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6 min
El ataque de los apaches
Históricos |
09.10.14
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Sinopsis

Vermudo y sus viajes en el tiempo, nos muestran un poco de la historia de España

A los 3 días del suceso, el cristal había vuelto a su tonalidad habitual, Vermudo lo agradeció profundamente, su padre le hubiera dado un sermón sobre como cuidar las propiedades de los demás, donde le hubiera explicado con todo tipo de detalles lo importante que era la responsabilidad y bla bla bla.
 En estos momentos está mirando el cristal, se sentía atraído por él y le daba miedo a la vez. Fue un viaje emocionante, pero se preguntaba —"¿Sería real ese mundo?"—.  Había sentido miedo pero estaba dispuesto a intentarlo, era una aventura, le hizo sentir como los grandes exploradores españoles cuando descubriendo América.— "Sólo estaré una hora"— Más o menos  era el tiempo en que el cristal tardaba en "gastarse", había calculado.


 Así que se puso manos a la obra y repitió las condiciones en las que "viajó" la ocasión anterior, empezó a encender y apagar el móvil esperando que comenzara el proceso pero no pasaba nada, contrariado Vermudo intentó averiguar que era lo que fallaba, estaba en la misma posición y los objetos en el mismo lugar que la vez anterior.


 Cuando iba desistir suena su teléfono, era una llamada de un compañero de clase, estaba a punto de cogerlo y de repente comienza el proceso, en el momento que empezaban los destellos parpadeantes, cogió el cristal y lo miró fijamente, lo que provocó que la aventura comenzara.    Una vez recuperado de la conmoción de el viaje, trató de ubicarse, era de noche, se encontraba en una especie de fuerte romano, aunque estaba izada la bandera española de la cruz de Borgoña, tardó unos segundos en darse cuenta que estaba en Nueva España. por lo tanto el fuerte no podía ser otra cosa que un presidio. Había leído sobre ellos, en las leyendas de los dragones de cuera, una unidad de élite española especializada en la lucha contra los indios en las fronteras.     Aunque el fuerte estaba atestado ,  nadie se percataba de su presencia, como en la ocasión anterior iba vestido con ropas que no eran las suyas, pensó en si su rostro sería el mismo, por lo que comenzó a buscar un espejo o algún objeto en el que pudiera verse reflejado. Antes de que empezara a moverse se abren las puertas del fuerte y empiezan a entrar campesinos corriendo y gritando de pánico, algunos estaban heridos, también había mujeres con niños en sus brazos, Vermudo pudo apreciar que muchos iban con flechas clavadas.    Suenan los tambores llamando a filas, 2 jóvenes chicos mestizos, los hacían sonar mientras los soldados salían de los barracones, en total eran unos 50, armados con mosquetes antiguos, también había unos 30 indios aliados  y más al fondo cerca de las caballerizas unos 15 soldados con armaduras de cuero, una especie de escudo pequeño y lanzas, Vermudo no podía creerlo eran ¡dragones de cuera!.    Los soldados rápidamente se pusieron en movimiento bajo las órdenes de sus superiores, el presidio era de forma cuadrada y constaba con 4 torres, donde las tropas se  estaban posicionando, Vermudo subió rápido a la muralla para ver lo que estaba pasando, a lo lejos,  entre las sombras, se divisaban unos 300 indios, todos ellos armados hasta los dientes.
   Estaba aterrado, era una batalla de verdad, — "puedo morir "— pensó, pero por otra parte si se escondía, solo tendría que aguantar una hora hasta que la energía el cristal se consumiera, así que comenzó a buscar un sitio seguro hasta  que una voz grave le llama.
   —Mozo corre  inmediatamente, a la torre norte, te encargarás de darles munición y todo lo que necesiten, y como te vuelva a ver escondiéndote, te cuelgo del campanario para que sirvas de ejemplo. — Le dijo uno de los oficiales, sin levantar la voz, lo que hizo que se le erizaran todos los pelos.

  Presa del pánico obedeció la orden, estaba aterrado, deseaba huir de allí, se repetía una y otra vez que solo tenía que aguantar una hora y todo habría pasado, se paró unos segundos para tranquilizarse  y partió a cumplir su misión. Llego a la torre, sabía que tendría mucho trabajo, esos viejos mosquetes, tenían una munición muy pesada, lo que obligaba a los tiradores a no llevar mucha encima, a los sumo 2o balas en su cartuchera, a 3 ó 4 disparos por minuto, necesitarían que le suministraran constantemente.

  En esas cábalas estaba cuando empezó el ataque indio. según decían los soldados eran  apaches, una tribu venida del norte empujada por tribus rivales. Vermudo los conocía de las películas del oeste a las que tan aficionado era su padre,  pero estos indios no eran actores ni el Jhon Wayne, por lo que se acurrucó lo más que pudo presto a realizar su tarea.

 Los apaches aprovecharon la oscuridad para acercarse y comenzaron a lanzar flechas envueltas en fuego que sembraron confusión en el fuerte, el humo apenas dejaba ver, pero los soldados españoles, eran veteranos de muchas batallas y aguantaban el tipo sin caer en el pánico.

 Vermudo repartía balas lo más rápido que podía, contando los minutos para que el cristal lo sacara de allí, se estaba dando cuenda que las reservas de munición se agotaban, lo que provocó  un escalofrío que le llego al fondo del alma. El combate era feroz, pero la resolución de los soldados a la hora de mantener a ralla a los asaltantes tranquilizaba su acelerado corazón.

 De repente se oyen gritos dentro del fuerte, un grupo de apaches había aprovechado la confusión para tomar por sorpresa la torre sur. En un abrir y cerrar de ojos el fuerte estaba atestado de salvajes, entraban a decenas, los españoles estaban sufriendo muchas bajas por lo que el capitán del presidio mando agruparse en torno a la iglesia.

 Los indios con mucha astucia, conscientes de la lentitud de recarga de los mosquetes, fingieron  un ataque frontal lanzando fuego para ocultarse en el humo, esperaron a la descarga conjunta de los españoles y aprovecharon esos 20 segundos aproximadamente para colar a un pequeño grupo por atrás y entre la confusión consiguieron abrir brecha.

Continuará....

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