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4 min
El castigo de Belladona
Fantasía |
24.05.15
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Sinopsis

Versión mejorada en el enlace

   La anciana rompió con un conjuro la cuerda que lo mantenía colgado boca abajo del árbol. - ¡Sálvala! - dijo la vieja ofreciéndole un caballo y una espada. Él se aventuró hacia el pueblo al trote más rápido que pudo.

    Las campanas daban aviso de que en la plaza comenzarían las ejecuciones. Era un día excepcional pues los ahorcamientos serían finalizados por un acto de lo más especial, quemarían a una mujer por bruja.

   El día anterior se celebró el juicio y se hizo público para que toda aquella bruja que se ocultara entre las buenas gentes supiera el escarmiento por realizar brujería. - Tú, Belladonna – apuntó amenazante con el dedo el juez - Por hechizar al Capitán del ejército para tenerlo a vuestra merced, este Tribunal os condena a trescientos latigazos; y por traer la peste a este santo reino y encantar con brebajes y pociones al hijo del Rey provocando en él un enamoramiento hacia vos tal que se vio obligado a quitarse la vida provocando un grave daño al Rey y a Dios; este Tribunal os condena a la pena de muerte siendo en este caso la hoguera para evitar que puedas volver a salir del infierno del que procedes -.

- ¡Piedad! – gritaba desconsolada –  El príncipe me amaba libremente pero yo jamás lo amé. ¡Soy inocente! Yo intento curar la peste, no la he provocado. Le ruego no me maten. Debo cuidar de mi madre, vive sola en el bosque - imploraba mientras la arrastraban a las mazmorras siendo objeto de abucheos, insultos y fuertes golpes con piedras.

    Esa misma noche, llevaron al Capitán al bosque para colgarlo y evitar así cualquier artimaña en un intento por salvarla. Los guardias, incapaces de matar a un compañero, le maniataron y le colgaron por los pies de un árbol esperando que, al morir ella,  desapareciera también el hechizo.

    El sol alcanzó el cénit en la plaza. Al lado de donde yacían los cuerpos ahorcados de pobres ladronzuelos y putas ejecutados momentos antes, estaba preparada la hoguera. Las gentes gritaban mientras subían y ataban a la bruja; “¡púdrete en el infierno!”, “¡puta!” y “¡bruja!” procedían hasta de las voces de los niños. El juez hizo un gesto de aprobación al Rey para iniciar la ejecución y éste, acomodado en un palco, dio la señal mostrando su satisfacción y entusiasmo por verla morir. El verdugo acercó la antorcha y las maderas entraron rápidamente en combustión. Ella permaneció inmóvil con sus ropas y cuerpo desechos por los abusos con el látigo y, en apariencia, resignada a su destino.

    El fuego comenzó a consumirla y el Capitán irrumpió en la plaza violentamente cabalgando entre la gente. Sobre él se abalanzaron los guardias e, invadido por la furia, acabó con todos, incluso con el verdugo.

           Atravesó las llamas para salvarla de aquel horror. Rompió las ataduras y, quemándose frente a ella, le alzó el rostro para comprobar si aún estaba con vida. Ella le acarició y las llamas que les consumían tornaron a un azul brillante haciéndose extremadamente frías.

- Te libero del hechizo, humano – susurró Belladona con una voz diferente y con un rostro de ira donde ramificaciones de la más absoluta oscuridad comenzaban a cubrirle desde las cuencas de los ojos. Lo empujó con tal fuerza que lo envió lejos de ella al otro lado de la plaza. El terror se apoderó de la gente que buscaba refugio desesperadamente. La bruja levitó dirigiéndose a los ahorcados y conjuró:
                            
"¡Putas y ladrones, despertad!
El tiempo de calma comenzó
y al mundo debéis liberar
Traed con vosotros las sombras
y acudid a este nuevo amanecer"

       De los cuerpos inertes de los ahorcados salieron sus almas buscando venganza. El cielo se ennegreció y, de todos los lugares del reino, comenzaron a emerger de la tierra las almas de todos los condenados injustamente. El Rey, después el juez y luego las gentes que habían propiciado con mentiras la muerte de inocentes, fueron torturados hasta morir.

     Y fue así como comenzó el castigo de Belladona por nuestra osadía de matar a inocentes y en el mundo, ahora en calma, desapareció la peste pero se cubrió para siempre de la más absoluta oscuridad.

 

http://cuentosnsk.blogspot.mx/2015/05/el-castigo-de-belladona.html

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