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5 min
EL ESCRITOR
Varios |
24.10.13
  • 4
  • 13
  • 3043
Sinopsis

El tiempo circular

EL ESCRITOR

 

Camino hacia el centro, como cada tarde, a pesar de la lluvia. Lluvia incipiente, socarrona, que no arrecia, que se esconde. Esa llovizna inofensiva y testaruda que se entierra en el subsuelo y resurge trasformada en humedad letal.  Noviembre se ha apostado en la ciudad. Es su índole. Podría haberme escudado en el clima para no salir de casa, pero la idea se me ocurrió muy tarde. Como tantas cosas. Filas de gente avanzan pegadas a las paredes. Los paraguas se estorban entre ellos y ocasionan atascos y discusiones. Sorteo los charcos que se forman en los cráteres del pavimento. Esquivo el barro y las salpicaduras groseras de los vehículos que no tienen consideración con el transeúnte.  De Santa fe hasta el parque, como todos los días, siguiendo la misma ruta. Una rutina cansina, desgastada. El parque y sus habitantes; el parque y sus árboles mojados, tristones, grisáceos. Los adoquines estan cubiertos por una película de lodo: un verdadero peligro para los peatones que se aventuran hacia el interior. Un cigarrillo es un breve consuelo invernal. ¿Y ahora hacia dónde? Ya no tengo ganas de ir a la biblioteca del banco. Estará invadido por refugiados que buscan la calidez entre alfombras y mesas de caoba. Se apretujan en la salita de los periódicos. Estornudos y toses; inciertos vapores corporales. Quizá un café en la cafetería de la esquina. En medio de la duda, aparece el escritor. Surge entre la enramada que bordea el cuadrante del parque. Los dos nos alegramos del encuentro, de forma opaca, apenas perceptible. Nos refugiamos bajo los arcos del edificio del banco. Vendedores de cigarrillos y emboladores se arremolinan bajo las columnas. Contemplan la calle mojada con evidente desazón: las ventas se han venido a pique. El escritor da comienzo a un discurso irritado. Está harto de poetas y escritores advenedizos. No soporta el abuso del lenguaje procaz. “Se arrogan deportivamente el título de poetas urbanos”. “De un momento a otro esto se ha llenado de Bukowskis y Caicedos.” Su postura es novedosa y contradictoria; ya lo he oído antes despotricar de los tendenciosos que quieren impresionar al lector con un vocabulario impostado. Su doctrina en cambio es clara. “Sin tensión y drama mejor no escribir. Hay que desterrar de nuestra obra cualquier personaje estereotipado. Un relato predecible es vomitivo. En cuanto a los finales, hay que ser prudente: si se trata de un desenlace inesperado, este debe ser sutil, de lo contario se corre el riesgo de que resulte violento. Como un ladrillazo a la cara del lector.”

Entretanto la lluvia se espesa y amenaza convertirse en aguacero. Las copas de los arboles  cabecean por la irrupción de un viento helado. La noche prematura asedia la tarde; los  faroles parpadean en su auxilio y se inmovilizan en una luz macilenta. Desde las columnas de hierro que coronan, parecen cerillas a punto de sucumbir. La oscuridad se arrastra como una  mancha sobre las callejuelas del parque.

Me he perdido en algún punto de la disertación, pero caigo en una sentencia preclara: “El escritor debe saber todo de lo que cuenta, pero el narrador no debe contarlo todo. Es el escritor quien construye al narrador y no al revés”.

Mi amigo parece notar mi distracción y baja la intensidad de la perorata. Sus ojillos grises han perdido el brillo del principio. Yo sé lo que ocurre. Cómo no saberlo. No hacen falta palabras, no hace falta literatura. Saco un billete de diez, lo único que tengo y se lo doy. El escritor lo recibe y sus ojos brillan de nuevo. Podrá seguir bebiendo un rato más y tal vez le sobre algo para comer. En agradecimiento me regala dos hojas de papel dobladas en cuatro partes. Explica que se trata de un relato inconcluso. “Ya sabe la profusión de ideas narrativas que me asaltan y el poco talento que tengo para terminarlas. Dele un gran final, que eso es lo suyo”. Recoge el bastón que ha dejado apoyado en la columna. Del suelo levanta su mochila raída y miserable. Está dispuesto a marcharse. Mira hacia el suelo y nota algo anómalo. Un cordón desatado. Se agacha y lo amarra.  Veo sus botas desjaretadas por donde asoma la mitad de un pie embarrado. Finalmente se incorpora y se aleja entre la muchedumbre de gente empapada.

Desdoblo los papeles. Están húmedos. Alguna gota de agua ha producido lagrimones de tinta. En el cuento, un melancólico personaje, sin nada que hacer, se dirige cada tarde hacia el parque central. La obstinada lluvia de noviembre no lo detiene……  

 

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  • Es bueno encontrar escritores por aquí. Felicidades
    Muchas gracias Alexdz74, al final he suprimido la frase, y he hecho un pequeño cambio en la anterior agradezco enormemente las apreciaciones contructivas. Se que has entendido que eran hermanos, pero quería transmitir que solo eran amigos.Lo revisaré de nuevo. Ni que decir tiene que tu relato es increíble.Me alegro de haber empezado a leerte.
    Me ha dado repeluzno de frío mientras lo leía, felicidades
    Gracias por tu observación en "NOSOTROS". Lo corregí de inmediato. Increíble que sigan apareciendo erratas después de tantas revisiones antes de publicarlo, y de tantas lecturas posteriores. Saludos
    Un relato notable, construido a base de frases cortas, ricas y certeras y con un final sutil, como defiendes, yo opino lo mismo, e inesperado como los que a mí me gustan. Una historia atrapada en un bucle infinito, sin duda un enfoque novedoso y original. Saludos.
    Una visión distinta de lo que conlleva ser escritor, se ve que el oficio no da para ganarse la vida, una lástima. El final me gusta mucho, es como entrar en un bucle, y refuerza el hecho de que "Es el escritor quien construye al narrador y no al revés”. Totalmente acertado. La descripción de una tarde otoñal es muy realista. Y en base a mi relato... se nota que has disfrutado escribiéndolo, porque yo he disfrutado leyéndolo =). Un saludo!
    Un relato que como la lluvia fina me ha calado con total placer por mi parte. Saludos.
    Me gusta tu narrativa, la calidez, la melancolía, la carga de existencia que tienen los ambientes y los personajes. Es algo un tanto indefinido, pero está ahí, escasamente imperceptible con la lógica de la gramática o el compendioso saber literario, ajeno a los manuales. Quizá como deba ser, un poco como la música, esa comunicación del alma. Un saludo.
    Tu lluvia dista mucho del romanticismo. Descubre una ciudad plagada de grises, incluyendo al protagonista. Y en esa sociedad-suciedad el tiempo gira desgastando los carteles de salida hasta hacerlos invisibles. Tu historia nos atrapa como lectores en una noria literaria. Un gusto, como de costumbre.
    He disfrutado con la descripción de una tarde otoñal que comenzó oscura y no tuvo ninguna alternativa, de un parque urbano y su fauna, y de un gran personaje que no gana para zapatos. Saludos.
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