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5 min
El beso de la Muerte. Primera parte: El casamiento
Fantasía |
11.12.14
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Sinopsis

...Entonces sí... respondiendo a esa pregunta que surge en su disparatada mente, la Muerte se casa y ¡están todos invitados!

Recuerdo hablerlo visto y quedarme sin respiración. Recuerdo haberlo visto y sonreir por primera vez en mucho, mucho tiempo. Recuerdo ver sus manos, sus pies, su cuerpo descanzando sobre su espalda y pensar en qué tan injusta es la Vida, hasta que la Vida me interrumpió. 
-¿Yo soy injusta?
La Vida no mide más de un metro sesenta. Tiene piernas, brazos y mente corta. Muy predecible, rubia, siempre vestidita de blanco, me da asco. Aunque realmente a mis padres les daba asco sus padres y a mis abuelos sus abuelos y son esas cosas que se heredan. Me gustaría que mis familia me hubiera heredado un reloj antiguo, pero no, me heredaron el odio hacia la Vida. Sus ojos son tan vacios o llenos de cosas que nunca cumple, siempre se va en momentos que o son muy buenos o son muy malos y yo tengo que ocupar su lugar. Yo en cambio... soy eterna. Soy la Muerte, soy eso a los que todos temen pero aun así pasan hablando de mi y aun así llega un momento en el que yo hablo de ellos. Yo tengo los ojos llenos de promesas que cumplo. Todos tienen su fecha, a todos le llega la hora y a todos voy a buscar, los dejo en donde sea que deban ir y me voy, jamas los vuelvo a ver, ni saben a lo que se enfrentan cuando hablan de mi. De igual manera la Vida tampoco es muy querida, hay quienes la desprecian y me llaman a mi o hay quienes no hacen nada por honrarla, por eso es tan pequeña y cortita. Soy mucho más alta que ella, voy de negro, pero me gusta mucho el color rojo, como la sangre, como la pasión. 
Me gustaba mucho el color rojo de su camiseta. Hasta que descrubrí que su camisa era en realidad blanca. Pobre muchacho, era tan lindo. Recuerdo haberlo visto y sentir eso que escuche rogar a las personas "No me lleves, aún estoy enamorado", estaba enamorada de ese muchacho. La Vida estaba a mi lado y ambas estabamos mirandolo. 
-Es lindo... ¿verdad? Yo lo ví primero- Preferí no responderle, era obvio que lo había visto primero ¡es la Vida! -Su nombre es Marcos, 28 años, atleta y músico. 
-¿Por qué decidió dejarte?- le pregunté. 
-Jamás consiguió verme como su compañera, era un chico perturbado- dijo mientras miraba hacia la ventana - Rápido, sus padres ya estan aquí, ¿Se va o se queda? 
-Creo que debería irse conmigo, lo quiero como mi esposo. 
-Es como la septima vez en el año que intentaras eso, suerte- dijo con tono burlón y desapareció. Lo mire y veía el amor en su estado puro y fluyendo dentro de su cuerpo y allí estaba en su pecho la bala homicida. Entonces sí... respondiendo a esa pregunta que surge en su disparatada mente, la Muerte se casa. Como les dije antes tengo padres y mis padres sus padres y los padres de mis padres padres. Y así podría estar hasta llegar al momento en el que se creo la humanidad, es decir cuando la Vida nació, la Vida cambia cada mucho tiempo, nosotros estamos en constante mutación. Pero yo no puedo obligar a nadie a que se case conmigo y en la Tierra hay muchas supersticiones. Así que debo despertarlo en mi hogar, mostrarle mi vida y enamorarlo, casarme con él, tener una hija para que siga con el negocio familiar y también heredarle el asco hacia la Vida. ¿Qué tan díficil puede ser eso? Debo decir que soy muy hermosa pero sigo siendo la Muerte. Entonces lo lleve a mi hogar. 
Mi casa es grande, debo decir que no entiendo por qué, siempre se tiene una sola hija y en total cada cien años viven tres personas aquí, pero bueno, cosas heredadas. Lo senté en un sillón de la sala principal y poniendome frente a él lo desperté con un beso en la frente. Cuando abrió sus ojos vi la misma soledad e indiferencia que se podían ver en los mios, no sé asusto en absoluto y simplemente me beso en la boca. ¿Cómo puede sentir tanto una persona muerta? me preguntaba, hasta que me di cuenta que el amor cruza fronteras tan eternas como la muerte hasta a veces llegar a la mismisima Muerte. Luego le conté todo acerca de mis costumbres, mis interesas, mis pasatiempos y le pedí que se quedará conmigo... él dijo que sí y murió definitivamente para poder casarnos. Fue entonces cuando descubrí que el amor es traicionero, incluso más que yo... la propia Muerte. 

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Le tengo miedo al olvido y por eso, creo en dejar una marca en el mundo, no importa que tan pequeña y pretenciosa sea. Quince años vividos con mucho amor y poco dolor, lo que me hace imaginarlo y escribir. Mi mamá me dio la vida pero las ciencias me dieron una razón para vivirla.

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