cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

17 min
El colmillo de Leviatán
Fantasía |
23.02.15
  • 5
  • 0
  • 606
Sinopsis

¿Que tan fuerte es el lazo que te puede unir hacia alguien mas? y mas importante aun.¿cual sera el precio a pagar? en especial cuando es un ser completamente diferente a ti.

 

Aun no logro acostumbrarme a esto, la cabeza me da vueltas y apenas logro mantener los ojos abiertos. Observo cómo mis dedos responden torpemente a mi intento por moverlos, estoy segura que deben estar helados. No creo poder mantenerme despierta por mucho tiempo, mi cuerpo se siente increíblemente pesado y el dolor en mi cuello se ha tornado en una sensación cálida. Lo único que evita que me rinda y caiga dormida; mi deseo por ver su rostro antes de hacerlo.

Una sonrisa roja aparece entre las sombras; esos labios color bermellón. No importa lo fuerte que sea el dolor o qué tan débil que me encuentre, jamás podre confundir el color de esos labios.

Observo su fina silueta envuelta en una capa negra; la tela cae sobre los hombros, deja al descubierto su cuello, se estrecha ligeramente contra el pecho y las correas marcan su cintura y sus brazos. Por el gorro de la capa se escapan algunos mechones de cabello color negro, pequeñas cuentas lo separan en ellos y algunos terminan en una pluma negra con pequeños detalles en blanco y plateado. A pesar de que la tela cubre hasta su nariz, sé lo que hay atrás de ella, una nariz fina y unos ojos plateados cubiertos por largas y oscuras pestañas.

—Descansa Catheline, te lo mereces por ser una niña tan buena— su voz rompe el silencio en la habitación.

—Gracias, siempre me alegra serte útil.

—Lo eres— acaricia mi cabello mientras habla, acomoda un mechón largo y ondulado, alejándolo de mi rostro—. Siempre cumples con lo que te he encargado.

Rodea mi cuerpo con su brazo derecho y siento cómo el frío pasa a través de mi ropa, siempre está cubierto por esa extraña armadura de acero. Unas uñas largas y afiladas cubren la punta de sus dedos, las piezas se articulan para tomar la forma de ellos y envuelven su piel hasta llegar al borde del antebrazo; todas ellas ornamentadas con sumo detalle y algunas con piedras rojas incrustadas en el metal. Aunque debe ser increíblemente pesado siempre se mueve con gracia y delicadeza, al igual que el resto de su cuerpo.

Baja su mano lentamente hasta llegar a mi cuello y con su dedo índice aún manchado por mi sangre rodea la herida que abrió con él.

Siempre hace esto cada mes, no entiendo porque necesita mi sangre pero, no me molesta en lo absoluto, la hoja de acero al final de su dedo corta de forma limpia y rápida, realmente no duele mucho.

—ha parado de sangrar pero no deberías hacer ningún esfuerzo, la herida tardará un poco más en cerrar completamente.

—Estoy consciente de ello, hemos hecho esto por mucho tiempo, en un par de días estaré bien— Retiro lentamente su mano y la sujeto entrelazando mis dedos con los suyos, teniendo cuidado de no cortarme con el filo de sus uñas.

—Lo sé, me has sido muy útil, mi pequeña.

Su mano regresa hacia mi rostro y se inclina para plantarme un beso en la frente, sus labios bajan y se rozan con los míos, puedo sentir el calor de su rostro y su respiración, me aparto ligeramente para poder regresarle el beso antes de perder el aliento.

Miria me besa nuevamente en la frente y en cuanto se aparta puedo ver su sonrisa otra vez.

—Duerme, estoy segura que está agotada— Ella descubre su cabeza,  sus hermosos ojos plateados se encuentran con los míos y le devuelvo la sonrisa.

—Me gustaría verte un poco más.

—Podrás hacerlo cuando despiertes, ahora necesitas descansar.

Me pierdo en sus ojos, y poco a poco mi visión se entrecorta siendo lo último que veo, sus brazos me rodean y mi cabeza queda recargada sobre su hombro. Cierro los ojos y escucho los latidos de su corazón. Puedo estar tranquila sabiendo que ella cuidará de mí, que hoy pasaré la noche a su lado y que será ella lo primero que vea al despertar.

Su imagen se funde con la oscuridad que nos rodea, mi "todo" se funde con la oscuridad que lo rodea

Cuando despierto la sensación cálida en mi cuello ha desaparecido casi por completo. Estoy acostada junto a Miria, su mano izquierda cae sobre mi cintura y mi cabeza descansa sobre su brazo derecho. Aprovecho para verla mientras duerme, pocas veces tengo esa oportunidad. Se ha quitado la capa, ahora puedo observar su perfecta cabellera negra, sus finos hombros y su esbelta cintura.

El vestido negro de un solo hombro se ajusta a la perfección contra su piel, tiene el pecho y la cintura cubiertos con acero, parece pesado, es como si fuese hecho para resistir cualquier cosa y no para ser hermoso sin embargo; los detalles en la tela, en las piezas de metal, su capa negra y la armadura de su mano derecha en cierta forma lo son. Es perfecto para  alguien como ella, para un ser que nació de la pluma de un ángel caído.

Me siento sobre mis piernas y comienzo a desatar los cordones del corpiño, lo aflojo lo suficiente para poder descansar  y me quito el suéter dejando que se deslice por mis brazos. Continuo con mis zapatos, desabrocho con cuidado las correas de los tobillos,  tiro de la cinta que se encuentra metida entre mi dedo índice y el pulgar y cada uno sale rozando ligeramente la piel de mi empeine. Coloco ambos zapatos a mi espalda y cubro sus piernas con  mi suéter teniendo cuidado de no despertarla, acomodo mi larga falda con las manos y me recuesto de nuevo a su lado.

Muevo mi brazo hasta llegar al suyo, recorro lentamente los símbolos y las escrituras con la punta de mis dedos, poniendo atención a todos y cada uno de los detalles grabados en el acero, aunque no comprendo lo que dicen.

A decir verdad tampoco  logro comprender el porque esta ella aquí, lo que es y mucho menos la forma en que me relaciono con ella pero, es algo tarde para preguntármelo, muy tarde. Prometí ayudarla y eso es lo que he estado haciendo en estos últimos meses. Ahora estoy con ella, supongo que es lo que realmente importa.

 

 

 

Todo este tiempo ella ha sido como una hermana para mí, cuando no tenía nadie quien me escuchara ella lo hacía, me levantaba y envolvía con sus brazos cuando me sentía triste. Siempre podía contar con ella sin importar lo que pasara. Incluso cuando enfermó mi madre, ella fue la única que realmente me dio su apoyo.

Cada día, en cuanto terminaba de ayudar a mi madre con los cultivos de las flores, me dirigía de inmediato a esta cabaña para verla, siempre estaba esperándome en el mismo lugar; sentada sobre la banca de madera que ambas hicimos con un tronco de roble.

Realmente llevamos haciendo esto por mucho tiempo…”

El día que todo esto comenzó, me reuní con ella en el lugar donde nos conocimos; en el enorme árbol que estaba a unos metros de la cabaña. Podía sentir el aire helado inundar mis pulmones y recorrer mi piel, envenenando mi cuerpo lentamente. Antes de ir con ella entre en la cabaña para sacar una capa, la cual a pesar de no cubrir los dedos de mis manos y mucho menos mis pies, era mucho mejor que ir solo con la ropa que tenía.

Salí por la puerta trasera y recorrí el sendero hacia el lugar que acordamos. Miria estaba esperándome, sentada en la base del árbol con su mirada fija en el cielo, al verme se levantó y me saludo mientras caminaba en mi dirección. Ese fue el primer día frío que pase junto a ella ya que el invierno recién comenzaba… fue extraño ver que usaba la misma ropa de siempre.

Sé que su capa era más gruesa que la mía; pude usarla en un par de ocasiones, ella decía que no le molestaba. Pero no era suficiente, no entendía cómo podía estar ahí como si nada, la ropa que tenía abajo era mucho más ligera que la mía, su vestido era muy delgado y corto, las piezas de la armadura deberían hacer que sintiera aún más frío y había estado esperando por un tiempo. En cuanto tomó mi mano quede sorprendida, se sentía tibia como siempre.
Caminamos por un par de horas, su mirada recorría el bosque meticulosamente. No tenía idea de qué estábamos buscando pero parecía ser importante. Voltee a verla mientras intentaba encontrar algo inusual, sus ojos brillaban mucho más de lo normal y sus movimientos… me recordaron al gato que tenemos en casa; siempre intenta atrapar cualquier ave que se posa sobre el jardín.

“En realidad tenía mucho sentido.”

El silencio en el bosque era casi absoluto, a veces había un par de ruidos pero, aún así podía escuchar nuestras pisadas sin ningún problema. Nunca antes había estado en el bosque durante el invierno, la neblina no dejaba ver nada después de cien metros, quizá un poco menos. Sin embargo eso no era un problema, ambas conocíamos bien el bosque, solo necesitaba saber en dónde estaba pisando para no tropezar con algo.

Miria se detuvo repentinamente y volteo a verme.

—Quiero mostrarte algo, solo necesito que cierres los ojos por un segundo— dijo mientras tomaba con ambas manos la mía.

Lo hice, supongo que lo normal sería preguntar ¿Por qué? pero no era necesario, confiaba demasiado en ella.

Algo toco mis labios y de inmediato abrí los ojos. Su rostro estaba pegado al mío, al igual que sus labios, una sensación cálida recorrió mi cuerpo y la sangre comenzó a tornar rosa el color de mis mejillas. Sentí un dolor punzante en el pecho y de repente mi vista se tornó borrosa, solo tardó un poco en volver a la normalidad; ese había sido mi primer beso.

Al apartarse sonrió y acarició mis nudillos con el pulgar, no pude evitar devolverle la sonrisa.

—Pareces algo sorprendida— la expresión en su rostro era amable como siempre.

—Es solo que ese fue mi primer beso— observé el suelo apenada.

—Lo sé, de lo contrario no tendría ningún efecto— soltó mis manos— ahora deberías verlos.

— ¿A quiénes?— pregunte confundida por sus palabras.

—Sígueme— Se dirigió hacia un enorme tronco y subió a él, me tendió su mano para ayudarme a subir.

Levanto el brazo y señalo la rama de un árbol, en esta había un ave de color negro; no era muy grande, su pico era ligeramente corto y se podan notar algunas plumas blancas y plateadas en sus alas, al igual que en su pecho. Era bastante linda.

Solté la mano de Miria e intente acercarme. Por accidente rompí una rama al dar un paso, el ave volteó en nuestra dirección y de inmediato se alejó. Por un segundo logré ver el maravilloso patrón de sus alas, el contraste en los colores de sus alas era perfecto, no pensé que un ave como esa existiera.

—Jamás había visto una igual— dije mientras la observaba alejarse.

—Eso es porque no podías verlas— me miró fijamente a los ojos antes de continuar— las personas normales no pueden hacerlo.

— ¿Por qué no?

—Tú sabes lo que soy, ya deberías estar consciente de que eso está más allá del entendimiento de otros humanos­, no puedes ver algo cuando ni siquiera puedes imaginar que existe. Si puedes verlas ahora, es solo porque yo te lo permití— llevó su mano a mi rostro, rozando mi labio con el dedo índice—. ahora, necesito que me ayudes con algo.

Su tono de voz se volvió frío.

—Lo haré, pero… ¿qué es lo que quieres que haga?— respondí con voz temblorosa.

—Cada que veas una de esas aves— la expresión de su rostro cambio, el brillo de sus ojos desapareció al igual que cualquier emoción en él—  quiero que los mates para traerme sus alas, solo sus alas.

 

 

 

—  ¿Qué es lo que piensas? —dice mirándome con expresión seria.

Me sorprendo al escucharla, no sé si estuve soñando despierta durante mucho tiempo, espero que no sea así. Normalmente no pensaría dos veces que debo responder. Debo hacerlo. Después de todo tengo una pregunta que quiero hacerle desde hace mucho tiempo.

—Solo, estaba recordando el día en que me pediste… ese favor —de inmediato aparto la vista de su rostro.

— ¿porque de repente piensas en eso? —Se sienta, levantando su cuerpo con ayuda de su mano derecha—. Pensé que ya estabas acostumbrada.

Cada que tengo que hacerlo debo cerrar los ojos, y en cuanto termino no puedo evitar romper a llorar, creo que nunca podría acostumbrarme, el último trino se deforma hasta formar un graznido; siempre está lleno de dolor, la sensación de la sangre deslizándose por mis dedos y el olor de la misma. Realmente no recuerdo cuantas alas mutiladas han estado en mis manos, cada vez es más difícil.

“¿Cómo podría acostumbrarme a algo tan horrible?”

—No, aun no logro hacerlo— Inclino la cabeza, no quiero volver a ver el brillo abandonar sus ojos—. ¿Por qué necesitas que lo haga? Sé que nunca me opuse a ayudarte pero ahora… solo puedo hacerlo porque quiero serte útil.

—Así que es eso, es normal que eventualmente te preguntes cosas como esa, sin embargo creo que será mejor que no esperes una respuesta.

—Me gustaría tenerla, por favor —respondo tímidamente.

Voltea y su mirada se pierde en la ventana… lo que me temía.

—Puedo hacerlo, estoy segura que no es la respuesta que tu esperas.

—Solo hazlo, prometo que seguiré cumpliendo con tu encargo, confía en mí

—Descuida, no tendrás que hacerlo. —su voz se vuelve fría de nuevo.

No sé cómo debería sentirme; aterrada, confundida. No sé qué peso tengan sus palabras

— ¿Por qué? Lo siento, yo…  no era mi intención hacerte enfadar.

Miria se levanta y me da su mano para ayudarme a hacerlo también, observo sus ojos, solo quiero que recuperen el brillo, todo esto es mi culpa. Ella no dice nada, solo se limita a observarme. Después de unos minutos lleva su mano a mi cuello y siento su tacto sobre las cicatrices, es raro cuando las toca con su otra mano pero; es agradable sentir sus dedos recorrer mi piel.

La comisura de sus labios se abre ligeramente.

—Siempre has sido muy obediente, nunca me has defraudado y te has entregado incondicionalmente a mí. Puedo responder a tu pregunta, solo… debes prometer que una vez que responda, no importa si no estás feliz con ello, no volverás a preguntar. ¿De acuerdo?

—esta bien, prometo no hacerlo

—Bien —tarda unos segundos antes de hablar de nuevo—. Aquellas aves que nacieron sin poder volar, deben reclamar su derecho a hacerlo. Solo quiero lo que me corresponde.

Se coloca la capa, y tapa sus ojos de nuevo. La observo sacar un pequeño saco de lona de ella; está amarrado con una tira de cuero, supongo que es la correa del mismo. Se acerca a mí y me lo entrega con cuidado.

— ¿Qué es? —pregunto mientras observo el saco entre mis manos

—Un obsequio, cuídalo bien hasta la próxima vez que nos veamos—escucho el suelo quejarse con cada con cada paso que da, acercándose cada vez más a la puerta.

— ¿Por qué lo dices? Te veré mañana ¿no es así?

La puerta se cierra y ahora solo quedo yo en la habitación, sola, otra vez.

 

 

 

La lluvia es cada vez más débil, pronto se detendrá y solo quedará el olor a  madera y tierra húmeda. A pesar de que es temprano las calles están vacías. Supongo que debería irme a casa también, he estado caminando por mucho tiempo; desde que ella se fue, deambular por las calles en cuanto termino de trabajar es lo único que hago, no me gusta regresar a casa ahora que está completamente sola.

Faltan solo unos metros para llegar a la salida de la plaza, usare la ruta  más larga para tomar el sendero hacia la cabaña, supongo que pasare la noche ahí. Mientas camino observo la pluma del collar, el que me regaló justo antes de irse. La pluma es grande y está sujeta al cordón por un broche de oro, es completamente negra salvo por el filo que es de color dorado, la cadena es delgada y relativamente larga, aún así no parece que se pueda romper con facilidad.

Hace más de 5 meses que no he vuelto a ver otra ave en el bosque, el mismo tiempo que ha pasado desde que se fue.

El mirar la pluma me hizo distraerme por bastante tiempo, no pude notar la presencia de la persona que  venía en dirección contraria, no hasta que paso justo al lado mío. Tenía la cara cubierta por el gorro de la capa, una larga capa negra…

— ¡Miria!

Corro hacia ella pero, mi cuerpo se detiene  y caigo de rodillas, por más que lo intento no puedo moverme. Siento como las lágrimas comienzan a correr por mis mejillas. Duele, muchísimo.

—No pensé que tardarías tanto en notar que era yo. Ha pasado mucho tiempo ¿me extrañaste? —observo atenta mientras ella se quita el gorro de la capa,

Extrañaba demasiado ver su rosto

—Si… —mi voz se quiebra. El dolor aumenta, sin embargo estoy segura que no es por eso, ahora mismo me he quedado sin palabras. Me alegra poder verla de nuevo.

— ¿Te duele?

—Sí, un poco... ¿Qué está pasando? —ahogo un grito en cuanto termino de hablar.

—Es solo tu recompensa. Por haberme ayudado todo este tiempo.

Se acerca poco a poco y cuando está justo frente a mí se arrodilla, ahora estamos a la misma altura. Rodea mi cuello con sus brazos, y me atrae hacia ella, mi cabeza queda recargada en su pecho y ella acaricia mi cabello con su mano.

—Tranquila, terminará pronto —me da un beso antes de levantarse nuevamente.

El dolor empeora a cada segundo, desearía poder hablar, pero ahora mismo soy incapaz de hacerlo.

En cuanto se levanta observo la armadura de su brazo. El fulgor de las gemas rojas es abazador, jamás lo había visto así.

— ¿Es hermoso verdad? —Dice mientras recorre con su dedo cada una de las gemas —El colmillo de leviatán.

No puedo resistir más, caigo al piso, apenas puedo soportar mi cuerpo sobre mis codos y mis uñas se entierran en el barro. Siento cómo cada fibra de mi cuerpo arde, mis músculos se tensan y aprieto los dientes cada vez más fuerte.

 La observo alejarse lentamente, mientras el viento hace cobrar vida a la tela de su capa. Desaparece completamente después de unos segundos.

Mis  lágrimas caen al suelo,  y el sonido se pierde entre la lluvia, observo mi reflejo en un charco de agua. Mi vista es demasiado débil, solo logro distinguir algo. Un destello color rojo… un par de labios color bermellón.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 2
  • 4.5
  • -

Sólo un chico de 17 años con una portátil.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta