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25 min
El caradecaballo de la triste figura
Amor |
28.04.15
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Sinopsis

El care-caballo de la triste figura.

(Fragmento)

 

Hay situaciones en la vida que son impredecibles, sin saber cómo explicarlas.

Por estar ensimismados en nuestras preocupaciones cotidianas, ignoramos qué historia hay detrás del anónimo transeúnte, enfundado en su traje entero, corbata a la moda y aire circunspecto, quizá preocupado porque es alto funcionario del gobierno, está colgado en las cuotas de la hipoteca de su apartamento, las tarjetas de crédito y su suerte depende de que logre asignar a dedo un contrato de la entidad que gerencia, para que el beneficiado le consigne un porcentaje por debajo de la mesa. Tampoco nos detenemos a imaginar las situaciones alegres o desgarradoras, que hay en el imparable andar de los vendedores ambulantes, recorriendo calles pregonando sus ofertas, mientras son acosados por los encargados del espacio público;  o en lo que puede sucederle al policía de la moto, que patrulla en busca de algún delincuente o simplemente desplazándose a su casa despreocupado, sin saber que en la próxima esquina le espera un desagradable sorpresa; o en la historia de la bella estudiante universitaria, que contonea su cuerpo esbelto y bien puede venir de la casa de sus padres, donde es la juiciosa ‘niña de sus ojos’, o llegar a la gran ciudad desde un olvidado municipio, un barrio marginal o de clase media y acaba de atender en una cronometrada cita a un rico cliente, uno más de los que vía teléfono celular le hace jugosos pagos por sus favores sexuales, para financiar además de sus estudios, el apartamento, su rico ajuar y el sostenimiento de su familia y del novio pobre, que es su verdadero amor; o tampoco sabemos, qué edén o infierno, viven en sus hogares, lo que piensan y cómo pasan los días, los veteranos contertulios que despreocupados, mañanas y tardes, se sientan en las bancas del parque o se paran hablando durante horas de lo divino y lo humano, en medio de vivos ademanes y risas; o muy poco conocemos del reciclador que anda con su patrimonio en dos costales al hombro, acompañado del fiel chandoso que se encontró en la calle y que en su cambuche le calienta las los pies durante las noches lluviosas; o lo que motivó a ‘profesionalizarse’ en el consumo de toda clase de alcoholes, al borracho que duerme en una de las eras del parque; o al desesperado gamín arrimando frenéticamente sus narices a un frasco de pegante; y también ignoramos que el adolescente que todos los días veíamos ir en bicicleta al colegio desde su lejana vereda al colegio de la ciudad se convirtió en un gran deportista compitiendo y ganado etapas y títulos en las vueltas europeas.

Sí, cada vida es un mundo y nadie sabe lo de nadie, pues la procesión va por dentro y lo que vemos de las personas es su facha y por eso entre más viejo me he convencido de que es mejor no juzgar a las personas y menos de entrada y sólo por las apariencias. Esto me sucedió con, mi primo, casi contemporáneo, Antonio, quien siempre motivó mi curiosidad, por el vuelco dado a su vida, después que desde la niñez,- por su inteligencia precoz, curiosidad, fluida, rica expresión verbal, ávidas lecturas de periódicos y libros de la biblioteca de su padre, un médico amante de la literatura y la historia, y gracias a brillantes acciones en el estudio y el deporte, así como en la política de izquierda, organizando grupos de estudio  y acción revolucionaria-, se perfilaba entre sus compañeros de estudio y andanzas y contemporáneos que tanto lo admirábamos, como un líder de gran proyección.

Fue por casualidad que cuando lo veía como una vida desperdiciada, “un inútil, bueno pa’nada”, como decía su hermana, me deparó una sorpresa.

 

Estaba unos días de vacaciones en la casa de mis abuelos paternos, donde vivió Antonio y ahora habitada por su hermana Lucía, mi prima, y sus hijos.

De regreso al pueblo de mi infancia me dediqué a visitar los sitios que eran nuestro paraíso. Muchos árboles de mango y ornamentales habían crecido y el centenario samán del parque estaba más frondoso y su tronco más grueso, como para rodearlo con los brazos de quince hombres con sus manos unidas en círculo. El río ya no tenía sardinas, sabaletas, guabinos, ni roños que pescar. Las calles llenas de motos y autos, no permitían organizar los interminables partidos de fútbol de la infancia y los guayabales que recorrimos durante tantas mañanas y tardes, estaban llenos de casas y numerosas urbanizaciones en construcción.

De regreso a la casona, almorcé y me senté en una mecedora, mirando al corredor que daba al patio.

A pesar de que el sol y el calor ya no eran tan intensos como al mediodía, decidí quedarme en la casa para no alborotar el malestar que me dejaron en todo el cuerpo los tragos de la noche anterior.

Las calles deberían estar desiertas como sucedía durante los días festivos y los colores fosforescentes de las paredes del café de la esquina del parque principal, deberían estar alborotados con intensas reverberaciones a la luz del sol, que junto con la sed y el dolor de cabeza, harían ver a más de un ‘enguayabado’, un adelanto del viaje al infierno.

Salí de la sala y al pasar por el cuarto donde aún estaba la cama que ocupó Antonio, me acordé del viejo baúl que desde hace tiempo despertaba mi curiosidad. No había nadie cerca y mis anfitriones dormían la siesta. Tenía floja la chapa y lo abrí. De inmediato impregnó el ambiente un rancio olor a papel viejo, algo húmedo. Intrigado cogí el raído maletín de cuero que usaban los escolares de los años 60s y el cual, Antonio escudriñaba con frecuencia, como si fuera su más preciado tesoro.

Al abrirlo hallé recortes de periódicos, fotografías y varios escritos, unos a mano y otros copiados en la máquina portátil, la mayoría, amarillentos y apolillados. Había varias carpetas ordenadas. Escogí la primera y al desplegarla encontré numerosos cuadernillos cosidos con ganchos. Después de acomodarme en la cama empecé a leer, mientras en la calle, después del desfile de la fiesta patronal, explotaban los ‘cuetones’ y sonaban las notas de los ‘chupacobres’ de la banda municipal interpretando cumbias, porros y pasodobles. Era una carta escrita a mano con letra legible y tinta azul. Me senté sobre la alfombra  a leerla.

 

Bogotá, 10 de marzo de 1975.

 

“ Estimado Toño:

Te cuento que ya me estoy amañando en esta ciudad atraído por la novedad de sitios y ambientes variados y gente de todas partes que se encuentra uno en la universidad, parques, cines, bares y bailaderos. Después del guayabo inicial al dejarlos a ustedes, las calles y metederos del pueblo y las bailoteadas en “El Grillo” ya me estoy adaptando, pero no dejan de inquietarme los amores con mi negra, que es lo único que me mantiene azarado…La noté muy rara en las dos llamadas en que la encontré en la casa, pues en otros cuatro intentos la mamá de mala gana y la empleada del servicio me contestaron que había salido con unos amigos. No sé si ha vuelto a salir con el tumbalocas de Arturo, que desde hace tiempo anda detrás de ella y es el preferido de sus padres pues la familia es rica y metida a la politiquería. Te cuento que una pelada hermosa y simpática, de Barranquilla, me está coqueteando, pero aún extrañó a Lucía y te pido el favor que sin dar visaje me informes en que pasos anda, para saber a qué atenerme.

Con respecto a la política, te cuento que esto es un hervidero y hay dirigentes de todas partes del país y grupos de izquierda con una oratoria y preparación que me han dejado con la boca abierta. Se ve que esos manes leen mucho y escriben unos artículos y comunicados tenaces en el periódico estudiantil de la universidad…Por el contenido de los mensajes y las reuniones seguidas ya me la huelo que están preparando un gran paro nacional, pues la semana pasada hubo una asamblea del comité nacional de estudiantes universitarios, con delegados de las universidades de Antioquia, Industrial de Santander, del Valle, Cauca, Caldas, Tecnológica de Pereira, Cartagena y otras.

También te cuento que estoy en los equipos de futbol y baloncesto del semestre y ya me toca ir a entrenar con los de fútbol.

Después te escribo y no te olvides de averiguarme en qué anda la negra, para decidir qué hacer, porque esta traga maluca me está achantando y la costeña me tiene ganas.

Nos vemos”.      

 

Enseguida había otra carta. Era copia al carbón a máquina, fechada el 27 de marzo de 1975.

-“Estimado Tobías. Había demorado en responderte, porque vivo en un acelere tenaz. Me hiciste dar envidia de la buena cuando me cuentas sobre el ambiente y los temas de estudio que viven en la universidad Nacional. Creo que a pesar de haber sacado el puntaje suficiente me equivoqué al escoger la carrera, pues lo mío han sido las Letras y Sociales y este plan de estudio tiene muchas matemáticas y ciencias exactas que no han sido mi fuerte y lo obligan a uno a clavarse horas y horas a macear y llenar los vacíos que nos dejó nuestro escaso interés por estas materias y algunos de los profesores improvisados que tuvimos en química y otras áreas. Fuera de lo anterior debo sacarle tiempo a un trabajo de medio tiempo que me conseguí vendiendo libros y además asistir a las reuniones del grupo de estudio marxista leninista y del consejo estudiantil de la facultad. Intento sacudirme de tanto encierro trotando, haciéndole a veces al fútbol, beisbol, baloncesto y nadando; pero creo que este remedio es peor, porque si de vez en cuando voy al Cine Club, me quedo dormido, apenas apagan las luces, ya que termino el día exhausto y por la noche me pongo a cabecear, a los pocos minutos de abrir un libro para estudiar. 

En estos días, acá también se está calentando el ambiente y hemos hecho varios mítines en la facultad y participamos en una marcha conjunta con estudiantes de las facultades de las Ciencias de la Salud, Derecho, Ingenierías, Humanidades y colegios de bachillerato como el Liceo Humboldt, Industrial y Ulloa...Al final se armó una zambapalos con cierre de las calles principales y enfrentamiento a piedra con la policía que nos las devolvía y nos bombardeo con gases lacrimógenos que hicieron llorar a los que éramos del tropel y hasta a los pacientes del hospital y transeúntes que corrían cerca para salvarse de la gazapera y de que los agarraran a bolillazos antes de apresarlos.

Aquí, como cuando estábamos en el colegio, sucede lo mismo y la mayoría de estudiantes se hacen los locos a la hora de participar en la lucha organizada, pues a los primiparos sólo les gusta echar piedra…la mayoría sólo se interesan por el estudio, la vida pequeño burguesa de sus clubes sociales y fiestecitas zanahorias y de repeso me he encontrado con un poco de fanáticos protestantes de Alfa y Omega y hasta tenemos una pareja de compañeros puertorriqueños, que algunos de los jefes del movimiento estudiantil, dicen que son agentes de la CIA, aunque no se, si esta visión se debe a la paranoia predominante de ver infiltrados en todas partes.

En otro aspecto en que no he encontrado mayor diferencia con lo que vivimos en el bachillerato, es en el fanatismo y las encarnizadas peleas, primero ideológicas y en largos debates y después a puños, entre los dirigentes de los distintos grupos de izquierda. Allá sólo existían los ‘mamertos’ de la Juventud comunista. Acá además tenemos a los del Moir, a los troskistas y otros grupos socialistas afines a los elenos, y en las reuniones del Consejo estudiantil se trenzan en unas discusiones de horas citando a Marx, Engels, Mao, Lenín, Stalin, Trosky, Ho Chi Min, Enver Hoxha, etc, etc, que al final alejan al grueso de estudiantes y los dejan alegando entre los mismos de siempre y a veces hasta agarrados a puños y patadas, para al final, ante la sustracción de personal, -aburrido por las reuniones interminables entre los ‘vanguardistas’ que se postulan como poseedores de la ‘verdad revelada’ sobre la revolución y el marxismo, como sucede después de las peleas entre marido y mujer-, tener que ponerse de acuerdo entre los mismos siempre, para escribir y mimeografear chapolas, pintar paredes y convocar mítines y marchas por las calles de esta ciudad pequeña y camandulera, donde la Semana Santa, es lo máximo, tanto para los rezanderos que viven dándose golpes de pecho y echándose bendiciones a toda hora, como para quienes aspiran a alquilar habitaciones en sus casas y montar un negocito, así sea vendiendo maní, empanadas y tamales de pipián, o vendiendo ´reliquias sagradas’, ‘astillas de la cruz en la que crucificaron a Cristo’ imágenes de santos y ornamentos religiosos,- como se ve, en las películas, que hacen sobre Jerusalén y Roma-, para ganarse unos pesos con los turistas, ya que fuera de las procesiones, exposiciones de pintura y artesanías y conciertos de música clásica y folclórica, todo es comercio y se llenan los hoteles, casas de familia, restaurantes, almacenes, tabernas, bailaderos y los moteles no se dan abasto, -aprovechando los sardinos para volárseles a los padres- pues la Semana Santa equivale en importancia a las ferias de otros pueblos y ciudades…

Con respecto al encargo de averiguar sobre la negra Lucía, pues te cuento que después que te fuiste la vi como triste, pero con el paso de los días anda revoloteando con sus amigas y los chicos bien del pueblo, entre ellos Arturo,  paseando en sus carros y los fines de semana bailando en “El Grillo”. De ahí no sé más, ni tampoco me convertiré en sabueso. Es lo único que puedo decirte. Creo que es mejor que hables francamente con ella, para dejar las cosas claras y no andes en la incertidumbre de un amor de lejos que te va a joder en el estudio y tu estado de ánimo…   En fin viejo Tobi, estoy en un acelere tenaz, ya me desembarre de ilusionarme con la Catalina, pues se ennovio con Marcos y acá también me está gustando una caleña compañera de semestre, pero la veo difícil, porque viene de una familia tradicional de mucho ‘pedigri’ y sus amiguitos en los corrillos a la salida de clases, viven hablando de clubes sociales y pendejadas de ‘niños bien’…A veces me dan ganas de dejarlo todo botado e irme a recorrer el mundo, así sea como esos hippies que andan fabricando y vendiendo artesanías y viven al día, conociendo otros ambientes y culturas en medio del rebusque; pero lo difícil  es dejar abandonado el compromiso con la causa revolucionaria, quedarle mal a la familia y dejar de recorrer los mismos horarios y calles, como paso de semana santa, metido en la rutina diaria de los compromisos…en fin ya va ser hora de una reunión en el Consejo Estudiantil, para discutir si entramos o no, en Asamblea Permanente, protestando por cambios en el pensum académico que le restan espacio a las humanidades y contra dos profesores que son unas cuchillas y nos la tienen montada a los dirigentes del consejo estudiantil…Algún día te caigo en Bogotá, para sacudirme de la rutina de los compromisos, de las mismas calles y ambiente y para que conversemos largo y tendido…Nos vemos”-.

Cuando iba a  empezar a leer otro escrito, tres toques en la puerta me hicieron guardarlo para ir a abrir.

 

                                                        

 

Después de dormir una corta siesta me acordé del viejo maletín de Antonio y abrí el baúl, para ojear los numerosos escritos que despertaron mi curiosidad.

Me topé con otra breve carta dirigida a Tobías, pero con otro texto más largo pegado con ganchos y también era una copia a máquina, tal vez por la letra de medico con Parkinson que tenía Antonio.

La introducción decía así:

 -Estimado Tobi, esperando que estés bien y en ambiente más variado que el mío, te cuento que estoy mamado de leer los mismos textos panfletarios cargados de recetas ideológicas que escriben la mayoría de dirigentes de la izquierda…es como leer la Biblia y al final te convertís en un loro repitiendo citas de los ‘clásicos’, como si fueran los versículos que se sabe de memoria cualquier cura o pastor evangélico vomitándolos por donde anda para reclutar nuevos fieles y cotizantes del 10% de sus ganancias y bienes…no hay creatividad…no se aplica el marxismo a las condiciones concretas del país y se quiere copiar el programa y la política que impulsaron Lenin, Mao o Stalin en naciones y circunstancias históricas, socioeconómicas y políticas muy diferentes a las nuestras, como si fueran recetas validas para todos los lugares y épocas…Para superar este hastío he intentado escribir algunos cuentos o relatos, después de asistir a unas reuniones con un grupo de estudiantes de Derecho, Humanidades y otras facultades, que después de pasar por los grupos de izquierda se mamaron y le ha dado por volver a la literatura, el teatro, el cine y las artes plásticas. En el grupo que te cuento, las reuniones son bacanas, porque además de leer poemas y cuentos y presentar obras de teatro se toma aguardiente y guarapo en forma, se baila, con una hembritas locatas y al que le gusta la marihuana se traba sin problemas ni moralismos…animado por estos locos empecé a escribir unos relatos o cuentos… no sé cómo catalogarlos, buscando salirme del lenguaje panfletario y pobre de los comunicados y textos cargados de terminología marxista dogmática…Para dar el primer paso, empecé por convertir el informe sobre el paro Cívico en el que participamos y ayudamos a organizar en el grupo de estudio y trabajo revolucionario ‘Manuel Quintín Lamé’, cuando estábamos en quinto de bachillerato...¿Te acordás?. El coordinador del grupo me pidió por escrito una evaluación de experiencias sobre el paro y después de tanto pensarlo y con desgano, me anime a iniciarlo al estilo tradicional, con la pesada terminología marxista y me salió un ladrillo; pero después de asistir a varias sesiones de “La Rueda”, un grupo literario que han organizado estos amigos corridos y medio hippies, me nació la idea de convertir el famoso informe, en un relato. Resolví apartarme de la terminología marxista y volverlo un cuento como hacen los escritores, metiéndole anécdotas y personajes más humanos, recogiendo el lenguaje cotidiano.  Ahí te envío el primero, saliéndome de los esquemas y reglas del ‘estilo literario proletario’ y la ‘moral revolucionaria’ y ‘lucha contra la ideología pequeño-burguesa’, que vive pregonando el jefe del grupo de estudio y que ya me tiene hasta la coronilla... Después te mando otros cuentos para que me des tu opinión-.

El texto anexo empezaba así: 

 

 Y el pueblo se sacudió (1975)

Desde el cerro zumbaba el viento frío de la madrugada, que agitaba las ramas de los árboles y confundía sus sombras como fantasmas oscilando sobre el piso y los arbustos. 

Cada vez era más frecuente el quiquiriqui de los gallos y los ladridos de los perros.  A lo lejos se escuchaban las explosiones intermitentes de las tractomulas pujando por la carretera Panamericana, rumbo a Popayán.

 Con las manos en los bolsillos de la chaqueta, Roberto caminaba somnoliento, casi arrastrando los pies, despertándose al tropezar con las piedras del camino, mientras respondía con monosílabos a Javier.

 Aquella noche, trabajando junto a los vecinos del barrio Nariño, hicieron los preparativos finales, pero cinco horas después,  pensaba influido por la tensión de la espera, el cansancio de la vigilia y el frío, que revolvían en su mente ideas confusas. Horas antes se sintieron bien después del ajetreo. El vapor de la estufa de leña donde hervían el agua para el café y la sarta de cuentos ‘verdes’ y anécdotas del paisa Uldarico, el negro Anastasio y el pastuso Anacleto, los mantuvieron entretenidos y contentos, mientras preparaban los últimos detalles de la jornada que les esperaba al día siguiente.

Ahora, casi vencidos por el sueño, la mayoría se habían retirado a sus casas, después de abrir las zanjas por la carretera alterna a la Panamericana,  buscando bloquear el tráfico totalmente, al impedir que los vehículos esquivaran el trancón, metiéndose por el crucero de San Bernabé.

Al salir de la casa del negro Herminsú, caminaron por las calles desiertas, débilmente alumbradas por uno que otro bombillo de luz amarillenta y la luna plateada apareciendo a ratos entre las nubes.

Roberto, con sus 17 años, creía que ésta era su primera experiencia seria. Llevaba casi dos años, en reuniones con el grupo de estudio, en la organización del Consejo Estudiantil, de uno que otro paro corto en el colegio y en la redacción y diseño de las carteleras, para ‘dar línea’ cada ocho días.

La vez de la pequeña manifestación, no más de cien estudiantes recorrieron las principales calles del pueblo. Más eran los curiosos que salieron a asomarse en tropel, atraídos por la algarabía de las consignas. Los policías ni se inmutaron. Eran amigos y conocidos de casi todos y se limitaron a ver pasar a los imberbes manifestantes de los primeros años de secundaria.

Sin embargo la situación para mañana debería ser diferente. No sólo estaban avisados los estudiantes del colegio y los universitarios y técnicos, así como los que a diario viajaban a trabajar y no se aguantaban el alza en los pasajes de 3,5 a cinco pesos.

También los indígenas que protestaban por la persecución y asesinato de sus dirigentes reclamando las tierras que antes pertenecieron a sus resguardos y los habitantes de Quilichao que no aguantaban el pésimo servicio de acueducto y alcantarillado que prestaba Empocauca.

Varios vendedores ambulantes y desempleados estaban entusiasmados con el movimiento, pero a las cuatro de la mañana no se veía a nadie.

La inquietud de Roberto crecía al recordar que al principio, cuando hablaron de hacer el paro, se comprometieron bastantes, pero a las tres semanas las deserciones aumentaron, sobre todo, después de las largas reuniones dominadas por  alegatos ideológicos entre los activistas políticos de los diferentes núcleos de izquierda, tratando de orientar el naciente movimiento, “según el pensamiento y la línea revolucionaria correcta”.

Al terminar las reuniones de tres y más horas, al final permanecían los mismos cinco ó siete, acordando dividirse las tareas como: la redacción de comunicados y la impresión de las chapolas en mimeógrafo para repartirlas debajo de las puertas de las casas, casi siempre de noche; así como la elaboración de carteles y pasacalles y la ejecución de otras funciones relacionadas en las que se multiplicaban como ‘apóstoles de la revolución’, “que pronto esperamos ver triunfante”, tal como lo afirmaba el orientador del grupo de estudio.

Después de caminar casi dos kilómetros de sur a norte, Roberto, sentado en una piedra pensaba,   _Empezamos bastantes, pero la mayoría sólo trabaja por ratos… Vaya, vaya, siempre con disculpas. Qué tengo examen, me ve el patrón, o la mujer me espera y así cada cual sacándole el culo al compromiso…..Hasta los trabajadores y desempleados que más deberían meterla pues se supone que serán los más beneficiados por los cambios….¿Pero qué hacen?...: Nada, para ellos la vida sigue igual, rascándose la barriga, sentados en las puertas de sus casas y sin camisa, viendo jugar a los niños entre las aguas llenas de mierda y basuras, porque no hay alcantarillado, mientras ellos sintonizan los boleros y tangos de radio “Eco” y la salsa de radio “El Sol”….y se supone que la liberación se conquista y no se regala, y yo bien huevón, trasnochando con frío y más de dos años metido en esta vida monje de izquierda, alternando las clases del colegio con las reuniones a la salida y hasta tarde de la noche, para estudiar y hablando de Economía Política, Filosofía materialista, el ‘futuro paraíso comunista’, mientras mi vida presente parece un infierno…No volví a juntarme con la gallada del barrio y el colegio, dizque “porque son marihuaneros, borrachos y vagos con tendencias a lumpen pequeño burgueses”, y según la ‘moral revolucionaria’ que nos quiere infundir el director del grupo de estudio, que parece un cura antiguo, “un verdadero patriota nunca puede dar mal ejemplo y debe actuar como un ‘guardia rojo’, cuidándose de los vicios y de esas amistades y mujercitas ‘pequeño burgueses’, que quieren apartarnos del camino revolucionario correcto, línea Mao Tsé Tung, y buscan volvernos arribistas y amigos de los bailecitos y el lujo”, tal como lo predica a cada rato…….Que chimbada, como si la vida fuera sólo estudio, reuniones, economía política, filosofía. Y además, por más revolucionarios que queramos ser, estamos empezando a vivir, a enamorarnos, a bailar, a tomarnos unos traguitos y fumarnos unos baretos...De repeso nos hemos educado en un medio individualista, con familias monógamas egoístas e hipócritas, con tradiciones y costumbres importadas a arcabuzazos por los españoles…Y si uno empieza a hablarles a las amigas de política y filosofía y a criticarles su gusto por el maquillaje, la moda y las ‘papas’ que tienen en la cabeza, pues se aburren de uno…Ya la Marilyn me mandó al carajo.

-Pareces viejo chocho me dijo. No haces más que criticar todo, hablar de política y cosas hartas, pero de diversión y amor  ¡Nada! Como si  estuvieras velando muertos a toda hora y no quiero enterrarme con vos_, me dijo un sábado, antes de entrarse a bailar al “Boogaloo” y mandarme a la mierda…Qué chasco, y yo pensando que mis sacrificios por la revolución eran admirados por ella, como en las novelas de Máximo Gorki, o en las películas. ¡Qué va!...No son más que cuentos de hadas… A la semana ya andaba feliz con Andrés, el niño bonito del colegio, hijo del urbanizador pirata, que con escrituras falsas tumbó a más de una familia de pobres, pero tiene billete, carro y pinta de actor de televisión… No, que joda, la vida es tragicómica. Yo pensando en Marilyn mientras amanece y decidimos que hacer con el paro cívico que aprobamos, pero de boca, porque en las tareas, ¡Nada! De los veinte que habíamos en la casa de Herminsú, a las once de la noche, sólo quedamos diez y a las cuatro de la mañana, la mitad…Y sí viene la policía aprovechando la oscuridad, fácilmente se toman esto y nos dañan el bloqueo a la carretera…¿Qué vamos a hacer cinco pelagatos contra un pelotón de tombos, con máscaras, escudos, bolillos, gases y armas?….Apenas con piedras y de pronto le echamos mano a un garrote, con el riesgo de pasar a engrosar la lista de estudiantes, “caídos en la lucha”, para que en las manifestaciones griten, -¡Presente!-, al escuchar la mención de nuestro nombre agitado en una consigna…mucha huevonada…uno sólo como que es apreciado cuando se lo están comiendo los gusanos...que pendejada ___, agregó Roberto en voz alta.

_¿Qué te pasa?-, preguntó Javier.

_Pensaba

_¿Sobre qué?, insistió.

_ Situaciones comunes que nos pasan a quienes nos metemos en estos trotes…A veces uno se pregunta sí vale la pena seguir…..parece miedo o frustración, o ambas cosas y ahí es donde uno piensa en bajarse del bus_

__ Cuál bus_ inquirió Javier.

_ El del cambio. Pero tranquilo Javier, para la vida perra que nos tocó, en esta época, bien vale intentar salir del infierno. Ese es nuestro purgatorio_

_No le metas religión a la causa. ¡Tenemos que echar pa’ lante-, agregó-…

 

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Escribo por necesidad de expresar lo que no puedo hablar con mis conocidos y otras personas que nos limitan con su presencia y nuestros temores y prejuicios. El papel nos permite contar historias sin las limitaciones de tener alguien al frente. Me ha gustado leer desde la niñez y empecé a intentar con la narrativa a mediados de la década del 70 del siglo pasado.Soy columnista de algunos periódicos regionales en Locombia. Publiqué mi primer libro "Relatos en busca de Título" en 2011 .

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