, y comprendí que volver a vernos resultaba en un imposible al nivel de nuestra fascinación mutua. Sin decirnos nada, nos acercamos y abrazamos para comenzar a bailar una melodía escrutada en el silencio. Acariciarnos y besarnos fue cuestión de minutos como segundos.

El baile resultó indefinible, y no recuerdo cuáles fueron los pasos finales. Sé que me excité y que no me importaba ir más allá, pero a él sí pareció importarle el tiempo definido bajo nuestras formas girando, y retrocedió asustado, como si acaso descubriera una esencia horrible en mí al abrir los ojos tras todo ese momento frío que se derritió en sensual.

Me abandonó por segunda vez, y no pensaba permitir que el tres me fuera mancillado. Me sugestioné y con paciencia de días regresé a acometer contra mí misma.

Por un segundo no resbalé hacia el abismo.

Abrí los ojos y me vi flotando boca arriba en la bañera. El intento de acercamiento fue más terrible que en el accidente en la piscina. Si en aquella vez faltó un segundo, en ésta apenas fue la mitad o menos... giré la cara y lo vi observando. ¿Acaso él había decidido salvarme?

Sus ojos lo delataron.

Se adentró dentro y lo hicimos. Estaba agotada por el esfuerzo de querer verlo, pero cuando se ama nada importa. Me dejé llevar y me limité a acariciarlo y gritarle al oído con mi voz ronca, rota por el deseo y el sentimiento perpetuo que aún siento en los pezones conforme recuerdo aquel momento.

Me amoldé a la perfección y no me importó dejarme caer para sentir cómo me partía... capaz de rozarme su esencia en la entrada al útero con un dolor que jamás reconoceré que deseo volver a sentir. Eché hacia atrás el cuerpo, tensada la espalda y el cuello, ahogada en saliva y gemidos. Noté el agua llenando mi vientre...

Desperté dentro de la bañera. Tuve tiempo a definir cada línea en el techo, ¿o acaso era el suelo? Una vez recuperada la orientación, supe que también lo había hecho la conciencia. Sólo me quedó llorar.

Semanas después me noté mareada algunas mañanas, vomitando sin motivo un líquido transparente tan claro como espeso. Tras cada acometida noté un olor salado. El médico no me supo identificar el problema, hasta que un día lo pudo achacar a un embarazo. No sé si sonreí o me mantuve en una mirada alejada de los sentidos.

Ahora acaricio mi vientre e intento alcanzármelo para poder besarme. No miento si digo que quiero volverlo a ver, pero temo que al intentarlo pueda afectar a la vida de mi interior. ¿O él no lo permitiría? No lo sé... y no me importa. Rió a solas y me mantengo seria entre los demás; juego en las sombras y me hago la importante a la luz.

 

Me queda caminar hasta expulsar parte de mi yo, con la esperanza de agarrarlo de la mano y guiarle por éste mundo que, al fin y al cabo, también es el suyo aunque le quede vetado.

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