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6 min
El abrelatas
Amor |
11.10.13
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Sinopsis

El amor todo lo puede, a su manera.

Esta mañana nos hemos encontrado en la calle ‘¡qué sorpresa!’, me diste dos besos bien sonoros, ‘qué guapa estás’, junto a mi oído tus labios y los brazos rodeándome con fuerza, mis piernas temblando, no me sostenían, temía que lo notaras, creía que me meaba, tú me desnudabas con la mirada ‘cuánto tiempo ha pasado y qué bien estás…’ lo decías de corazón y yo sonreía al tiempo que me volvía roja de felicidad, disimulaba, ‘más de treinta años’, me desmayaba, ‘por lo menos’, ‘treinta y dos’, ajustabas, ‘pero ¡cuéntame!’; y tú tan delgado, tan guapo y con ese aspecto tan saludable; casado y enamorado, bien lo sé.

Recuerdo ahora los sábados que íbamos a la plaza de toros de Madrid y nos acomodábamos en la andanada de sol, la localidad más barata, y luego en tu casa alcanzábamos de la estantería el “Cossío” y admirábamos las láminas de las capas, examinábamos la suerte de picar, tú comentabas y yo te escuchaba embelesada, ‘sí mi torero claro mi amor’, y nos reíamos y nos retirábamos al dormitorio comiéndonos la boca, hasta la feria en la que invariablemente los toros eran tan flojos que te entristeciste al comprender que todo era crueldad y saña, y nunca más volvimos a la plaza ni consultamos el Cossío; porque yo te adoraba, estaba deslumbrada, antes no era nadie y contigo me sentía la amada  más dichosa, fuiste mi primer hombre y yo tu primera mujer, cada día a tu lado descubría un tesoro, el horizonte se traslucía desembarazado y no me podías hacer más feliz, como cuando quedamos en vernos en un parque y trajiste un “Quijote” de bolsillo para leerme la historia de Marcela y Grisóstomo: ‘María Ángeles, recuerda que la decisión siempre es tuya, los caballeros andantes no existen’, yo te escuchaba y reía ‘¡pero si lo tengo todo decidido, amor mío!’

El día que te fuiste me dijiste con semblante sombrío que cobijabas a un canalla en ti y que le tenías que reventar; nunca lo olvidaré, ‘le tengo que reventar’, yo no entendía nada, me hablaste algo de que solo los idiotas dejaban hermosos cadáveres y que no podías postergarlo más, ‘de qué canalla me estás hablando por favor’ y me dejaste sola, te llamaba a gritos, llorando desconsolada, a la deriva, empapada en lágrimas; pocas semana después, enloquecida y furiosa, me hice la encontradiza, intenté seducirte; había planeado matarte después de amarnos, o castrarte, no sabía, pero no aceptaste mi regalo porque siempre fuiste un caballero conmigo, me respetabas más que yo a mí misma, me abochornaste; y el abismo se abrió bajo mis pies en la tarde de fin de año de mil novecientos ochenta y uno, cuando creí morir: ayudaba a mi madre a preparar la cena, ya hacía cuatro meses que te habías marchado, yo gemía un rezo inacabable bajo mi rostro pálido y quebrado como un cristal, nada diferente a todos los demás días anteriores, mi madre, consumida conmigo su fuerza de persuasión me dejaba hacer aguardando paciente a que me rindiese por agotamiento; me pidió que abriera una lata de espárragos, busqué el abrelatas en un cajón de la encimera y me dispuse a abrirla, hendí el diente cortante en la tapa junto al reborde donde apoyé la ceja a modo de punto de apoyo y desde éste comencé a subir y bajar suavemente el filo curvado abriendo la hojalata como una cremallera, es sólo maña, amor mío, pensé, y repentinamente un torrente de lágrimas arrollador y un espesor viscoso que anegaba la boca me asfixiaban y desde el fondo de mí proferí un ronco gruñido animal (el dolor era inexpresable); tú me habías enseñado a manejar el abrelatas, ‘es sólo maña, amor mío’, me decías.

Ese día aciago también me suplicaste que viviera mi vida y tratara de ser feliz, y yo (porque te quería y me lo pediste) me casé con mi esposo, no contigo, y parí dos hijas; nadie me puede reprochar que haya sido desgraciada, tú no puedes impedir que mi amor a ti se asemeje a una roca y que desde que me fueras arrebatado me sienta burlada, porque tú eras mío, y la rabia y el enfado me rebela al sufrir menoscabo sin merecerlo; luego te largaste en pos del canalla y te zambulliste en un océano de alcohol y te lo bebiste entero y te ensombreciste, vinieron años depravados, tenebrosos, perdí tu pista y temí por ti, y cuando al fin saliste del lado oscuro no me buscaste, mis hijas eran pequeñas, supongo que fue por mi familia que me evitaste, pero mi esposo es un buen hombre que nada tiene que ver conmigo, no es mi culpa que no le quiera, ni que las reproche que no sean tus hijas; y sin embargo el tiempo es implacable, la rabia al fin perdió los dientes y ahora solo pellizca, ya no te espero aunque estoy al tanto de tus andanzas, que todavía sales al campo con tus perros, he visto tus fotos de aves y he leído tus cuentos; me consta que estás enamorado de tu esposa, me da igual, tú eres mi vida.

Una vez me regalaste “La Montaña Mágica”, ‘léela por favor’; la he leído cientos de veces; cada vez que tu recuerdo se me hace insoportable la abro al azar y emprendo la lectura hasta que mi alma tuberculosa se sosiega; hace treinta y dos años me convertí en una enferma con plaza fija en el Sanatorio Internacional Berghof, de Davos, recibo mi cura de reposo tumbada en la cheslón de la terraza de mi habitación entre Clawdia Chauchat y Marusja, y comparto mesa en el comedor, una sala amplia, alargada y muy luminosa desde donde se admiran las majestuosas cumbres que rodean el valle, con los espectrales habitantes de la montaña, ajena a la vida de los de “allá abajo”. 

 

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  • Excelente relato. Atrapa y cautiva. Felicitaciones
    buen texto
    extraordinario. escribes muy bien, y creo que es el empujoncito q necesitaba para leerme la montaña mágica. te sigo. gracias por tu comentario a mi "vagar en el recuerdo".
    De nuevo excelente relato, como no podía ser de otra manera. Veo que haces una disimulada alusión a ti, cuando hablas de las fotos y de la lectura de los cuentos. Y veo que también mencionas una tarea pendiente "La Montaña Mágica". En definitiva, felicidades y gracias por tus comentarios y valoraciones.
    Las matemáticas son muy bonitas... pero donde esté el dominio de la palabra, ¡¡que se quiten los números!!
    José Manuel, pocas veces he leído un relato tan fluido y atrapante con formato de monólogo y desde el otro sexo, en estas paginas de escritores amateurs, te comento que la temática no es mi genero predilecto, por lo que tiene más estrellas personales el hecho de que me haya gustado. Abrazos
    Un relato desbordante de emociones, me qudo con "... el tiempo es implacable, la rabia al fin perdió los dientes y ahora solo pellizca...", es genial la descripcion, me ha gustado mucho, felicidades.
    ...no es mi culpa que no le quiera, ni que las reproche que no sean tus hijas...solo con eso ya defines el mal de amores que siente ella al no poder tenerlo, al verse obligada a llevar una vida que no deseaba lejos que su amado.Una historia que bien podría ser real , el dolor y la desesperación hecho relato.Enhorabuena.
    Fantástico relato que me hace pensar que todos hemos tenido un amor imposible, el amor de tu vida que dejas escapar o por circunstancias del destino, acaba alejándose. Me he sentido muy identificada en el relato y por eso me ha gustado tanto. He apreciado que algunos comentarios hablan del hecho de relatar desde el punto de una mujer. Creo que es un reto como dice Arruillo pero no lo encuentro nada difícil, las palabras te salen solas, como si te susurrarán. Muchas gracias también por tu amable comentario a mi último relato. Saludos.
  • Son animales de otro mundo.

    Hubiera sido preferible matar en seguida al conejito y... Ah, tendría usted que vomitar tan sólo uno, tomarlo con dos dedos y ponérselo en la mano abierta, adherido aún a usted por el acto mismo, por el aura inefable de su proximidad apenas rota. Un mes distancia tanto; un mes es tamaño, largos pelos, saltos, ojos salvajes, diferencia absoluta Andrée, un mes es un conejo, hace de veras a un conejo; pero el minuto inicial, cuando el copo tibio y bullente encubre una presencia inajenable... Como un poema en los primeros minutos, el fruto de una noche de Idumea: tan de uno que uno mismo... y después tan no uno, tan aislado y distante en su llano mundo blanco tamaño carta. CARTA A UNA SEÑORITA EN PARÍS (Bestiario, 1951); Julio Cortázar.

    Es cierto, no me hago caso, pero el relato me salió solo, yo ahora me desconecto hasta la próxima semana y no sabía qué hacer con él (en fin, excusatio non petita...). Después del primero (stavros) y el segundo (zenon), aquí os ofrezco el tercer capítulo de la serie. Un saludo cordial.

    ¡Aquí te traigo el hijo de una noche idumea!/ Desplumada, con su ala que sangra y que negrea/ en los cristales, de oro y aromas abrasados,/ en los tristes aún, ¡ay!, vidrios empañados,/ cayó, sobre la lámpara angélica, la aurora./ Cuando de la reliquia se ha hecho portadora/ para el padre que adversas sonrisas ha ensayado,/ la soledad azul y estéril ha temblado./ ¡Ay, acoge la cuna, con tu hija y la inocencia/ de vuestros pies helados, una horrible nacencia!/ ¿Con tu voz clavicordios y viola imitarás,/ y con marchita mano el seno apretarás/ donde la mujer se ha hecho sibilina blancura/ para labios que de aire azul quieren hartura?/ DON DEL POEMA; Stéphane Mallarmé.

    “Código de error” es una expresión del ámbito de la informática. Aparece en los lenguajes de programación más populares cuando surge un fallo de hardware, software, o una entrada de datos incorrecta del usuario, que pueden dar lugar al colapso del sistema. Habitualmente se manifiesta sobre una pantalla de color azul o negro, en la que tras un texto de cifras y letras se descubre la expresión “CÓDIGO DE ERROR” (o “STOP”), seguido de letras mayúsculas, guiones y números, que son las que se corresponden con el concreto mensaje de error en una aplicación específica; aunque no suelen identificar exactamente el fallo en cada supuesto, sí orientan sobre la parte de la estructura donde debe buscarse para dar con él. Lógicamente, el concepto de código de error es extensible a cualquier sistema de lenguaje que pretenda proporcionar satisfacción al usuario, y que contenga, al menos, un codificador, un emisor, y un receptor. En cada sistema de lenguaje el código de error se expresará, cuando aparezca, no con series de números y letras, sino con los elementos propios de su naturaleza y conforme a sus previsiones. El texto del Requerimiento, que era leído a los indios por las tropas españolas poco antes del inicio de cada enfrentamiento, ha sido transcrito en cursiva en el presente relato, y está tomado de las notas complementarias (concretamente la número 31-111) redactadas por José Miguel Martínez Torrejón a la obra de Fray Bartolomé de las Casas, “Brevísima relación de la destruición de las Indias”, publicada en la edición del año dos mil trece de la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española de la Lengua, junto con la Editorial Galaxia-Gutenberg, SL, y Círculo de Lectores, SA.

    El título es elocuente, así que aprovecho para felicitar el año próximo a ellas y ellos, deseándoos muchos relatos afortunados (y yo que los lea). Saludos.

    Un homenaje de los butroneros neoyorquinos a su artista y su cuadro más celebrados.

    El amor todo lo puede, a su manera.

    Excusas gloriosas para ocultar pecados horribles; y a veces no nos gusta cómo salimos retratados.

    porque humanos hermanos, y aunque Caín le mató, Abel le acompaña en el infierno y abrazados lamentan su suerte; trata de cómo, en un momento de flaqueza hija de la frustración, los hombres trastornan su vida y fugaces asomos de sensatez no bastan para revertir la tragedia que se abalanza sobre ellos; y enseña también que quien comete una injusticia contra otro aflige a su hermano y deja ver la podredumbre de su alma insolidaria, aviesa y fratricida; pero no vacilen y adéntrense, apresten todos sus cinco sentidos y disfruten de esta obrita que les ofrezco para su complacencia, y acomódense porque la función va a comenzar…¡ya!

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