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5 min
El abuelo guay compra chuches por eBay
Amor |
30.12.07
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Sinopsis

Sentía a la muerte comiendo en su mesa en algún lugar de su interior. La escuchaba mascando con descaro sus pedazos de vida, sorbiendo, sin educación ninguna, las últimas gotas de su espíritu marchito… y los médicos, erre que erre, diciéndole que estaba más sano que una rosa.
Quería disfrutar sus últimos momentos en el mundo de los vivos con aquellos a los que más quería, pero ni ellos tenían tiempo para un viejo ni él ánimos para seguirles sus adolescentes juegos de erróneas responsabilidades. Si sabría él cuan equivocados estaban después de pasar toda la vida en la misma errónea forma de malgastar la vida.
Después de su enésima visita al insensible médico de la seguridad social, se sentó en un banco del parque, al sol, con un trozo de pan con dos días de antigüedad e intentó dar de comer a las palomas. Estas, glotonas, venían en bandadas a pelearse por la comida, pero cuando el grupo se agrandaba, aparecía un muchachuelo corriendo y las espantaba.
--¡Niño! Déjalas comer en paz.
Y se marchaba corriendo y riendo. Pero de nuevo las palomas aparecían y peleaban por cada pedazo de pan aún a pesar de que había de sobras. Y de nuevo, algún mozalbete no podía resistirse a la tentación de verlas despegar a tropel, tropezando alas contra alas y, en esta ocasión, varias fueron a chocar con la cara del “viejo moribundo”, haciéndole un feo corte en la frente que sangraba abundantemente.
Varias personas que andaban cerca de allí lo acompañaron hasta el ambulatorio cercano donde le pusieron unos puntos de sutura… y le auscultaron… y le miraron la presión sanguínea, los reflejos, ese pitido del oído, la vista, le hicieron un protocolo neurológico… le prestaron atención y simpatía.
Cuando salió del box donde le atendían, allí estaba su hija que le abrazó y, tras recoger un papel en conserjería, le acompañó a casa. Allí estaban sus otros dos hijos que habían dejado el trabajo para ver que le pasaba a su padre.
--¡Todo va bien! ¡No pasa nada!
Todos pasaron el día con él y se sintió joven de nuevo. Aquella noche, cuando marcharon, durmió, por fin, como un hombre debe dormir y no sintió pasos dentro de su cabeza, ni ardores en el estómago y mucho menos los mordiscos de un ente negro masticando los filamentos de la cuerda de la vida.
Pero el tiempo es muy largo en algunos momentos y muy corto en otros. Durante un par de semanas hijos y nietos le visitaron a menudo, pero después se fueron acoplando a sus mismas rutinas diarias y el viejo quedó de nuevo sólo con sus voces interiores y sus achaques. De un momento a otro empezaría de nuevo la Parca a darse un banquete virtual con sus despojos…
Sonó el timbre y, al abrir, entró su nieto mayor como una exhalación y abriendo un enorme paquete que traía en las manos, le colocó un PC portátil sobre la mesa del comedor. En la roseta del teléfono ubicó unos extraños artilugios y, en la mesita del teléfono y junto a este, dejó un extraño aparato lleno de lucecitas.
Encendió el PC y…
--Abuelo, se acabo mirarse al ombligo. Ahora va estar conectado con el mundo en todo momento. Esto es Internet.
Empezó a explicarle un millón de cosas, pero lo mejor de todo es que le enseñó a estar comunicado en todo momento con sus hijos y sus nietos mediante una cosa que se llamaba "Messenguer" y había un correo, un navegador, un “pronosequé” de textos…


Desde aquel día la muerte ya no encuentra la depresión en él que le permite alimentarse. Le han abierto una nueva ventana al mundo. Un mundo en el que descubre cosas nuevas cada día… y cada noche, porque ahora el insomnio ya no le produce palpitaciones, tan solo le hace dormir la siesta de día y, después, aún se tiene que obligar a salir de paseo, porque si no se olvida y, a su edad, eso no es bueno. Se lo ha dicho la doctora, aunque hace más de un mes que no va a verla y esta se preocupa más desde que pasa tanto tiempo sin verla.

Ahora los hijos vienen menos a verle, pero, a cambio, vienen más los nietos. Es el abuelo güay… el que compra chuches por eBay.

Y a la muerte… que le den…

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Criticarlo todo pero de forma constructiva. Las ciencias, no en vano estudié ciencias químicas... en fin que no soy de letras, espero que sepáis perdonarme.

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