cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

12 min
El Cordón de Plata
Suspense |
26.10.10
  • 4
  • 11
  • 6562
Sinopsis

Su respiración era ahora profunda. Sentía cómo un ligero sueño le invadía y cómo iba vibrando levemente su cuerpo. Intentó no dejarse llevar por la sensación y siguió concentrándose; llevaba demasiado tiempo preparándose como para cometer un error tan obvio ahora. Sus pies se fueron alejando de su cuerpo, y luego notó cómo se alejaba su cabeza. Al cabo de un momento se percató de que ya no se encontraba tendido sobre su cama. Se dio la vuelta lentamente; su cuerpo era tan ligero, tan fútil. Abrió los ojos despacio y se vio a sí mismo tendido en la cama. Intentó dominar su miedo, sabía que no había peligro, que no ocurriría nada malo, pero el temor no se apartó de su mente. Al recordarlo, buscó con la mirada el cordón de plata: aquello que unía su cuerpo físico con el astral. El fenómeno parecía salir de la cabeza de su cuerpo físico y unirse a él uniformemente. Eso le apaciguó lo suficiente y siguió con la exploración del plano astral. Giró su cabeza para observar a su alrededor; su cuarto seguía siendo el mismo, nada había cambiado a simple vista, salvo por algo en lo que no se había detenido a contemplar: ¡Estaba flotando sobre la cama! La sorpresa casi le hizo zozobrar en el aire y perder toda la concentración. Cuando se adaptó a su nueva forma comenzó a recorrer toda la habitación por techo y paredes. Pero su hambre de exploración le reclamaba más. Se aventuró a dejar la habitación, pero al llegar a la puerta su mano atravesó el picaporte. Su primer instinto fue correr hacia su cuerpo, pero consiguió refrenarse, atravesar la puerta y bajar las escalaras como si de una nube se tratase. Su familia se encontraba en el pequeño salón que estaba a la derecha de la escalera. Él alzó su voz, pero ellos no se inmutaron lo más mínimo. Se acercó más a ellos, les llamó; les tocó, pero nada salvo un pequeño escalofrío que pareció sentir su hermana pequeña fue todo cuanto logró.
Era ingrávido, invisible, inmaterial… Tenía todo un mundo que explorar cuyas puertas ahora permanecían abiertas.
Salió de su casa atravesando la pared del salón y se aventuró a recorrer las calles de aquella pequeña ciudad por sus tejados. De cuando en cuando se dejaba caer dentro de las casas para ver a sus moradores en sus quehaceres cotidianos. Pero no atreviéndose a ir más allá, y siempre atento al cordón de planta, volvió sobre sus pasos y decidió regresar al plano físico. Al pasar junto a una de las angostas calles que había cerca de su casa notó cómo algo tiraba de él. Al principio no vio bien claro qué era, pero luego pudo distinguir un túnel opaco que se hallaba entre las semisombras del callejón y se alzaba hacia el infinito. Intentó asirse a las paredes para evitar el magnetismo que tiraba de él hacia adentro. Finalmente pudo zafarse de aquello y lanzarse rápidamente calle abajo, hasta su casa. Atravesó paredes y puertas y se arrojó dentro su cuerpo físico.
Un súbito estertor recorrió todo su cuerpo y su corazón se lanzó al galope. Se esforzó en mantener una respiración lenta y rítmica y se fue relajando poco a poco sobre su cama. El temor se fue diseminando y su pulso apaciguando. Una satisfactoria sonrisa se dibujo en sus labios y se sintió pletórico.
Había logrado el viaje astral.

Esta vez llegó con más facilidad al plano astral. Había dejado un periodo razonable de tiempo para meditar sobre su viaje y cuáles podrían ser los peligros con los que allí se encontrase. Pero después de muchas horas vagando por la zona de esoterismo de la biblioteca, sólo pudo averiguar que aquel agujero de gusano que intentó arrástralo en la callejuela, sería lo más probable un portal a otra dimensión; ya fuese Cielo, Infierno, u otros mundos. Y aunque el viaje astral no suponía ningún peligro, no estaba preparado para ver cosas que iban más allá de su imaginación. No, el viaje de hoy consistiría en evitar cualquier túnel que encontrase y hacerle una visita a su amiga Mary antes de que ésta se levantase.
Apenas había comenzado a amanecer cuando ya había abandonado su casa y se dirigía presto hacia la casa de su amiga. Ya podía imaginársela levantándose con un camisón blanco y cambiándose la ropa para ir a ayudar a su madre a la lavandería. Ansioso por la ideas que brotaban en su mente, apretó el paso –aunque apenas iba rozando el suelo- para llegar a tiempo, cuando sintió que algo sucedía a sus espaldas. Se dio rápidamente la vuelta y observó cómo a lo lejos una sinuosa figura se detenía frente a su casa y se aventuraba al interior. Ningún recadero o vecino iría a esas horas intempestivas a molestar. Inquieto por que pudiera tratase de algún ladrón, dio media vuelta y se lanzó calle abajo hasta su casa. La rodeó, fijándose detenidamente en puertas y ventanas por las que pudiese haber entrado y, al no dar cuenta de ninguna posible entrada, atravesó la pared y examinó el salón y la salita. No viendo a nadie se preguntó si estaría equivocado cuando pensó que se podría tratar de algún perturbado. Atravesó el techo y recorrió dormitorios hasta llegar al de su hermana mayor y ver a aquella oscura figura, sin facciones distinguibles sentada en la mecedora que se encontraba en una de las esquinas de la habitación. Acrecentado su temor, el muchacho se quedó inmóvil junto a la puerta observando a aquel ser reposar sobre la mecedora. Dio un paso acercándose a la cama de su hermana y aquella cosa se inclinó de repente y se levantó, a juzgar por la impresión del muchacho, con sorpresa. Le observó detenidamente durante un instante y luego se desvaneció rápidamente por una de las paredes. Comprobó que su hermana se encontraba durmiendo plácidamente y atravesó la pared por el mismo sitio por donde lo había hecho aquel ser y se encontró en su dormitorio, con él mismo aparentemente durmiendo sobre su cama, y el ser inclinado observando su cuerpo inmóvil. Atemorizado hasta el punto de notar su cuerpo vibrar de forma espantosa, se lanzó hacia su cuerpo y lo encarnó, pero el sobresalto le hizo caer de bruces al suelo. Miró en todas direcciones pero no pudo encontrar a nadie en la habitación.
Estaba solo, y sin embargo, notaba que algo, o alguien, permanecía allí.

Hacía semanas que no había vuelto a realizar ningún viaje por temor a aquello. Tenía demasiado miedo como para llegar a la concentración necesaria que requería el procedimiento. Pensaba que podría tratarse de algún otro viajero, que al igual que él, entraba en las casas y observaba a sus ocupantes. Pero la ausencia del cordón de planta le hacía dudar de esto. Pero fuese lo que fuera, la sola idea de que alguien estaba observándolo, a él o cualquiera de su familia, le perturbaba en demasía. Y cada vez que sentía un escalofrío, tan comunes en aquella antigua casa, se estremecía imaginando que estaba junto a él.
Con la ayuda de un psicotrópico empleado por algunos versados en los viajes astrales, que consiguió en los barrios bajos y le costó todos sus ahorros adquirir, intentó realizar el viaje al despuntar el alba. La droga, junto a la falta de sueño y la fatiga, le hicieron más fácil evitar su ansiedad y sumergirse en el semisueño necesario y concentrase en el desdoblamiento.
Ya en su plano astral, el muchacho se deslizó fuera de la habitación y recorrió cuidadosamente la casa. Salió afuera y observó sus alrededores por si lograba encontrarlo merodeando por el lugar, cuando pudo reconocer la voz de su madre gritando desesperadamente. Entró rápidamente y en apenas un segundo había llegado al piso superior, recorrido los dormitorios de sus padres y hermanas y llegado al suyo. Allí se encontró con su madre intentando levantar su cuerpo y aquello con las manos atravesando su cuello y su propio rostro de un color cetrino. Gritó y se lanzó sobre el cuerpo de aquello, pero el estremecimiento al contacto con semejante cosa, hizo que se desplomara sobre su cuerpo físico y abandónala el astral. Notó cómo el aire entraba como si estuviese ardiendo dentro de sus pulmones y el agudísimo dolor en su cabeza le hizo casi desmayarse. Su madre le sujetaba la cabeza y le hablaba algo ininteligible. Intentó levantarse, pero al ver cómo la lámpara se levantaba en el aire y se estrellaba estrepitosamente contra la pared, perdió el control de sus emociones y cayó inconsciente.

Telequinesis, decía su hermana pequeña. Su otra hermana insistía que eran los fantasmas que había en la casa. Su madre apenas hablaba, y su padre les decía que se dejasen de tonterías.
Lo cierto era que desde el incidente algo ocurría allí. Los objetos se cambiaban de sitio, ruidos de madrugaba; desde pasos a golpes, y algo que merodeaba insistentemente por el dormitorio del viajero. Las noches sin apenas pegar ojo se le iban acumulando, y el sentimiento de culpabilidad por el estado actual de su madre se iba incrementando. Esa noche volvería al plano astral a hacer frente a aquello y echarlo de su vida y de su casa. Éste sería su último viaje y estaba dispuesto a todo.
Le costó bastantes horas lograr el desdoblamiento, pero una vez conseguido salió de su habitación y recorrió con determinación cada rincón de la casa. Salió fuera y la rodeó, esperando que algo llamase su atención al encontrarse fuera como la última vez. Comenzaba a dudar si todo aquello habría ocurrido en verdad cuando una risa sin alegría le llegó desde la puerta principal de la casa. Al dirigir su mirada hacia allí vio cómo éste se acercaba y le envestía con violencia. Ningún dolor le asoló en momento alguno, pero sí notó que le alejaba insistentemente de la casa.
Él sabía a dónde lo arrastraba; lo sabía y se estremecía. Volver fue un error del que ahora no veía escapatoria alguna. El ser era más fuerte, tenía más voluntad, y cada intento de zafarse de su agresor era tan inútil como los esfuerzos de un perro por librarse de su correa.
Notó el ambiente electrificarse, el magnetismo arrastrándolo, y cómo aquellas pérfidas extremidades agarraban el cordón de plata y lo partía por la mitad con una violencia inhumana.
El muchacho se estremeció al ver cómo la unión con su cuerpo físico se desvanecía ante él sin nada que poder hacer. Debía volver a su cuerpo o jamás encontraría el camino de vuelta. Se debatió con valentía contra el ser, pero éste, con un gruñido triunfal, lo lanzó dentro del túnel que a punto estuvo de arrastrarlo en su primer viaje astral.
Lo último que vio antes de perder la conciencia fue a aquel ser alejarse rápidamente calle abajo.

Al abrir los ojos se encontró tendido sobre la cama. Sentía una rara sensación recorriendo su cuerpo. Respirar causaba irritación en la garganta y el pecho; mover cada articulación era algo dolorosa, pero persistió en controlar cada nervio de su cuerpo. Al levantarse perdió el equilibrio y se tuvo que sujetar en el armario. Dio unos cuantos pasos por la habitación hasta que pudo caminar sin necesidad de apoyo. En el piso de abajo escuchó a sus hermanas y su madre preparar el desayuno. Era domingo, por lo que hoy había que desayunar juntos. Se puso lo primero que encontró en el armario y bajó hasta la cocina. Todo parecía en paz. Se dejó llevar por ese momento de tranquilidad y no escuchó a su hermana insistiéndolo para que se apartara del pasillo. Su madre se encontraba en la cocina. Le dio un beso en la mejilla, y ella le sonrió con un semblante fatigado, pero cariñoso. Cogió los cubiertos y los llevó hasta el comedor. Allí permaneció sentado hasta que toda la familia se sentó para compartir el desayuno. El sonrió encantado. Toda aquella pesadilla había terminado. Les miró complacido. Eran su familia, y no tenían secretos para él.
Miró con gozo el desayuno y sonrió con descaro. Cuántos años hacía que no había vuelto a probar comida alguna.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Que lujo por Dios!
    que forma de narrar!!
    Escribe tus comentarios...Ya dicen que hay que tener precaucion cuando se viaja. Un relato que te mantiene en vilo pa forzarte la sonrisa al finalizar. Buena narracion, amigo. (Disculpa la falta de acentos).
    Buen dominio del "suspense" a través del uso de estructuras sintácticas cortas que se van encadenando una tras otra hasta llegar al clímas de la historia presipitarse hacia un final esperado, pues el mismo climax se anticipa lo que vendrá después.
    Escribe tus comentarios...
    Me fascinan estas historias. Ya el título prometía (muy bien elegido). Y...gracias por tu consejo!
    Muy bien mantenida la tensión hasta el último momento. Logras que tu relato, no tan breve, se haga corto. Enhorabuena
    Es que mi compañero Ikabol es un especialista en estos temas... como me gusta lo que he leído. Hacía tiempo que no lo hacía. Un relato ideal para lo que nos viene encima en estos días. Un besito.
    Creo que será por la proximidad a ese día de Halloween, pero se hacen relatos inspirados y muy buen escritos. Ese suspense que no decae y su prosa tan conseguida, como un maestro del género. "Feliz" noche de brujas y un saludo.
    Me gustó mucho, me encantan los finales con mala uva, jejeje. Eso sí, déjalo reposar unas semanas y luego retómalo y sácale brillo. Con un par de retoques y afilando un par de oraciones puede quedar perfecto.
  • Y otra vez...

    Reflexión mañanera.

    Bajo la luna había una laguna, y su luz espectral de plata cubrió la superficie. Pero bajo su opalescencia, un abismo inescrutable permanece, y ay del incauto que se guie solo por la ilusión que refleje.

    Habrá que limpiar estas telarañas.

    Breve narración sobre el lince ibérico.

    Ahhh, es secreto.

    Pese al bloqueo constante al que estoy sometido desde hace ya y la desidia que me causa la mortal primavera con su nocivo polen, dejo un pequeño escrito que logré supurar en un efímero momento de lucidez. Espero no se os indigeste :)

  • 69
  • 4.57
  • 221

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta