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4 min
El camino de las hormigas
Fantasía |
03.07.15
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Sinopsis

Escrito desde el celular porque se me rompió la compu, puede que haya algún que otro error porque es bastante molesto chequear desde acá, sepan disculpar. Saludos!

A pesar de la extraña relación que había entre Kira y yo, nos llevabamos bien por motivos que otros hubiesen juzgado de misantropía. El hecho es que no necesitábamos de charlas ni de entendimientos, las miradas bastaban para complementar nuestra comprensión que de forma espontánea completaban las caricias. Disfrutábamos de los momentos entre curiosidades y agonías que de una u otra manera siempre acababa en risas demostrando de cierta manera que entre nosotros no existía el tiempo. Kira era una mezcla entre lo delicado y lo bestial, entre el rencor y la inocencia que transparentaba en sus ojos verdes cuando me miraba para decirme algo que no entendía pero que sin embargo supe darme cuenta a lo largo del tiempo entre maullidos y ronrroneos.Nuestra relación era algo simbiótica, una cooperación mutua e inquebrantable, un compañerismo casi nato que comenzó en el mismo instante que lo encontré dentro del contenedor esa tarde cuando salí a tirar la basura.No podía evitar observarlo moviendo las patitas delanteras como queriendo amasar algo invisible sobre las baldosas de la cocina mientras tomaba algo de leche en la latita de cigarros que había improvisado como plato, en ese momento todavía le costaba ronrronear y tenía los pelos negros y blancos desparramados como las mañanas en que me levantaba luego de una larga noche de pesadillas.Minutos más tarde ya jugaba en el patio de casa al rayo del sol entre saltos y volteretas mientras yo lo miraba sentado bajo el limonero con un gajo de mandarina entre los dientes. Estaba totalmente hipnotizado cuando de pronto un grito que me pareció oir desde la calle me volvió a la realidad del césped y los jazmines, y no hubiese salido de la casa si no fuera porque seguido al alarido hubo un gran estruendo desesperado de voces que parecían escapar del mismo infierno.Cuando salí a la calle, la gente corría para todos lados como gallinas sin cabeza presas del terror. Un tipo de traje me chocó desde la espalda lo que casi me hizo caer, y su portafolios voló por los aires hasta caer cerca de una alcantarilla contra el cordón de la vereda. Me miró con ojos enormes y totalmente desorbitados, y sin siquiera pedirme disculpas corrió hacia su valija y desapareció entre la multitud revoltosa presionándo el sombrero con la mano sobre su cabeza. A pocos metros de mí, en la vereda de enfrente, corría una mujer en dirección contraria junto a su niña de la mano, la expresión en su cara aparentaba que en cualquier momento quebraba en llanto. La vi alejarse en pequeñas zancadas, la minifalda azul y sus zapatos taco alto le dificultaban el paso, tenía una camisa blanca un poco salida que mostraba algunas manchas de sangre cerca del hombro. En ese momento comenzé a sentir que el piso temblaba en pequeños intervalos seguidos de un fuerte ruido a concreto quebradizo, un par de personas se desparramaron sobre el asfalto en un grito unísono. Habría tomado del brazo a la mujer si hubiese sabido que segundos más tarde, al llegar a la esquina, una criatura gigante, casi indescriptible aparecería al doblar la esquina por entre los edificios. Cuando la mujer quizo dar la vuelta ya era demasiado tarde. Por un segundo creo que me miró con sus ojos negros llenos de miedo como preguntándome por qué, y empujó a su hija en un grito de -¡Corre!- mientras la garra de la criatura se hundía a través de la espalda y atravesaba su esbelta cintura en un sonido a carne desgarrada. Vi cómo el rostro de la mujer se fruncía de dolor al mismo tiempo que la niña gritaba su nombre. La sangre chorreaba desde la punta de la garra pasando por parte de los intestinos a la vista que se balanceaban como péndulos para luego caer como gotas espesas sobre el paso de cebra pintado en la calle. La criatura emitió un rugido que perforaba tímpanos y agitó su brazo como queriendo sacarse a la mujer de encima, lo que provocó que se le desgarre el cuerpo hasta el cuello y caiga sobre el camino desde donde observaban totalmente anonadadas las hormigas a mi gato.
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Escritor. Cuentista de relatos fantásticos, surrealistas, y alegóricos.

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