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7 min
El coleccionista de besos
Fantasía |
21.02.13
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Sinopsis

Éste es mi primer cuento. Lo he dividido en dos partes para que sea más ameno. Mi abuela decía que las polillas traían noticias. Así que, cuando veía una, decía: -¡Mira, traen carta!- Claro que podían ser noticias buenas o malas.

Coleccionaba besos. Como hay gente que colecciona fotos de bebés.
Los bajaba de Internet y los tenía ordenados por fecha en una carpeta del ordenador.
De vez en cuando, en las épocas de frío, los veía e imaginaba que él daba esos besos. De esta forma llegaba a sentir amor, o lo más parecido al amor que se pueda sentir en soledad.
El chico toma la cara de la chica, la mira dulcemente a los ojos, luego baja la mirada y la posa en sus labios. Entonces se acerca lentamente y la besa.
Besos dulces e inocentes en la mejilla, besos apasionados de tornillo, besos de película de cine en blanco y negro a prueba de tortícolis y fotos famosas de besos como la del marinero y la enfermera de Times Square celebrando el fin de la Segunda Guerra Mundial.
No podía haber un momento mejor en la vida que un beso. Un beso dice me gustas, me atraes, tal vez quisiera hacer el amor contigo, te deseo. En el beso ponemos nuestro sentimiento, refleja nuestra forma de ser.
Nunca había besado a nadie, sólo en sus sueños, sólo en su imaginación, en los labios del protagonista que besa a su amada. Y lo deseaba enormemente.
A veces recordaba a esa niña que le había dado un beso furtivo en el colegio. Había sido una apuesta entre críos. -¿A que no te atreves a darle un beso al raro? -Dijo la niña más alta del grupo con un aire de superioridad a otra niña que aspiraba a formar parte de su grupo.- Pues claro que sí. -Dijo la aspirante. -Puedo hacer lo que quiera.
Había oído la conversación pero no se movió cuando una niña morena de coleta bailona y aire resuelto se acercó hasta él, se inclinó hasta donde él estaba sentado, le cogió de la cara y le plantó un beso en los labios. Después levantó la vista y le miró a los ojos. Entonces creyó ver por un instante un leve sentimiento de culpa que decía: -Siento utilizarte, pero así funciona el mundo.- Sin embargo, acto seguido, recuperó su compostura, se incorporó y fue corriendo mientras reía al grupo de las niñas.
Este ha sido mi primer beso, pensó él. Y no ha sido por amor.
Pero qué sabe de amor un niño de seis años.
Según crecía, se iba dando cuenta de que las cosas no eran como en los cuentos de príncipes y princesas que leía por las noches.
Su madre había guardado los viejos libros de cuentos clásicos de su niñez y, dado que su padre no valoraba la lectura, y jamás le había comprado ni un tebeo, eran unos de los pocos compañeros que tenía.
En ellos la vida era tan fácil. El malo acababa castigado, el valiente y noble ensalzado, y los amantes siempre terminaban juntos.
Pronto intuyó que la vida real era algo diferente.
Su padre trabajaba a turnos en una fábrica de tornillos y cuando no llegaba cansado y se iba directamente a dormir, dejaba escapar sus frustraciones tras haberse echado al coleto unos cuantos vinos en los bares del barrio y la emprendía a gritos con su madre por cualquier tontería. -¿Qué pasa? ¿No hay alubias para un hombre que trabaja? ¿Qué clase de comida es ésta? ¿Te crees que puedo comer esta basura? ¡Seguro que tú que no haces nada en casa puedes sobrevivir a base de ensaladas pero yo soy el que mantiene esta familia!
Invariablemente su madre se deshacía en llanto en el suelo de la cocina y el niño, perplejo por la discusión de sus padres, intentaba consolarla acariciándole el pelo. Casi lo veía como algo normal. En realidad era parte de la rutina familiar. Además sus padres eran adultos y se supone que los adultos saben lo que hacen, ¿no?
Un día que volvía del colegio, su padre estaba en casa más pronto de la hora y la cara de su madre reflejaba los estragos de una discusión reciente. Ella le recibió con una dulce sonrisa como de costumbre y le preparó la merienda. Mientras comía el bocadillo de paté, ella le dijo: -Mi niño, papá  ha perdido el trabajo. A partir de ahora tendrás que ser muy responsable y estudiar mucho pues no se hasta cuándo vamos a poder pagarte los estudios. De momento, el estado paga el colegio pero, más adelante empezarán a cobrar y tendrás que sacar muy buenas notas para que te salga gratis, o más barato. ¿Lo entiendes, mi vida? Tienes que estudiar para salir de esta casa cuando antes. Es el único modo.
Y así lo hizo. Durante esos años no se dedicó a otra cosa que a estudiar como un poseso. Y logró ser el mejor de su clase, aunque  a costa de otros sacrificios. Mientras los otros chavales comenzaban sus escarceos con el sexo opuesto, él sólo tenía como objetivo conseguir la beca de ese año para pagarse los estudios.
En su casa, tal como su madre había presentido, su padre no había conseguido otro trabajo y la familia cobraba la ayuda de reinserción social. Ahora, ya en su adolescencia, era más consciente de la precaria situación familiar y se esforzaba con más ahínco si cabe en su propósito.
Pasó el tiempo y consiguió un título en Ingeniería. Rápidamente encontró empleo en una multinacional. Su madre le miró con una mezcla de orgullo y tristeza el día que dijo que se iba de casa. –Lo has conseguido, hijo mío- Ahora se feliz y nunca mires atrás.
Le dio mucha pena abandonar a su madre en esa situación, mas, un mes después, su padre se mató en un accidente de coche mientras venía  borracho de hacer una chapuza en casa de un amigo, y la mujer  pasó a cobrar la pensión de viudedad.
Una noche de crudo invierno en que el frío helaba hasta las ideas, se encontraba en el salón de su casa con sus calcetines de lana y su mando a distancia, cuando notó un leve vacío en su interior que no había sentido antes. Es cuando se dio cuenta de que se sentía solo.
Pero, ¿cómo iba a encontrar él a alguien que le amase de verdad? No tenía ninguna experiencia. ¿Existía el amor de verdad o sólo podía suceder en los cuentos que había leído de niño? Lo único que había visto a su alrededor eran historias de fracasos.
Tantas vueltas le dio a la idea que se despertó a la mañana siguiente en el sofá.
Pasó la jornada de trabajo y llegó a su casa. Se metió en el ordenador y empezó a ver los besos que tenía guardados mientras soñaba que era feliz junto a la modelo/ cantante/ actriz que aparecía en la foto.
Navegando por la Web dio a parar con una de esas páginas de hechizos que circulan por el ciberespacio con recetas mágicas para los diversos males del ser humano. Estuvo haciendo clic por ahí y por allá hasta que dio con una que le llamó la atención.
Quedó tan absorbido por la lectura que no se dio cuenta que estaba leyendo en voz alta cuando pronunció las palabras: “…que el amor verdadero me encuentre en esta vida…”
En ese momento sintió que su peso se aligeraba y que la habitación se hacía más y más grande, notó un ligero zumbido que salía de su espalda. Se dirigió como pudo al espejo más cercano y vio… vio… ¡una polilla!

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  • Aún no he leído la continuación pero no me puedo resistir a comentar esta parte individualmente. "Coleccionaba besos. Como hay gente que colecciona fotos de bebés." Acostumbrado a tus poemas, leo este comienzo y he pensado en la poesía. Me ocurre lo mismo con otras frases a lo largo del poema. Me gusta el tipo de narrador empleado, pues hace la lectura ligera pero te va adentrando lentamente en el personaje, aún en los episodios más oscuros. Este final -por ahora- tan mágico se me hace inesperado pero encaja bien en el relato, aunque en otros relatos quizá tengas que preparar más este elemento para que no chirríe. ¡Una polilla! Preciosa sinopsis la del relato, por cierto.
    La soledad en su corazon lo convirtio en polillaaa...para VOLARRR!!...
    Tercer relato que leo hoy con la polilla como protagonista. ¿Será esto azar? ¿Una conjunción planetaria? ¿Un trabajo del mismo profesor? Los enfoques no son los mismos, cierto, pero Venerdi y ErotikaLectura trayeron a las polillas a sus relatos. Que curiosa coincidencia.
  • Esta es una historia de mi realidad actual. No se cómo categorizarla porque, como la vida misma, tiene un poco de amor, humor y drama. Espero que os resulta entretenida.

    Cuando la realidad es demasiado dura, lo mejor es inventar una nueva.

    A veces, la felicidad se encuentra en los lazos que nos unen, que no en las ataduras.

    Este poema surgió tras ver una obra de arte que consistía en letras blancas de papel desperdigadas por el suelo en un parque. El artista me perdone por destripar su obra pero no recuerdo su nombre. Dedicado a Venerdi, escritor escultor, de mi parte de pintora poeta.

    Como dijo Nietzsche "lo que no te mata te hace más fuerte".

    El vacío pasa de ser una cómoda insensibilidad a helar el corazón y dejarlo entumecido.

    Existe un momento en que ya no hay cabida para el amor y lo mejor es reconocer la derrota y retirarse "dignamente".

    Sigo con la serie de sonetos. Esta es la historia de un adiós.

    "...que soy amor, que soy naturaleza! F.G. Lorca

    Inspirado en los versos ¡Si me llamaras, sí; si me llamaras! de "La voz a tí debida" de Pedro Salinas.

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