cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

7 min
El cortauñas
Varios |
29.11.14
  • 4
  • 4
  • 1298
Sinopsis

Tuve que explicar de nuevo la historia que hace semanas quiero borrar de mi cerebro.

-Si, solamente era uno.

Noté mi voz ronca, hacía días que no paraba de llorar. Acomodé el bolso sobre mi regazo y busqué en su interior los caramelitos para la garganta que acostumbro a llevar. Revolví entre los pintalabios, el monedero, alguna compresa, el kit de higiene bucal, el móvil, las llaves, el cortauñas, el tabaco, los encendedores… y como siempre no los encontré.

-Por supuesto que me forzó. ¿Qué quiere decir que no hay señales de forcejeo o violencia?. ¿No estará insinuando que lo hice por voluntad propia?. Me imagino que se cuidó de no dejar ninguna huella. Llevaba guantes, condón y un gorro en la cabeza. Además, que ustedes no encontraran nada no indica que fuera un acto consentido.

Había extraído un pintalabios que no paraba de girar entre mis dedos. Lo apreté con fuerza y noté como la barra labial se deshacía embadurnando mi mano de granate.

-He visto varias veces las mismas fotos.Ya les dije que no reconozco a ninguno de ellos.

Me había puesto las gafas que únicamente utilizaba para leer. Miré al policía por encima de los cristales, reclinando ligeramente la cabeza. Revisé todas las fotos que habían puesto sobre la mesa, y a pesar de insistir que aquel cabrón llevaba el rostro cubierto, tuve que volver a ver decenas de fotos de tipos con cara sospechosa. Colgué las gafas de mi escote para tenerlas a mano en caso de volverlas a necesitar. Noté como la vista del policía se posaba sobre mis gafas, es decir, sobre mis pechos. Me incomodó y cubrí con un fular mi generoso escote. Pensé que todos los hombres eran iguales. Estaba en aquel despacho porque me habían violado, y el policía que debía resolver el caso se perdía en las carnes de una cuarentona como yo. Mostró con su gesto que su cabeza era un adorno, como la corbata con lamparones que descubría su poca elegancia. Su cerebro se ocultaba tras la mesa, justo en la entrepierna que imaginé abultada cuando paseó su mirada sin disimulo sobre mis senos.

-Sí, iba sola. Cada día vuelvo sola a casa. Salí del trabajo a las siete. Fui a la parada de metro que está a dos calles de la oficina y cogí el primero que pasó. Llegué sobre las siete y media y atravesé el parque, que a esas horas aún acostumbra a estar concurrido. Cuando alcancé las escaleras que conducen a mi calle me crucé con aquel hijo de puta, sin imaginar lo que sucedería a continuación. Me debió seguir sin que yo me percatase y, cuando por fin estaba en el portal de mi casa me empujó. Me tapó la boca con una mano y con la otra me puso un cuchillo en el cuello. No me atreví a gritar. No había vecinos en la escalera y subimos en ascensor hasta el quinto. Me obligó a abrir la puerta del piso. Noté como ardía su cuerpo. El cuchillo cada vez presionaba más mi cuello.

Rompí a llorar de nuevo, como cada día durante las dos últimas semanas. No entendía que tuviera que explicar otra vez toda la historia.

-Tranquila señora, sé que es duro para usted, pero no queremos pasar por alto ningún detalle. Le rogaría, si aún se ve con fuerzas, que prosiguiera con el relato de lo sucedido. Creo que es importante que no obvie nada, aunque le resulte incómodo explicarlo. Me hago cargo de lo que supone revivir esta historia.

Intuí, ya que no lo pude ver, que se acomodaba sus partes por el movimiento que realizó con su brazo. Parecía deseoso de oír la parte más morbosa del relato, el acto en sí de la violación.

Entre hipos y toses acabé de contarle la historia. No omití ningún detalle. Sus ojos semejaban los de un perro en celo, y de nuevo me sentí incómoda ante aquel policía. Sólo le faltaban las babas y mostrar su lengua viscosa con jadeos constantes.

-Así, asegura que no pudo ver el rostro de aquel hombre. Supongo que sí que podrá proporcionar alguna descripción de la vestimenta, la altura, algo que nos pueda facilitar la búsqueda. Quizás, mientras la violaba pudo ver alguna cicatriz, alguna mancha, peca, verruga, algo que lo distinga o permita descartar a otros sospechosos.

-Gordo y de un metro setenta y pico. Bueno, esto ya lo teníamos anotado según veo en sus anteriores declaraciones. ¿Nada más?.

Eran preguntas rutinarias, no creo que estuviera interesado en averiguar nada sobre mi caso. Siempre volvía al  acto de la violación. Creo que le ponía cachondo imaginarme humillada, desnuda, derrotada. De repente, al insistirme en que intentara rememorar hasta el mínimo detalle, recordé algo que no había comentado hasta entonces, el olor.

-¿El olor? ¿Quiere decir que tenía un olor característico? ¿un olor agradable o desagradable? ¿Alguna colonia o perfume, tabaco…?

Se revolvió incómodo en su silla. Su expresión de perro bobalicón cambió, un matiz de sorpresa y terror se asomó ligeramente a su estúpida cara.

-Lo siento señora. Sería imposible reunir a todos los  posibles sospechosos para que usted intente dilucidar si el aroma que desprende le recuerda, al que dice quedó impregnado en su habitación.

Bajo sus axilas, en la camisa mal planchada que denotaba su dejadez, aparecieron unas manchas de sudor. En su frente también se empezaron a formar unas perlitas húmedas que brillaban a la luz del triste fluorescente. La puerta del despacho permanecía cerrada y un fuerte olor a sudor, a humana decadencia, emergía del cuerpo del obeso policía. Yo hacía días que arrastraba un fuerte catarro y mi pituitaria no estaba en sus mejores condiciones.

El bolígrafo que sostenía le sirvió de baqueta y con golpecitos repetitivos y acelerados consiguió alterar mis nervios.

-Disculpe señora, a veces acompaño mis pensamientos con esta improvisada percusión. En fin, no quiero importunarla más. Si tiene algo nuevo que contarnos, ya sabe que estamos a su disposición.

Su interés por mi caso se había desvanecido y con una prisa repentina intentó deshacerse de mi presencia. Al abrir la puerta, mientras estrechaba su mano aceitosa, una corriente de aire revolvió el aroma que se había estancado en el despacho. A pesar de tener el sentido del olfato bajo mínimos, un resquicio me bastó para que mi memoria olfativa captara la esencia que durante algún día permaneció atrapada en mi habitación.  Mi mirada, todavía húmeda, se clavó en los ojos perrunos del sargento. Tenía la certeza de haber descubierto a mi violador.

No cerré la puerta y sus gritos me persiguieron cuando atravesaba el pasillo que daba a la calle. Sus manos se quedaron entretenidas extrayendo el cortauñas que dejé clavado en sus testículos.

 

 

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Por cierto, soy chico
    Gracias a todos por vuestros comentarios. Isabel, releyendo el relato creo que tienes razón y podía haber cambiado un final tan "manido". La verdad es que el relato lo empecé por el final, de ahí el título, y a partir de tener esa imagen fue surgiendo el resto del relato. Normalmente tengo unas ideas, unas pinceladas del relato que quiero hacer, en este caso lo primero que tenía era el final y , es verdad, que no es demasiado bueno.
    Que habilidad tienes para tejer intrincadas historias a partir de dos protagonistas y un objeto que es el nexo que une a ambos. En La libreta demostraste tu maestría con creces para este tipo de relato negro, y aquí vuelves a lucirte con creces. A mí el final si me gustó y convenció, aunque yo lo hubiera retorcido aún más añadiéndole un tono más violento en que la víctima disfruta de la venganza con calma, quizá invitando al poli a su casa y torturándolo y violándolo allí mismo, a lo Lisbeth Salander por ejemplo jeje. En cualquier caso, me quito el sombrero ante la recreación de la escena, la dotas de un realismo muy nítido. Leerte es como estar delante de los protagonistas viendo lo que ocurre. Un saludo.
    Me ha dado un vuelco al leer qué le pasó. El final es genial, no esperamos menos jeje.
  • Relato para un concurso sobre "la gula".

    Relato para el Torneo de Escritores, duelo 28. Lo he dejado tal como lo presenté, probablemente debería cambiar el final, como apuntó Paco durante el torneo. No he tenido demasiado tiempo, quizás más adelante lo revise y modifique algunas partes que tampoco me acaban de convencer.

    Relato que presenté para la 2º ronda del torneo de escritores.

    Mi segunda aportación para un concurso de microrrelatos de fantasía.

    Relato para un concurso de microrrelatos MICROFANTASY III.

    Relato que envié al TORNEO DE ESCRITORES para el duelo 4. Como últimamente estoy escaso de tiempo y de ideas, publico este relato.

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta