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4 min
El anfiteatro de la tortura: Tortura en Tailandia
Terror |
23.01.16
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Sinopsis

Bienvenidos sean las almas en pena al recinto del dolor. Este es un lugar público donde todos son cordialmente invitados a participar con historias de tortura. Sube tu relato con el título “El Anfiteatro de la Tortura: (Tu Título)” Y pega esta sinopsis para que los nuevos mártires la lean. El propósito de esta serie es publicar un libro de descarga gratuita. ADVERTENCIA: Se prohíbe la entrada a menores de edad, mujeres embarazadas, personas con problemas cardiacos, y a los débiles de estómago.

 

 

El anfiteatro de la tortura: Tortura en Tailandia.


 

Me desperté en un lugar oscuro. No me acordaba cómo había llegado hasta allí. Estaba sentado en una silla atado de pies y manos, no presagiaba nada bueno. El lugar era muy frío, y yo, supongo que más por miedo que por frío, estaba temblando. En mi mente daban vuelta incansablemente las voces de mis padres, que se habían cansado de repetirme los peligros de ir a un lugar tan excéntrico como Tailandia.

Pese a eso, emprendí viaje al Sudeste Asiático con un amigo. Ya habíamos recorrido Sudamérica y Europa, y queríamos ampliar nuestros horizontes en relación a países visitados. Todo lo que recordaba del viaje había sido muy bueno. Habíamos recorrido Camboya, Singapur y hasta pasamos por los paisajes que le dieron vida a Apocalypse Now en Vietnam. Todo el trayecto constó de un mes aproximadamente. Nos faltaba explorar Bangkok, capital de Tailandia. Pocos recuerdos tengo a partir de allí. Los que aún tengo guardado en mi cerebro aparecen en forma de flashback, pero todo son muy confusos y borrosos.

De repente, una serie de ruidos interrumpieron mis amargos pensamientos. Se oían distantes, pero crecía en intensidad a medida que pasaba el tiempo. Era el sonido de puertas abriendo y cerrándose continuamente. Aquella percepción hizo que me haga una imagen del lugar, y me percaté que estaba perdido, aunque estuviera solo escapar se me iba a ser imposible. Aquello era un verdadero laberinto, ya me lo podía imaginar. Los ruidos se hicieron más presentes, hasta tal punto que me parecía físicamente imposible que sonaran tan fuerte, me estaba taladrando la cabeza.

Por fin la agonía cesó. El silencio me trajo paz. Sin embargo, aquel segundo de mínimo sosiego fue cortado en seco por un puñetazo que me llego justo al medio de la nariz. Caí para atrás con la silla, quedándome casi inconsciente. Me levantaron y me empezaron a sacudir enérgicamente. Me hablaban en tailandés, eso supongo, aunque si me hubiesen hablado en cualquier otro idioma hubiera sido igual. Aun así, empecé a escuchar que uno de los innumerables tipos que me hablaba lo hacía en inglés. Mi inglés es muy malo, pero me defiendo, más aun si mi vida depende de ello. Pedí desesperadamente que me soltaran, que yo no era el hombre que estaban buscando, pero me hicieron poco caso. El que hablaba inglés me empezó a traducir lo que el jefe escupía a gritos. Me preguntaban por un señor de nombre impronunciable. También me preguntaban, dónde había escondido la droga que me había robado. Repetí mi discurso, pero poco funcionó. Ojalá hubiera sabido algo para así decirlo o se me hubiera ocurrido alguna mentira creíble y así disminuir el poder de la golpiza. Pero mi actitud no hacía más que aumentar en forma exponencial los golpes. Me convencí que nadie que estuviera en sus cabales aguantaría morir torturado por evitar decir la verdad, iba más allá del instinto humano.

Finalmente se convencieron de que no iba a decir nada; o por desconocimiento, o por suma lealtad, daba igual.

Se decidieron a matarme a golpes. Parece que eran sádicos, porque un disparo hubiera sido mucho más simple. Ya llegó cierto punto que tenía la cara totalmente  desfigurada y llena de sangre. Mi cuerpo empezó a no saber de dónde venían los puños y patadas. El dolor venía desde lo más profundo de mí y se distribuía hacia todo el cuerpo de igual manera. Ya solo quería morir. Allí encontraría realmente la paz, aunque yo ya no fuera consciente de ello. La percepción de la lluvia de golpes pasó a segundo plano, estaban presentes, pero casi imperceptibles. Pensé que seguramente alguna de ellos era practicante de Muay Thai, y me dio cierta gracia que tuviera aquel pensamiento en mitad de semejante tortura. Ya estaba muerto, o por lo menos eso pensaron los torturadores, ya que me dejaron ahí tirado, no lo sé. Salieron por la puerta por la que habían entrado, haciendo el recorrido inverso al de antes. Yo todavía estaba esperando que me llegara la muerte. Los ruidos de la puerta se fueron apagando, y pasado cierto tiempo llegué a la conclusión de mi infortuito destino. Estar tirado allí por el resto de la eternidad, escuchando aquellos ruidos nunca me iban a dejar en armonía. Aquella sí que era la peor de las torturas.

 

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  • Esta bueno, aunque deberíamos ver el tiempo verbal, en esta parte: Aquella percepción hizo que me haga una imagen del lugar, y me percaté que estaba perdido, aunque estuviera solo escapar se me iba a ser imposible.
    Buena historia.
    Hombres que se comportan como monos, demoliendo el grupo a puñetazos a un desafortunado turista. Es importante recalcar que la golpiza no es la tortura que el autor quiere señalar, solo es la introducción para la pena que sufrirá "por el resto de la eternidad". Un día común y corriente en el Anfiteatro.
    Muchas gracias Borja, la verdad que es un lindo proyecto. Saludos
    Un relato increíble, perfectamente escrito y que, a pesar de su brevedad, hace que sientas una total lástima por el personaje. Un placer que te unas al proyecto y todo un honor que estés el primero en la lista de autores más valorados.
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24 años. Me gusta leer, ver películas clásicas, escuchar música, los deportes, viajar, etc.

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