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4 min
"El coraje es un tipo de salvación".
Suspense |
25.11.14
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Sinopsis

Era un lugar "manchado de oscuridad pura", o simplemente oscuridad. Dante lo llamaría infierno, ella no lo llamaba. [...]

Era un lugar "manchado de oscuridad pura", o simplemente oscuridad. Dante lo llamaría infierno, ella no lo llamaba. Se encontraba en mitad de la nada, o no. Las dudas horadaban su cabeza dejando un vacío que la atravesaba, pero no se veía, no se podía ver. Su corazón se aceleraba, se frenaba, todo, nada. El silencio estaba tan sumamente callado que ella no quiso ni desjuntar sus labios un segundo, prefería seguir estudiando el ritmo de sus palpitaciones. ¿El tiempo pasaba rápido? ¿Pasaba Lento? ¿No pasaba? Su pensamiento era un artefacto, cuando no mucho tiempo atrás lo consideraba sobresaliente, brillante. Como ella. Pero hay algo que todo el mundo sabe, el raciocinio no es apto en la nada. Allí todos están, pues, al mismo nivel.


Musitó, ahora si había reunido el valor. Nada, más nada. Al menos podía hablar consigo misma. Aumentó progresivamente el tono con el que expulsaba sus vocablos y, también la extensión de sus enunciados. Acabó hablando sola. ¿Estaba loca? ¿O realmente la oscuridad era el infierno? Quién sabe, tanto una cosa como la otra acaban destrozándote del mismo modo. 


Fuera como fuese, no se demoró demasiado en percatarse de algo, sus palabras estaban siendo respondidas. Sentía un aliento, lo apreciaba corretear por sus mejillas, acariciar su frente, su tez. Condenó de mil formas a la voz que a ella se dirigía, hasta darse cuenta de que era la suya, era su eco. Estaba entonces, frente a una pared. En el fondo le alivió estar sola y, era bueno. Era.


Está bien apreciar la soledad, pero, como la oscuridad, en su exceso, es catastrófico. Lo es.


A pesar de su vigor, rompió a llorar. Gritó. Golpeó esa pared. Se tiró, se tiró al suelo, apoyando su cabeza sobre el muro. No se veía como la sangre había dejado su huella sobre él, pero así había sido. No le dolía, no sentía nada. Ira, más ira. No lleva a ningún lado, ella lo sabía, yo se lo dije. También le ordené registrar sus bolsillos, lo hizo. Ah, por cierto, me llamo conciencia, estoy en todos vosotros. Estaba en ella. 


Tenía un encendedor, que recordó con apenas gas; al menos poseía el suficiente como para huir de las tinieblas. Su pulgar, en un raudo movimiento, fue el que hizo brotar una llama. Apenas alumbraba. Alumbraba muchísimo. Contemplaba su rojizo esfuerzo desgastado, sin atreverse a voltear su cuerpo. La llama se acurrucaba, no podía autorizarse a descuidar ni un segundo, pero, era normal. Lo desconocido aterra, las personas prefieren vivir en su propio infierno. En su silencio, su oscuridad, su dolor, su locura. Y, esque, el esfuerzo en vano no agrada, o eso piensan. Yo siempre les digo que es preferible enfrentarse a algo y perder, que no hacerlo y estar perdido. Pocos me hacen caso, no tengo autoridad. "El coraje es un tipo de salvación". ¿Sabéis qué? Ella me hizo caso.


Valiente muchacha, que, con apenas claridad, se dignó a levantarse para caminar por la negrura. 


Exceptuando ese casi invisible tramo de brillo, nada se veía. Veía la nada. Tropezó, se levantó. Si caminaba estaba en exposición a los obstáculos. No quiso ni mirar qué cosas eran. Quería vencer. Su paso le ayudaba a desprenderse del espanto que se aferraba a sus articulaciones, impidiéndole moverse con soltura. Más rápido, más cómoda. ¿De qué sirve el miedo? Él es egoísta, solo quiere gobernar. No, no hay que concederle facilidades. 


Ella iba rápido, pero era cautelosa. Así es como evitó chocarse con ¿Otra pared? En el momento no lo supo, la llama había desaparecido. Había llegado hasta ahí, no podía detenerse. 


Sus manos manoseaban madera. No, no era otro muro, era... ¿Una puerta? Un esbozo de sonrisa se dibujó en su cara. Buscó la manilla. La encontró. La giró y... Empujó. No se abría. Ella no quería quedarse en oscuridad, en el infierno, no. De golpe, sus carcajadas se apoderaron del averno. Giró la manilla. La diferencia fue, que, en vez de empujar, tiró de la puerta. Se abrió. No pudo reir. No le dio tiempo.


Las enfermeras vociferaban, se abrazaban. Ella estaba confusa. No entendía nada, pero lo había conseguido. Sea lo que sea, lo consiguió. Venció sus miedos, sus demonios. Vivía. Triunfó.

En un lugar "manchado de oscuridad pura", "el coraje es un tipo de salvación".

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