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10 min
El dolor de cabeza (extendido)
Amor |
08.10.17
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Sinopsis

Esto es una especie de pastiche que puede resultar confuso o bizarro, pero, de una u otra forma, esa es su función. Lo coloqué en la categoría de "Amor" por el desenlace del relato, pues en las dos primeras partes no hay nada de romántico en la muerte. Puedo decir que contiene de todo: escenas chuscas, absurdas, grotescas, groseras, nostálgicas o sentimentales. Es una paella literaria. Espero les guste!

Decía que le dolía la cabeza y me pedía un analgésico. Había tenido un día difícil, era lo más seguro. Gritaba mucho y se tocaba las sienes. "¿Eres inútil?", se enfadaba porque no encontraba rápidamente el medicamento. Aun así, yo seguía buscándolo. "¿Qué tiene que hacer uno para que le den de comer?", ahora estaba hambriento y no había preparado nada. Me apresuraba a hacer algo, lo que sea con tal de que no gritara y cociné unos huevos. "¿Qué es esto? ¡Sabe horrible!", no pude cocinar algo mejor, o buscaba el medicamento o cocinaba. "¡No enciendas el televisor, quiero dormir! ¿Es que nunca te ha dolido la cabeza?", me interrumpió desde nuestra habitación en el justo momento cuando trataba de ver lo que sea para distraerme. Carajo, ya tenía el medicamento y me disponía a dárselo, pero decidí esperar un tiempo a que se quedara profundamente dormido para tomar el revólver. Tenía que suceder en algún momento. La bala atravesó su nuca. Dec ía que si nun ca me había do lido la c abe za; cre o que entendí su dolor. Aho r a   am bos  n o s   s e n t ía mo s   a l i v ia do s                            

A l iv iad os, de spués de t anto tiempo lo maté 

Lo hice al fin 

ahora había sangre por todos lados  

sangre, sangre 

huele a humo 

sangre 

todo está lleno de sangre 

las sábanas blancas ya son rojas 

sangre, sangre 

¿que hice? 

no debí hacerlo 

sangre 

me explotará la cabeza ahora 

sangre 

me duele más que antes 

sangre 

carmín 

rojo 

muerte 

ahora tocan a la puerta 

sudor 

sangre 

tocan, tocan. ¿Quién demonios está ahí? 

tengo el revólver en la mano, mis huellas me van a delatar. Fui yo, pero también fue él. Todo fue su culpa. Ahora hay sangre por todos lados: 

hay sangre en la cama 

hay sangre en el suelo 

hay sangre en el muro 

L a   

      s a n g r e  

                   s a l e  

                            d e 

                                 s u 

                                      c a b e z a  

¡Ayyyy! Siguen afuera, tocando.  

Hay alguien ahí, escuchamos un estruendo. ¿Están ustedes bien? 

Ninguno ésta bien, yo no lo estoy. Hay sangre por todos lados. ¿Como vamos a estar bien? 

La muerte está aquí. Él está muerto...yo 

¿Hay alguien? Si no abren pronto, forzaremos la cerradura  

Háganlo, háganlo. Abran la puerta 

Que dolor, que dolor de cabeza. Me mata  

me muero 

pero no muero  

fuimos los dos 

ambos causamos esto 

él tuvo su muerte 

solo falta... 

… o llamaremos a la policía 

¡Cállense, cállense! 

mi cabeza 

sangre 

solo falta 

que yo muera 

que mi sangre pinte el suelo también 

mi sangre en la cama 

mi sangre en el suelo 

mi sangre en el muro 

m i 

      s a n g r e  

                       d e b e   

                                   a b a n d o n a r m e 

aún queda una bala 

debo hacerlo 

debo hacerlo 

me voy 

debo irme 

nos vamos 

Lo haré a la cuenta de tres 

uno 

dos 

dos 

d o s 

d      o      s 

tres 

 

 

 

II 

¿Qué carajo fue eso? Fue un ruido fuerte, muy fuerte. Logró despertarme. Uf, dormí un buen rato y que dicha; ya no está el dolor de cabeza, se ha ido. Y yo le gritaba a mi mujer. Voy a le van ta rm e   p a r a 

¿que? 

¿estoy flotando? 

qué carajo 

qué demonios  

qué mierda 

estoy en la cama, con un hoyo en la cabeza 

estoy muerto 

¿muerto? 

qué carajo 

¿por qué estoy muerto 

todo está lleno de sangre 

¿quién me mató? 

me veo, tengo los ojos en blanco 

mis ojos 

mis ojos 

estoy muerto 

No puede ser 

mi esposa está muerta en el suelo 

está muerta 

MUERTA 

que  

que 

por qué 

¿quién nos mató? 

¿quién hizo esto? 

eh 

¿qué tiene su cuerpo en la mano? 

¡es mi revólver! 

ella fue 

ella lo hizo 

nos asesinó 

maldita  

 

III 

 

El desdichado espíritu del marido miraba el cuerpo inerte de su esposa. La bala había entrado por la sien y el agujero despedía un blanquizco hilo de humo que llenaba el cuarto de un olor a carne chamuscada. Después miró el suyo, a su propio traje de carne que no hace unos cuantos minutos portaba como si fuese una simple prenda de ropa. También había un agujero en su cabeza y sus ojos salían de sus órbitas mirando aterradoramente haca arriba, y en el justo momento en que decidió tocarlo atisbó una silueta que salía del lugar donde yacía el cadáver de la difunta. La reconoció, era ella. El color de su piel, de su cabello, y hasta de su vestimenta que aún no abandonaba tenían un color verduzco muy difuminado y tenue. Su rostro, en donde solía tintinear el rubor de sus mejillas femeninas, estaba absorto, como impresionado. Parecía que no se daba cuenta de su condición espectral hasta que bajó el rostro poco a poco y rectificó los hechos y vio su antigua residencia corpórea. Pero él, sin importarle tal inusual escena, trató de caminar hacia ella, sólo trató. No podía ni siquiera tocar el suelo con sus pies. Flotaba en el aire, como el humo de sus cabezas. Nadando, entonces, se acercaba cada vez más a ella, con furia y recelo. Estaba dispuesto a repetir las riñas que solían tener, pero esta vez llevada a niveles extremos. Nunca antes había tenido la intención de golpearla; pero qué más daba. Ya estaban muertos. 

Ella lo vio acercarse y trató de retroceder tan inútilmente como lo había hecho él. Por un momento la persiguió por la habitación, gritando y maldiciendo, atravesando paredes y nadando por el aire, hasta que la topo de frente.            

-Tú, tú me mataste, zorra 

-yo, yo, yo... 

-tú, tú, si, ¡tú!. ¡Maldita! 

El muerto se lanzó hacia el fantasmal cuello de la mujer suicida, queriéndolo constreñir con sus fantasmales dedos. Pero se deslizaban como si quisiese atrapar un rayo de luz. Manoteaba, pateaba, trataba de tocarla de algún modo, y todo intento de violencia era inútil.  

-¡No me golpees, por favor, no lo hagas!   

-¡No puedo ni tocarte!, ¿cómo lo haría? Maldita sea, debería haberte matado yo cuando pude ¿Por qué lo hiciste? ¿por qué me mataste? 

-Me gritabas, gritabas mucho- respondía con voz temblorosa –Me hacías sentir mal y yo no tenía la culpa de que tus malos días 

-¿Y por eso me mataste? ¡Perra! No te importa el esfuerzo que hago por mantenernos vivos y ahora nada de eso valió la pena 

-Te dolía la cabeza. Yo sentí lo mismo. Sentí mi cabeza a punto de explotar por tu gritería, así como tú por haber tenido un mal día 

-Esa no es razón para asesinarme. Carajo, nunca debí haberme casado con una loca  

-Yo, yo no estoy loca. Tú me aceptaste tal como soy, con mis errores y mi comportamiento 

-Me dabas lástima, por eso lo hice 

-¡Serás cabrón, cabrón! 

Batió fuertemente su mano contra la mejilla del desdichado y lo atravesó como si hubiera tratado de golpear el agua. Los fantasmas continuaban comportándose como si aún estuvieran vivos. Era el resultado de haber muerto tan forzosamente. Cargaban todavía con la indeleble conciencia de los vivos. 

-Fuerte, golpéame fuerte. Jajá. No puedes 

-Cállate, estúpido 

-Mira todo lo que causaste por tus frustraciones. Nos mataste a los dos 

-Debí haberte matado solamente a ti, pero no podía soportar la culpa 

-Debiste haber muerto solo tu si tanto te costaba resignarte a vivir 

-Ya no existe el hubiera y ninguno de los dos se resigna a morir. Tú no puedes hacerme nada ya y yo no puedo hacerte nada 

-Si pudiera, si pudiera 

-Pero ya no puedes, ¿qué podrías hacer? 

-Ya no puedo hacer nada 

-Resígnate entonces, ya no tendrás que sufrir 

-Que justificación tan estúpida de un crimen que estoy seguro siempre quisiste cometer 

-Pero es la única respuesta coherente. Acéptalo. De una u otra forma te hice un gran favor 

-No, no 

-Por qué eres tan necio, ¿no lo ves? Ya no tendrás que matarte en el trabajo, nunca más. Descansarás todos los días por el resto de tu vida y no tendrás que preocuparte. Así no me contagiarás tu enfermizo dolor de cabeza que siempre cargas contigo cuando vuelves  

-No estoy seguro 

Ella, al ver que comenzaba a tranquilizar su furia, comenzó a hablarle afablemente. Buscaba quitar esa detestable tensión que siempre hacía surgir discusiones. Ahora, más que nunca, debía hacerlo, pero ya no con medidas desesperadas. Únicamente con dialogo sereno.  

-Tranquilo, deja todas esas cosas atrás. Deja todo lo que preocupa a un vivo, ya no las necesitas 

-Creo que tienes razón -respondió afablemente- ya no puedo hacer nada mas 

-Así es. Y mira el lado bueno, después de haber muerto seguimos juntos 

-¿Es que no acaban mis desgracias, acaso no habrá una segunda muerte? 

-Eres un estúpido 

Al fondo se escuchaba el constante trabajo de los vecinos por abrir la puerta, solo era cuestión de tiempo para que presenciaran tan sanguinolenta escena. Por la ventana comenzaba a caer un rayo inmenso de luz que hacía resplandecer los traslucidos cuerpos de la pareja. Era el rayo de luz que se lleva a los espíritus. Un vivo no sabría qué es eso, pues está muy ocupado tratando de mantenerse vivo, en cambio un muerto puede verlo en el justo momento en que ha aceptado su muerte. Da la casualidad de que el espíritu puede regresar a su cuerpo. El hombre ha tenido la posibilidad de ser inmortal, pero cuando muere y deja las pesadas ataduras de la existencia y ve lo liviano que se siente dejar su traje de carne, decide flotar a través del rayo de luz que se los lleva a la otra vida. 

-Mira, que hermoso rayo de luz entró por la ventana. Nunca habíamos visto algo así cuando vivos 

El muerto la escuchó sin decir palabra. Veía el resplandor que tenía en su rostro y notó el brillo de sus ojos mucho más intenso que la primera vez que se enamoraron y todavía más que cualquier otra ocasión. Por su mente pasó el recuerdo de la felicidad que tuvieron el día de su boda, aquel día ese resplandor de sus ojos estaba presente. En su luna de miel celebrada en una de las mejores playas caribeñas, no solo sus ojos fulguraban en una dicha sin precedentes, si no que su sonrisa de dientes aperlados envidiaban inevitablemente el brillo de la luna. Era un astro en ese momento, un astro mucho mas hermoso que cualquier otro del que se tenga conocimiento. Es su astro, solamente suyo. Pero también recordó todos esos momentos en que su furia hacia morir ese resplandor. Diez años permaneció matando la belleza de su brillo, pero no así lo hizo con su amor. Sin duda la amaba y solo lo hizo en los momentos en que podían soñar u olvidarse de su existencia. Solo en los momentos en que estaban realmente solos. En su boda; su luna de miel; cuando consiguieron un hogar; cuando acamparon. En todos los momentos de su soledad. Ahora empezaba a sentir culpa. Ella le invitaba a aceptar esta condición, en donde no tenía que preocuparse de nada. Sabia mejor que él lo que tenían que hacer para permanecer enamorados. Nunca pensó que la muerte fuese la solución y que, además, fuese tan hermosa.  

Entonces sonó dentro de su cabeza aquella canción que llegaba a producir una molestia que solo se hacía reconfortante cuando estaba junto a ella: 

 

Came in from a rainy thursday 

on the avenue 

Thought i heard you talking softly 

I turned on the ligts, the TV and the radio 

Still i can´t escape the ghost of you... 

 

Cayó sobre su rostro una lagrima consoladora y ésta también resplandeció. 

-¿Qué sucede? -preguntó ella- ¿te sientes bien? 

-Lo siento, lo siento profundamente. Pasé diez años matando nuestro amor cruelmente. Yo soy el asesino. Tú me hiciste un gran favor. Todo este tiempo he estado manteniendo un falso sentimentalismo creado por mis detestables frustraciones. Pero me mataste y ya todo quedó atrás.      

Volvió a aparecer el brillo de su sonrisa. Ahora brillaba completamente y todo su semblante había regresado de una olvidada serenidad. Nunca la había visto tan hermosa como en este momento. 

-Ven, toma mi mano –dijo ella- supongo que tenemos que cruzar esa luz  

Trataron de tomarse de la mano pero fue imposible. No podían tocarse. Se miraron el uno al otro y decidieron caminar únicamente mirando sus rostros. El rayo los cubría completamente y comenzaba a desfragmentarlos. 

-¿Esto será lo que llaman la otra vida? 

-No lo sé -él respondió- pero es la mejor sensación que he tenido en mi vida. Ahora sé lo que decían sobre la otra vida. Es simplemente hermoso, indescriptible.  

"Te amo", le dijo él. "Te amo", respondió ella, "y nunca dejé de hacerlo". Fue lo último que se escuchó antes de que se unieran en una sola alma. 

Se dice en los votos matrimoniales que el amor desaparecerá hasta que la muerte los separe. No existe. ni existirá afirmación más absurda que ésa.    

   

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