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12 min
El asesino de Snow Lake
Terror |
07.12.14
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Sinopsis

El asesino de Snow Lake es la primer narración que hago. Aquí, el personaje principal cuanta las atrocidades que cometió en sus años universitarios.

No espero, ni en la más remota de las posibilidades, que sea perdonada mi alma por la insolita y perturbadora historia que a continuacion procedere a relatar. Si acaso en un futuro proximo llegara a morir, no quiero hacerlo sin antes narrarle al mundo las atrocidades que fui capaz de cometer y que, hasta ahora, siguen agobiandome día y noche.

Desde pequeño, mi peculiar característica era la cordialidad. Mis padres me educaron de una manera formidable, cosa que siempre agradecí infinitamente a pesar de los problemas (si puedo llamarlos de esa manera) que esto me originó con el paso del tiempo.

Trataba con respeto a todo lo que me rodeaba, nómbrese animales, personas y a la naturaleza en sí. Pero tal situación me atrajo ciertas burlas por parte de mis compañeros escolares.

Dicha circunstancia, me convirtió en alguien solitario. Hablaba poco, tenía problemas para socializar y por ende, no poseía amistades. Vivía en un mundo por separado.

Cuando comencé los estudios en la preparatoria,  creía que podía ser una persona diferente, capaz de convivir de buena menera al igual que lo hacían todos.Tristemente no fue así. Me fue imposible cambiar.

A pesar de mi trato amable, jamás fui del agrado de los bachilleres con los que compartía el aula, similar coyuntura a mis anteriores 2 escuelas.

Dado todo lo anterior y sin algo que pudiese hacer, me acostumbré a estar así.

Al igual que mi padre decidí estudiar la carrera de medicina. Era muy renombrado en la zona, pues las familias de los grandes acaudalados de la ciudad iban exclusivamente con él. Anhelaba seguir sus pasos y convertirme en un gran galeno.

En cuanto a relación de familia, he de mencionar que siempre tuve su amparo incondicional en cualquier situación complicada que se me presentase.

No tenía hermanos, lo que también propició a convertirme en alguien sumamente reservado, pero no inseguro de mis acciones, pues todo lo que me proponía realizar de alguna u otra forma lograba conseguirlo, con efuerzo y dedicación total. Mi comportamiento taciturno unicamente se enfocaba en el dialogo informal hacia los demás.

Habitaba en una gran residencia ubicada en la zona central de la urbe, puesto que gozábamos de alta posición económica. Tenía acceso a todas las frivolidades de un joven pudiese desear. Sin embargo, aquello no representaba la felicidad para mí, pues no podía compartir esos boatos con nadie.

Al cumplir los 18 años de edad, ingresé a la universidad con más prestigio en la facultad de medicina por aquel entonces. No esperaba encontrar allí amistades ni alguien con quien expresar mis ideales, esperaba lo que análogamente me había sucedido con anterioridad.

En total, éramos 14 los que aspirábamos a ser medicos. En el grupo sólo había una mujer, de nombre Gianna, la cual quedará grabada en mi memoria por el resto de mis días. Y es que, ¿Cómo resistirse a no ver aquellos ojos en los que cualquier mortal hubiera podido perderse en su inmensidad? Jamás habia visto tal hermosura en las pupilas de algúna otra fémina.

Expresába dulzura y delicadeza como un autentico ángel desprendido del cielo. Preguntábame como se había escapado de las más hermosas fantasías que algúna vez transitaron por mi mente; con sólo una mirada suya era capáz de hipnotizar a aquel al que iba dirigida.

Un hecho: estába perdidamente enamorado de ella desde el instante en que tuve la fortuna de verla. Sentía el acuciante deseo de hablarle, de escuchar su voz y que el mundo se detuviera por  unos segundos para apreciar toda su abrumante belleza a placer.

Por las noches no apetecía dormir, pues quería seguir pensando en ella, y si lo hacía, estaba presente en mis sueños.

Si me encontraba cerca de la encantadora criatura, mis mejillas blancas se ruborizaban cuanto era posible; y  para no delatarme, guardaba un suspiro al mirarla. Por un abrazo suyo, habría hecho lo que fuera. Deseaba ser la tierra sosteniéndola, el sol que iluminaba su piel, la brisa del otoño que rosaba su rostro. Dulce sufrimiento el que estaba viviendo, un secreto que anhelaba confesar a gritos.

Sin embargo, problemas comenzarían a surgir. Notába yo cierto desprecio de un sujeto hacia mi: Nathan, concrétamente hablando. Miradas de desdén y vilipendio recibía constantemente por parte suya. Sin causarme la más minima turbación, contestaba a sus provocaciones con otra de estas.

Pasaba por alto lo anterior, pues lo que me importaba realmente era Gianna. No me atrevía a dirigirle la palabra, por lo que opté por otros métodos para hacerle ver que alguien la amaba ocultamente.

Enviaba las flores más bellas y costosas que encontraba hasta su hogar, escribía poemas con el corazón dedicados a ella, y que  algún día esperába entregárselos personalmente, cuando tomara valor.

El tiempo transcurría, al igual que mi amor se agrandaba por la bella dama. Pero algo notába de diferente en ella que me causaba inquietud. Su personalidad alegre, su expresión animada y jubilosa cambiaba con el paso de los días para convertirse en tenue, afligida y decaída. Sospechaba la presencia de problemas personales, tal vez. Mi preocupación incrementó al ver que no asistió en varios días a la universidad.

Un día, al llegar a mi hogar después de la jornada escolar, encontre a mi padre atendiendo a un paciente que había llegado de emergencia hasta su dispensario: era Gianna en compañía de su progenitor.

Cuando se marcharon ambos, pregunté cual padecimiento la atosigaba. Sufría de una especie de epilepsia, que frecuentemente terminaba en catalepsia, y en el mayor numero de casos, volvía con un brusco estremecimiento. Tal desdicha la escoltaba desde niña y se había incrementado con el paso de los años. Esta noticia me causó un gran desasosiego, pues temía, en el peor de los casos, que pudiera morir.

La mañana siguiente, fue de nueva cuenta al consultorio. Su estado de salud se deterioraba, pero no así su inconcebible hermosura. Me dolía en el lo más profundo de mi corazón el sufrimiento por el que ella estaba pasando, sin poder hacer yo algo para ayudarle.

Varios días después, recibí la noticia más pesarosa de mi vida y que aún al escribir este relato hace brotar una lágrima de mis ojos: durante la noche, Gianna había fallecido. Todo mí ser quedó paralizado entre el desconsuelo y la rabia que produce la impotencia.

Desde ese momento, el sufrimiento se incrementó exorbitantemente. Agonizaba a cada hora de mi existencia, mi alma se consumía lenta y brutalmente. Preguntábame el por qué la felicidad no formaba parte de mi, y qué había hecho para merecer aquel calvario por el que estaba pasando. Asimismo, mi comportamiento apacible se transformó en violento, brusco e iracundo.

Un mes despues de aquello, el profresor informó la realización un viaje grupal con la intención de conocer lo que tiempo atrás era un pueblo, y que fue abandonado debido a las constantes inundaciones que provocaba el lago, a causa del aumento en sus niveles de agua: Snow Lake. Me parecía inverosímil que no se hubiese anulado tal excursión ante la tragedia que aconteció poco tiempo atrás. Expresé rotunda negativa de ir, sin embargo no se tomaron en cuenta los argumentos que intentaban justificar mi ausencia en esa salida.

Llegué a casa briago de vesania, totalmente abandonado por la razon. Entonces, y sin estar presente en mí algun juicio de cordura, llegó la mascota que me acompañaba desde hacía algunos años antes con la inocente intención de jugar conmigo, un perro de raza Jack Russell terrier. Inconcientemente, fui a la cocina por el cuchillo más afilado que encontré, levanté al pobre animal y bestialmente corté su cuello de un solo tajo. El grito de tortura duró solo unos pocos segundos. Mis manos se hallaban llenas de sangre de la desgraciada criatura. Sentí un profundo placer al cometer el acto tan despiadado e inhumano. Para mi fortuna, nadie presenció aquella horrenda escena. Una vez que recuperé sensatez, pensé como desaparecer todo rastro de aquel suceso, y no se me ocurrió otra cosa  que enterrar el cuerpo en el jardin  frontal de mi residencia. Así lo hice ¿Qué le diría a mis padres cuando se percataran de la repentina ausencia del perro? Posiblemente encontró la puerta abierta, y su instinto le hizo salir a la costanilla, y nada más, no había misterio tras ello.

La mañana siguiente de ser ejecutado el asesinato, tenía que partir a la expedición de Snow Lake. Para ello, el grupo se había hecho de los servicios de 2 carruajes que nos transportarían a nuestro destino. Aún sin asomarse los primeros rayos de sol, emprendimos el viaje. En poco menos de 2 horas estábamos ahí. Hacía un frio extremo, y las aguas del lago estaban totalmente congeladas, el viento helado penetraba en los huesos.

Planeábamos irnos poco después de las 4 de la tarde, pretendiendo que no se hiciera de noche en nuestro regreso, pues para entonces ya habríamos terminado de explorar al sitio en su totalidad. Sin embargo justamente a mitad del recorrido, comenzó a nevar fuertemente. Optamos por esperar a que cesara un poco la caída de nieve, pues impedía la visibilidad a los  conductores de los carruajes. No obstante, la tormenta serenó cuando la luna se avistaba en lo más alto del firmamento; corríamos peligro si nos marchábamos a esas altas horas de la noche, pues el camino de retorno era algo descampado. Sin otra opción fiable, se decidió que permaneciéramos hasta la mañana siguiente en 2 pequeñas cabañas localizadas en ese sitio, y que eran destinadas a albergar turistas. Se hallaban vacías, pues habían sido abandonadas años atrás; aunque bien servirían para nuestro propósito. Entramos todos sin excepción. Las camas de las habitaciones estaban cubiertas de polvo, por lo que quité las sabanas puestas sobre ellas. Al cabo de esto, extrañamente Nathan se acercó a mí.

-Este viaje debió ser cancelado como dijiste; ¿como fue que vaticinaste un fiasco de esta magnitud? Espera, no lo hiciste. Fue solo porque tu amada amiga murió, ¿O me equivoco?- Dijo entre una leve risa-

Sentí como la rabia volvía de nuevo a mí, identica a la que me hizo perder la cordura. Traté de tranquilizarme, respirando profundamente. Fui a dormir, esperaba ancioso la llegada del amanecer para abandonar ese maldito lugar.

Sin embargo, en  la madrugada, un grito desesperado despertó al grupo de la cabaña. Anonadados, nos dirigimos al sitio donde se originaban. Nos topamos con un compañero de ese viaje, que apenas con el aliento sufuciente para pronunciar algunas palabras entrecortadas, nos señaló la puerta principal.

Lo que encontramos nos hizo estremecer como nunca antes: Alguien, y por una razón desquiciada marcó un camino de sangre que conducía hacia afuera. En el suelo de tierra, había varios mechones de cabello, aparentemente cortados de raiz. Frente a ellos, se encontraba el cuerpo de Nathan, torturado de una forma cruel y sanguinaria; su abdomen se observaba abierto y atestado con hojas del mismo arbol donde postraba el cadaver, los ojos no se hallaban en su sitio, los habían arrancado. La boca estaba cubierta con un harapo hecho de las mismas sabanas que cubrían los lechos de las recámaras, posiblemente esto hizo que sus gritos no pudieran ser escuchados mientras todos dormíamos. Desesperados, entramos a la cabaña de nuevo. Nos percatamos que extrañamente el profesor no salió a presenciar aquel horror; por lo que fuimos por él. Abrimos la puerta de su cuarto, solo para ver otra atrosidad: Su cabeza degollada sobre la cama, con el cuerpo a un lado de esta. Asímismo, los conductores de los carruajes que compartían habitación con él, fueron asesinados mientras dormían, siendo estos cortados en la  yugular.

Sin más que hacer, esperamos atemorizados la llegada de ayuda, pues seguramente irían por nosotros en la mañana. Así fue, la policía acudió al lugar; acompañado de nuestros respectivos padres. La investigación se exendió por meses, sin llegar a una conclusión concreta, pues quizá la guindilla no estaba lo suficientemente preparada para enfrentar algo de esa naturaleza en una urbe tan tranquila como lo era hasta ese entonces. El suceso se dispersó a cada uno de los habitantes de la ciudad, convirtiéndose después en el acontecimiento más renombrado de la misma.

Sé que yo lo hice, aunque no estuve conciente mientras lo perpetuába. Sin embargo, pude saber los que es capaz de hacer el monstruo que llevo conmigo. 

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  • Un relato que engancha por esa descripción de la evolución mental del personaje, desde su infancia. Narrado de una manera fluida con esa división de párrafos necesaria en toda historia. Y un final absolutamente gore. Enhorabuena. Una cosa, ten cuidado con las tildes; hay algunas palabras que no llevan tilde pero tú las pones. Saludos y bienvenido.
  • El asesino de Snow Lake es la primer narración que hago. Aquí, el personaje principal cuanta las atrocidades que cometió en sus años universitarios.

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