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25 min
El especialista
Amor |
23.03.15
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Sinopsis

Aventuras y desventuras de un perro sin raza definida, quien es adoptado de pequeño para luego por circunstancias de la vida es abandonado a su suerte.

EL ESPECIALISTA.

 

Y por parejas fueron subiendo a el Arca, eran los elegidos para repoblar la tierra, y así proclamar la gloria de Dios. Del más humilde, hasta el más poderoso valían igual.

MUG

El sol, cansado ya de calcinar los cerros de la costa, enfundaba sus rayos y se preparaba a recostarse en el lecho que preparaba en el horizonte, transformándose en una enorme bola de oro que espejeaba  los últimos saludos a los cerros más altos con sus dorados ases.

La tarde había sido calurosa y las familias se sentaban ahora en las rocas, cerca de la playa, a ver, como viejo ritual, la llegada del crepúsculo. Los últimos pelícanos y gaviotas, con sereno aletear, se dirigían a sus dormideros, dando la impresión de ser pequeñas naves de combate.

Alfredo venía  subiendo por el caminito que unía  la casa con el camino de la playa, lugar que había elegido su hermano para levantar su vivienda, al verlo, sus cinco  sobrinos  se precipitaron por la huella, haciendo como siempre escandaloso ruido de risas y reclamos. A media falda de la cuesta el enjambre de chiquillos chocó con el tío que dejando en el suelo un pequeño bulto que portaba en una bolsa harinera, abrazó a cada uno de los alborotadores, prodigándoles palabras cariñosas.

Fue el más chico de los niños que fijó su atención en el pequeño bulto que se agitaba en el interior de la bolsa y asustado pasó la voz entre los hermanos, segundos mas tarde los cinco pequeños miraban como hinoptizados el movido objeto.

El tío como dándose importancia, con todo cuidado  tomó el bulto  y en un rápido giro se lo hecho a la espalda, tomando de la mano al mas pequeño de los sobrinos continuó el camino  al encuentro con su hermano. Este lo recibió como de costumbre con un gran ¡Hola! Lo mismo que su cuñada.

El cansado viajero  tomó asiento en una piedra cercana dejando en el suelo  el bulto y teatralmente, sacó de un bolsillo cinco caramelos, los que repartió y una cajetilla de cigarrillos, ofreciendo uno a su hermano y su cuñada, comentando algo sobre los efectos  de los calurosos días, ignorando deliberadamente a los cinco sobrinos que a estas alturas ya se morían de curiosidad y sus cinco cabezas formaban un circulo en torno a la bolsa depositada en el suelo.

El más pequeño de los niños, sin poder aguantar más, alargó su mano para tocar tan extraño objeto, pero su tío, que estaba alerta se lo impidió y con gran cuidado libró la soga que cerraba la boca de la bolsa y con toda calma introdujo su brazo al interior los cinco niños contenían el aliento.

¡Por favor niños!, córranse un poco para atrás por favor, les pidió el tío. ¡Ahora precederé a presentarles al especialista! Y acompañando sus palabras con los hechos, sacó la mano portando  una bola de pelos de color ratón  y la depositó en la tierra, este al sentirse en libertad miró a todos lados  y emitió una especie de ladrido que causó la risa  de todos los espectadores, después sin ningún pudor, desahogó sus orines dejando una manchita de humedad en la reseca tierra.

Repuestos de la sorpresa, los niños se abalanzaron a tomarlo, pero el tío se les adelantó y agarrando al perro por el pellejo del pescuezo, se los mostró y aclarando la voz, se dirigió a los muchachos.

Esto que ustedes ven aquí, no es un perro cualquiera como parece ser, no amigos, éste es el verdadero especialista, con este animal  se acabaron los problemas de todos ustedes, ahora esta un poco chico, pero cuando crezca les servirá a todos en todas sus necesidades, esto que ven aquí  podrá acarrear agua, traer leña, espantar los gatos que se quieran comer los pollitos,  aventar pájaros que tratan de comerse las semillas que la mamá siembra en la huerta y cuidar la casa cuando salgan a la iglesia o a la escuela, claro que para que ustedes tengan esta maravilla, primero tendrán que estar de acuerdo sus padres y Vds. prometer cuidarlo y alimentarlo como debe ser.

Los padres de los niños le habían pedido a Alfredo que les consiguiera un perro  pequeño, que fuera rondador y comiera poco.

Los muchachos se abalanzaron donde sus padres y a coro le pedían que se les permitiera tener tan gran maravilla y se comprometían a cuidarlo.

Después de todo este acto teatral, los padres aceptaron y los vítores de los rapazuelos se escucharon en toda la costa del Pacífico pero ya el Especialista había elegido el saco para un reparador descanso después de la incursión y dormía respirando rítmicamente.

Los muchachos acordaron bautizarlo como el tío lo denominó y cada uno interpretando con sus escasos conocimientos, las cualidades del futuro can. Así pasó a llamarse sencillamente el especialista.  

El perro, heredero de una larga serie de cruzas y el aporte de variados genes, se desarrollaba inquieto y alegre, jugando todo el día con los niños y en la noche durmiendo  entre sus compañeros de travesuras. El dueño de casa, ayudante en una lancha de pesca artesanal de congrio, siempre se acordaba de él, guardándole hígados y buches  que su ama le cocía y acompañaba con un poco de arroz o fideos. Así el Especialista  fue creciendo fuerte y sano.

Para sorpresa de los dueños, no dejaba de crecer y a los ocho meses alcanzaba la alzada de un perro pastor, siendo respetado por sus congéneres en toda la caleta  por estar siempre dispuesto a una buena rosca y pronto  los vecinos  aprendieron a mantenerse a prudente distancia de los colmillos del Especialista.

Los perros están atados a extrañas costumbres que seguramente vienen de remotos pasados cuando decidió  amarrar su destino con el hombre primitivo. Él velaría  en la entrada de la caverna, lo acompañaría en las cacerías y haría con él la guerra a cambio de un resto de comida y un lugar cerca de la fogata. La noche en esos tiempos representaba el terror, con feroces carniceros al acecho y la luna iluminando todo ese extraño mundo,  lógico era que los canes vaciaran sus temores aullando a la luna.

Estos atávicos miedos, los perros los heredan y aman y temen a la noche, para ellos es algo irresistible, como la mariposa nocturna tendrá que quemar sus alas en la lumbre, así los perros son atraídos por la oscuridad. El Especialista se permitía  largos paseos por los cerros y quebradas que rodeaban la caleta y le gustaba observar casas, bodegas y corrales donde los demás dormían, en esas noches de luna llena, se sentaba en el claro de algún cerro y aullaba largamente a la fría luna, después  ya mas relajado  volvía a su casa y se dormía con un sueño tranquilo.

El perro se había auto impuesto algunas obligaciones y estas obligaciones, las cumplía a todo trance. En las mañanas acompañaba a los muchachos al colegio  en un largo recorrido  y al regreso de éstos en la tarde, seguro que los estaría esperando en la puerta de la escuela. A su ama la seguía  en todos los quehaceres, sin interferir y su amo tendría la seguridad de que cuando regresara a la caleta, él lo estaría esperando  en la playa, para darle la bienvenida.

En estos ajetreos lo sorprendió su segundo año de vida, transformado en un fuerte y desarrollado animal cuya única debilidad eran los cinco muchachitos  y los dulces y negros ojos de su ama que con cualquier gesto amistoso lo transformaba en gelatina.

Una fresca noche de otoño, la luna llena iluminaba intensamente los dormidos cerros, el camino costero era una invitación a alcanzar un poco mas allá de lo antes explorado, el Especialista se desperezó y al trote se fue por el camino, los perros del vecindario salían a su encuentro, pero al reconocerle hacían como que no la veían y furiosamente ladraban a algún árbol o mata de quila y se retiraban. Al perro  le agradaba sentir el fresco  aire chocando en su cuerpo y éste que no acumulaba grasa sino músculos le producía un agradable calorcito que irradiaba de adentro para afuera, envolviendo su cuerpo en una catapulta de energía. Esa noche recorrió muchos kilómetros, llegando a un sector costero que albergaba una pequeña población de casas dormidas. Como de costumbre, desde un otero se sentó a observarla, de pronto le llamo la atención unos recios ladridos de una hembra que seguramente vivía en una da las casas de la villa. La curiosidad llevó sus pasos  hasta la población y sin dificultad dio con la casa de donde provenían  los ladridos. La propiedad estaba rodeada de un alto cerco de una gruesa malla de alambre y la casa  tenía  un amplio y cuidado jardín. El perro estaba mirando al interior de la propiedad con la nariz pegada a la malla, cuando de pronto  y detrás de una mata se azaleas, apareció la hembra, venía como un bólido y prácticamente chocó con la malla y la nariz del fisgón. El perro retrocedió  y esto le dio la oportunidad de ver a la perra. Esta era una hermosa hembra  de buena alzada con mucha sangre de ovejero alemán, ella también escrutó detenidamente al intruso llegando a la conclusión que solamente era un pelafustán y no valía la pena uno de sus ladridos, este en cambio pensó que ella era una perra engreída y mal educada, pero ninguno cedió terreno al otro, ella mas activa tuvo la osadía de tocar  su nariz con la nariz de ella a través de la malla.

Esto era otra cosa, una invitación  como esa, un perro que se precie no podía desdeñar, así que recorrió la malla que rodeaba la propiedad buscando una parte por donde entrar, lamentablemente no había ninguna pasada expedita, el Especialista no podía desanimarse, encontró una parte donde la tierra estaba húmeda y rápidamente empezó a cavar  un agujero y media hora después pisaba el prado y enfrentaba a la perra, ésta lo olió, y él, galantemente devolvió el saludo. Dos minutos después jugaban felices, como viejos amigos por el cuidado prado, iluminados  por una enorme  y hermosa luna.

Una semana duró el volcánico romance entre el Especialista y la Muñeca, él no bien caía la noche, partía a la villa donde lo esperaba la hembra  y corrían y retozaban hasta la madrugada cuando éste partía a cumplir sus  obligaciones para con sus amos. Pasada la semana el can notó  que su compañera cambiaba notoriamente de actitud hacia él, al parecer había perdido el interés por los juegos  e incluso su carácter se notaba cambiado y en un momento  en que él  quiso hacer el amor, ella le respondió con un mordisco. ¡Vaya!, como cambiamos, pensó el can y para evitar roces, se echó cerca de la hembra, al no notar un cambio de actitud, la invitó a jugar en el pasto pero la Muñeca  apenas le brindó una helada mirada. El corazón del Especialista  estalló de dolor y dos minutos mas tarde, ya repuesto de tan gran golpe a su dignidad de macho, regresó a su hogar. ¡Cuánta razón tenía ese viejo doberman que veraneó el año pasado, cuando le dijo  que a las hembras no hay que tratar de entenderlas, solo amarlas.  Pero de todas maneras, llegando a casa, pasó a propinarle un correctivo, al perro vecino, y luego se fue a dormir.

La temporada de invierno  era mala época  para los perros de las caletas. Los  veraneantes han desaparecido y con ellos cantidades de restos de comida, desde el humilde hueso de pollo que dejan botados en la playa las familias pobres hasta carnudos huesos de abundantes asados en las casas. Así las colonias caninas prosperan en varano, pero en invierno, la dieta se transforma en escuálidos caldos y algunos pedazos de papa o afrechillo. No era este el caso del Especialista, su amo trabajaba regularmente y aportaba los alimentos para la familia y él era parte de esta.

La vida de este grupo familiar, de un momento a otro se vio transformada y destruida. Un día el dueño de casa no regresó del mar, el perro no entendía porqué los niños no iban al colegio y su ama no se dedicaba a sus labores cotidianas, sino que todos se pasaban casi todo el día en la playa, mirando el vacío horizonte. Esta situación  se prolongó por veinte días, hasta cuando regresó el  tío, este venía serio y con expresión preocupada. En torno a la mesa de la cocina se reunieron todos y Alfredo evaluó la situación, la permanencia de la familia en la caleta era insostenible sin alguna entrada de dinero para sobrevivir y la posibilidad que su cuñada encontrara  un trabajo ahí, era absolutamente imposible, lo mas sensato sería que su cuñada y los niños se trasladaran a Valdivia, a la casa de su suegra y consiguiera un trabajo, los niños tendrían escuela y el alimento no faltaría. Acordaron esperar quince días más  y si nada pasaba en cuanto al desaparecido, cerrarían la casa y se trasladarían a la ciudad.

Alfredo puso disimuladamente  unos billetes en el bolsillo  del delantal y una gran bolsa de alimentos sobre la mesa. El Especialista presentía que algo muy malo se les venía a todos encima y se mantenía echado queriendo pasar desapercibido.

Pasado el tiempo convenido Alfredo regresó con una camioneta y todas las camas, ropas y algunos catres fueron cargados, la casa clausurada y encargada a los vecinos y una tarde en que lloviznaba tenuemente, la familia abandonó  la caleta. El can no podía saber la tortura  que significó para la mujer y los niños, abandonar al perro y esa casita que había atesorado tantas risas infantiles y sueños del joven matrimonio. Un vecino se comprometió  a velar por el perro  pero éste sólo quería ver a los niños y tratar de comprender que había echo de malo  que lo condenaron al olvido a él, que siempre fue algo especial para todos.

Ese invierno, el hambre  se abatió en las caletas a consecuencia del mal tiempo los botes artesanales no podían salir a pescar y hasta los mariscos mas modestos  desaparecían de las rocas, el invierno continuaba y los pobladores sobrevivían  de algún  crédito  o de la generosidad de los parientes de la ciudad.

El Especialista dormía gran parte del día para no gastar energía, pero llegaba la oscuridad y los cerros lo llamaban partiendo en un trote sin destino. Una noche, su fino olfato captó el inconfundible aroma a carne fresca y dejándose llevar por el olfato bajó una quebrada y se dio de cabeza con una oveja que pocas horas antes se había caído de una peña y estrellado en el fondo de sus heridas perdió tal cantidad de sangre que por ahí se le fue la vida. Este hallazgo casi ilícito, confundió al perro  porque sabía  que ese animal  pertenecía a  algún hombre, pero el hambre roía sus tripas y la carne estaba ahí. Sus poderosos colmillos destasaron una buena parte de la oveja y casi de madrugada regresó a la casa a dormir con el estomago ahíto de carne. Los perros de los vecinos, tan hambrientos como él, lo vieron pasar y sus olfatos les dijeron con mucha claridad que el Especialista se había dado un atracón de carne y que para llegar a la fuente del alimento sólo necesitaban desandar el camino del afortunado colega.  Así, cinco perros del vecindario  y ya de madrugada, descubrieron los restos de la oveja que el Especialista había dejado escondido con algunas ramas y hojas caídas, terminando de devorar al animal.

Los dueños de la oveja la habían buscado por espacio de dos días desde el momento en que se perdió pero nadie había bajado a la quebrada, así que pensaron que alguien de la caleta la había robado, y esto en invierno era pan de cada día en el sector rural costero.

Los seis perros involucrados en la desaparición del cuerpo, tardaron tres días en digerir la oveja y pasados los efectos de los nutrientes ingeridos, el hambre volvió  a roer  las tripas de los canes  con mas fuerza, éstos  instintivamente se acercaron  al Especialista pensando que él había matado a la oveja y en clara e implícita entrega, se pusieron a sus órdenes. Una oscura noche en que el viento y el agua arreciaban, el Especialista, con secos ladridos puso en alerta a la pequeña manada y pasada la media noche, salieron silenciosamente de la caleta para perderse en alguna quebrada que los pondría en camino para su primer delito.

La manada asesina asoló los campos y no dejaban huellas, esto tenía desorientados a los campesinos puesto que siempre que desaparecía un animal del piño, se producía  cuando mas llovía y no dejaban restos.

Inteligentemente el Especialista abarcaba cada vez  mas amplio terreno para la cacería y una noche vio las casas de la villa donde vivía la Muñeca. Este hizo alto  con la manada y sólo se dirigió a la casa donde vivió el calido romance. De pronto la vio y ésta lo reconoció de inmediato, él demoró en reconocerla pero era ella, su panza estaba hinchada por lo avanzado de la preñez y sus costillas asomaban  por entre el pellejo del lomo, estaba flaca y famélica. El portón de la propiedad estaba abierto y aún quedaba en el aire el desagradable olor  a alcohol que como estela, dejara el viejo cuidador al ingresar a la bodega que le servía para dormir.

El Especialista casi obligó  a la Muñeca para que lo siguiera, cazarían  y ella podría comer. Se unieron a los perros que esperaban impacientes  en las afuera de la villa y una hora después ya estaban alimentándose de una chiva bastante vieja. Con las primeras luces del alba, regresaron y la Muñeca  quedó en su casa, podría dormir sin dolores de tripas y se sobrepondría al agotamiento.

Estas correrías las seguían practicando pero con mucho cuidado, a la perra le costaba mucho seguir el trote pues le faltaba poco para parir.

Una noche de mucha lluvia, la manada pasó a buscar a la perra, ésta hacía  mucho esfuerzo para  seguir el trote de los demás, así  que el Especialista estimó necesario atacar un corral cercano. Como de costumbre, al llegar al lugar, él se adelantó a reconocer el terreno, los aromas indicaban que las ovejas estaban en el corral, al lado del galpón. La lluvia el viento y los truenos, acallarían cualquier ruido fuerte, todos alertados, dejó que dos perros se metieran al corral y apartaran a una hembra grande y vieja  empujándola a un lugar donde se agazapaba el Especialista, La oveja  al sentir a los perros se puso nerviosa y mientras avanzaba a las fauces del can, no dejaba de balar. Cuando estuvo a su alcance y a la luz de un relámpago, el perro, dando un formidable salto, se abatió sobre la aterrorizada oveja y sus poderosas mandíbulas se cerraron  sobre su pescuezo. El peso del perro  tumbó a la presa y de un terrible mordisco, quebró la columna cervical, produciéndole una muerte instantánea. Esta todavía se agitaba cuando los perros la alcanzaron, arrastrándola hasta el quilantal cercano y se aprestaron a alimentarse. La lluvia formaba una espesa cortina, el viento norte se estrellaba porfiadamente contra los cerros y del mar venía un trueno  desgarrando la noche para morir electrocutado por otro gran relámpago.

A doscientos metros de donde se desarrollaba el festín estaba la casa del dueño de la parcela, éste, ignorante de lo que pasaba, se había levantado para asistir a la parición de su vaca, se hecho a la espalda una chaqueta  impermeable de color amarillo y salió a la lluvia, para dirigirse al galpón, la vaca lo sintió y emitió un suave mugido, tendría un compañero para estos difíciles momentos. El hombre encendió una lámpara a parafina  y con el mismo fósforo encendió un cigarrillo, sería una larga noche. Ahí fue cuando sintió a su propio perro que mantenía amarrado, ladrar desesperadamente. Salió a la lluvia y entre el ruido  que producía el temporal logró escuchar la disputa que armaron los dos perros mas chicos por algún trozo de carne.

Corrió a la casa y mientras despertaba a su hijo mayor, descolgó  la vieja escopeta que tenía colgada en la pared de la cocina y salió nuevamente al patio, a medio camino al corral lo alcanzó el muchacho premunido de un grueso garrote, confeccionado expresamente para una ocasión como ésta.

De la oveja, ya solo quedaba el pasto que contenía su panza que rápidamente se diluía con el agua que caía, el Especialista se estaba preocupando  si la Muñeca había comido bien y ya la empujaba para regresar por el camino, cuando sintió los ladridos del perro del granjero que el muchacho había pasado a soltar. Había que evitar cualquier  retraso así que urgió a la perra para que iniciara la retirada y dando el ejemplo, se perdió por la quebrada.

Los demás perros ya habían salido en estampida y desaparecido en la noche. El Especialista se preparaba para hacer lo mismo cuando se dio cuenta que la Muñeca no lo seguía y se detuvo en seco  a esperarla, pasado un largo minuto  la perra no daba señales de aparecer, el can sin titubear desanduvo el camino  y regresó al quilantal, la perra avanzaba lentamente, perseguida por el perro del campesino, el jefe de la manada  se abalanzó sobre éste  y le dio a probar la potencia de sus colmillos, convenciéndolo que para su integridad física, mejor era mantenerse algo alejado. Ambos hombres sintieron los alaridos de su perro y con una poderosa linterna escudriñaron la oscuridad, el haz de luz  dio de lleno en la Muñeca  que trataba de escapar  pero no era lo suficientemente rápida, los hombres la alcanzarían muy pronto, el Especialista corriendo a la par que la perra, le lamió la cara, estimulándola para que apurara el paso, pero ésta estaba en tiempo de parto y hacía esfuerzos desesperados por salir de ese peligroso lugar. El macho calculó que su compañera no tendría fuerzas  para arrancar y sin mas partió como un rayo a enfrentar a los hombres , estos que no esperaban esa reacción, intentaron ponerse a salvo, olvidándose de las armas, la hembra comprendió la maniobra y haciendo un mayor esfuerzo, desapareció por la quebrada. El Especialista tenía que mantener entretenidos a los dos hombres para que la perra llegara a su casa, para esto  tenía que salir al claro para que lo vieran. Cuatro veces se expuso al haz de luz de la linterna y cuatro veces el campesino le apuntó con la escopeta pero la distancia y por lo rápido que corría no le aseguraban un buen resultado del disparo.

El animal estaba seguro que la perra, ya estaría a salvo y  se disponía a poner distancia con los hombres, orientando su carrera con dirección a la quebrada, el campesino había buscado un tronco para apoyar el arma y así asegurar el  tiro, el hijo, con la linterna rastreaba la oscuridad y enfocó al perro cuando cruzaba para perderse en el túnel  vegetal, en ese momento, un gran relámpago iluminó la tierra y el campesino disparó su arma. El perro sintió un gran golpe en la paletilla izquierda que lo mandó rodando por la quebrada, una sensación de frío atacó al animal  mientras un caliente líquido se le escapaba por la profunda herida de su costado. Corriendo en tres patas  intentó seguir la huida pero un principio de ahogo puso lentitud en su avanzar. Sus pulmones se le llenaron de sangre y su corazón trabajaba como un titán para mantenerlo en movimiento. El arroyo por donde se desplazaba se iba tiñendo de púrpura por la sangre que perdía de la fea herida, asta que la debilidad no lo dejó seguir avanzando y se hecho a descansar. Oleadas de calor y de frío atacaban al perro que como podía se lamía la herida, su tremenda voluntad de vivir le dijo que no podía quedarse mucho tiempo en ese lugar. Los parpados se le pusieron pesados y cerró los ojos, su cabeza la recostó entre las hojas de quila que formaban un verdadero colchón y perdió el conocimiento. Despertó una hora después y se dio cuenta que no había ruidos, esto lo tranquilizó, pronto podría regresar a casa.

Por su cabeza empezaron a pasar, como visiones,  imágenes de los cinco niños con los que se crió, los hermosos ojos de su ama y una camioneta alejándose con todos ellos mientras  él seguía el vehículo en una inútil carrera, lo solo que se sentía al no entender porqué lo abandonaban y pronto saltó la imagen de la Muñeca, retozando con él en ese prado, que hermosa se veía la perra y que gallardo él, que cuidado el prado y la luna llena brillando sólo para ellos en lo alto. Así murió el Especialista.

La perra apenas alcanzó a llegar a la casa, días antes había buscado un lugar para parir y lo mejor que encontró fue un rincón debajo de la casa de sus amos, era un lugar abrigado y seco donde no llegaba la luz del día. Para ser primeriza  no tuvo problemas y parió cinco cachorros que con voraz apetito estrujaban las tetillas de la madre. Tres días estuvo la perra sin salir de la cueva, su gran problema sería conseguir alimentos. Hacía dos días que no llovía y una mañana  su debilidad al parecer le hizo escuchar un ruido conocido, era el vehículo de su amo que regresaba, con bastante dificultad se levantó ignorando los gemidos de los cachorros y como pudo salió  a la superficie. Al verse, ambos se abalanzaron para un cálido abrazo, el buen hombre no podía creer que su perra, su regalona, estuviera en esas condiciones tan miserables, luego se dio cuenta que había parido y alimentaba críos. Ese borracho irresponsable, al que le pagaba para que cuidara a la perra y la casa mientras ellos viajaban al extranjero, ese era el responsable, ya sería el momento de conversar. El hombre llamó a su esposa que se había quedado en el portón, conversando con una vecina y rápidamente sacaron del vehículo algo de pan y una bolsa de leche. La alegría de la perra estaba a la par con la rabia que acumulaba el amo contra el seudo cuidador.

La perra siguió durmiendo debajo de la casa y se reponía a ojos vistos a pesar de sus exigentes cachorros, los días se alargaban y ya las nubes dejaban alumbrar días enteros al sol.

Un medio día en que su amo estaba con su esposa en el jardín podando una maceta con flores, la Muñeca salió de la cueva y detrás de ella, los cinco cachorros, el primero en salir fue el machito más grande que al ser herido sus ojos  por el fuerte sol, avanzaba con los ojos cerrados.

La pareja corrió a conocer los hijos de la Muñeca, cuatro salieron idénticos a ella  y el quinto, que marchaba delante de sus hermanos, causó la admiración del matrimonio.

Mira mujer, ése que va adelante, sí, ese de color ratón, lo aniñado y seguro que camina, seguro que se parecerá al padre, con ése nos quedaremos.

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