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4 min
El códice del ermitaño
Ciencia Ficción |
02.08.15
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Sinopsis

Un recuerdo de un pasado imperfecto

Implorar agua y cobijo en nombre de San Jerónimo y de la Beata María Egipciaca -patrona de las prostitutas devotas de la Iglesia Griega Renovada- bastaron para que el anciano le abriese el grueso tablón que hacía de puerta al muro de adobe que guardaba la entrada de la construcción, franqueándole la entrada a la que parecía la galería principal de una cueva cuya simetría revelaba haber sido tallada a golpe de cincel en la ladera pétrea de la montaña. Tallados parecían también una especie de banco estrecho, cubierto con un saco de arpillera - igual al que ceñía la flaca anatomía del ermitaño- y las hornacinas practicadas en su muro, una de las cuales mostraba una imagen plasmada en una placa policromada muy diferente a las que él había visto pintadas sobre tablas o pergaminos.

    Un jarro de agua fresca acompañaba el plato también de barro con dátiles que el viejo había colocado a sus pies. No hubiese podido pagar otra comida en ningún fonducho de cualquier otro poblado, pues los escasos dineros que portaba habían ido menguando desde que desembarcara en Gaza, hasta el punto de que la patrulla de Caballeros Templarios de San Jacques de Molay, que lo había interceptado hacía dos días, le había dejado marchar no sin antes haberle puesto un ojo morado por no haber podido él pagarles el peaje establecido para el tránsito por los caminos de la Tierra Sagrada. De cualquier forma eso era mejor que ser asaltado por una cuadrilla de fedaiyines de las montañas que ni siquiera respetaban en sus sanguinarios ataques a los que, como él, peregrinaban a visitar la tumba de Isa-Ben- Marián, clavado hacía ya muchos años en una tabla de madera y respetado también como hombre santo por los seguidores del Último Profeta, cuyo jefe espiritual les disputaba a los francorromanos desde Estambul el control sobre las ciudades santas.

     Su último recuerdo de la salida en barco de aquel puerto del Reino Vaticano, antes de la arribada de la nave al puerto de Gaza -ciudad abierta- era el de una mujer y dos hombres en la plaza del mercado amarrados a sendos postes en los que iban a ser quemados al culpárseles ser seguidores de un culto que abominaba de la Iglesia Apostólica Romana y de su rey papa, y que proclamaba la igualdad en la pobreza para toda la gente y el desprecio por las riquezas.

     Acabada su frugal cena de dátiles, el peregrino pidió permiso al amable ermitaño para curiosear entre los objetos que se alineaban en la especie de estanterías talladas igualmente en la roca. Un par de bobinas de un hilo hecho al parecer de un metal del color del cobre y una minúscula cajita negra plana y oblonga, bastante deteriorada -cuya cara frontal estaba cubierta por un  material translúcido y quebrado- aparecían al lado de un puñado de libros de cubiertas descoloridas cuyos caracteres, escritos en un alfabeto vagamente familiar, no parecían trazados manualmente con plumas de ave como los que él estaba acostumbrado a ver en los poquísimos libros que había ojeado en su vida.

    En un extremo de la estantería advirtió apilados un puñado de códices, de un papel más basto que el manoseado antes en los libros, que se plegaban en unas enormes hojas sueltas cubiertas de una escritura negra e irregular que él interpretó tratarse de  inglés antiguo. Tomó uno de ellos y vertiendo lentamente las palabras a su lengua grecolatina a medida que leía tradujo primero en letras grandes HABRÁ PAZ, para a continuación en caracteres más pequeños seguir leyendo:

   Breaking News. El acuerdo alcanzado entre el presidente de los Estados Unidos de Euroamérica, reunido ayer en Nova Leningrado con su homólogo,  el Secretario General del Partido Neomarxista de las Repúblicas Unidas de Eurasia, en cuanto al cese por parte del gobierno occidental de los bombardeos con missiles de largo alcance contra las ciudades controladas por el denominado Estado de la Tercera Yihad, ha logrado sus frutos, por cuanto...

    A partir de ese punto la hoja de papel del códice aparecía rota y el texto incompleto.     

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