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4 min
El almacen
Suspense |
09.08.19
  • 5
  • 2
  • 180
Sinopsis

Un viejo almacén es testigo de la vida y la muerte, de lo real y de lo irreal. Nunca sabemos lo que el destino nos tiene preparado y a veces nos sorprende con un guión cuyo final no llegaríamos a imaginar nunca, ni siquiera en nuestras peores pesadillas.

Desperté en mitad de la oscuridad, lo último que recordaba era estar en mitad de una persecución. No sabía donde me encontraba pero si sabía que a quien perseguíamos, era un peligroso asesino. En mi profesión entra dentro de nuestra exigua nómina perseguir a individuos de semejante calaña y jugarnos la vida día tras día, pero siempre había llevado en la sangre lo de ser policía.
Salí de aquella habitación intentando recapitular los últimos acontecimientos que me habían llevado a despertarme en aquel oscuro habitáculo, «seguro que me pilló por la espalda y me golpeo», pensaba yo mientras intentaba encontrar la salida.
Parecía encontrarme en una especie de almacén, hilos de luz atravesaban sus sórdidas ventanas dejando entrever un vasto habitáculo que de seguro antaño vivió tiempos mejores. 
Caminaba confuso por aquel laberinto de polvo y mugre cuando de repente oí un ruido, mi corazón empezó a palpitar con fuerza y note como la adrenalina empezaba a fluir por mis venas. Fui a coger mi pistola pero había desaparecido, «debió llevársela» pensé, con máxima cautela me fui acercando entre sombras hacia el origen de aquel extraño ruido y allí estaba él. 
Portaba entre sus manos mi pistola y andaba sigiloso observando cada rincón de aquel lugar, expectante, como un felino cuando observa a su presa, pero ahora era yo quien le observaba a él. En un arrebato involuntario de insensatez le grité —alto policía, tire la pistola.. —él miró hacia todo su alrededor y en un segundo echo a correr como alma que lleva el diablo, yo me puse a seguirle sin pensar muy bien que es lo que iba a hacer en el momento que le diera alcance y me pusiera la pistola delante de mis narices. 
De pronto observé cómo el sospechoso había localizado una ventana abierta que daba a la calle, yo corrí hacia ella mientras notaba como mi pulso se iba acelerando más y mas, y entonces oí a mi compañero darle el alto y a continuación escuché unos disparos, lo habían abatido.
Salí de aquella nave por la misma ventana por la que él había salido unos segundos antes y vi a mi compañero agachado observando el cuerpo sin vida del asesino abatido.
  —Jaime, menos mal que estabas aquí, ¡ha estado a punto de matarme! — Dije yo dirigiéndome hacia él.
  —Él no me oyó.
En ese momento detrás de mí noté una presencia, ¿es posible que aquel individuo no viniera solo?, instantáneamente la piel se me puso de gallina y cuando fui a girarme me agarró y me tiro al suelo…¡era el asesino!. 
No podía creer lo que estaba sucediendo, como era posible aquello si acababa de verle tirado en el suelo sobre un gran charco de sangre. 
Yo grité a mi compañero pidiéndole ayuda, alargando mi brazo hacia él como queriendo aferrarme a sus brazos desde la distancia y suplicándole su ayuda, pero él ignorándome se dio media vuelta. 
En un efímero segundo pensé que todo aquello era una pesadilla y desee como nunca había deseado nada en toda mi vida poder despertar de la misma.
El asesino agarrándome del cuello me miró con los ojos encendidos, los cuales atravesaron sin piedad mi mirada y con una inusitada rabia me gritó mientras apretaba con fuerza mi cuello.
  —¡donde estoy.. donde demonios estoy!.
Volví a girarme hacia mi compañero sin poder comprender todavía nada de lo que estaba ocurriendo y vi como Jaime el que hasta entonces aparte de compañero había sido mi gran amigo, se agachaba hacía el suelo… mi ojos se abrieron como platos y una náusea comenzó a recorrerme mientras no podía creer lo que estaba viendo...
Era mi cuerpo inerte sobre el suelo descansando sobre un mar de sangre y mirando hacia mí a través de unos ojos a los que se les había apagado la luz para siempre. 
Mi compañero lloraba compungidamente sobre él mientras balbuceaba palabras inteligibles entrecortadas por sus afligidos sollozos.
Miré a mi asesino que aún mantenía sus manos sobre mi cuello y resignado ante la fatal evidencia que el destino había decido depararme, le grité envuelto de dolor.
  —¡Muertos, estamos Muertos!.

 

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  • Muchas gracias antohfer, me alegro que te haya gustado. Un saludo.
    Excelente narrativa felicitaciones la trama, el suspenso muy bueno de nuevo felicitaciones en su labor policiaca
  • Un viejo almacén es testigo de la vida y la muerte, de lo real y de lo irreal. Nunca sabemos lo que el destino nos tiene preparado y a veces nos sorprende con un guión cuyo final no llegaríamos a imaginar nunca, ni siquiera en nuestras peores pesadillas.

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