cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

12 min
El día despues
Suspense |
06.08.15
  • 5
  • 2
  • 415
Sinopsis

Un hombre despierta luego de una noche de descontrol y comienza a experimentar extraños sucesos.

La habitación era un desastre. El suelo era un campo minado de restos de una noche descontrolada. Una botella de vino volcada teñía de rojo la alfombra blanca, dos botellas de champagne vacías sostenían un corpiño negro; mientras que la bombacha de encaje, que completaba el conjunto, descansaba sobre los vidrios de dos copas rotas.
La cama era enorme. Sus sábanas blancas la hacían parecer una nube suave y reconfortante. En ella, despatarrado y desnudo, estaba Marcos.  A su lado, tapada hasta la nariz, descansaba una mujer. Su pelo negro y largo estaba desparramado por la cama como las patas de una araña.
Sin aire y desorbitado, Marcos despertó. Se incorporó de repente. Sentado en la cama intento respirar normalmente, pero le era imposible. Estaba tan agitado y transpirado como si hubiera logrado escapar, por muy poco, de la pesadilla más aterradora que alguna mente fuese capaz de crear. Toco su boca. En las comisuras tenia restos de vomito que, al mirar hacia abajo, descubrió que continuaban hasta su pecho. Miro a su alrededor y contemplo la calma absoluta que lo rodeaba. Parecía que estaba observando una fotografía. La decoración moderna y fría hacia parecer todo aún más quieto y sin vida. Agarro el celular que estaba sobre la mesa de luz (al lado de una tarjeta de crédito bañada en cocaína, y de una jeringa ahogada en un vaso de agua) y lo prendió.  Había 20 llamadas perdidas a nombre de “Belén”
—La puta que me pario –dijo casi sin aire.
Marcos salto de la cama.  Fue hacia el placard, esquivando a los saltos los vidrios del suelo.  Abrió sus puertas bruscamente y arranco la ropa de su interior. 
—¡Jessica, levántate por favor la reputa madre! –grito mientras se abotonaba la camisa.
A los tropezones, mientras  se subía el pantalón, corrió hacia el baño que se encontraba en la misma habitación. No era la primera vez que despertaba repleto de sustancias nocivas dentro de su cuerpo, ni al lado de una mujer que no era su “amada” novia de la secundaria, Belén. Sin embargo esta vez era diferente. Las cosas habían ido mucho más allá.
Se acercó a la pileta del baño y giro la llave de agua fría. Para su sorpresa, ni una gota resbalo del interior de la canilla
— ¿Qué mierda pasa? –gruño entre dientes.
Giro la llave de agua caliente. Nada. Giro las dos al mismo tiempo una y otra vez. Nada. Corrió la cortina del baño violentamente y giro ambas llaves de la ducha. Ni una sola gota se asomaba por aquellos diminutos agujeritos.
Rabioso salió del baño.
—¡Jessica deja de hacerte la boluda! –grito furioso—. Te tenes que ir ya.
Marcos agarro su celular que estaba sobre la cama. Intento desbloquear la pantalla táctil, pero por más fuerte que deslizara el dedo, esta no respondía. De izquierda a derecha, de derecha a izquierda. No había caso, la pantalla no se desbloqueaba. La cara de Belén, que se asomaba por detrás de su hombro en la foto que servía de fondo de pantalla, lo miraba con una sonrisa. Esa mirada tierna lo llenaba de culpa y sentía que le decía “¿Quién es esa chica que esta acostada en nuestra cama? Yo no soy”
   Apretando los dientes, dejo escapar un grito estremecedor. Su cara parecía que iba a explotar de lo colorada que estaba. Las venas de su cuello  parecían dedos de unas manos  que estaban ahorcándolo.
Lo único que quería era llamarla y pedirle perdón por no haber contestado ninguna de sus 20 llamadas. Pero por más que el deseara con toda su alma que el celular cediera a sus intentos de desbloqueo, no hay teléfono inteligente que perciba la desesperación de un hombre.
Cansado de intentar, arrojo con todas sus fuerzas el celular contra la pared. Se acercó a la cama, tomo las sabanas y las arranco con violencia, destapando por completo a Jessica.
—¡Te dije que te levantes, puta de mierda! –grito endiablado.
Con todas sus perfectas curvas al descubierto, Jessica permaneció en su posición fetal. Estaba inmóvil, como el resto de la habitación. Marcos camino hacia ella furioso y la tomo del brazo.
—Te dije que salgas de acá –gruño entre dientes.
La agarro del brazo y con total brutalidad la arrastro fuera de la cama (como si fuera un par de sabanas más)
 Al parecer, esto iba más allá de un sueño tan profundo que ni los gritos ni los zamarreos eran capaces de perturbar. La hermosa joven estaba más que dormida.
Un escalofrió recorrió a Marcos desde el centro de la cabeza hasta los talones, mientras miraba a Jessica desparramada. Había quedado con su cabeza apoyada sobre el piso, el torso en el aire, mientras sus dos pies se mantenían sobre la cama.
Rápidamente la levanto y la acostó boca arriba sobre la cama. Al igual que las suyas, sus comisuras también tenían restos de vomito. Las sabanas tenían vomito.
—Jessi despertate por favor, no me hagas esto –dijo con la voz temblorosa, mientras le acariciaba el pelo.
Esto no tenía que estar pasando. Él no tenía que estar ahí.  Tenía que estar en el aeropuerto de Ezeiza, listo para recibir a Belén que volvía de visitar a sus abuelos en Barcelona. Pero no. Estaba envuelto en lágrimas, repitiéndole una y otra vez al oído del cuerpo inmóvil de su amante “por favor, no”
Frotando y golpeando su cabeza, Marcos, empezó a ir de un lado al otro de la habitación. Miraba con los ojos desorbitados los restos de cocaína y las jeringas que habían usado la noche anterior.
“¿Está muerta?”
Esa pregunta le rebotaba sin parar en la cabeza. No quería tomarle el pulso. No quería confirmarlo. ¿Y si no estaba muerta? No quería hacer algo mal y terminar matándola. No quería tener nada que ver. Quería salir de ahí, porque él no debía estar ahí.
Corrió hacia la puerta y tomo el picaporte. Al intentar abrirla, se dio cuenta que era imposible. Con todas sus fuerzas tiraba la puerta hacia él, pero parecía que algo ejercía el triple de fuerza desde el otro lado. La mano le transpiraba sin parar, y la fricción con el picaporte le había provocado algunos cortes. Comenzó a golpear la puerta con ambas manos. A los golpes los acompañaba con gritos angustiosos. Se podía sentir como las lágrimas se le acumulaban en la garganta.  Agarro su lámpara de noche,  y la arrojo contra la puerta.
Se dejó caer al suelo y exploto en llanto. La puerta blanca, ahora con restos de sangre y sudor, estaba inmaculada y parecía que lo observaba llorar.
El celular de Marcos empezó a sonar (Mejor dicho, a vibrar). Se arrastró rápidamente hacia donde estaba y lo agarro. Belén estaba llamando. Con las manos temblorosas intento atender. Sin embargo, las cosas no habían cambiado. Era imposible desbloquearlo.  El corazón le latía tan fuerte que lo sentía en las orejas. No podía parar de llorar. Le pedía por favor a dios que le dejara hablar con ella. Que le dejara pedirle perdón. Pero, otra vez, nadie escuchaba su desesperación. El celular paro de vibrar. Una llamada perdida más se sumaba. Ahora eran 21.
Se incorporó despacio, cansado de llorar. Se acercó lentamente a la ventana. Miro hacia afuera. La ciudad era muy poco visible desde aquel piso 8. Había una gruesa y blanca neblina que tapaba toda la Avenida Corrientes. Apenas se veían las luces rojas de los autos que deambulaban sombríamente por la calle. Giro la cabeza y miro a Jessica. Estaba recostada boca arriba, blanca y con sus pelos bien negros esparcidos por la cama. Le recordaba a Blanca nieves (Una versión mucho más macabra, sin duda). Seguía sin querer acercarse. Sin querer saber la verdad.
Intento abrir la ventana, sentía que el aire de la habitación se lo estaba comiendo.
“Esto no puede estar pasando, no puede ser real”
A pesar de estar agotado, después de haber golpeado por diez minutos la puerta, lastimarse las manos y llorar como un desgraciado; La desesperación y el pánico volvieron a apoderarse de él. La ventana tampoco podía abrirse.
Comenzó a golpear a puño cerrado el vidrio. Dejo todas sus fuerzas en esos golpes. Sin embargo, el vidrio no sufría ni un rasguño. Parecía blindado. Sus manos, en cambio, no paraban de sangrar.
—¡AYUDA! –grito, mientras golpeaba el vidrio.
Ya no le importaba que la habitación estuviera repleta de drogas. No le importaba que un cuerpo aparentemente sin vida este recostado en su cama. Él quería salir de ahí, quería ayuda. Quería que alguien lo saque de ahí, porque al parecer, él solo no podía salir de esa habitación. Sus gritos de ayuda retumbaban con fuerza en esas cuatro paredes que lo tenían prisionero. Sin embargo, detrás de esa ventana, la ciudad no podía escucharlo.
¡PUM! Un golpe se escuchaba desde el comedor del departamento. Marcos corrió hacia la puerta y apoyo su oreja en ella. ¡PUM! Otra vez. Parecía que alguien estaba golpeando la puerta de entrada. Se escuchaban unas voces muy apagadas que discutían algo.
—¡Ayúdenme por favor, no puedo salir de acá! –grito desesperado.
Los golpes eran cada vez más fuertes y repetitivos. Marcos sentía una mezcla de miedo y esperanza.
“¿Quién o quienes están tratando de entrar a mi casa?”
El celular, que seguía tirado en el piso, volvió a vibrar. Otra vez Belén.  Marcos lo agarro e intento nuevamente contestar. Seguía siendo imposible.
—¿Sos vos amor? ¿Estás ahí afuera? –grito esperanzado.
Si era Belén la que estaba intentando entrar, iba a tener mucho que explicar, y seguramente la perdería para siempre. También había mucho que no iba a poder explicar.
“¿Por qué no puedo salir de acá?”
 Pero sinceramente, muy poco le importaba. Lo único que quería era alejarse del cuerpo de Jessica y de esa maldita habitación.
Se escuchó un golpe muy fuerte y las voces se hicieron más cercanas. Al parecer, quienes habían estado intentando entrar, lo habían logrado. La puerta principal se había roto. Varios pares de pasos se acercaban a Marcos. Ya estaban exactamente del otro lado, podía sentirlo.
¡PLAM! Una patada impacto contra la puerta. Marcos dio un paso hacia atrás.  Observo a Jessica.  Por un lado se sintió aliviado. Alguien estaba del otro lado, intentando entrar. Iba a salir de ahí. Tendría que hacerse cargo de muchas cosas, terribles cosas. Pero no importaba. En ese momento, lo único que él quería era salir de ese cuarto que lo estaba ahogando.
¡PLAM! La puerta se abrió de golpe. Marcos sintió un frio horroroso que se le metía en el cuerpo y le recorría las entrañas.  Al cuarto, entraron corriendo dos oficiales de policía y dos enfermeros.  Fueron directo a la cama. Marcos los miro extrañado. Parecía que no se habían percatado de su presencia.  Uno de los policías entro al baño, mientras que el otro, guardaba en bolsas de evidencia los restos de sustancias toxicas que se encontraban allí. Los dos enfermeros le practicaban maniobras de reanimación a Jessica.
—Respira –dijo uno de los enfermeros.
Marcos sintió un destello de felicidad en su interior.
—¿Esta viva? –pregunto con la curiosidad de un niño.
Nadie le contesto. La angustia lo volvió a envolver.
—¿Qué mierda les pa…?
Antes de que pueda terminar la pregunta, sintió que el frio de su interior le congelaba el aliento. No podía reproducir palabra alguna. Esa fuerza fría de su interior lo tiro al suelo. No podía moverse. Estaba petrificado. Intentaba gritar y moverse, pero era imposible. Los oficiales caminaban a su alrededor, como si no estuviera ahí.
¿Estaba ahí?
—Tenemos una joven de unos 25 años, paro cardiorrespiratorio causado por sobredosis, lograron estabilizarla –informo uno de los oficiales, a través de su Handy—. El muchacho de aproximadamente la misma edad, falleció.
Falleció.
Esa palabra le retumbo en la cabeza sin parar a Marcos. Un policía acababa de decir que es había fallecido. Pero él estaba ahí, sentía, escuchaba, ¿Cómo podía estar muerto?
Dirigió su mirada a la cama y el terror lo consumió completamente. Se vio a si mismo acostado, boca arriba, con el vómito desbordándole de la boca. Blanco, tieso. El frio de su interior se volvió aún más intenso. Tan intenso que se convirtió en calor. Si estaba muerto, eso no le impedía sentir desesperación y horror, horror intenso.
Uno de los enfermeros lo cubrió por completo con la sabana, y en ese mismo instante, todo se volvió oscuro. Él quería gritar, quería llorar, pero no podía. Todo era calor y oscuridad.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Muchas Gracias por leerlo!
    Muy bien narrado hasta ese párrafo final demoledor. Me ha gustado mucho.
  • Se que muchos al ver lo que puede llevarles la lectura del relato preferirán no leerlo. Pero les pido paciencia porque confió en lo que tiene para dar la historia. En caso de que no les guste, los invito a dejar su descargo, ya que tantos positivos como negativos, siempre me fueron de gran ayuda. Desde ya muchas gracias!

    Una peligrosa banda criminal esta siendo desestabilizada. Poco a poco pierde su poder, a manos de un poderoso líder que podría contar con fuerzas que van mas allá de nuestro entendimiento.

    ¿Hasta donde estarías dispuesto a llegar para evitar la soledad?

    Federico tiene problemas para distinguir lo real de lo imaginario.

    Federico despierta después de haber perdido la conciencia e intenta comprender lo sucedido.

    Alguien o algo sembró el terror en una pequeña ciudad costera de Argentina durante un año. Un grupo de niños intento impedirlo. Uno de los protagonistas nos cuenta esta historia, con la esperanza de poder comprender las causas y consecuencias de aquel infierno.

    ¿Son los niños criaturas puras e inocentes? Lee este relato antes de contestar. Tal vez cambies de idea...

    Un hombre despierta luego de una noche de descontrol y comienza a experimentar extraños sucesos.

  • 8
  • 5.0
  • -

Intento de escritor. Disculpen los errores. Cualquier critica o comentario es bienvenido, son de gran ayuda para mejorar.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta