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3 min
El ático 1
Suspense |
02.07.15
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Sinopsis

Esta es la primera parte. Si gusta subiré más.

La mañana del 19 de enero no se presentaba como otra cualquiera. Hacia un par de horas, justo antes del amanecer que la dormida ciudad se había cubierto de una fina capa blanca y ahora, con unos pequeños rayos de sol que se colaban entre las nubes, parecía que se había convertido en una masa blanca sin dejar ver los edificios que sepultaba.

Desde una habitación en un ático de Madrid, un par de ojos miraban al horizonte. La estancia dejaba entrever un piano de cola que destacaba entre el resto de la decoración moderna. Algo parecía que no cuadraba con el ambiente. Cinco puertas cerradas a cal y canto blancas como las tres paredes, cerraban el espacio junto con un gran cristal. Tras él, de pie cual estatua, una extraña muchacha se limitaba a observar el panorama.  Era pequeña y delgada, tanto que resultaba difícil distinguirla del resto de la habitación oscura. La ropa, negra como la noche, la cubría entera y destacaba un pequeño punto rojo a la altura del pecho. Sólo se le distinguían unos rasgos finos y delicados en la cara pero a su vez duros como la piedra. El pelo recogido dentro de un gorro y unos guantes mal puestos le daban un aspecto misterioso que no le hacían perder su encanto.

Se metió un par de veces la mano en el bolsillo como si comprobara que aquello que tenía seguía estando allí. Su cara no mostraba inquietud pero se sobresaltó cuando el móvil que estaba encima del piano empezó a sonar como martillos descontrolados por toda la casa. Se giró temerosa y sus manos temblaban cuando se acercó al teléfono.

-¿Di-di-diga?- preguntó en un susurro a la vez que tartamudeaba.

-Buen trabajo.- aceptó una voz distorsionada.-   Tu próxima misión te llegará en unos minutos. Seguiré observando.

 

Dicho esto, colgó. Su semblante volvía a estar tranquilo pero no pudo evitar desprender una lágrima silenciosa. Se iluminó la pantalla del móvil y leyó dos palabras mal puestas “Mañana. 3am.” Se lo guardó en el bolsillo vacio y volvió a depositar su mano en el otro para evitar que se escapara corriendo aquello que ocultaba.

 

Rodeó el sofá y se dirigió en línea recta hacia la puerta principal, dejando tras de sí dos puertas cerradas con llave a cada lado y un libro en el suelo abierto de par en par. Tras dar unos pasos se giró y se agachó a recogerlo. La Isla del Tesoro. Qué gran libro, pensó. En ese momento lo vió todo claro. Recordó para que tenía el lápiz guardado cual tesoro en su bolsillo. Escribió algo y lo dejó todo en su sitio como si nunca hubiera estado allí. Continuó su camino hacia la puerta, agarró el pomo como si de un clavo ardiendo se tratase y la abrió silenciosamente.

 

En ese momento entró tanta luz del pasillo que la cegó y le obligó a girar la cara. Quería evitar con todas sus fuerzas que eso pasara pero sus ojos se posaron en el cuerpo que estaba tirado sobre la alfombra, rodeado por un charco de sangre. Sin pensarlo más, salió.

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  • Cierto, no me había dado cuenta. Ya está retocado. En breves subiré la parte tres. Gracias por comentar!
    Me gustan los relatos, espero publiques pronto la tercera parte. Se te ha colado una errata al principio "rallos de sol". Saludos
  • Mis amigos me han pedido tantas veces que cuente esta historia que al final he tenido que escribirla. Como dicen ellos, lo que no me pase a mí, no le pasa a nadie. Roma, no lo dudes, nos volveremos a ver.

    Siempre he pensado que los aeropuertos tienen la capacidad de juntar y separar a personas en tan solo un instante. Esta historia va dedicada para el chico que conocí hace poco en uno. Todo un placer y hasta que otro aeropuerto nos vuelva a juntar.

    Reflexión a modo de historia de la libertad. Dedicado a todos aquellos que andan en su búsqueda. Espero que os ayude a encontrarla.

    Aquí esta la parte dos... si gusta, habrá tres.

    Esta es la primera parte. Si gusta subiré más.

    Hacia tiempo que no escribía. Espero que os guste

    Este micro lo escribí hace unos meses cuando una de mis amigas se estaba sacando el carnet de conducir. Va dedicado para ella.

    El arrepentimiento en el lecho de muerte cambia el destino del alma.

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