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3 min
El Chico Era Virgen
Amor |
09.01.13
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Sinopsis

Lo que escribo no lo viví yo. Me lo contó una amiga como un chisme y no me resistí para hacerlo cuento.

 

A  MI AMIGA JESSICA. 

 

El chico era virgen.

No me lo podía creer. En estos tiempos y a esa edad (casi los 17 años) aquel flacucho muchacho de ojos gitanos continuaba siendo virgen. Él no me lo dijo directamente, claro está, sin embargo  cuando lo lleve a mi cuarto sus manos temblorosas y su mirada de borrego desconsolado me demostraron sin lugar a dudas que tenía frente a mí al último hombre ingenuo del mundo.

-¿Eres virgen, Daniel? –pregunté.

Él no pudo ni siquiera mentir.

-Sí –dijo.

Yo lancé una carcajada frenética sin pensarlo dos veces y creo que debí lastimar su pobre y ya maltrecho orgullo masculino porque de inmediato se puso de pie con cara de furioso y dio unos pasos hacia la puerta. Yo lo detuve a tiempo y derroté su furia con dosis de besitos en el cuello al tiempo que lo llevaba de regreso a la cama.

-Quédate tranquilo –le dije de la forma más maliciosa que encontré-. De este cuarto no saldrás siendo virgen.

Puso una cara de asustado tan graciosa que por poco me rio de nuevo pero me contuve. Me quité la blusa para que observara mis senos (modestia aparte tengo unos senos fenomenales, no muy grandes pero perfectos, como los de las estatuas griegas). Daniel no pudo soportar la visión de mis pechos sin que algo en su anatomía comenzara a crecer… ¡Bien, ese era el plan!

No le doy tiempo ni de pensar. Le saco los pantalones con más urgencia de la que creía posible y me quedé un momento de respetuoso silencio contemplando su virilidad lista para el combate. Es soberbia. Ni muy grande ni muy pequeña, sino exacta para un buen trabajo.

Me subo sobre él con la ansiedad de una pantera hambrienta y en un solo movimiento acabo con la tierna ingenuidad del último hombre virgen del planeta. Me agito sobre él como convulsa mientras contemplo su rostro dominado por el placer y el dolor.

La explosión de él me decepciona un poco. Yo quería disfrutar un poco más, aunque supongo que para ser su primera vez el tipo ha actuado de forma honorable. Le doy un beso en la frente y me acuesto a su lado.

En sus ojos de gitano tierno brilla una perla líquida.

 

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