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7 min
El Duelo, Primera parte.
Fantasía |
18.11.14
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Sinopsis

Una versión libre y personal de la gran contienda en el paso Araucano entre Florentino y el Diablo. Leyenda llanera Venezolana.

Hombre rubio a caballo en noche negra, silbando sonoramente para sacudirse un poco el ligero nerviosismo que le produce el encontrarse solo en medio de tanto silencio, roto únicamente por el repicar de los cascos de la bestia y los susurros de los animales nocturnos, los mismos que siempre le llevan a imaginar que algo o alguien le observa en la espesura del monte. Sin prisa pero sin pausa continúa avanzando hacia el río, aun falta para llegar pues el apacible rumor del agua aun no alcanza sus oídos. Le propina unas ligeras palmadas al cuello del caballo que parece haberse dormido y va avanzando con una lentitud inaudita, éste se reaviva un poco y acelera ligeramente el paso, lo acicatea hasta hacerlo alcanzar un trotecillo nada despreciable.            

El murmullo del río se deja sentir  por fin tras largo rato de trote, y se acercan hombre y montura al débil puente de madera que los llevará al hogar, pero primero éste decide detenerse antes de cruzar a calmar la profunda sed que lo embarga, saca su ya vacía cantimplora y la llena en la rápida corriente. La vacía de un trago prácticamente sin respirar, que gusto peculiar tiene esta agua piensa mientras la vuelve a llenar y regresa a su montura, el vientre del animal se hincha a ojos vista mientras traga agua. Debe tirar fuerte de las riendas para lograr apartarlo de la orilla y conducirlo hacía el paso; el jaco patina un poco en el resbaloso barro de las márgenes del río pero a trompicones logran llegar a las desvencijadas tablas que dan inicio al pequeño puente, tan estrecho que solo hay espacio para un jinete, nunca podrían pasar dos cabalgaduras a la vez.    

Con un recato propio de un caballo mucho mas fino, el jamelgo tantea las tablas a ver si están todas y con cuidadosa precisión inicia el cruce del puente. No deben llevar más de cuatro pasos cuando sienten un feroz estremecimiento de cascos allá en la otra punta; pareciera que alguien se dispusiese a cruzar. Extrañados hombre y caballo siguen avanzando con cuidado extremo pues todas esas tablas están medio podridas, pero mientras mas avanzan mas se adueña de el hombre y seguramente también del animal la certeza de que alguien viene en dirección contraria; y de ser así ese alguien no se molesta en ir lentamente y con cuidado, pareciera aproximarse en una galopada demencial, podría romperse una pata la bestia y ambos ir a dar con sus huesos al río donde serían arrastrados por la feroz corriente. De repente las sacudidas en el puente se detienen tan súbitamente como han comenzado.            

El hombre en su avance fuerza la vista hacia el frente pero la oscuridad es impenetrable, no se puede dar la vuelta es demasiada la estrechura, solo cabe continuar hacia delante. Después de mucho alargar el cuello y entornar los ojos cree atisbar una rara figura oscura, casi tan oscura como aquella noche, traga grueso y se persigna pues aquello no es en lo absoluto normal. A medida que se acerca se percata de que la sombra se asemeja a una estatua ecuestre enclavada en mitad del puente, cuando se encuentra lo suficientemente cerca de la negra figura abre la boca para hablar y en ese momento el desconocido levanta la mirada cubierta por su sombrero. Los cabellos de la nuca del hombre rubio se erizan de golpe ante aquella visión: los ojos del oscuro jinete son dos rejillas incandescentes perfectamente visibles en la oscuridad de la noche. Que difícil es dejar de contemplarlos; con esfuerzo logra bajar la vista solo para darse cuenta de que el resoplador potro que monta posee un par de brasas iguales a las de su amo en el lugar donde debería tener los ojos. Se detiene de pronto ante la figura capaz aun de recordar que es imposible dar la vuelta.            

-Buenas noches-,

saluda con estentórea voz el desconocido que le bloquea el paso, tragando saliva primero, el hombre rubio logra devolver el saludo con una voz absolutamente serena que le cuesta reconocer como la suya,

-Buenas noches-,

exclama, como si anduviera entre vecinos y no ante un monstruo de pesadilla.

–Tiene usted mucha prisa-,

dice el hombre rubio a modo de afirmación más que de pregunta.

–El Diablo siempre tiene prisa-

aclara la oscura figura. A pesar del terror que le recorre las fibras del cuerpo al hombre rubio, lo que dice la oscura figura no le sorprende demasiado. Quien sino Satanás en persona es capaz de cabalgar de esa manera sobre un montón de madera corrompida para luego detenerse de golpe.            

-Ya sabes quien soy, y seguramente te imaginas a que vengo-,

le dice el diablo al hombre rubio. Sin albergar la menor duda sobre la perdición de su alma y de una eternidad de sufrimientos inimaginables el rubio derrochando sangre fría dice: 

-Lo sabré cuando usted me lo aclare, seré muchas cosas pero adivino no soy, para adivino Dios-,

sin perderse la mueca de desagrado del demonio ante la mención del santo nombre.

–Vengo por tu alma Florentino, no te hagas el pendejo, para que mas le sale el Diablo a los solitarios viajeros nocturnos, lo has escuchado mil veces a la luz de una fogata bajo la luna, y esta vez te tocó a ti, tu peor pesadilla se ha hecho realidad-.

El hombre rubio se aterra aun mas ante la tétrica afirmación, se creía valiente, todos así lo creían, que decepción si lo vieran ahora, piensa.

–Y así sin la mas minima oportunidad, sin pataleo ninguno? –

dice Florentino por ganar tiempo mas que por otra cosa, a lo que el diablo le contesta:

-A mi no me la juegas, cuando tu vas yo ya he ido y venido mil veces, a nadie lo ayudo, por que te voy a ayudar a ti?.

-Por el placer de verme derrotado en mi propio terreno?-

suelta el rubio mas a modo de pregunta que de afirmación.

–Y cual es tu terreno Florentino?-

pregunta el diablo, a pesar de conocer de antemano la respuesta.

-soy can cantante-

tartamudea el hombre rubio. Satanás se ríe de el con crueldad ante tal demostración de miedo, pero merced de haber dicho lo correcto en el momento indicado y de que el demonio no puede resistir la vanidad de demostrar que es mejor que alguien le contesta:

- Te voy a dar tu chance por que te quiero escuchar la voz sin tartamudeo-.  

Suelta las riendas para dar una palmada y a continuación de entre la espesura de la selva sin un alma a Kilómetros a la redonda empieza a sonar arpa, cuatro y maracas, es imposible piensa Florentino ante lo desquiciante de la situación, inspira profundamente para dejar la mente en blanco y recuerda que la verdadera valentía consiste en enfrentarse a los hechos aunque estés chorreado de miedo. Después de varias inspiraciones profundas el hombre rubio se prepara para la copla más importante de su carrera, había apostado antes con otros copleros, pero nunca algo tan importante como su propia vida. Y se lanza Satanás desconcentrando a su pesar a Florentino con la excelencia de su voz al cantar, y procede a interrogarle:

CONTINUARA.

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Me apasiona el relato sobretodo el de terror. Me encanta tomar pequeñas situaciones e intentar hacer de ellas un viaje introspectivo sobre la naturaleza humana.

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