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38 min
El enfermo crónico
Drama |
30.10.14
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Sinopsis

“Putas casualidades, joder. Putas casualidades y puto colegio.No se por qué mis padres no me sacaron antes de ese antro con monjas y pupitres podridos. En qué lío me he metido. Soy un insensato y siempre lo seré. Ya no estoy para estas cosas” pensó mientras por la frente comenzaba a sudar en frío. Entonces comprendió todo. Había sido una trampa. Pero una trampa doble. Sabía que acabaría en la cárcel, no solo por lo que había oído, sino porque con aquella mochila se podría llenar de droga las calles del Bronx o de las Cien Mil Viviendas durante semanas. Pero aún con eso, no daba crédito a lo que acaba de escuchar. La policía haciendo tratos con narcos.

 “Putas casualidades, joder. Putas casualidades y puto colegio. No se por qué mis padres no me sacaron antes de ese antro con monjas y pupitres podridos. En qué lío me he metido. Soy un insensato y siempre lo seré. Ya no estoy para estas cosas” pensó mientras por la frente comenzaba a sudar en frío.

Aquella mañana había salido del despacho lleno de trabajo. De todas formas, como el solía siempre decir entre quejas, aquel trabajo no merecía la pena. Apenas llegaba a fin de mes y los gastos y deudas le engullían. Haber estudiado una carrera para aquello era ridículo. De vuelta a casa se encontró con un viejo compañero de clase. Recordaba que era una buena persona, pero se había echado a perder en bandas latinas y aquello había cambiado bruscamente su antaño afable personalidad. Era un barrio complicado en tiempos duros. La crisis golpeaba y las personas que cruzaron el charco buscando una vida mejor se encontraron con que las oportunidades que les prometieron no eran tales. Las madres limpiaban casas y los niños pasaban el día en las calles, buscándose la vida de manera mas o menos condecorosa.

“Debía haberme dado cuenta. Ese bastardo...”-sentía el pulso en las sienes y tenía ganas de vomitar. Creía que estaba infartando. 

Se encontraron. Hacía años que no se veían. Christian parecía exaltado y ansioso. Miraba a todos lados con ojos de loco y apenas le fijaba la mirada.

-Joder cabrón, vaya pintas llevas. Das puta pena. ¿Va todo bien?

-En realidad no. Me tengo que ir, ya nos veremos. 

-Eh, espera-dijo agarrándole del brazo- dime que coño está pasando.

-Mira tío, esos cabrones andan detrás de mí haciéndome la vida imposible.

Le preguntó que quien eran “esos cabrones” y entonces todo se precipitó. Christian estalló y le dijo que tenía que hacer una entrega en 15 minutos, y justo le acababan de dar el chivatazo de que unos cuantos miembros de una banda rival le estaban esperando en el lugar del intercambio para robarle y de paso hacerle algo de daño, quien sabe si demasiado. Fue entonces cuando le pidió ayuda desesperada.

-No importa, está bien. Iré yo por tí. Soy blanco y no tengo trazas de camello, o buscavidas, como vosotros decís- torció el gesto en un ademán sarcástico y rió.

-Te debo una. Te debo una muy grande. Quedate la pasta, son 500 euros la entrega-dijo mientras le daba la mochila que hasta entonces Christian llevaba.

-Me cago en la puta esto apesta a hierba, si me paran los maderos no van a necesitar ni un chucho que me huela las pelotas.

-Pilla un taxi, aquí tienes la dirección. Te estará esperando un parcero en un BMW serie cinco verde. Es de fíar.

-¿Y si me ven entrar en el coche esos pandilleros de mierda?. Seguro que están con sus pipas automáticas y sus AK 47 esperando ver a un gilipollas como tu para freírle el culo a tiros y dejárselo como un puto coladero.

-No te preocupes, haz como si nada y cuando veas el coche disimula y métete rápido. No os alcanzarán en sus scooters. Hernández sabe lo que hace y como lo hace, ese pendejo agarra el volante y no lo suelta hasta que no tenga su dinero a salvo.

Se despidieron y quedaron en tomar un café al día siguiente, con los 500 euros en el bolsillo para ponerse al día después de tantos años. Una vez en el taxi encendió un cigarrillo y examinó el contenido de la mochila. El taxista le dijo que no podía fumar. Protestó. “Colega, no es culpa mía, díselo a los putos sociatas. Este país se va a la mierda. Como coño vamos a salir de la crisis con gobiernos que se centran en no dejar encender en ningún lado un puto pitillo mientras nos invaden hordas de negros que nos roban el trabajo” Su rostro se puso serio al vezr que en la mochila no solohabía hierba, sino varias bellotas de hachís y una enorme piedra blanca que podría ser cocaína. “Joder, este cabrón me la ha dado. Me la ha metido hasta adentro” Pensó en dar la vuelta pero se dio cuenta de que no tenía numero al que poder llamar a Christian. No había vuelta a atrás.

 “Putas casualidades, joder. Putas casualidades y puto colegio.No se por qué mis padres no me sacaron antes de ese antro con monjas y pupitres podridos. En qué lío me he metido. Soy un insensato y siempre lo seré. Ya no estoy para estas cosas” pensó mientras por la frente comenzaba a sudar en frío.

Cuando se bajó del taxi notó que las piernas le temblaban. A lo lejos vio a unos cuantos sudamericanos con pañuelos rojos en la cabeza reír a carcajada sentados encima de varias scooters. Un poco más arriba un BMW en doble fila. Cambió de acera y encendió otro pitillo. Cuando estaba a la altura del coche, se acerco rápidamente y se montó. El coche salió pitando y los pandilleros no tardaron ni medio segundo en perseguirlos. El conductor vestía camiseta de tirantes blanca, y sus brazos tatuados aferraban el volante y lo giraban con una rabia increíble. No dijo ni una palabra. Todo pasó muy rápido. Se saltó un par de semáforos y pronto dio esquinazo a sus perseguidores. Condujo despacio dando un par de vueltas a la manzana y se metió en un garaje de techos bajos.

-¿Lo traes todo?-preguntó el conductor.

-Lo que me ha dado Christian, aquí esta-contestó. Se dio cuenta de que estaba acojonado y apenas se le entendió al responder.

-Está bien. Subiremos al piso franco me lo das.

-¿Cómo que piso franco? ¿No te puedes quedar ya la mochila? Te la doy, me entregas la pasta y me piro por donde he venido. 

-Aquí no tengo el dinero. ¿Qué crees que pasa cuando la pasma encuentra a un chicano lleno de tatus en BMW y con 500 pavos en la cartera? Te dan un besito, te dicen que tengas un buen día y te limpian los antencedentes. Sí, es así como funciona la policía.

Subieron por unas escaleras desvencijadas hasta el tercer piso. Allí olía a vieja, a casa cerrada, a puta y a hierba. Todo estaba oscuro y la madera crujía con cada paso. Cuando llegaron al tercero y llamaron a la puerta les abrió otro sudamericano. Les acompañó a un pequeño salón con muebles mugrientos y sillones rasgados. Se dio cuenta de que había restos de cocaína en la mesa. Entendió que quien les abrió la puerta iba puesto hasta el culo, por lo que decidió no hacer tonterías y tomárselo con calma. Una vez en el salón llego un tercer hombre, con cadenas de oro colgando del cuello, sudado y con los ojos muy abiertos. Movía la mandíbula mucho.

-Ay pues si que golpea la crisis a los españolitos veo. Ahora os dais cuenta de lo que es el dinero rápido. Pero no estáis hechos de nuestra pasta- dijo esto gesticulando mucho, y en un tono condescendiente.

Entonces desenfundo una pistola y se la puso en la cabeza, apretándola contra su sien mientras del otro lado le agarraba de la oreja. 

-Vamos gringo, vamos. ¿Estáis hechos de nuestra pasta o no? 

Se oyó un balbuceo ininteligible.

-¡Contesta vamos! ¿Lo estáis o no?

-Solo vengo a traer esta mochila. Ha sido una casualidad, no me dedico a esto lo juro.

-Ah pues entonces tendremos que matarte. ¿Cómo se yo que no eres un secreta? ¿Eh?

-No por favor. Quedaos la pasta, quedaos la mochila pero no me matéis. Solo soy un trabajador honrado que hoy ha elegido mal.

-¿Elegido mal? ¿Me estás diciendo que no somos honrados? Te voy a volar los sesos hijo de puta. Voy a derramar tu sangre gringa en este puto salón, voy a dejar pegados tus sesos en esa pared y me voy a quedar tan tranquilo. Me fumaré un cigarro mientras exhalas tu último suspiro y esta noche dormiré como un puto bebé.- entonces le dio un puñetazo en la mandíbula. 

Muerto de miedo y con punzadas en la cabeza rompió a llorar. Esto se lo había buscado y sabía que iba a morir. Apenas hubo pensado ésto, noto que la culata de la pistola impactaba contra su sien y entonces todo se volvió negro.

Cuando se despertó, todo seguía negro pero además le ardía la cabeza y le zumbaban los oídos. Se dio cuenta de que tenía la cabeza cubierta y estaba maniatado. En la sala de al lado pudo oír carcajadas. Intentó escuchar con más detalle, cosa que le costó pues se sentía convaleciente.

-Ya tenéis lo que que queríais. No es el parcero que iba a venir, pero para cobrar la comisión vale.-Reconoció la voz de su agresor.

-¿Para cobrar la comisión y cerrar el cupo de detenidos del mes? Joder, si con tanto sudaca abarrotando nuestras cárceles, un blanco se cotiza al alza.- la voz rió a carcajadas y acto seguido oyó chocar unas palmas.

-Está bien. Vosotros os quedáis al blanquito y yo me quedo la droga. 

-¿Llegaste a darle el dinero de la entrega? ¿O se lo tenemos que quitar del bolso?

-No se lo dí, ya soy perro viejo compadre.

-Compadre tu puta madre, sudaca mal oliente. A la autoridad se la trata con respeto. Deberíais de recibirme cuadrando el saludo militar y me vienes con mierdas. Me cago en la puta, este país ha olvidado quien manda y quien tiene que chupar pollas para poder salir a flote.

-No te olvides de que llevamos haciendo esto mucho tiempo. Yo os necesito, pero vosotros a mí también.

-Así es, “compadre”, así es.

Entonces comprendió todo. Había sido una trampa. Pero una trampa doble. Sabía que acabaría en la cárcel, no solo por lo que había oído, sino porque con  aquella mochila se podría llenar de droga las calles del Bronx o de las Cien Mil Viviendas durante semanas. Pero aún con eso, no daba crédito a lo que acaba de escuchar. La policía haciendo tratos con narcos. Entonces vinieron a su cabeza míticas películas de trama similar y pensó que efectivamente la realidad superaba a la ficción. Y más en un país donde los poderosos escalan a base de sobornos, el corruptor nada en fajos de billetes y el corrupto esquiva la cárcel y no devuelve un puto duro. Un país donde el oprimido tiene que sacrificarse para poder llegar a fin de mes mientras los impuestos y los recortes picotean su cuerpo chupándole la sangre y, lo que es peor, la ilusión. Un país donde si fracasas te dicen que sabían que lo harías, y si tienes éxito es solo cuestión de suerte. Un país, en definitiva, enfermo crónico que necesita un transplante de corazón, pulmones, hígado y riñones.

El sol quemaba. Apenas había gente por la calle. Christian caminó hacia el parque donde solía pasar las tardes con sus iguales para ver que se cocía por allí. Se encontró con Hernández, quien estaba liándose un porro en el momento en que llegó. Lo prendió y se lo pasó.

-No veas como pega esta mierda. Es de la entrega de ayer, me quedé unos cuantos cogollos. Ese chicano ni se entera-dijo mientras comenzaba a toser.

Christian fumó varias caladas, jugó con el humo y le devolvió el porro a Hernández

-¿Fue todo bien ayer? Esta mañana había quedado con él para tomar un café y no apareció. No ha dado señales de vida.

-Ese subnormal la cagó bien cagada. Jason le acojonó a la primera de cambio. Solo se te ocurre a tí confiar en uno de fuera. En cuanto vi como se puso el percal salí pitando del piso. No se qué habrá sido de él y, la verdad, prefiero no saberlo.

-¿Qué cojones dices?-Christian comenzó a alterarse y a hacer aspavientos.- Ese tío es un buen hombre. ¿Qué le ha pasado? Joder, lo conocía del colegio y dio la casualidad de que decidió hacerme el favor, no quería que los guatemaltecos me pillasen con esa droga después de lo que pasó la última vez.

-Lo de siempre, Jason se metió mas de la cuenta... Ya sabes como se pone con rallas de más. Le puso la puta pipa en el tarro, tenías que haber visto a ese blanquito mearse en los pantalones. 

-Tengo que dar con él, pase lo que le haya pasado es culpa mía. Voy a hablar con Jason.

Christian se levantó, chocó el puño de Hernández y se fue. Cuando dio dos pasos, su colega dijo:

-Hay una cosa que quizá no sepas. Ayer Jason te iba a delatar a los putos maderos... Tuviste suerte de que ese pringado hiciese la entrega por tí, porque se ha pasado la noche en los calabozos y en dos días le llevan con el Juez. No se libra colega, ese hijoputa va a pasar una buena temporada entre rejas.

-Ese Jason... Gran chingón, puto malparido. Estará contento poniéndo el culo en pompa apara que la policía le meta la verga hasta adentro, delatando a nuestros hermanos solo para que la pasma le de un poco de aire.-dijo mientras pegaba un puñetazo al aire.

-Piensa que podrías haber sido tú. Tómalo como un gran favor, quizá de Dios, que ha querido que atrapen a ese conocido tuyo en vez de a ti. 

Christian se marchó sin despedirse. El rencor le consumía por dentro. Estaba colocado aunque quería hacer algo por su amigo pero no sabía cómo, tan solo era un camello de poca monta a las órdenes de Jason. Una sola palabra fuera de tono y acababas en una fosa llena de cal viva en cualquier descampado cercano. Esa bestia no se andaba con rodeos. Había llegado desde México huyendo de otros narcos y había aprendido que una vida no valía nada. El culto a la muerte era allí ley de vida. Tu matas a dos míos, yo a 10 tuyos. La violencia crecía exponencialmente y era raro el día en que en la ciudad  una madre no llorase la muerte de su hijo. Aquí, Jason se controlaba porque no se podía actuar tan impunemente, pero aún así, si le tocabas los huevos estabas jodido.

Le abrieron la puerta y entró en el piso en el que ayer debería haber hecho la entrega. Preguntó por Jason y le dijeron que esperase un rato.

Daniel pasó la noche en vela en el calabozo. Su compañero le dijo que le habían pillado empotrando un 4x4 contra el escaparate de una joyería. Le sonaba su cara, seguro que lo había visto en las noticias. Le preguntó si había estado en la cárcel, a lo que este le contestó que sí. Estuvieron hablando sobre aquello. “La cárcel te consume tío, la cárcel te consume” Esas palabras resonaban en su cabeza en todo momento. No se imaginaba entre rejas y sabía que no podría afrontar aquello, no era lo suficientemente fuerte y su cabeza no duraría cuerda mucho tiempo. Pero trataba de evitar estos pensamientos escudándose en que aún quedaba el juicio. Le contaría todo a su abogado, lo que había oído en aquel piso mientras estaba encapuchado, y quizá podría evitar la condena por haber sido detenido de forma ilícita. Informaría al fiscal de que aquel policía hacía tratos con los narcos y que todo aquello había sido una emboscada. Le habían traicionado. Él en ningún momento había querido lo que acabó sucediendo.

-Qué te pasa parce. De buena te libraste ayer eh. 

-Me ibas a traicionar. Joder, me vendiste a la pasma. Y lo peor de todo es que ahora un inocente está a punto de irse al trullo. Creía que yo era de confianza, que lo estaba haciendo bien. Saco un 30% de beneficio al día para ti, ¿y así me lo recompensas?

-Mira... Estabas haciendo demasiados contactos y esos perros de los guatemaltecos te tenían pillado por los huevos. La poli ya te estaba siguiendo y tarde o temprano te iban a pillar. Mejor que te pillen gracias a un favor mío, que que lo hiciera algún hijodeputa de los que no se corrompen.

-Sí, estaba haciendo demasiados contactos. Sabes que ya hablo directamente con los proveedores y que te puedo robar parte del negocio ¿verdad?

-No llegarás a hacerlo. Antes de que muevas un dedo contra mí, le llevaré tu cabeza a la puta de tu madre, veré su cara de horror, la dejaré llorar, y la agarraré del pelo, la meteré en un coche y la descuartizaré. O qué cojones, antes haré eso, si eso es. La descuartizaré delante tuyo, para que veas todo y luego haré lo mismo contigo, hijo de puta desagradecido.

-Sabes que todos los chicos me tienen mucho aprecio, si yo no estoy, ellos te darán la espalda. Contaré que cada cierto tiempo delatas a uno de nosotros y entonces no verán el momento de darte por culo.

-¿Quieres hacer la guerra, no? Hagámosla.

Entonces todo pasó muy deprisa, noto una punzada en el abdomen y como un filo brillante a continuación rozaba su oreja. Le había apuñalado. Christian intentó sacar su pistola pero no atinaba a cogerla. La punzada pronto se hizo dolor intenso. Notó la camiseta empapada. Embistió a Jason y salió corriendo escaleras abajo. Para su sorpresa nadie le persiguió. Primer round: Jason 1, Christian 0. Pero aquello no acabaría así. Llevaba tiempo pensando que lo mejor era largarse. Pero ahora se le presentaba la oportunidad no solo de largarse, sino de hacerlo con parte del negocio y de los chicos. Los hechos se habían precipitado y no podían haberlo hecho de mejor forma.

Tenía que empezar a movilizar a los suyos. Hacerles entender que a partir de ahora estaban con o contra él. A su favor contaba la confianza que estos tenían hacia él y el hecho de que estaba seguro de que no consentirían ser moneda de cambio para que la policía no tocase los cojones. Dentro del crimen, siempre hubo un código de honor y una de las reglas más básicas era no delatar a un compañero bajo ningún concepto. Y Jason se estaba pasando la regla por las pelotas. No habría piedad, por muy temible que pudiera llegar a ser.

Reunió a los chicos. Les expuso todo, haciendo incapié en el juego a dos bandas de Jason. Apeló a la lealtad y cómo no, les explicó que estaban preparados para robarle parte del negocio. “Ha estado jugando con nosotros, para él no somos nada más que peones en las calles que llevan su mierda a los yonkis. Podemos cambiar esto, y tenemos que hacerlo. Nosotros somos suficientes y tenemos contactos”

La estrategia era hablar con los proveedores y decirles que con ellos el negocio iría viento en popa. Tenían ganas y buenas ideas, eran trabajadores y ambiciosos. Reventar las calles con la nueva mercancía. Adulterarían menos la cocaína y venderían más barata la hierba. Aunque el beneficio inicial fuese menor, abarcarían un mayor número de consumidores y a medio plazo estarían haciendo más dinero que con Jason.

-Hermanito-dijo uno de los chicos-entramos a trabajar con Jason gracias a ti, y a ti te lo debemos. Si ese cabrón nos vende como a putas para que no le enchironen, se va a quedar sin moneda de cambio.

-Yo me uno también, siguió otro de los presentes. Que le jodan. No veo el momento en el que tenga que pedirnos perdón, desesperado por la presión de la pasma.

-Y entonces le diremos que se puede meter sus perdones por el culo- afirmó uno de ellos, un joven bajito pero fornido, con el pelo rapado y la cabeza en parte tatuada. 

Todos rieron y jalearon a Christian al unísono.

 

La hora de la verdad había llegado. Tras la reunión, acordaron que Christian, junto con 3 hombres más, fueran a recoger el envío que Jason estaba esperando. El plan era simple: presentarse en el puerto con el dinero, y allí mismo decirles a los proveedores que ahora el negocio era suyo. Les pagarían un porcentaje adicional si les guardaban fidelidad, cosa que creyeron que no sería difícil, pues Jason empezaba a adolecer la falta de mano de obra.

La noche era cálida. El cielo estaba despejado y la luna iluminaba las aceras. Apenas soplaba el viento. Metieron varios rifles y pasamontañas en una bolsa, por si la cosa se complicaba, y la cargaron junto con el dinero en la furgoneta. El ambiente era distendido. Los cuatro bromeaban con la noche que iban a pasar una vez recibieran la mercancía. Reservarían su sala de baile favorita y serían los reyes de la noche. Y si todo salía bien, esa noche sería el principio de otras muchas así.

Uno de ellos, Alonso, un hombre fuerte y fibroso, se puso un pasamontañas y empezó a fingir que tiroteaba a alguien.

-¡Comed plomo, pendejos! ¡Comed plomo!

-Eh, marica. ¿A quién pretendes engañar? No tienes puntería. Solo matas a base de ráfagas-bromeó Hernández-Es mejor apuntar uno por uno y disparar. Solo necesitas dos balas. Cabeza y pecho, y a dormir.

-Tú eres gilipollas. La adrenalina no la sueltas con dos tiros de mierda por persona. Además, en cuanto hayas logrado apuntar, una bala ya te habrá pulverizado los sesos.

-No tienes ni puta idea. ¿Cómo mataron los Navy Seals a Bin Laden, eh?-Entonces Christian les interrumpió.

-Ya está bien, ya vale. Guardad esa rabia para por la noche, o nos van a quedar fuerzas para darle duro a esas zorritas bolseras que vendrán detrás nuestra.-Risas.

Para cuando se dieron cuenta ya habían llegado al muelle. Apagaron las luces y aparcaron junto a una grúa de descarga de contenedores. No había nadie por allí. Esperaron en silencio. Pasó media hora hasta que un coche, también con los faros apagados, llegó al lugar. Otros dos coches le seguían. Cuando la primera persona se bajó del coche, Christian le reconoció. Eran los proveedores. Caminó hacia ellos.

-Vaya, vaya... Así que solo habéis venido cuatro. ¡Qué valientes!-les miró con desdén. Era un hombre de unos cincuenta años. Rodrigo Delafuente. Vestía traje color blanco roto y su tez morena resaltaba. Contacto en España del Cártel Colombiano, llevaba años manejando importaciones por mar a un lado y a otro del Atlántico.

-Hugo, bájalo.-Señaló un contenedor próximo a ellos, encima de otros tres. La grúa empezó a moverse, enganchó el contenedor y lo dejó a unos cinco metros de donde estaban.

-Todo eso es vuestro. Sacadlo con cuidado, esta camuflado entre fruta y no me gustaría que acabaseis apestando a macedonia.

Los chicos procedieron, y al comprobar que todo estaba en orden, le dieron la bolsa con dinero a Delafuente.

-Quédatelo todo. Es una muestra de nuestra buena intención. Ya no dependemos de Jason. Nos ha estado petando el culo y ahora se ha quedado solo. Pero nada cambiará. Ahora yo estoy al mando y estos chicos son eficientes. Nuestra intención es bajar los precios y llenar las calles de vuestra mercancía. Si trabajamos juntos, pronto el volumen de negocio crecerá.

-Se lo de Jason, amigo, lo se muy bien-contestó en tono lúgubre Delafuente.

Entonces, el puerto se iluminó repentinamente. Varias sirenas comenzaron a sonar. Los chicos se dieron cuenta rápidamente de lo que pasaba y corrieron hacia la furgoneta. Rodrigo y su séquito abandonaron el puerto en la dirección en que llegaba la policía. Nadie les paró. Una vez dentro de la furgoneta, Hernández agarró el volante y condujo entre las grúas. Sonaron los primeros disparos. Cuatro coches de policía les perseguían.

Todos los que no iban conduciendo, cogieron sus rifles y abrieron, en marcha, la puerta trasera de la furgoneta. Las ráfagas de balas alcanzaron al primer coche, que se estrelló contra un elevador de palés. Esto dio tiempo para que Hernández se despegara de sus perseguidores y se detuviese en una nave cercana. Apagó el motor. Los coches de policía seguían buscándolos. Estaban atrapados.

-Nos han vuelto a traicionar, joder. Hay un puto chivato entre nosotros.

Todos estaban muy nerviosos. Solo Christian trataba de pensar en como salir de allí mientras los coches peinaban la zona. Entonces vio a lo lejos un barril de gasolina y decidió intentar dispararle, para así distraer a la policía. No podía fallar, pues de lo contrario la pasma escucharía de donde venían los disparos. Respiró hondo y disparó. El barril prendió fuego y estalló. A los pocos segundos la policía fue a inspeccionar aquella zona y Hernández salio del hangar por el extremo opuesto.

Llegaron a casa de Hernández.

-Me cago en la puta. Casi nos cogen joder. Y nos hemos quedado sin droga y sin dinero. Estamos bien jodidos.

-Puede que no tanto-respondió Christian en tono enigmático.

Entonces abrió el maletero y sacó una bolsa. Desabrochó la cremallera y todos vieron que estaba llena de billetes.

-¿Creíais que la bolsa que les di tenía la pasta?. Si ni siquiera se fijaron en ella. Estaba claro que alguien nos estaba vigilando. Les he dado una bolsa llena de papel de periódico. Solo nos quedaba perder la pasta, coño.

-No habremos perdido la pasta, pero si nuestros proveedores. Ellos también están untados. Cerdos hijos de puta.

-Jason aún mueve los hilos. No nos tendrá a nosotros, pero sí tiene influencia-apuntó Hernández.-Nos hemos confiado, nada es tan fácil.

-La próxima vez tenemos que darle donde más le duela-terminó Christian.

Jason recibió la llamada. Todo había salido bien, aunque al final se escapasen. Aún así, aquello le contentó. Ahora andarían acojonados. Les había dado una lección, por si se creían algo sin él. Se dio una ducha y fumó un mariachi. Esa noche dormiría a pierna suelta.

Pero, casualidad o no, Jason no durmió tan bien como esperaba. Se despertó con un fuerte ruido proveniente de las escaleras comunes. Miró el despertador. “Joder, ¿quién coño se pone a dar esos putos golpes a las 5 de la mañana? Les voy a arrancar la cabeza a esas putas y a sus chulos, borrachos como cubas siempre.” Oyó un nuevo golpe, esta vez más  cerca. Parecían varias personas. Jason abrió la mesita de noche y saco cogió su pistola. Tan pronto había quitado el seguro, dos encapuchados reventaron su puerta y, a punta de pistolas con silenciador, uno de ellos le voló la cabeza. Un tiro fue suficiente. Entre ceja y ceja, como suele decirse.

-Vamos, ahora hay que poner esto como ya sabes. Comienza por el salón, ponlo todo patas arriba. Ve habitación por habitación y yo buscaré la droga.

-Está bien. Habrá que darse prisa-dijo uno de los encapuchados mientras revolvía los cajones y tiraba todo al suelo- tiene que parecer un atraco.

Mientras, en la comisaría de policía, el inspector no apartaba la vista del teléfono. Si todo salía bien, se quitarían de en medio a Jason, el cual, sin chicos a sus ordenes, comenzaba a ser un estorbo. En cualquier momento podía hartarse y contar sus trapicheos con el Poder. Además, con la droga que encontrasen, podrían hacer algún que otro negocio. “Nada de quemar el alijo, eso solo pasa en los telediarios. Con este sueldo de mierda, hay que aprovechar todas las oportunidades. Aquí el pez grande se come al chico, y tengo que luchar por seguir siendo el grande.”

Christian estaba en el locutorio, lugar frecuente de reunión de los chicos. La televisión estaba puesta, y una voz seria y grave recitaba noticias sin mucho interés. Fue entonces cuando el presentador anunció la muerte de un conocido traficante de la ciudad. Christian se quedó atónito al ver a Jason, tumbado sobre la cama con un tiro en la frente.  Tenía miedo y a la vez sabía que se habían quitado un peso de encima. Pero aquello no pintaba bien. Tendría graves consecuencias en la ciudad, pues Jason había mantenido el orden durante muchos años. Aquello volvería a traer la guerra entre bandas por liderar la venta en la ciudad, y era ahí donde entraban ellos en juego. Tener a Jason en su contra no era lo mismo que tener a todas las bandas de la ciudad detrás de ellos, pues si algo era cierto era que ahora, sin Jason de por medio, ellos iban a ser considerados el blanco a batir. Convocó una reunión mientras notaba que se le erizaba la piel.

Estaban todos, no faltaba nadie. Prendieron varios cubos  metálicos con fuego para tener algo de luz en aquel descampado. Las sombras eran hipnóticas. Se veía la tensión en cada rostro. Christian rompió el silencio:

-Como todos sabéis, se han cargado a Jason. Eso significa dos cosas: primero que todos pensarán que hemos sido nosotros, y segundo, que a pesar de eso, hay que aprovechar esta oportunidad. No va a ser fácil, seguramente varios de nosotros caeremos, pero si no luchamos lo perderemos todo. Todo lo que hemos conseguido arriesgando nuestra vida o nuestra libertad está en juego.

-Se va a liar una buena. Los guatemaltecos ya se han hecho con varios barrios de las afueras, tenemos que parar esto como sea- dijo Hernández mirando al rostro uno a uno.

-Quizá no haga falta violencia. Podemos pactar con ellos, nos repartiremos las zonas y las ganancias y todos saldremos fortalecidos.

-Eso no es posible-exclamó Christian- Demostraría debilidad, y en cualquier momento tratarían de abusar de nuestra confianza para exigirnos primero el 60 por ciento, luego el 70, así hasta darnos una patada en el culo y largarnos de la ciudad.

-Pues solo queda una opción...-insinuó uno de los chicos.

Fue entonces cuando el móvil de Christian empezó a sonar. Era Delafuente, Christian puso el altavoz:

-Hijos de puta. Habéis sido vosotros. Os lo habéis cargado y habéis robado su droga, parte de la cual era mía. Esto no va a quedar así. No podréis pegar ojo porque, en cualquier momento, cuando menos os lo esperéis, ahí voy a estar para abriros la garganta y sacaros la lengua por ella. Nadie juega con Delafuente. ¿Entiendes?

El interlocutor colgó sin tiempo para que Christian explicase que ellos no tenían nada que ver. El silencio era insoportable. Fue entonces cuando Hernández lo rompió:

-Un momento. Si nosotros no hemos sido, y Delafuente tampoco, ¿quién coño ha sido?

-Los guatemaltecos o cualquier otra punta banda, joder. Quien va a ser. Eso no importa-respondió uno de ellos.

-Te equivocas. Esas bandas no tienen los cojones para hacer eso. Tampoco saben donde vive, Jason siempre se escondía muy bien. Solo nosotros y Delafuente y... Me cago en la puta, ¡La pasma! Ha sido la puta pasma. Ellos sabían donde vivía. 

-¿Pero y lo de la droga?-preguntó Christian clavando su mirada en el vacío.

-Se la ha llevado ese inspector, ese puto corrupto. Se la venderá a cualquier otra banda, les engatusará y luego empezará a pedir al líder que vaya delatando a sus chicos o le meterá entre rejas. ¿Aún no sabéis como funciona ese hijo de puta?

La reunión terminó. Las posiciones estaban marcadas. Tenían a Delafuente contra ellos y a la policía haciendo de las suyas. Christian no pegó ojo en toda la noche. Pero quizá, gracias a eso, cuando llevaba horas mirando al techo, tuvo una idea. “Si la policía se ha llevado la droga, tienen que tenerla escondida en algún sitio. Y no creo que los maderos se lleven un fardo de cocaína en su coche y lo metan en el armario de su casa junto con las bragas de su mujer. Tiene que estar en el depósito, Lo habrán dejado allí como mercancía incautada. Sobornarán al encargado de los registros y la harán desaparecer, a cambio de varias bolsas de billetes, muy pronto. Tenemos que logar entrar en ese depósito y llevarnos la droga. De esa forma evitaremos que los guatemaltecos se expandan y nosotros tendremos materia prima gratis con la que empezar de nuevo el negocio. Si conseguimos llevárnoslo gratis, el beneficio será del cien por cien”

Se levantó y fumo un cigarro en la ventana. La luna iluminaba las azoteas de los edificios, y el cielo estaba lleno de estrellas. Interpretó aquello como un augurio. Si todo salía bien, sería un golpe maestro. Dio una calada y echó el humo por la nariz. Saboreó el tabaco. Saboreó la noche. Cuando se fue de vuelta a la cama, se durmió automáticamente. Mientras, en la otra punta de la ciudad, el inspector de policía se acostaba embriagado después de una noche de celebración. Ambos dormían ya felices, pero a uno de ellos, ese sentimiento no le duraría mucho tiempo.

El plan de Delafuente de no perder de vista a Christian y los chicos había comenzado. Apostó hombres en todas las esquinas de los barrios controlados por éstos. Primero controlarían sus movimientos, para hacerse una idea de como procedían, y luego moverían ficha. La intención era sabotear todos sus trapicheos y volver a los adictos contra ellos. No había nada más peligroso que unos yonkis necesitados de su dosis. “Un drogadicto es capaz de casi cualquier cosa” pensaba Delafuente. Así, una vez que hubieran conseguido eso, comenzarían a extorsionarles hasta que tuvieran que marcharse de la ciudad. Si no lo hacían... Bueno si no lo hacían simplemente rodarían cabezas. Ese era el plan. 

Mientras tanto, Christian y Hernández comenzaron a estudiar todos los detalles del golpe. Durante tres noches se acercaron sigilosamente al depósito de incautaciones de la policía y observaron absolutamente todo. El cambio de guardia, los accesos al mismo y las alarmas. Llegaron a la conclusión de que el mayor problema para entrar serían las cámaras y alarmas. Las puertas no estaban blindadas y el cambio tuvo lugar siempre entre las cuatro y media y las cinco de la madrugada. Al finalizar la tercera noche, decidieron convocar una nueva reunión. 

Todos se decidieron por el siguiente plan. Irían cuatro. Hernández y Christian, por supuesto, y dos chicos más. Uno de ellos era un joven al que apodaban “Glock”. Era astuto y rápido, calculador y muy eficiente. Se había ganado la confianza de los chicos a base de infiltrarse en otras bandas para sacar información. El otro elegido era Balboa, un tipo de trato afable que era apreciado por su lealtad, y por llevar más de 20 años en la banda. Él había visto crecer a muchos de ellos, pero nunca intentó escalar dentro de la organización. Simplemente disfrutaba de la camaradería y de la vida al margen de la ley. La misión de todos ellos fue estudiada al detalle. Primero romperían la verja de acceso al recinto. Llegarían hasta las cámaras y pintarían la lente con spray. A continuación Hernández se dirigiría al cajetín eléctrico para cortar todos los cables del depósito y provocar un apagón. Tendrían que actuar deprisa, localizar la droga y llevársela lo antes posible. El principal problema radicaba en que no sabían que iban a encontrarse dentro del depósito. ¿Habría alguien más dentro? ¿Estaría oculta la droga?Es más, ¿estaría allí la droga? Pronto lo sabrían.

Los cuatro montaron en la furgoneta. Doblaron la matrícula para que fuese ilegible y pusieron rumbo al destino. La tensión era palpable. Un error y estaban acabados. Era como entrar en la boca del lobo. Una vez hubieron llegado al destino, dejaron la furgoneta en un punto de la valla lo más lejos posible de la garita de guardia. Se bajaron con todas las posibles herramientas a utilizar y con las pistolas cargadas. Entrar por la valla no fue difícil. Unas tenazas hicieron la labor. Una vez dentro, se pusieron los pasamontañas y Glock y Balboa procedieron a tapar las cámaras. Se reunieron de nuevo y caminaron hacia el depósito. Un ruido les sobresalto. Oyeron un par de voces reír. Se tumbaron en el suelo, con sus ropas negras, y se quedaron observando. A lo lejos dos guardias salían del depósito y caminaron rumbo a la salida. Tenían que actuar. Cuando les perdieron de vista, corrieron hacia la puerta de entrada. Hernández buscó el cajetín eléctrico y lo abrió

-Joder, hay demasiados cables. Me cago en la puta ¿qué cojones hago?

-No lo se. Quizá si cortamos todos hagamos sonar la alarma. Si eso pasa montones de maderos llegarán y estaremos bien jodidos.

-¿Entonces que quieres que entremos ahí a pelo sin saber que nos vamos a encontrar?

Entonces vieron a Balboa escalar la pared del depósito y pronto desapareció por el tejado. A los pocos momentos, oyeron un silbido. Treparon hacia donde se encontraba Balboa y éste, con una sonrisa, les señaló hacia unas placas translúcidas. Se acercaron y vieron que dentro había una sombra que se movía. Había una persona dentro. Tendrían que pensar qué hacer con ella.

Bajaron de nuevo y decidieron que uno de ellos picaría a la puerta. Los demás se esconderían en una esquina y en cuanto el policía abriera se echarían en cima de el y lo inmovilizarían.

Glock se acercó a la puerta y dio dos fuertes golpes. Oyeron unos pasos acercarse. Se abrió la puerta y el policía encañonó a Glock

-¿Qué coño haces aquí?-preguntó.-¿Quien cojones te crees que eres?

-Me han llamado para revisar la instalación de seguridad- respondió mientras miraba de reojo a los demás, como pidiendo ayuda.

Entonces los tres echaron a correr hacia la puerta y encañonaron también al policía. Éste agarró por el cuello a Glock y puso la pistola en su cabeza.

-Ni un paso. No deis ni un puto paso ¡Joder!-dijo mientras sacaba un walkie del cinturón.

Entonces se oyó un disparo. El puto Balboa acaba de volarle la mano a ese puto poli, que soltó de inmediato a Glock. Christian reaccionó y se abalanzó sobre el policía, lo redujo y le tapó la boca con cinta americana. Le ataron las piernas y le dejaron en una esquina. Rápidamente se pusieron a buscar la droga. Pero después de varias vueltas no vieron nada. Hernández se dirigió hacia el poli, le quitó la cinta americana y apuntándole a los huevos le dijo que donde coño estaba escondida la droga.

-No lo sé. Por favor, no me hagas daño

-¿Dónde coño está hijodeputa? ¡¿Dónde?!-le pegó un puñetazo en la cara.

-De verdad que no lo se, lo juro.

Christian le disparó en una rodilla. El grito de dolor fue desgarrador. Le volvió a preguntar, bajo la amenaza de que después iría la otra rodilla y luego su cabeza.

-En la caja fuerte de ahí a la derecha-respondió entre sudor y sollozos.-Llamad a una ambulancia joder, me voy a desangrar.

Los cuatro se dirigieron a la caja fuerte. Estaba cerrada. No tenían lanza térmica así que no podrían abrirla.  Estaba jodidos.

Entonces, Glock dijo que estaba encajada en lo que parecía una falso fondo. Empezó a sacudir a la pared con las tenazas hasta que comenzó a romperse. Pero no fueron capaces a sacarla.

Christian corrió hacia la furgoneta, se montó, arrancó el motor y embistió la valla a toda velocidad. Aparcó en la puerta del depósito. Sacó una cadena del maletero, la ató a la defensa de la furgoneta y con el otro extremo enganchó un tornillo de la caja fuerte. Volvió a la furgoneta, metió primera y acelero como un loco. La cadena dio un tirón y vio a los chicos gritar de alegría. La caja se había desencajado de la pared. La montaron entre todos en la furgoneta y pusieron pies en polvorosa.

Una vez descargada la caja fuerte en uno de sus garajes-almacenes, decidieron que lo mejor era deshacerse de la furgoneta. Condujeron de nuevo hacía un descampado próximo. De camino pararon en una gasolinera y compraron dos bidones de gasolina y dos botellas de tequila. Una vez llegaron, rociaron la furgoneta de gasolina y uno de ellos lanzó un mechero Zippo dentro de la furgoneta. Los cuatro se alejaron y abrieron las botellas de tequila mientras esperaban que uno de los chicos les viniese a recoger.

-Joder, ha sido la puta hostia. Aún tengo la adrenalina en el cuerpo. Mira como me tiembla la mano-dijo Hernández levantado el brazo a la altura de los ojos.

-Casi la cagamos, pero tenemos a Balboa. ¡Rocky Balboa hijosdeputa! Cuando más jodidos estábamos ¡Pum! Le revienta la mano a ese cabrón- gritó excitado Glock.-Además me has salvado la vida- agarró a Balboa y le abrazó.

-Ahora si que estamos en condiciones de llenar el mercado. En esa caja hay mas de 200 kilos de cocaína y otro tanto de heroína. Con la hierba que estamos cultivando, tenemos la Santa Trinidad. Haremos buen negocio-Dijo Christian, tan calculador como siempre.

-No os he contado una cosa, mirad lo que tengo-susurró Glock sacando de su bolsillo una enorme collar de oro con lo que parecían piedras preciosas.

-¿De dónde mierda has sacado eso tío?-preguntó Hernández.

-Me topé con él en el almacén.Tiene pinta de valor de cojones. Lo cogí para venderlo, quizá había sido incautado en alguna operación policial. Pero se me ha ocurrido que podemos regalárselo a Delafuente como muestra de amabilidad. A él le encantan estas mierdas, y quizá así le hagamos ver que estamos de su lado. Que nosotros no nos hemos cargado a Jason y que queremos seguir haciendo negocios juntos.

-Pero Delafuente dice que esa droga era suya. No creo que ese collar valga más que todo lo robado.

-He investigado los pagos de Jason y es mentira. Ese alijo ya estaba pagado-contestó Christian.-Quizá solo lo dijo pa ver si picábamos y confesábamos que habíamos sido nosotros.

-Pues entonces todo parece estar en regla.-apuntó Balboa.

-Así es hermano, así es.

Empezaba a amanecer. Los primeros rayos de luz se filtraban por el parabrisas del coche. Tonos anaranjados envolvían la atmósfera. Todos volvían ya a casa. El silencio entre ellos era la muestra más evidente de que un nuevo camino se abría ante ellos. Entrañaría muchas responsabilidades, pero el deseo de volver a controlar la ciudad les llenaba de fuerzas. Eran ambiciosos y capaces, y confiaban en que podrían hacerlo. Tenían todo lo que hace falta para triunfar.

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  • “Putas casualidades, joder. Putas casualidades y puto colegio.No se por qué mis padres no me sacaron antes de ese antro con monjas y pupitres podridos. En qué lío me he metido. Soy un insensato y siempre lo seré. Ya no estoy para estas cosas” pensó mientras por la frente comenzaba a sudar en frío. Entonces comprendió todo. Había sido una trampa. Pero una trampa doble. Sabía que acabaría en la cárcel, no solo por lo que había oído, sino porque con aquella mochila se podría llenar de droga las calles del Bronx o de las Cien Mil Viviendas durante semanas. Pero aún con eso, no daba crédito a lo que acaba de escuchar. La policía haciendo tratos con narcos.

Amante de la novela negra. Mankell, George V.Higgins, Patrick Modiano...

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