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13 min
El Baldío (capitulo 72)
Ciencia Ficción |
06.01.22
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Sinopsis

En el capitulo de hoy: las consecuencias del intento de golpe de estado.

Este relato lo encontraras también en:

http://lashistoriasdelcalvo.blogspot.com/

                               *      *     *     *     *

—Necesito un compromiso formal de que no me vais a atacar, —dijo la emperatriz. Asistía a una reunión por videoenlace con el presidente de la República y el canciller Tórkurim—. No es tan difícil de entender ¡joder!

—No es necesario un compromiso especial en ese sentido, —aseguró el presidente—. Por nuestra parte los acuerdos firmados están totalmente vigentes y ya contemplan…

—¡Necesito desplazar el grueso de la flota y del ejército a los limites con Kaaitam, Mazabuka y Taúria! —vociferó la emperatriz—, y no lo puedo hacer…

—¡Joder! Kaxila que no te vamos a atacar, —exclamó el canciller perdiendo la paciencia: algo inaudito en él.

—¿Te hemos ayudado a mantener el trono, para ahora atacarte? —añadió el presidente—. ¡No me jodas Kaxila!

—Y vosotros sabéis cómo están las cosas: no va a haber paz mientras no aplaste a esos hijos de puta.

—Ese es un asunto interno de Tardasia dónde no vamos a intervenir, —dijo Tórkurim—¡Me cago en la leche! Ni siquiera para invadirte. No lo hemos hecho antes y no lo vamos a hacer ahora.

La discusión continuo durante un rato más, pero al final las cosas siguieron cómo estaban: que los acuerdos fronterizos firmados eran suficientes.

 

 

Antes de todo esto, empezaron los juicios públicos a los traidores. Todos los artífices del intento del golpe de estado fueron condenados a muerte, igual que todos a los que se les había demostrado su participación directa en la represión de las protestas populares. Los demás, fueron condenados a penas de prisión, la mayoría a cadena perpetua.

Las defensas de los condenados a muerte pidieron que la emperatriz conmutara las penas, y esta, por primera vez en la historia de Tardasia convocó un referéndum para que la ciudadanía decidiera si debía o no conceder medidas de gracia a los condenados. El resultado fue abrumador. El 79% de los votantes decidieron que la emperatriz debía rechazar las medidas de gracia. Seis días después, en un estadio deportivo abarrotado de gente, con la televisión retransmitiendo en directo, todos fueron ahorcados.

Hubo cuatro que no fueron juzgados. Cuándo la emperatriz estuvo totalmente restablecida, aunque su tío seguía ingresado en el hospital, saldó personalmente las cuentas pendientes. Agonizaron durante cuatro días ininterrumpidamente en la muerte más horrible y espantosa de la que se tiene noticia. De la manera más abrupta y despiadada había vuelto a aparecer la “decapitadora”.

 

 

Cuándo todo esto había acabado, Marta regresó a Tarnagóm a tratar con la emperatriz algunos asuntos pendientes. El grupo de batalla del República se estacionó en la órbita del planeta y Marta bajó en una lanzadera con sus acompañantes de siempre.

—Mi señora, —saludó Marta a la emperatriz mientras la daba dos besos.

—Déjate de chorradas Marta, —dijo Kaxila mientras abrazaba a su amiga.

—¿Cómo está tú tío?

—Muy bien, aunque todavía esta en el hospital: ya le queda poco. El pobrecito mío está cómo loco por salir.

—Pues tiene que salir y subir al República, —dijo Marta con una sonrisa y ante la cara de la emperatriz, añadió—: le he traído una prótesis para la mano.

—¡No jodas! Pero…

—No te hagas ilusiones que no es de las más modernas, pero es bastante más avanzada que las que usáis vosotros.

—¡Joder!

—No te quejes tía.

—Si fuera para mí no lo haría, pero es para él.

—Pues es lo que hay, —dijo Marta cogiéndola del brazo afectuosamente y empezando a andar hacia la salida del puerto espacial del palacio imperial—. Además, te hemos traído jamón.

—¿Y vino?

—También y además de las bodegas de Inés y Esther.

—¿También haces vino? —preguntó Kaxila mirando a Inés. Esta se limitó a encogerse de hombros riendo.

—¡Ah! y te hemos traído un cirujano plástico para que te arregle las tetas.

—Pues te lo pueden agradecer mis cirujanos porque estoy por mandarlos decapitar, ­—bromeó la emperatriz—. Son unos inútiles.

—No sabía que eras tan coquetona.

—No es que las enseñe mucho, más bien nada, pero me gusta vérmelas en condiciones ¡joder!

—Hay que estar preparada para cualquier contingencia.

—No puedo permitirme el lujo de tener “contingencias” con nadie, ni siquiera un ratito. Por cierto, a ti no se te conoce ninguna pareja… salvo algo muy raro que leí hace años de que estabas enrollada con Esther, —la aludida soltó una carcajada.

—Esther e Inés son mis mejores amigas, —dijo Marta riendo—. Pero todavía no retozamos juntas.

—Mi señora, aquello fue una representación para encubrir otra cosa, —dijo Esther riendo—. Y por lo visto dio resultado.

—¡Hostias! Si vi hasta fotos de las dos cogidas de la mano.

—Y con la guitarra, —añadió Inés riendo también.

—Es cierto, la guitarra, —dijo Esther—. Pues todavía la tengo.

—Entonces, ¿no tienes pareja? —preguntó la emperatriz.

—No me apetece nada tener a un tío a mi lado, y menos en la cama: de verdad.

—Creo que a veces son útiles: lo he leído en los informes, —bromeó la emperatriz.

—Tengo un aparatito que es útil de cojones y luego lo desconecto, lo meto en un cajón y me olvido: es genial.

—¿Sabes que esos aparatitos están prohibidos en Tardasia?

—¡No jodas! ¿Cómo se puede prohibir eso? —preguntó Marta.

—Porque los emperadores anteriores creían que de esa manera fomentaban la “fertilidad” de las hembras, —y ante la cara de las demás dijo—: fue cosa de ellos no mía. Le voy a decir a Saalil que inicie los tramites para eliminar esa ley.

—¿Sigue Saalil al frente del gobierno?

—Sí, lo estaba haciendo tan bien que he pensado que lo mejor es que siga, así me descarga a mi de trabajo.

—¿Pero antes no tenias un primer ministro? —preguntó Marta—. Le mataron, creo.

—Era un inútil, —susurró la emperatriz acercándose a Marta en plan confidencial—. Si no le hubieran asesinado ellos lo hubiera hecho yo.

—Hay que ver cómo eres tía, —y la emperatriz se limitó a encogerse de hombros.

La comitiva llegó al despacho de la emperatriz y por fin se quedaron solas. Se sentaron y activaron sus tabletas para empezar a trabajar de los asuntos pendientes.

—He visto que has tenido una bronca gorda con el presidente y Tórkurim, —dijo finalmente Marta.

—Esos dos tienen la cabeza más dura que la mía ¡joder! —dijo Kaxila meneando la cabeza.

—Venga tía, no jodas, —la rebatió Marta—. Te has ofuscado en algo que no tienes razón.

—Tengo que solucionar el problema con Taúria y sus amigos, y para eso necesito desplazar la flota hasta allí, y eso significa que voy a estar más de un año, casi dos, con el culo al aire en este lado. Deberíais entenderlo, sobre todo tú.

—Y lo que tú deberías entender es que has entrado en una nueva era de relaciones intermundos. Una era dónde las cosas no se solucionan con cañones y naves de batalla. La confianza y el respeto a los acuerdos firmados deben imponerse. Esa dinámica, traerá beneficios para tu pueblo y lo sabes.

—Pero también sé que si me atacaran…

—Pero ¿quién te va a atacar? La mayor parte de la flota aliada es española y solo la Xelar nos supera.

—¿Y Talíssia que?

—¿Pero por qué te van a atacar? Han recuperado el sector perdido hace más de cien años, y su flota no tiene la potencia suficiente para iniciar una campaña de invasión por si solos.

—No son fiables.

—Si lo son: no te encabezones. Los emperadores Salac han dado más de cien años de paz al imperio y te aseguro que van a seguir así.

La emperatriz guardó silencio mientras sopesaba las palabras de Marta y finalmente dijo—: ya te habrás dado cuenta de que no estoy acostumbrada a fiarme de la gente.

—Algo sospechaba, —bromeó Marta.

—¿Has visto las ejecuciones?

—¡No! —respondió Marta poniendo cara de extrañeza—. Me flipa que el estadio estuviera abarrotado.

—Claro, no recordaba que vosotros no matáis a los criminales.

—La pena de muerte esta prohibida en Hispania desde hace muchos años, —respondió Marta—. Me han dicho que del listado de ajusticiados faltan cuatro. ¿Son los de tu tío? —la emperatriz afirmó con la cabeza.

—¿No vas a decir nada? —preguntó y Marta negó con la cabeza.

—¿Comemos? Inés ha traído cosas de las que te gustan.

—Pues no esperemos más, —dijo la emperatriz levantándose—. Me tenéis que contar eso del vino de Inés y de Esther. Por cierto ¿no erais socias?

—Cuándo me ascendieron, no me pareció apropiado tener negocios y traspase todas mis participaciones a mi hermana Mira.

—Que más dará.

—Es importante guardar las formas. Además de jamón, te hemos traído cosas de España que te gustaran: pimientos de Padrón, espárragos blancos y trigueros de La Rioja y Navarra, aceite de oliva de Jaén, en fin, muchas cosas. También te ha preparado una unidad de datos con instrucciones.

—Genial, porque cómo en la cocina metan la pata les corto la cabeza, —bromeó la emperatriz—. ¿Que tal la niña?

—Muy bien: estoy muy orgullosa de ella.

—¿Se queda con tu hermana cuándo viajas?

—Y con su abuela, —y ante la cara de extrañeza de Kaxila, añadió—: Cortabarria.

—He leído mucho sobre ella: debió de ser alguien muy especial.

—¡Joder Kaxila! Que no se ha muerto. Además, lo sigue siendo y la niña la adora.

—Tú también…

—Para mi es cómo la madre que perdí a los nueve años.

—Eres afortunada, —dijo la emperatriz sentándose a la mesa que Inés había preparado con la ayuda de los empleados del palacio imperial. Nadie la ayudó a arrimar la silla: lo había prohibido—. Tienes a Cortabarria y a Inés y Esther, y a Mira que yo sepa, en cambio, cuándo perdí a mi mama, solo me pude apoyar en mi tío, que te aseguro que me dio todo el amor necesario.

—No se nada de él. ¿A qué se dedicaba?

—Era militar. Instructor de combate en la Academia Imperial. Yo tenía una doble vida o mejor dicho triple. Mientras dilapidaba mi asignación en fiestas, al mismo tiempo, estudiaba y aprendía artes marciales con él.

—¿Y no tiene familia? Además de a ti, por supuesto.

—No, hace muchos años tuvo una novia con la que se iba a casar. La adoraba, pero, enfermó y se murió en cuestión de dos meses.

—¡Joder!

—No le he vuelto a ver nunca más con una mujer.

—Hace muchos años leí un informe que decía que había sospechas de que tú y él…

—Si, que me folla a todas horas, —la interrumpió con rencor en la mirada.

—Solo era un informe que recopilaba habladurías, —dijo Marta cogiéndola la mano.

—Sé que esas habladurías salían de aquí, y es más, hay alguno que ya no tiene cabeza para seguir inventando embustes.

—¡Hostias tía! Deberías acostumbrarte a no solucionar ciertas cosas con decapitaciones.

—No creas, a veces utilizo otros métodos, —bromeó la emperatriz. Luego se puso seria y añadió después de coger la copa de vino y olfatearla—: Ahora en serio. Que duda cabe de que conservo el trono gracias a vosotros, pero no es menos cierto de que buena parte del Ejército Imperial se puso de mi lado y que mis ciudadanos salieron a la calle y murieron a miles a manos de esos hijos de puta. Gracias a ellos también conservo el trono.

—Nosotros solo aceleramos el proceso. La Junta no hubiera triunfado, pero ¿qué hubiera pasado si hubieras muerto? ¿quién te sustituiría?

—Por eso quiero empezar a abrir la administración a los ciudadanos, que ciertas cosas la decidan ellos.

—Es una buena idea, —dijo Marta—. Puedes empezar con los ayuntamientos que es lo más cercano al pueblo.

—Algo así había pensado, pero es que en los miles de años de historia, de nuestra historia, nunca ha habido nada así. Hay reticencias.

—No estamos hablando de implantar un sistema tan perfecto cómo el Xelar, ni siquiera nosotros tenemos algo así, pero se puede ir avanzando…

—Ya, ya, poco a poco.

—Por supuesto. Habla con el presidente. Tenemos funcionarios públicos expertos en estás cosas: te pueden asesorar.

—Hace poco nos estábamos tirando los trastos a la cabeza, —y bromeando añadió—: ¡Joder! Que si no hubiera estado en línea le hubiera cortado la cabeza.

—¡Joder tía! Siempre estás igual. Pareces la Reina de Corazones: “que le corten la cabeza, que le corten la cabeza”.

—¿Quién es esa?

—Es un personaje de una novela infantil que se llama “Alicia en el país de las maravillas”, aunque algunos piensan que no es tan infantil.

—Mándamela.

—Te la podemos descargar…

—No, no, prefiero libros de papel: me encantan.

—Se lo diré a Itziar para que lo incluya en el próximo envío, —intervino Inés dando un par de pasos adelante.

—¿Itziar tú hija? —preguntó la emperatriz con cara de asombro—. Pero ¿qué años tiene?

—Diez, pero ella se encarga de la lista de envíos. —respondió Marta con orgullo—. Inés y su abuela la supervisan.

—Que maravilla. Cómo me gustaría…

—Pues eso es fácil, y más para un pibón imperial cómo tú, —dijo Marta riendo.

—¿Y después de preñarme le corto la cabeza?

—¡Joder tía! estás obsesionada.

—Sí, tengo cierta tendencia: lo reconozco. ¿y tú, que hiciste con el tuyo?

—No hubo nadie, —dijo Marta—. En ese momento no estaba dispuesta a compartir a mi hija con nadie, y ahora ya ves, la comparto con unas mujeres maravillosas, —añadió mirando a Inés.

—¿Entonces?

—Me inseminaron artificialmente, —la emperatriz se la quedó mirando con los ojos fijos en ella. Después, meneo la cabeza.

—Lo que me faltaba ahora es preñarme.

—Bueno, ahora no, pero dentro de un tiempo… todavía eres joven.

—¡Claro que soy joven! Más que tú.

—Ya estamos, —bromeó Marta. Después, se puso seria—. Mira tía, cuándo era más joven hice muchas gilipolleces, gilipolleces que ahora mismo ni se me pasan por la cabeza. Actualmente solo tengo dos prioridades: mi hija y mi patria.

—Tú patria… eso es interesante: ¿España o Hispania?

—A pesar de haber salido de la Tierra hace veinticinco años, mi patria es España, y por consiguiente Hispania. A lo mejor los nacidos fuera de la Tierra tienen otra visión, pero para mi es España.

—¿Sabes? Me gusta mucho charlar contigo…

—Ya, a ti lo que te gusta es que Inés te trae jamón, —bromeó Marta.

—También, también, pero también me gusta hablar contigo ¡joder!

—Vale, no te cabrees que quiero seguir conservando la cabeza.

—Pues si no la quieres perder, te quiero ver por aquí en… seis meses.

—A la orden mi señora, —contestó Marta saludándola militarmente, Después levantaron su copas y brindaron.

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  • Este es un relato de amor, lealtad y compañerismo. Pienso que una mujer puede estar profundamente enamorada sin caer en la sumisión y que un hombre puede estar profundamente enamorado sin caer en la posesión. Espero haberlo conseguido y si no es así pido disculpas. En el capitulo de hoy: recuperación.

    Este es un relato de amor, lealtad y compañerismo. Pienso que una mujer puede estar profundamente enamorada sin caer en la sumisión y que un hombre puede estar profundamente enamorado sin caer en la posesión. Espero haberlo conseguido y si no es así pido disculpas. En el capitulo de hoy: consecuencias.

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    Este es un relato de amor, lealtad y compañerismo. Pienso que una mujer puede estar profundamente enamorada sin caer en la sumisión y que un hombre puede estar profundamente enamorado sin caer en la posesión. Espero haberlo conseguido y si no es así pido disculpas. En el capitulo de hoy: venganza.

    Este es un relato de amor, lealtad y compañerismo. Pienso que una mujer puede estar profundamente enamorada sin caer en la sumisión y que un hombre puede estar profundamente enamorado sin caer en la posesión. Espero haberlo conseguido y si no es así pido disculpas. En el capitulo de hoy: la recuperación.

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