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5 min
El calvario
Reales |
29.09.15
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Sinopsis

Sobre los abusos que puede sufrir una persona con deficiencia mental.

El presente relato es el testimonio de una narración reseñada por una paciente del hospital psiquiátrico, quien estaba internada en el mismo período en el que yo me trataba en dicho centro de salud mental.

En ese instante estaba viviendo uno de los momentos más críticos de mi enfermedad. Salí de mi hogar con el ánimo de caminar sin dirección determinada por la ciudad. Recorrí lugares que jamás había visto en mi vida.  Observaba casas viejas, niños corriendo por pasajes angostos, jóvenes conversando en una esquina, algunos con una botella de licor en la mano, otros con un pitillo de marihuana, droga que emanaba un hedor pestilente semejante a estiércol de caballo. Los muchachos me observaron al pasar a su lado, tenían sus ojos desorbitados y realizaban comentarios en voz baja que para mí eran desentrañables, temí que me atacaran, tembló mi cuerpo completo.  Continué caminando, ya estaba comenzando a caer el manto obscuro de la noche. De pronto apareció una mujer, quien me cerró el paso.

      ¡Hola! dijo, yo te conozco, mi nombre es Laura, estuvimos en el hospital psiquiátrico y conversábamos de nuestra enfermedad cada vez que se daba la oportunidad. Tú me narraste que sufrías de esquizofrenia, me conversaste de tu familia, del daño que estaba provocando en ti esa enfermedad, del peligro de desintegración de tu hogar e incluso me describiste los medicamentos que estabas utilizando para controlarla. Yo también te reseñé mi situación de salud – las cuales eran similares – ante lo cual tú sólo escuchabas sin hacer comentarios. Incluso a mí me dieron de alta mientras tú quedaste hospitalizada por un tiempo más. Actualmente soy presidenta de Francia y estamos preparando al ejército de mi país para enfrentar el ataque de parte de los chinos. Vamos me dijo – te llevaré a mi casa.

      La verdad es que no la reconocía. Mientras ella me conversaba, yo la observaba detalladamente de pies a cabeza con el ánimo de descubrir algún indicio que hiciera que mi mente recordara si alguna vez había estado con ella en algún lugar. Pero no llegué a asemejarla con alguien conocido. Cuando me invitó a su casa sentí pavor, pues no sabía ante qué situación podría enfrentarme.

 

      Comenzamos a caminar, entramos por unos pasajes obscuros y tenebrosos hasta que de pronto manifestó: esta es mi morada. Su hogar era miserable, por techo tenía unos plásticos atados a las cuatro esquinas de la casa, la puerta estaba entreabierta. Hizo un ademán que yo interpreté como que la siguiera, entramos. Era una casa pequeña, desde la entrada pude ver que, sentados a una mesa, estaban su madre; padre y un hermano menor, de dieciséis años aproximadamente, de acuerdo a lo que Laura me manifestó en voz baja, casi imperceptible. Sus padres y hermano estaban sirviéndose su comida, que más que comida era un bodrio. Después de cada cucharada que se introducían en la boca, se deslizaba un hilo de líquido el cual les mojaba el mentón y la ropa lo que me producía náuseas y repugnancia. Cuando entré al comedor, su familia no hizo ningún gesto de saludo, pues no demostraron ninguna emoción. Buenas noches – les manifesté – por respuesta; silencio absoluto.

 

      Me senté a la mesa. En ese momento su hermano se levantó de ella rápidamente y con brusquedad a la vez. Se abalanzó sobre mí con el ánimo de embestirme. Aterrada, intenté defenderme, pero me relajé al ver que sus padres se levantaban rápidamente de la mesa con el fin de protegerme, pensaba yo en ese aterrador momento. Para mi sorpresa, entre los tres comenzaron a golpearme mientras Laura observaba indiferente la situación. Entre golpes caí al suelo mientras me defendía protegiendo mi rostro con ambas manos.

      Perdí la consciencia. Desperté, no sabía cuánto tiempo había pasado, comencé a observar al rededor, aún con la vista nublada, lo que indicaba que estaba volviendo en sí. Su familia me observaba de pie fijamente. Tenían su rostro demacrado y sus ojos entreabiertos quizá producto de los medicamentos utilizados para su enfermedad, bien por la enfermedad misma o por ambas razones. No los escuché pronunciar palabra. Intenté moverme, pero descubrí aterrada que estaba atada de pies y manos y lo que es peor; desnuda. Según lo que Laura me reseñó, con regocijo, es que me habían introducido un trozo de madera con un extremo agudo en mi vagina y, posteriormente, me habían violado entre los tres lo que me producía un fuerte dolor y sangrado.  Intenté desatar las amarras que me aprisionaban, pero fui fuertemente inmovilizada por ellos. Pedí ayuda a Laura, pero no contestaba, tampoco la vi.

      Cálmese dijo el doctor, mientras el médico trataba de inyectarme, me sujetaban una enfermera y un auxiliar de enfermería. Al fin, cuando lo lograron, percibía cómo el efecto del medicamento me producía un sopor, lo que me hizo perder la consciencia. Al despertar, comencé a observar a mi alrededor y lo que descubrí aterrada es que en la puerta de la sala se encontraba Laura con sus padres y hermano, de pie, vestidos de delantal blanco observándome con una mirada escrutadora.

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Soy Ingeniero en Administración y Programador de Computadores, egresado de la Universidad de Los Lagos, región de Los Rios, Valdivia, Chile. Me desempeño en el área de administración e informática en un centro de salud mental, casado, tres hijos. Me gusta la literatura y la matemática. Entre otras cosas también disfruto de mi familia, mis hijos, de la comida china, la lectura, el rock progresivo y jazz fusión y, como no, escribir relatos o pseudorelatos. Con la finalidad de distraerme interpreto la guitarra, la flauta traversa y el saxo. En síntesis soy una persona feliz y pletórico de salud gracias a Dios.

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