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6 min
El cuarto blanco
Reales |
03.02.15
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Sinopsis

Una oscuridad espesa envolvía el entorno, hasta que despertó. Jesse era una chica promedio que vivía una vida normal, hasta que un día, antes de dormir es transportada misteriosamente a un cuarto blanco con una multitud de gente normal cómo ella.

Una oscuridad muy espesa envolvía el entorno, hasta que despertó.

Jesse, era una chica de 15 años, cabello castaño al igual que sus ojos, delgada y de estatura promedio.
Un día largo y cansado de escuela, Jesse volvió a casa. Fue un día tranquilo, normal. Saludó a sus padres cómo cualquier otro día preguntó qué hay de cenar, arroz con filete, algo común en su hogar.
Jesse cenó y lavó los recipientes que había usado.
-Buenas noches, mamá. Buenas noches, papá.- Le dijo Jesse a sus padres.
-Buenas noches, hija.- Respondieron éstos.
Jesse se dirigió escaleras arriba hacia su habitación, algo común. Cómo de costumbre, ella apagó la última luz encendida y salió corriendo hacia su cama. Le temía a la oscuridad, demasiado quizás.
Cuando se dedicó a tratar de dormir, no pudo. No podía concentrarse en cerrar los ojos y dormir, sentía que algo o alguien le observaba desde la oscuridad, no podía estar tranquila.
Todo sería como siempre, excepto por un evento que ocurriría a continuación.
Ella al fin pudo dormir, o no. Simplemente perdió la conciencia por unos momentos.
Una oscuridad muy espesa envolvía el entorno, hasta que despertó.
Se encontraba en una habitación iluminada, la habitación era completamente blanca.
-¿Dónde estoy?- Se preguntó Jesse mientras miraba al rededor.
-No lo sabemos.- Respondió un hombre que estaba sentado en el suelo balanceándose de adelante hacia atrás.
Jesse quedó en silencio mientras miraba detrás suya. Un grupo de muchas personas la acompañaban en la habitación, te todas las edades, tamaños y razas.
-¡¿Qué pasa aquí?!- Se preguntó Jesse alterada.- ¡¿Qué hago aquí?!
-¡No lo sabemos!- Respondió otro hombre de avanzada edad.- ¡¿Crees que nosotros llegamos aquí a voluntad?!
-¡Tiene razón, yo tan solo iba a dormir cuando aparecí aquí!- Exclamó otra mujer más joven.
-Yo igual.- Dijo una mujer que ya poseía sus hilos plateados en su cabellera.
Comenzaron discuciones entre extraños para Jesse, la cual se había retirado rápidamente hacia el lado opuesto de la multitud.
-¿Qué demonios hago aquí?- Se preguntó a si misma con intenciones de que nadie la oyera.-¿Qué está pasando?

Sin previo aviso una voz comenzó a sonar por toda la habitación.
-Bienvenidos.- Decía la enigmatica voz.- Se encuentran en el cuarto blanco, un lugar seguro, no se preocupen nadie les hará daño más que ustedes mismos.
-¿De qué esta hablando?- La multitud repetía tantas veces esa pregunta que ya había perdido sentido.
-Este cuarto está diseñado para cuidar de cada uno de ustedes, o al menos hasta que ustedes decidan que así sea.
-¿Qué?- Se preguntó a si misma Jesse.
-En la pared frente a ustedes podrán ver unas puertas.- Unas dos grandes puertas se formaron en la pared en la que se encontraba Jesse.- Esas puertas conducen a sus peores miedos y pesadillas, si deciden cruzarlas no cuidaremos de ustedes más.
-¿Nuestros peores miedos?- Decían algunas personas de la multitud.
-Ahora todo depende de ustedes. ¿Cruzaran las puertas o se quedarán en la seguridad de la habitación?
La voz no volvió a decir ni una sola palabra después de esa pregunta.
-¿Nuestros peores miedos y pesadillas?- Se preguntó Jesse.- Pero, ¿Saldremos en cuanto las crucemos?
La gente enloquecía exagerada y escandalosamente.
-¡Quiero salir de aquí!- Gritaban unos.
-¡Quiero volver a mi hogar!- Gritaban otros.
Jesse se limitó a pensar por sí misma evitando a toda costa que alguien le interrumpiera sus pensamientos.
-Si simplemente es cruzarlas entonces no habría problema, pero son nuestros miedos...- Se decía Jesse.- si no le tuviera miedo a la oscuridad todo sería tan fácil.
Jesse duró larto pensando en su miedo más profundo, hasta que llegó a la conclusión de que nunca podría superarlo.
-Soy una fracasada.- Dijo Jesse para luego dar un largo suspiro.
-Hola.- Dijo una voz dulce, parecía venir de un niño.- ¿Cómo te llamas?
Jesse dió un salto del susto que le había dado, pero se tranquilizó y contestó.
-Jesse ¿Y tú?
-Eric.
-Oh. Hola, Eric.
-Hola...- El pequeño miró al suelo y balanceó un pie.- ¿Podrías cuidarme?
-Eh...- Jesse quedó sorprendida a causa de la repentina petición del pequeño, pero luego aceptó.- Está bien.
-¡Gracias, Jessy!- Exclamó el pequeño con una gran sonrisa en su rostro.
-De nada.- Hubo un silencio entre ellos dos, hasta que Jesse rompió el hielo- ¿Porqué quieres que te cuide?
-Tengo miedo.
-¿A qué le temes?- Preguntó Jesse comprensiva.
-A los payasos, son terroríficos.
-¿A los payasos?- Jesse soltó unas leves risas.- Traquilo, no son más que viejo disfrazados y maquillados.
-¿Enserio? Yo creo que son monstruos.
-Estoy segura, son solo viejos disfrazados, no te harán nada.
-¿Me lo prometes?
-Te lo prometo.
-Gracias por tranquilizarme, Jessy.-El pequeño mostró una gran sonrisa brillante.- ¿A que le temes tú?
-A...- Jesse se lo pensó antes de contestar, pero no tenía por qué mentir y menos a un niño de unos 8 años.- la oscuridad.
-Oh, yo le temía antes, pensaba que ahí se escondían monstruos.
-¿Antes?- Preguntó Jesse sorprendida.
-Sí, mi papá me ayudó, me quitó la lamparita que usaba en mi cuarto y durmió conmigo por 2 noches, después de esas noches pude dormir solo en la oscuridad.
-Vaya, yo no puedo dormir ningun día sin preocuparme de que algún ser malvado de la oscuridad me haga daño.
-Yo pensaba lo mismo, mi papá me dijo que no hay nada en la oscuridad, es solo el miedo a lo desconocido de tu cerebro.
-¿Tu papá te dijo eso?
-Sí, también me dijo que la gente que es grande como tú no debe de tenerle miedo a la oscuridad.
-Tienes razón. ¿Qué te parece si cruzamos las puertas juntos?
-¡Claro!- Exclamó el pequeño.- ¡Vamos!
Jesse y Eric se dirigieron agarrados de la mano hacia las puertas, dejando atrás a las demás personas que los miraban sorprendidos.
-Adelante.- Dijo Jess.
Jess y Eric empujaron las puertas hasta que revelaron una oscuridad (A los ojos de Jesse) y algunos payasos (A los ojos de Eric) del otro lado. Llenos con valor cruzaron las puertas para que luego éstas se cierren detrás suyo.

Una oscuridad muy espesa envolvía el entorno, hasta que despertó, pero esta vez lo haría sin miedo.




 

 

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