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7 min
El ángel de los ojos de vidrio
Reflexiones |
22.07.15
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Sinopsis

¿Por qué tu ves cristal y yo sólo un esqueleto?

-Oye ma, ¿Por qué me obligaste a invitar a Germán a mi fiesta?-preguntó un poco molesto.
-Porque debes ser humilde con todos aunque no te agraden-respondió con la sonrisa de siempre.


Alex era un chico muy tranquilo pero estaba rodeado de amigos que lo apreciaban, no se sentía intimidado por la presencia del abusivo Germán pero le molestaba que el fuera tan pesado con sus compañeros del salón. Se armó de valor y fue a buscarlo sólo para ofrecerle un poco de pastel.


-¿Quieres una rebanada?-preguntó.
-¡Que asco! ¡Odio los duraznos!-exclamó.
-También hay gelatina, por si gustas.
-No quiero nada, ¡Aléjate!


Sin insistir más regreso a la mesa y pronto su mamá llamó a todos los chicos.


-Les voy a contar una leyenda que me contaba la abuela.


Todos se acercaron y se sentaron en el pasto mientras gozaban del pastel, los dulces y la gelatina. Germán se quedó de pie con los brazos cruzados.


-La leyenda dice que en el bosque hay una roca enorme donde medito un hombre durante varios años, lo sorprendente era que mientras pasaba el tiempo, nunca envejeció...
-¡Por favor! Yo no creo que sea verdad, he oído esa leyenda muchas veces-interrumpió Germán.
-¿La habías escuchado?-preguntó la mamá-¿Por qué no continuas con el resto?
-Siempre es lo mismo-bostezó-El hombre no se hizo viejo nunca y se cree que sólo los más valientes pueden conocer la verdadera apariencia de ese señor, muy pocos logran encontrar la roca y ya, ¡Que aburrido!
-¡Tal vez la encuentre algun día!-exclamó Alex muy emocionado.


Su mamá sonrió y sacó otro pastel, este era de fresa y tenía una velita con el número trece.

Todos se acercaron y felicitaron a su compañero, después de comerse casi todo el pastel, se dirigió a la mesa de regalos para dejar el que su tía le había dado. Germán lo siguió y se paró frente a el para decirle unas palabras.


-No puedo creer que seas tan iluso y tengas la confianza de que podrás encontrar esa supuesta roca. Me das risa pequeño-dijo sin ninguna emoción mientras le tocaba la cabeza.
-Te apuesto a que la encuentro antes que tu, ¿O qué? ¿Te da miedo?-sonrió muy confiado.
-¡Lo que quieras!-aceptó.


Ambos chicos salieron del patio y aprovecharon la luz del día para ir al bosque, era hermoso y verde, los pájaros cantaban y el sol hacía brillar las hojas de los árboles. El río sonaba como una melodía tranquila, el lugar estaba en completa paz. Los dos iban corriendo por el sendero tratando de arrebasarse, Germán era muy veloz a pesar de estar algo robusto pero Alex siempre lograba alcanzarlo y eso lo hacía enfurecer.


Germán le pusó el pie a propósito para hacerlo caer pero sólo tropezó, llegaron a la mitad del bosque y empezaron a buscar la roca, no obtenian resultados.


-Me parece que la roca está dentro de la cascada, ¿Por qué no vas a checar?-lo engañó.


Alex muy entusiasmado corrió a buscar en la cascada mientras que Germán, quien realmente conocía el lugar exacto donde se encontraba la roca se dirigía allá. Cerca de la cascada había muchas rocas, todas simples y de distintos tamaños, ninguna era especial o con una extraña forma que le indicara que era la correcta. 


A lo lejos escuchó los gritos y risa de Germán.


-¡Sí! ¡Aquí está!-reía.


Alex regresó rápidamente y comenzó a reclamarle.


-¡Me mentiste!-lo señaló-Dijiste que era cerca de la cascada, ¿Cómo te atreves?
-Eres un ingenuo y distraído-sonrió sarcásticamente-Esta es la roca.


Tras los arbustos cerca del cerezo había un círculo de tierra y en el centro se encontraba una roca gris de forma irregular, era grande y gruesa y parecía iluminada por el mismo sol.

Lentamente se acercaron a ella y con sus manos la tocaron.


-¿Y el hombre?-preguntó Alex.
-No lo sé, no creo que haya existido.
-Tal vez ya envejeció y murió-se encongió de hombros.
-No seas ridículo, es sólo una leyenda.


Una ráfaga de viento golpeó sus rostros de una manera delicada, la temperatura del ambiente cambio y se sentía cálido. Frente a ellos se comenzó a dibujar la silueta de una persona sentada en la roca.


-¡Mira!-señaló.
-¿Será...?
-No es un hombre...-murmuró admirado.
-¿Qué dices Alex?
-No tiene sexo, ni ropa, ni siquiera cabello ¡Wow!-sus ojos se iluminaron-¡Nunca había visto algo así!
-¿Qué dices? Yo sólo veo un hombre esquelético con vendas por todo el cuerpo y su piel es grisácea.
-¡Estás mal! Es transparente, parece hecho de cristal.


El hombre se materializó completamente pero los chicos lo veían de manera distinta, cruzó las piernas y llevó sus manos a la barbilla.


-¿Quiénes son ustedes?-preguntó con una voz suave pero grave al mismo tiempo.
-¡Me llamo Alex! Tú debes ser el hombre que meditó por años, ¿No es así?


El hombre sonrió delicadamente y luego posó su mirada en Germán.


-¿Te asusto? ¿Por qué esa mirada tan confusa?
-Es que...-hizo una pausa-¡Eres horrible! Parece que te estuvieras pudriendo.
-Deberías dejar de ser tan abusivo y controlador, no puedes tener todo ni ser perfecto, ¿Por qué no te das cuenta de eso muchacho?
Esas palabras le llegaron a lo más profundo del corazón pero no las comprendía del todo.
-Y ¿Por qué yo te veo de distinta manera?-preguntó Alex con un tono relajado.
-Porque eres un chico humilde, sencillo y capaz de ver a traves de ti mismo-sonrió nuevamente.


Germán se sentía molesto, observaba a Alex muy emocionado y sorprendido y eso lo enfurecía más, no comprendía porque el veía todo lo malo. En el fondo deseaba ver lo mismo que Alex.


-Los dejaré sentarse en mi roca por unos segundos, cerrarán los ojos y dirán que es lo que ven.


Germán empujó a Alex y fue el primero en sentarse, cerró los ojos y trató de visualizar cualquier cosa que le llegara a la mente.


-¡Ah!-gritó-¡No puedo ver nada! Sólo oscuridad, ni siquiera esas tontas figuras que veo cuando aprietó los ojos.


El hombre hizo una seña de que debían esperar un poco más.


-¡Oh! Comienzo a ver algo, ¡Ahí estoy yo! Sólo yo y no hay nada más alrededor, solo la misma oscuridad, ¡No se vale!
-Cálmate niño-habló tranquilo.


El rostro de Germán se ponía colorado de furia, se hartó y abrió los ojos violentamente, con algo de envidia, le cedió el lugar a Alex. Con una sonrisa en su rostro cubrió sus ojos para poder ver y abrió su corazón.


-¿Qué ves?
-¡Lo veo a usted y también estoy yo!, me acercó y miró sus ojos detenidamente, son de vidrio y puedo ver mi reflejo, alrededor hay mucha luz, es tranquilo y a lo lejos está mi mamá.


Lentamente fue abriendo sus ojos y corrió a abrazar al hombre, acercó su oído y en voz baja susurró.


-Veo el gran parecido que tiene usted conmigo.


Germán se fue molesto de vuelta al pueblo pero en su mente pensaba que debía pedir perdón por su forma de ser para poder cambiar y Alex se despidió del hombre pidiendo volverlo a ver algun otro día y así sería. Cuando Alex giró su cuerpo y se fue alejando del bosque, una mujer salió de los arbustos y se acercó a la roca, era su mamá.


-Gracias por todo amor-sonrió.
-Me alegra ver a mi hijo una vez más-dijo y tomó su mano.
-Te extrañamos mucho, ¿Vendrás para su próximo cumpleaños?-preguntó.
-Sí pero ahora debo irme.


El hombre desapareció y su silueta se elevó hacia el cielo mientras que la mujer agitaba sus manos diciendo adios.

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Me llamo Elena, siempre me ha gustado mucho escribir, las historias que hago son basadas en sueños que tengo durante las noches, inspiradas al oír alguna canción, ver un video, leer libros y de temas que me gusten. Amo los monos y los gatos. Me gusta el rap, dubstep, reggaeton, etc. Adoro el cine y me gustaría hacer películas cuando sea más grande.

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