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6 min
El buitre
Terror |
07.06.21
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Sinopsis

Uno de mis géneros favorito. Disculpen la forma de publicarlo, aun se me dificulta por el móvil.

Florencia corría  alegremente por un campo de margaritas, cerca de la granja de su abuela. Los trinos de las aves nocturnas se empezaban a escuchar entre los frondosos y enormes árboles de mango. El viento sacudía con fuerza las ramas desnudas de los eucaliptos, estos se visualizaban en el horizonte del paisaje rural. Esa tarde el cielo se encontraba teñido de un gris oscuro, al parecer se aproximaba una tormenta. Florencia se estaba alejando cada vez más de casa; su abuela no se percató de la ausencia de su nieta,  pues estaba muy ocupada preparando la cena. Florencia seguía corriendo y dando saltos en medio de la hierba verde, de pronto algo hizo que se detuviera, se agachó y lo tomó en sus manos, se trataba de un buitre pichón. Tenía plumas de color blancuzco, su cabeza era calva y negra como el carbón, con ojos saltones. Florencia se lo llevó cargado como si se tratase de un bebé. Lo ocultó en el granero y, lo tapó con un poco de heno, el cual estaba esparcido por el piso de madera agorgojado. De pronto un fuerte estruendo se escuchó afuera; un rayo había caído sobre uno de los árboles de eucalipto, provocando un leve incendió. La abuela asustada corrió fuera al jardín en busca de su nieta, pensando lo peor...

 

──¡Florencia! ¡Florencia! Gritaba desesperada doña Petronila. ── ¡Aquí estoy abuela, le contestó tras cerrar la puerta del granero.
── No quiero volver a verte lejos de casa, afuera hay muchos peligros, hay lobos hambrientos que te pueden atacar. Eres el único recuerdo que me queda de mi hija Aurora, no quiero perderte a ti también. Le dice la anciana con voz quebrantada.
──Tranquila abuelita voy a estar bien, no te preocupes. Le contesta Florencia con una sonrisa que ilumina su rostro.

 

 Ella no le contó sobre el buitre, prefirió guardarlo en secreto. Pues sabía muy bien que a su abuela no le gustaría tener a un ave de rapiña en su granja. Florencia le daba de comer animales muertos que encontraba cerca del bosque o de camino a casa, como ardillas, mapaches, conejos etc. El tiempo pasaba y el ave aumentaba de tamaño, su apariencia era un poco escalofriante, esos ojos negros y su pico curvo y ganchudo y su cabeza calva, ahora rojiza  y ajada daban miedo. Cuando Florencia no pudo encontrar más  animales muertos para alimentarlo, este comenzó a alimentarse de los animales de la granja, debido a la escasez de carroña. Empezó a cazar gallinas, gansos, les picoteaba los ojos a los caballos, a las vacas y ovejas para luego sacarlos de sus órbitas oculares. Doña Petronila abrió la compuerta roja  del granero, lo que  vieron sus ojos fue espantoso. Había plumas de aves, órganos viscerales por todas partes, el piso se hallaba manchado de sangre. Gallinas y patos fueron descuartizados, y sus caballos y vacas no tenían ojos, era una carnicería.

 

El buitre dejó de picotear el vientre agujereado de un equino cuando sintió su presencia. Este levantó el vuelo hacia la parte alta dónde se ubicaba el heno. Petronila alcanzó a captar el vuelo de la extraña criatura emplumada. Tomó un rastrillo de metal y subió las escaleras lentamente, asomó sus ojos por encima del gran tablón, empuño la herramienta y comenzó a clavar lo entre el heno, cuando iba a clavar lo por cuarta vez entre la paja seca, el buitre lanzó un fuerte graznido, extendió sus alas marrón, su plumaje se teñía de sangre al igual que su cabeza rapada, sus ojos saltones y amenazadores emitían un raro brillo. El ave se puso en modo de ataque, y se le fue encima a la abuela. Ésta perdió el equilibro por el susto y se vino abajo, al caer, su tobillo se torció, el brazo izquierdo se lo había fracturado. El pájaro la observaba como presa fácil mientras sobrevolaba cerca del techo. Petronila tirada en el suelo intentó arrastrarse con dificultad hasta la salida. Pero el buitre enterró  sus garras afiladas  en sus piernas desnudas; la anciana pegó un grito desgarrador. El ave desgarraba con su fuerte pico la piel de la mujer. La anciana se volteó boca arriba, el pájaro se subió hasta su pecho y le arrancó los ojos, mientras lo hacía, sacudía la cabeza de la anciana provocando un golpeteo sobre el piso de madera con su cráneo. Cuándo su nieta regresó de la escuela, corrió hacía el granero en busca del buitre, le llevaba una bolsa con ranas y serpientes disecadas que había robado del laboratorio de su escuela. Al entrar, ella soltó la bolsa de su mano, el buitre se encontraba devorando a su propia  abuela.

 

 Florencia aprovechó el descuido del buitre y se desplazó a una esquina del recinto y tomó una pala, la sujetó con todas sus fuerzas y con ella golpeó al ave, lanzando la un costado de la pared.  Logrando herirle una de sus alas evitando así que alzará el vuelo, el buitre no paraba de graznar con furia. --- Te has portado muy mal, cometí un grave error al traerte a esta granja, eres un ave maldita, pajarraco del demonio! Le dijo la adolescente con lágrimas en sus ojos. El buitre la miraba fijamente, era como si lograra entender cada una de las palabras articuladas por Florencia. Ella corrió a la casa y trajo una caja de cerillos y un tarro pequeño con combustible, el cual lo rocío sobre el cuerpo del ave. El pájaro le lanzaba picotazos a sus tenis blancos. Encendió el cerillo y se lo echó encima, este se prendió completamente, sacudía su ala sana para apaciguar las llamas pero el fuego lo consumió rápidamente. Al final la niña fue a parar a un orfanato, ya que su única familia era su abuela Petronila. La granja fue vendida a un ingenio azucarero, para cultivar la tierra con caña y en cuanto a los animales masacrados que habitaron en la granja, fueron depositados en una fosa en el medio del bosque

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