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9 min
EL EFECTO FINANCIERO
Humor |
25.04.15
  • 5
  • 1
  • 709
Sinopsis

La culpa es de la crisis...

-¿De dónde ha salido ése?

-No lo sé, señor director. Lleva sentado ahí toda la tarde.

-¿Es cliente nuestro?

-Creo que no.

-Vaya a preguntarle…

 

-Buenas tardes, ¿está usted esperando a alguien?

-No.

-¿Desea alguno de nuestros servicios?

-No.

-Entonces, ¿qué hace aquí?

-Descansar.

-Pues lo siento mucho pero vamos a cerrar. Si no le sabe mal, tendrá que salir del establecimiento.

-¿Y a dónde quiere que vaya?

-No sé, pero debe usted salir. Cerramos dentro de dos minutos.

-Muy bien… Cierren.

-Perdone, no sé si no me ha entendido. Se lo repito de nuevo: vamos a cerrar. Haga usted el favor de levantarse y de marchar.

-No pienso levantar el culo del sofá. Aquí se está muy bien. Déjeme tranquilo.

-¡Pero bueno! ¡Ésta si que es buena!... Si no se levanta y sale inmediatamente, tendré que llamar a seguridad.

-Llame a quien quiera pero deje de incordiar. Estoy intentando echar una cabezadita.

-¿Qué ocurre aquí?

-Este señor, que dice que no se va.

-Buenas tardes. Soy el director del banco, ¿tiene usted algún problema?

-No, ninguno.

-Pues hala, levántese usted y salga, le acompañaré personalmente hasta la puerta.

-No.

-¿Por qué?

-Porque no me da la gana.

-Pero, ¿por qué?

-Porque aquí estoy muy a gusto, ¿tienen algo para cenar?

-¿Para cenar?... ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!.. Tendrá usted que cenar en su casa, esto no es un restaurante. Me parece que está usted confundido.

-No tengo casa y tampoco estoy confundido.

-¿Se ha perdido?

-No.

-¿Cómo se llama?

-¿Y a usted que le importa?...

 

-¿Qué hacemos señor director?

-Llame a seguridad.

-Les estoy oyendo, no estoy sordo aunque me vean mayor, aún tengo buen oído y buen olfato. Ni se les ocurra llamar al “segurata”.

-Pues no nos deja usted otra elección.

-¿Cómo que no?... De momento no me han propuesto ninguna.

-Venga abuelo, déjese de tonterías y vaya usted a su casa. Su mujer le estará esperando.

-No me espera nadie.

-Bueno, pero aunque no le espere nadie, tiene que marchar de aquí. ¿No ve que vamos a cerrar?

-No me importa. Cierren y váyanse, pero antes tráiganme algo de comer.

-Esto es increíble… Gómez, llame a seguridad.

-¿Me están amenazando?

-Sí abuelo. Claro que le estamos amenazando. Si no se marcha por las buenas, lo hará por las malas.

-Muy bien. Hagamos un trato.

-¿Un trato? No hay trato que valga. Ayúdeme Gómez… ¡Vamos! ¡Arriba!

-¡No me toquen o llamo a la policía!

-Está acabando con mi paciencia. Como me llamo Jiménez que soluciono este asunto en un periquete.  Se acabó. Nosotros somos los que vamos a llamar a la policía ahora mismo.

-No se ponga nervioso, que venga el “segurata” y hablaré con él.

-¿Que no me ponga nervioso? ¿Dónde está Felipe?

-Ya se ha ido, señor director.

-¿Cómo que se ha ido?

-Pasan tres minutos de la hora.

-¡Joder, que puntual! Debería tener la misma puntualidad para entrar al trabajo. Dígale a mi secretaria que llame ella.

-Lo siento señor, se acaba de marchar mientras hablábamos.

-¿Gómez, tiene usted el móvil a mano?

-Sí.

-¿Pues a qué espera?

-¿Llamo?

-¡Llame por Dios!

 

-Perdone joven, se llama Gómez, ¿verdad?.. Si va llamar, llame primero a la pizzería de la esquina y que me traigan una “napolitana” y una cervecita.

-¿Le hago caso?

-Gómez, es usted imbécil ¡Déme su móvil!

¿Qué coño le pasa a este teléfono?

-Marque primero el “pin”, señor director.

-¿Qué pin?... Si no funciona, no funciona.

-Con permiso, déme… Ya sé lo que pasa; la carga. Se ha terminado la carga.

-Espere un momento Gómez… Llamaré desde mi oficina.

-No se preocupe señor director, ya le vigilo yo. Confíe en mí, no se me escapará.

-¡Por Dios Gómez! Si se escapa, déjelo ¡Coño! Déjelo que se vaya.

 

-Bien Gómez… como veo que son ustedes un par de incompetentes llamaré yo mismo.

-¿A la policía?

-No; a la pizzería. ¿Quiere usted algo?

-No. Gracias.

-¿Está casado?

-Sí.

-¿Tiene hijos?

-Sí.

-¿Cuántos?

-Dos… Un niño y una niña.

-Yo tengo dos nietos también. Son adorables, me alegran la vida, ¿sabe usted?

-¿Y por qué no se va con ellos y cerramos el banco de una vez?

-¿Sin la pizza?... No hijo, no.

-Se me está haciendo tarde… Si voy corriendo y le traigo yo mismo la pizza, ¿se irá?

-Primero tendré que comérmela, ¿no?

-¿No se la puede llevar?

-No… Me la quiero comer aquí.

 

-Ya está. Ya he llamado. Ahora mismo vienen. Así que prepárese porque la policía estará aquí dentro de un momento.

-Estoy preparado señor Jiménez, ¿o debo decir señor director?

-Diga usted lo que quiera abuelo. Dentro de poco le perderé de vista. Me está usted haciendo llegar tarde a una cita.

-¿A una cita o a su partida de tenis?

-¿Cómo lo sabe?

-Lo sé.

-¿Y qué más sabe usted?

-Que no es trigo limpio, ¿verdad señor Gómez?

-Oiga, a mí no me meta en líos. Yo no he dicho nada. No imagine usted cosas que no han salido de mi boca. Le juro señor director que se lo está inventando.

-Tranquilo Gómez, no sufra usted. Le creo.

 

-¡Ya está aquí la policía!

-Buenas noches, ¿Qué es lo que ocurre?

-Buenas noches oficial, tenemos un problema. Este señor no se quiere marchar. Se ha instalado en el sofá a primera hora y se resiste a abandonar el banco.

-Pronto lo solucionamos, no se preocupen ustedes. ¿Me da su documentación?

-No la llevo encima.

-¿Dónde vive usted?

-En ningún sitio.

-Tendrá que acompañarnos. No se preocupe. Le tomaremos los datos en comisaría y después le llevaremos a un lugar de acogida. ¿Se encuentra usted bien?

-Me encuentro de puta madre, pero estos señores se han empeñado en echarme y ni siquiera me han dado un vaso de agua.

-¿Tienen un vaso de agua para el señor?

-¡Gómez! Traiga un vaso de agua inmediatamente.

 

-¿Cómo se llama?

-No me acuerdo.

-¿Qué edad tiene?

-¡Coño! ¡Si están puestas las luces de Navidad!

-¿Ahora se da cuenta?

-La pizza.

-¿La pizza?

 

-Buenas… Aquí tienen; una Napolitana y una cerveza. Serán quince euros.

-Pague usted señor agente, no llevo dinero encima.

-¡Gómez! Pague la pizza.

-¿Lo pongo a gastos generales, señor director?

-No sea necio. Póngalo de su bolsillo.

-Ahora si me permiten voy a cenar. ¿Ustedes gustan?

-Nada, nada, que aproveche. Cuando termine nos vamos, ¿de cuerdo?... Tengan ustedes paciencia. Este hombre está desorientado, tenemos muchos casos así. Suelen tener alzhéimer. Es cuestión de diez minutos. Seguro que su familia le busca.

-¿Puedo irme ya, señor director?

-Gómez usted no se va hasta que nos vayamos todos. Tiene cojones la cosa.

 

-Buenas noches, ¿está mi compañero?

-Pase agente, pase.

-¿Qué ocurre?

-El coche.

-¿Qué le pasa al coche?

-Un pinchazo.

-Qué oportuno. Esperen un momento.

 

-Señor director, me temo mucho que vamos a salir muy tarde.

-Gómez no me sea aguafiestas.

-¿Podrían traerme un cafetito?

-¿Ya ha terminado la cena?

-Sí. Ahora quiero un café.

-Gómez tráigale un café de la máquina.

-¡Joder! No acabaremos nunca.

-No se queje, cuanto antes acabemos, antes nos iremos.

-¿Desea algo más el señor?

-Una almohada.

-¿Una almohada? En cuanto la policía cambie la rueda, se va usted disparado. Me tiene hasta los cojones.

-Aquí tiene su café.

-Gracias joven.

-¿Puedo irme ya, señor director?

-Gómez, como le oiga repetir la misma pregunta, le despido. Vaya a ver si ya han terminado.

-Ahora mismo, señor.

-¿Qué? ¿Se acaba el café o va a estar dándole a la cucharilla toda la noche?

-No hay prisa, no me agobie. Está ardiendo.

-¡La policía se ha ido!

-¿Cómo dice?

-Digo que la policía no está.

-Gómez, ¿ha buscado bien? ¿Está seguro?

-Segurísimo, señor. No hay ningún coche patrulla en la calle.

-No es posible, no es posible… Esto es como una pesadilla.

-¡Buenas noches! ¿Tienen abierto?... Es para hacer una transferencia.

-Haga usted el favor de salir. ¿No ve que está cerrado?

-Pero la puerta está abierta.

-Vuelva mañana. Hágame ese favor.

-¡Gómez! Cierre la puerta de la entrada.

-Como ordene señor director.

 

 

Ayúdeme Gómez vamos a echarlo a la fuerza.

-¡Un momento! Sin prisas, dejen que me tome el café primero… Y la almohada, ¿qué?

-Yo tengo una almohadilla en el respaldo de mi silla, ¿la traigo?

-Gómez es usted un idiota. ¡Ayúdeme! ¡Cójale por los brazos!

-¡Ahhhh!  ¡El corazón! ¡El corazón!

-¡Señor le va a dar un ataque!

-Seguro que miente. Agárrelo fuerte Gómez.

-Se está poniendo blanco.

-No haga caso. Hay que sacarlo de aquí como sea.

-Me muero… Me muero…

-Se muere señor, se nos muere… Un infarto.

-¡Me cago en la madre que lo parió! ¡Llame a una ambulancia! ¡Rápido! ¡No se entretenga!

-Mi móvil no funciona.

-Utilice el teléfono de mi oficina.

 

-¿Como se encuentra?

-Ya se me pasa… Estoy bien.

-Ahora vendrá una ambulancia.

-¿Me trae la almohada?

-¿La almohada?... ¡Gómez! ¡Traiga la almohadilla!

-¡Ya voy! ¡Ya voy! No puedo hacer todas las cosas a la vez.

-Este hombre me desespera.

-¿Le va a despedir?

-A veces me dan ganas.

-Aquí tiene la almohadilla, señor.

-¿Ha llamado ya?

-Sí.

-¿Y qué? ¿Ya vienen?

-No.

-¿Cómo que no?

-Por culpa de las huelgas están bajo servicios mínimos. Me han dicho que igual vienen pronto, que podemos esperar de dos a tres horas.

-Joder, joder, joder…

-¿Qué hacemos señor?

-Vaya a buscar su coche y tráigalo a la puerta.

-Va a ser que no, hoy he venido en autobús.

-Gómez, me tiene hasta los huevos. Quédese usted haciéndole compañía, voy a buscar el mío.

-Tranquilo señor director. Está en buenas manos.

-¿En buenas manos?... Ande, siéntese a su lado y cierre el pico.

-¡La puerta! ¡Gómez! ¡Déme la llave!

-¿La llave?...

-¿A qué espera? ¿Dónde está la llave?

-No la encuentro señor… Creo que la llevaba en el bolsillo de la chaqueta. Ha desaparecido.

-¡Cómo va a desaparecer! Búsquela ¡Coño!

-Pueden hacer el favor de bajar la voz… No son horas.

-Increíble. Esto es increíble…

-Yo de ustedes me sentaría en el sofá, cabemos los tres si nos apretamos un poco.

-¿Nos sentamos señor director?... ¿A dónde va?

-A la mierda Gómez ¡A la mierda!

 

-Déjelo, no le haga caso. Deje que se apacigüe. El pobre está muy nervioso. Quizá tengamos que pasar la noche aquí y quién sabe si hay para días, o para años… Siéntese Gómez, siéntese a mi lado y cuénteme un cuento; las personas mayores también necesitamos que nos cuenten cuentos, ¿sabe usted alguno?

-¿Un cuento?...

 

 

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