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4 min
El bosque de Valdo
Infantiles |
13.07.18
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Sinopsis

Hace muchos años había un bosque, era un gran bosque en medio de un descomunal desierto, en medio del bosque cruzaba un riachuelo, en ese bosque había un árbol, era muy frondoso y de tamaño sobresaliente, en tal árbol vivía una familia de ardillas, y en tal familia había un hermano mayor que se llama Valdo.

 

Un día cuando recorría el voluminoso bosque vio desde lo lejos una mano de un cocodrilo gritando por ayuda, cuando llegó le pedía que extendiera su mano para sacarlo, estaba en el limite del bosque con el desierto en unas arenas movedizas.

“Ayúdame Valdo, dame la mano, no me dejes desolado”, vociferaba el reptil. “Aunque tengas necesidad no puedo perjudicarme, sé tu naturaleza y si te doy mi mano tus dientes en muy poco tiempo estarán en mi rabo”, objetaba Valdo.

Pensando rápido pidió permiso a un árbol para que le diera algunas de sus ramas, y fue así que el cocodrilo se salvo gracias a la ardilla y al árbol por ‘arrimar el hombro’*.

 

Otro día al querer limpiar todo el riachuelo de las hojas que caían llegó la noche y escuchaba miles de sonidos, en vez de optar por el pánico eligió combinar los sonidos y canturrear**; mas cada hora que pasaba tenía mas frío pensando que se había convertido en un glacial apareció una osa, ésta osó*** en acercarse, Valdo se le fue el frio y se puso pálido. La enorme osa pidió disculpas, tenia que acercarse y darle el calor de la amistad a costa del susto que le ocasiono, pues Valdo pensaba que era su bocado de madrugada de la osa.

“Gracias por tu piel, así das calor a tus hijos y hoy me salvaste de quedarme congelado. Tu piel es pretendida por los cazadores mas yo la quiero en su lugar, ¡gracias por estar ahí!”, manifestó Valdo agradecido.

 

Al día siguiente rumbo a casa apresurado pues sabía que en su hogar estarían preocupados se cruzo con un cazador de venados. Y el cazador estaba orinando justo en el riachuelo, Valdo al ver su única fuente de vida para su bosque se indignó.

“ ¿Por qué haces eso en mi rio?”, increpó Valdo. “No veo ningún río, es un diminuto riachuelo”, muy tranquilo replicaba el cazado. “Si ensucias mi riachuelo nuestros arboles morirán, y sin arboles los rayos solares carbonizaran nuestras plantas y seremos parte del enorme desierto que ves cuando sales de nuestro bosque”, expreso Valdo con mucho enfado. “Bien dices que es tu bosque, porque mío no lo es, además este riachuelo si desaparece no mataría ningún árbol ya que ellos viven gracias a ríos subterráneos, ardilla desinformada”, contradecía el cazador. “Si envenenas mi riachuelo mi pueblo morirá, nosotros y muchas especies morirán, y muchos insectos viven gracias a nosotros, y muchos de los insectos limpian y sanan a los arboles enfermos, sin éstos los árboles serían extinguidos”.

En el momento que termino salió un oso, no para hacerle daño ni para darle calor sino para echarlo al desierto, porque vio sus intenciones de ensuciar ya no el riachuelo sino también su tierra.

“Este cazador se acabo con todos los manatíes de mi bosque, después talo todos los árboles y quede sin hogar, y ahora quiere envenenar nuestro bosque, y no se lo vamos a permitir”, dijo muy indignado el oso.

 

Valdo no era una ardilla como todas, era la Ardilla, y su hogar no era un bosque mas, era su bosque, Valdo era guardián del Bosque.

 

“¿Tú a quién cuidas?”.

 

 

* Auxiliar.

** Tararear.

*** Atreverse.

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Activista y TEÓLOGO protestante Desde mis locuras y reflexiones hay un instinto e intuición x un mundo mejor de lo caótico. #UbiSunt Gracias Totales!

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