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9 min
El cruel final de Ravelia Zamas
Terror |
09.06.15
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Sinopsis

cuento de horror

“La opinión pública esta conmocionada por una serie de asesinatos. Las víctimas eran bellas y jóvenes mujeres. Algunas fueron salvajemente acuchilladas, degolladas o decapitadas, otras brutalmente acribilladas a balazos, estranguladas o golpeadas con objetos. Pero lo que todos los crímenes tenían en común era que sobre el cadáver de todas las víctimas siempre aparecía un enorme y gigantesco Queso. Un asesino conocido como “Carlos, el Queson” se atribuía los asesinatos a través de mensajes dirigidos a los medios de comunicación”.
-         ¿Esta es la síntesis de tu nueva novela? – le preguntó Carlos Charles Vemeitez a la afamada escritora Ravelia Zamas, que además era su prima. Estaba parado en la habitación mientras la chica, delgada y rubia, de unos cuarenta años, estaba sentada en un escritorio, tomando un té con masas.
-         Sí, te aseguro que va a combinar terror, suspenso y comicidad, va a ser algo bien bizarro. Doce hombres llamados Carlos son convocados a una cena muy extraña donde son contratados por un escritor loco para matar a estas mujeres. Los asesinos son todos conocidos deportistas y modelos, y deben tirar un Queso en cada asesinato que cometen. Te aseguro que será un éxito.
-         Hasta ahora es más de los mismo. Minas muertas, Quesos, asesinos que se llaman Carlos, y todas esas idioteces...
-         ¿Más de lo mismo? También escribí historias de asesinas que matan tipos...
-         Sí, para mí esas son las mejores. Sobre todo la de la asesina que estrangula basquetbolistas o la otra donde una asesina decapita rugbiers.
-         Bueno, Edgar Allan Poe escribía cosas así y hoy lo consideran un maestro de la literatura.
-         ¿Te vas a comparar con Edgar Allan Poe?
-         A mí me discriminan por ser mujer.
-         No hablés pavadas...
-         ¿Y Narciso Ibáñez Menta, Vincent Price, Peter Lorre, Boris Karloff, Alfred Hitchcock? Sus programas y películas eran también cualquier cosa y tenían un éxito impresionante...
-         Se agrandó Chacarita. Pero para sorprender al público, la historia tiene que tener algo diferente...
-         Te aseguro que lo tiene y ahí está la diferencia con las anteriores. Sí. Le agregué algunos elementos sobrenaturales. Por ejemplo, el escritor en realidad lleva a cabo su plan porque su  esposa, herida y desfigurada en un accidente, hace un pacto con el más allá, y necesita la sangre joven de las chicas asesinadas para recobrar su juventud y belleza, de esa manera con cada chica muerta y cada Queso tirado, la esposa del escritor recupera dos años de su vida. Leela, te va a sorprender.
-         ¿Ya la terminaste totalmente?
-         Está finalizada. El manuscrito entero lo tengo aca. La editorial ya compro los derechos, ahora va a ir a imprenta. El éxito va a ser fenomenal, la van a querer llevar al cine.
-         Lo que nunca entendí es porque los asesinos se llaman Carlos y tiran Quesos... lo consideré hasta como una referencia a mi persona, como me llamo Carlos...
-         No, nada que ver. Surgió, nada más. Alguna vez pensé en escribir historias paralelas, los “Huevones”, asesinos que se llamaban Jorge y tiraban huevos a sus víctimas, o los “Jamones” asesinos que se llamaban Juan y tiraban jamones... pero nunca tuve la inspiración necesaria.
-         Bueno, supongo que vas a tener éxito, con cada novela que escribistes te llenaste de plata, sos multimillonario escribiendo esas pavadas de los Quesones, la Mujer Queso y todo eso.
-         Ese dinero es tuyo. Sos mi único pariente, y por ahora, si no tengo esposo ni hijos, sos mi único heredero.
-         Siempre tuve en claro que soy tu único heredero – fue la respuesta de Carlos mientras los ojos parecían encendérsele.
El sobrino vio el cuchillo de oro que estaba guardado en la vitrina. Tenía inscripto el nombre de su prima “Ravelia Zamas”. Recordo que había sido un obsequio de los “Fans del Terror y el Misterio Bizarro”, uno de los muchos premios que su prima había ganado. El joven esperó que su prima fuera al baño, para ponerse guantes negros en las manos. Tomó entonces el cuchillo y esperó que su prima regresará del baño.
-         ¿Esto te la regalaron en esos fans comics a los que soles asistir?
-         Sí, fue muy gracioso, todos esos premios son de esos eventos.
La chica se sentó otra vez en el escritorio y tomó un nuevo té, le dijo a Carlos, que con el cuchillo en mano, ahora estaba detrás de ella:
-         ¿Querés comer algo?
-         Quiero algo salado, con algún vino, no estoy para un té con masas o facturas.
-         En la heladera hay un Queso Gruyere, esos que a vos te gustan tanto, los compro por vos, ya sabes que yo no los como.
-         Voy a buscar ese Queso y me lo voy a devorar. Tengo mucho apetito.
Entonces, Carlos se acercó a la heladera y sacó de la misma, el Queso, con una bandeja lo llevó de vuelta al escritorio. Carlos le preguntó a Ravelia:
-         ¿No te molesta si corta el Queso con ese cuchillo que te regalaron?
-         Hace lo que quieras – fue la respuesta de Ravelia.
Carlos agarró el cuchillo que decía “Ravelia Zamas” y parecía que iba a cortar el Queso, pero en un movimiento tan rápido como preciso, el joven tomó arrojó el cuchillo de oro sobre su pima y se lo clavó en el estomago, obviamente Ravelia nada pudo hacer y quedó muerta en la silla con el cuchillo clavado en el estomago.
Carlos se acercó al escritorio con el Queso, volvió al escritorio y lo tiró sobre el cadáver de su prima.
-     ¡QUESO! – gritó Carlos mientras tiraba el Queso – así mataban tus asesinos y asesinas imaginarios, tomaban el Queso, lo tiraban sobre sus víctimas y decían en voz alta la palabra "¡QUESO!". Pero esto es real.
Carlos tomó el cuchillo siempre con los guantes negros y lo puso sobre la mano de su prima clavándoselo otra vez en el mismo lugar y la escena indicaba que se había tratado de un suicidio, una especie de harakiri.
Si ustedes piensan que esto fue obra de una acción repentina, les aclaramos que Vemeitez ya tenía todo planeado desde hacía mucho tiempo. Unos análisis truchos demostrarían que la escritora tenía una enfermedad terminal y por eso decidió ponerle final a su vida.
Lo que vino después es bastante previsible, Carlos Charles Vemeitez preocupado por que su prima no lo atendía, la mucama descubriendo el cadáver, la policía realizando una investigación, un juez que caratulo “Muerte dudosa” para después caratular “Suicidio” y por supuesto, toda la herencia y los derechos de autor en manos de su sobrino, que no tardó en publicar la novela póstuma de su prima.
 
“SE SUICIDO FAMOSA ESCRITORA”
 
"La escritora Ravelia Zamas (41) apareció muerta en su residencia de Los Gamos. Presentaba una herida de arma blanca en el pecho y todo indica que habría sido autoinfringida (...) La policía sospecha de un suicidio pues la escritora padecía una enfermedad incurable (...) Zamas era famosa por escribir relatos de terror y suspenso bizarro, entre sus obras más conocidas figuran “El Asesino, el Queso y la Dama”, “Carlos, el Queson, crónica de un asesino serial”, “El rugbier asesino”, “El basquetbolista asesino”, “La Matacarlos, la asesina de los Carlos”, “La Mujer Queso, historia de una asesina serial de hombres”, “La estranguladora de basquetbolistas”, “Wanda Nara y los doce basquetbolistas asesinos”, “¿Quién le corta la cabeza a los rugbiers” y las tres entregas de “Relatos Quesones” (...) Su único heredero, Carlos Charles Vemeitez, presentará en las próximas semanas la novela póstuma de su prima, que promete ser un éxito de ventas, y una nueva edición de las obras completas a la que se agregarán algunos relatos inéditos. Además hay un interés de productoras mexicanas, españolas y americanas por llevar varias de estas historias al cine y a la televisión, emulando las antiguas producciones de Narciso Ibáñez Menta y Narciso Ibáñez Serrador, “Historias para no dormir””.
 
Extraído de “Diario de La Mañana” 21 de mayo de 2015

La tumba de Ravelia Zamas decía "Ravelia Zamas,  Hic in vita mulieris insaniam ostendisset, June XXVI, MCMLXXIII - May XXI, MMXV, Requiescat in Pace, Hoc est finis, Consumant est". Según me han contado dicen que nadie la visitaba aunque a veces en lugar de flores, aparecían sobre la misma, cubos de Queso, que obviamente, se los comían los ratones.

 

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