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8 min
El anciano
Terror |
15.01.15
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Sinopsis

Ahora sé que las sombras que se mueven en la oscuridad son reales. Sólo me pregunto, cuántas de ellas están sedientas de sangre.

Sabía que algo andaba muy mal con el anciano, era obvio en ese momento. Aún así no lo había notado cuando él me pidió que lo ayudará a mover unas cosas en su casa.

El día era nublado, la lluvia caería pronto, así que yo iba caminando por la calle enfocado en mis propios asuntos, ahí escuché "Hey niño, sí, tú"
  Me detuve en medio de la desolada calle y a lo lejos vi a esta esquelética figura llamándome desde la entrada de una vieja casa. El anciano apenas y podía lenvantar el brazo para que lo viera, su voz sin embargo, parecía fuerte.

Por un segundo no supe que hacer, ¿debería ignorarlo e irme a casa? ¿o debería acercarme?, era un anciano después de todo, y al parecer en sus últimos días. Así que di la vuelta y caminé hacia el anciano que me llamaba.

  "¿Podrías ayudarme a mover unas cosas?" preguntó el anciano, parecía exhausto por el simple hecho de haber levantado su brazo para que lo viera.
  "Hummm, no, no creo...tengo que..."
  "Sólo son un par de cajas, ya se llevaron todo, pero mi espalda me está matando y no puedo levantarlas. Los dueños de la casa me quieren fuera hoy, los muy malvados, y no ha pasado nadie más por esta calle"
  El anciano estaba casi calvo, su rostro estaba manchado y el lado derecho de su boca parecía caer en una expresión de decepción. Suspiré hondo y acepté, si veía algo raro saldría corriendo, si el anciano era algún tipo de pervertido, yo lo patearía, aún si eso lo mataba.

Era cierto que la mayoría de sus cosas se habían ido, la casa estaba casi vacía, por fuera no se veía muy grande, pero al estar adentro podías sentir que era el doble de grande, podías escuchar tus pisadas. Yo podía escuchar mis latidos. El anciano sin embargo no parecía emitir sonido alguno al caminar...o al respirar...

  "¿Dónde están las cajas" le pregunté manteniendo mi distancia.
  "Arriba- dijo-Intenté bajarlas, pero no puedo ni hacer eso"
Yo empecé a subir las escaleras, el sonido que hacía la madera al pisarla era escalofriante, parecía que en cualquier momento se partirían y caeríamos hasta el fondo. Al llegar a la cima, miré hacia atrás y el anciano venía tambaleándose a medio camino. "Está bien si se queda abajo, yo las bajaré"
  "No, no, estoy bien, quiero asegurarme de no dejar nada fuera"

¿Cuántos años puede tener? me pregunté.
También me pregunté como era posible que la madera no emitiera ningún crujido bajo sus pies.

El segundo nivel de la casa se sentía más estrecho, sólo quería bajar esas condenadas cajas e irme a casa, tal vez él me daría dinero, pero la verdad sólo quería irme.
  "Por aquí" dijo el anciano, tomándo la delantera.
El saco que vestía parecía fino, aún así podía ver manchas de tierra seca en algunas partes. Había algo que parecía moho, pero no estaba seguro.

Todas las otras puertas estaban cerradas, con llave asumí, todas las puertas tenían un enorme crucifijo colgándo en ellas, la última puerta era la única que estaba bien abierta.     "E-están ahí, en la mesa" me dijo el anciano, se había detenido casi a medio camino, sus ojos miraban a todos lados, vigilando las demás puertas que seguían cerradas y tranquilas.  Sus pálidas manos estaban hechas un nudo.

"Ok" le dije mientras empujaba la puerta, no había nada en la habitación mas que una mesa de plástico, dos cajas sobre ella. Cajas negras.
  El anciano no había entrado a la habitación, ni siquiera se había acercado a la entrada, la idea de perderlo de vista me puso mas nervioso. Empecé a levantar una de las cajas cuando escuché un ruido en el pasillo. Alguien forzaba una de las puertas. "¿Se-señor?" pregunté quedándome con la caja negra en mis manos. No hubo respuesta por unos segundos.

  "Por favor apúrate" exclamó el anciano con un tono nervioso. El sonido de la perilla se hacía más fuerte. Alguien intentaba salir.
  Tomé la caja, sali al pasillo y vi al anciano parado donde las escaleras estaban, sus ojos parecían increíblemente grandes, casi como si estuviera coteniendo algo dentro de sí.
Bajé casi corriendo para poner la caja afuera en el pórtico. Luego recordé que aún había una segunda caja.

No sé por qué no corrí, pude hacerlo, pude haber dejado la caja e irme sin que él me viera. Me sentiría mal, pero era mejor que estar en esa casa. Aún así, entré a la casa y fui a buscar la otra caja.

El anciano estaba revisando que los seguros estuvieran en todas las puertas, sus manos se veían alargadas y unas enormes venas azules las recorrían. Sus ojos no sólo se veían más grandes, sus bordes estaban rojos, casi sangrantes.
  "Una más y te puedes ir...hay dinero en la maleta de abajo, toma lo que quieras."
No dije nada, caminé apresurado por la segunda caja negra, esa era un poco más grande y pesada. La caja no estaba cerrada, por un breve momento mientras la acomodaba en mis manos, pude sentir un pesado aroma a ajo. Ajo y...no sé, tierra tal vez. Algo húmedo.

Mi garganta se secó de inmediato. Mi shock se rompió cuando escuché al anciano gritar. Todas las puertas, las cuatro que estaban cerradas, se agitaban violentamente, las perillas giraban con brusquedad, algo somataba desde adentro. "Vete vete vete ¡VETE!" gritaba el anciano, el tipo había envejecido aún más, parecía pasar los cien años entonces, sus ojos ya no estaban enrojecidos, los bordes eran negros, casi como si no hubiera nada dentro de su cabeza, o como si todo estuviera muerto dentro de él.

Una de las puertas empezó a crujir, la madera estaba partiéndose.
Entonces el pasillo se llenó de risas, inmensas y diabólicas carcajadas que venían de todas las habitaciónes. "¡YAAA MUCHACHO!" la voz del anciano no reflejaba su apariencia, era..no sé, estremecedora.
  No sé cómo baje las escaleras sin caerme y romperme el cuello, mis piernas eran de goma y en mi cabeza resonaban esas risas. Eran risas de placer, sin embargo no eran humanas, era como oír a una jauría de hienas. Excepto que aquello maligno, muy maligno.

Puse la caja negra casi tirándola, entonces escuché como la madera en una de las puertas se hacía pedazos. "¡MALDITO! ¡VUELVE A TU AGUJERO!" dijo el anciano, su voz aún era poderosa.
  Entonces escuché aquella voz, era tan profunda, tan intensa. Por un momento me sentí atraído, fascinado por aquella voz, quería subir y escucharla más de cerca. "YA ESTÁS MUERTO...Y TU DIOS TE MANTIENE AQUÍ ABAJO. ¿POR QÚE NO VIENES CON NOSTROS..." Aquella voz rompió en carcajadas.
El anciano dijo algo que no entendí y aquel ente siseó, siseó como una serpiente.

Salí corriendo finalmente, la lluvia había empezado a caer.

Esa noche cerré todas las ventanas con llave, mis padres no sospecharon mucho, de alguna forma pude actuar normal, aunque mis manos se sentían tan frías. Dormí con la luz encendida y con la biblia de mi abuela en la mano. El siseo, aquel horrible siseo se repetía en mi cabeza.

La casa había ardido hasta no ser mas que cenizas, la lluvia había evitado que se esparciera a otras casas, pero aún así no quedaba mucho. Era un esqueleto ennegrecido de madera y ladrillos.
Un par de tumbas se encontraron enterradas en el patio, los ataúdes estaban llenos de ajo.

Un día cuando llegué a casa, vi que había un sobre en la puerta.
No había nombre ni nada, sólo una pequeña cruz hecha con carbón.
Dentro del sobre habían Q300 y una nota.
"No es mucho, pero es todo lo que tengo, el dinero ya no me importa.
Gracias y por si te lo preguntas, lo que viste era real. Lamento decirtelo. Pero sólo te diré esto: Cuando veas una sombra moviéndose en la oscuridad...cierra la ventana. Y nunca los dejes entrar...jamás."

Lo primero que compré con ese dinero fueron candados de acero, para mi ventana y mi puerta. No sé si deba comprarle a mis padres, no me creerían aún si les cuento. Además, si algún día vienen, estoy seguro que me buscarán a mí primero. Ellos siempre quieren atrapar a los niños primero...

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