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3 min
El charco
Drama |
04.03.15
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Sinopsis

El otro día soñé con una rana.

Una rana verde. Eso es lo que le hizo saltar desde un octavo piso. Llevaba días hablando de ella, describiendo sus formas, su personalidad, la manera en la que su pata derecha se agitaba cuando hablaba de su charco favorito. No le hicimos caso. Siempre estaba bromeando con ese tipo de cosas, ahora era una rana, hace un año un unicornio rosa. Ya nos habíamos acostumbrado.

Que manera tiene la vida de sorprenderte, de demostrarte que estabas equivocado, que tus teorías se sostenían en vigas huecas. Para nosotros ese día fue hace un año. Nunca olvidaré lo último que nos dijo, "Voy a visitar su charco favorito"; la expresión de felicidad que tenia me dio envidia. Al cabo de unos segundos oí el grito y fui corriendo al balcón.

La imagen que vi apagó una luz en mi interior, una llama que había soportado todo tipo de oscuridades expiró por fin. Su cuerpo destrozado descansaba sobre un gran charco de sangre, mientras que el número de personas a su alrededor aumentaba más y más, como abejas a la miel, saboreando ese momento que todos sabían que les llegaría algún día.

No podía moverme. Y no me moví. Los gritos de abajo, y más tarde los de arriba, me llegaban a los oídos, pero mi cerebro los rechazaba. Noté que alguien me abrazaba, pero no sentí nada, era como la farola a la que se abraza un triste borracho en su momento más lamentable.

Días más tarde pude sentir. Le había dicho a mi familia que me iba a dar un paseo, pero en realidad había ido al cementerio. Delante de su tumba le pedí disculpas por no haber podido llorar en su funeral, por no haber creído en él y su rana. Entonces pasó. El, siempre tan animado y respondón, siempre con alguna broma para animarte, no dijo nada.

Nada.

Al principio no lloré. Grité. Era un grito interno, como si el propio cerebro gritará, cansado de callarse, cansado de fingir ante un corazón débil e inocente. Cuando vi que me costaba respirar supe que estaba teniendo un ataque de ansiedad. Pasaría media hora hasta que pudiese calmarme, pero haría falta una vida para que pudiese aceptarlo.

De vez en cuando sueño con un rana verde. El otro día me pareció ver su sombra en el balcón. Quizás un día me invite a su charco. Quizás un día vuelva a ver a mi hermano pequeño.

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Estudiante de Filosofia con aspiraciones literarias. Más relatos y pensamientos en mi blog: http://sinpalabras.ghost.io/

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