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4 min
Lo desconocido
Terror |
25.09.15
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Sinopsis

Un hombre solitario y taciturno que es perseguido.

Después de llegar del velorio de su padre, se encontraba sentado, inmóvil al borde de la cama. Miraba el barrio bajo la luz lunar a través de la ventana de su cuarto; “La luna esta más grande que de costumbre”-pensó. Encontraba diferente al vecindario; Lo observaba como si fuese la primera vez. Estuvo mirando por media hora a los hogares, las calles y a algunos transeúntes con curiosidad, mientras recordaba su triste niñez.
Decidió levantarse y dirigirse a la cocina. Al llegar sintió una presencia extraña como si alguien o algo lo estuviera observando, pero no hizo caso. En la mesa; un paquete de cigarros, facturas inpagas y una botella de licor de dulce de leche; botella que tiene desde que su madre se fue de viaje a Tucumán… hace un año.
3 horas más tarde se encontraba a oscuras hundido en el sillón del comedor, con su sangre convertida en alcohol. Lagrimas caían de sus dos ojos, sollozaba, susurraba insultos y blasfemias. Miro el baño que se encontraba al final de un pasillo de la casa. Tambaleándose entre los muebles y las paredes, se condujo al baño, se encontró frente a frente con el espejo, vio su semblante mojado por las lagrimas y el calor de esa noche, ojeo su reloj de muñeca, marcaban las 0:00 AM. El corazón y la respiración estaban agitados por la bebida.
-¿Por qué nací? , ¿Qué hago aquí?-Gritaba con violencia a su reflejo y lo único que se oía era un duro silencio. “Ojala nunca hubiera nacido, si supiéramos lo que nos toca antes de salir al mundo, muchos ni asomaríamos la cabeza.” –pensaba mientras se miraba a los ojos.
Al intentar romper el cristal del espejo con su puño, salio del mismo un ser oscuro de ojos blancos sin pupilas, cabeza ovalada y una sonrisa blanca de oreja a oreja con dientes afilados. Lo tomo del antebrazo y lo extrajo del baño a la fuerza.
El hombre yacía desnudo y sucio en un charco de barro. Tenia una resaca tremenda, alzo la vista y vio un bosque con árboles de alturas incalculables y una niebla intensa que no lo dejaba ver más de diez metros. Al intentar levantarse, detrás de el se escucho un rugido semejante al de un león, se despabilo súbitamente y corrió despavorido sin voltearse, la niebla se empezaba a ir a cada paso que daba.
Después de correr por un par de minutos choco con una cabaña de madera de tamaño medio, entro en ella para ocultarse de lo que lo perseguía. En la cabaña no había muebles, tampoco habitaciones, ni ventanas, el piso era de tierra, como el bosque, el techo estaba picado y las pareces estaban mojadas y podridas. El hombre se sentó en unas de las esquinas, su transpiración era fría, transpiraba miedo, no pensaba ni decía nada, el miedo lo tenía en shock. Estuvo en esa esquina durante horas, repentinamente le entro el sueño, lucho contra sus parpados para que no cayeran, pero al final terminaron por caer.
Al abrir los ojos, delante de el había seres pequeños; 20 a 35 cm. de Alto, tez gris, orejas puntiagudas, nariz respingada, ojos negros y piel escamada, unos eran lampiños y otros tenían abundante pelo. Estupefacto ante esa situación, sin pensarlo, salio dando saltos sobre esos seres, todos tomaron una actitud violenta contra el, lo sostenían de las piernas, mordían y golpeaban, cayo al suelo como un árbol talado, se le treparon, pero con una fuerza oculta que se rebelo gracias al miedo, logro levantarse y salir de allí. Corría entre árboles, sangre chorreaba por las heridas causadas por las mordeduras. Unas aves gigantescas volaban sobre el. Otra vez el rugido. El hombre a pesar del susto se animo a voltear para ver quien o que era su cazador. Al mirar no vio a un león como el pensó en un principio, sino a una serpiente de gran tamaño, de ojos amarillos con dos colmillos semejantes los de un Smilodon. Al hacer dos pasos mas, cayo a un pozo profundo, se hundía en una oscuridad profunda, la caída parecía eterna. Antes de tocar fondo, escucho el sonido de un electrocardiógrafo y su vista se nublo al ver una luz blanca con siluetas oscuras.

FIN
 

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